Señora de las 4 décadas (Parte 3)

Ver tu cuerpo desnudo en mi cama, después de una primera sesión de sexo y pasión contigo elevo mi ego. Sentí que todo hombre en su vida debería empezar experimentando en el mundo sexual con una mujer con más experiencia que el. Desde qué estuve contigo esa noche empezó otra etapa de mi vida. No era solo vivir la aventura, era saber disfrutarla. Era complacer los deseos, las fantasías, saciar las ganas. En ese instante después de descansar un poquito recuerdo que me dijiste: -Quiero que me hagas gritar…- Para mi fue “una orden” e inmediatamente empece a besarte por el cuello susurrándote al oído: – Ahora me toca a mi, estas lista? – y empece a morderte suavemente cada rincón de tu cuerpo, te recorrí con mi lengua y mis labios. Mis manos recorrían tu piel, acariciando cada parte de ti. Me encanto besar tu cintura, morderla con picardía… Rozar tu ombligo y haciendo círculos con mi lengua jugaba con tu sexy huequito.

Hasta qué de pronto decidí bajar a tu sexo y mis labios hicieron un chasquido como un beso largó y profundo en tu clítoris y un suspiro profundo te invadió. Así qué me dedique a saborear el dulce sabor de tus jugos… Tu solo me tomaste del cabello y controlabas con tus manos la intensidad y la presión, yo controlaba la velocidad y la profundidad de mi lengua dentro de ti. Me excitaba cada vez que gemías más y más alto, tu respiración cada vez más acelerada y profunda. Sentir como temblaba tu pelvis cuando mi quijada se pegaba a ti. Sentir como me alabas el cabello cada vez más fuerte. Y me presionabas a tu sexo tan fuerte como sí desearás meter mi rostro entero dentro de ti. Subí tus piernas y empece ayudarme con mis dedos, recuerdo que enloqueciste, estabas toda mojada, tus jugos y mi saliva mezclados entre tus piernas recorrían tu piel hasta mis sábanas.

De pronto un escalofrío invadió tu cuerpo por entero y me agarraste con ambas manos y presionaste mi boca contra tu sexo de manera desenfrenada y casi sin aliento me dijiste: Muérdeme… Y un gran orgasmo invadió tu cuerpo seguido de un grito placentero largo y tendido, hasta que dijiste “Ven aquí…” y nos besamos. -“Me hiciste acabar rico mi niño, no quiero que se acabe esta noche… aun tengo muchas cosas por hacernos sentir.”-

Fue una gran noche, la botella de whisky empezó a verse vacía, y las posiciones del Kama Sutra nos quedaron cortas. Hiciste conmigo lo que te dio la gana, aun no puedo olvidar el ultimo orgasmo de esa noche, donde quisiste demostrarme tu experiencia con una felación  a garganta profunda que me dejo sin fuerzas y energía, dejándome casi dormido en mi cama hasta el amanecer. Gran noche la que vivimos juntos, mi señora de las cuatro décadas.

Continua…

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