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Tienes un no se que…

Si, tu tienes ese algo que me atrae y no se cómo definir. ¿No has sentido como muchas veces me quedo mirándote fijamente hasta que tus ojos pueden mirarme más intensamente y escapo de tu mirada?

Tu solo sonríes, quien sabe cuantas cosas locas pasan por tu cabeza en ese instante. Digo locas porque por la mía pasan tantas cosas. Mi imaginación empieza a volar. Mi tensión sexual se eleva y ya empiezo a fantasearte. Ya me imagino cerca de ti, pero tan cerca que ya puedo sentir el aroma de tu perfume. Ese que me invade cada vez que te saludo y te abrazo. Ese que me acelera el corazón y mi respiración. Y provoca recorrer cada centímetro de tu cuerpo que haya sido tocado por este perfume.
Ese aroma que me convierte por unos segundos en un vampiro y me provocaría morderte por el cuello. Beber de ti, adueñarme de ti. Poseerte. Sentirte tan mía como para poder controlar tu cuerpo a mi gusto. Arrinconarte, pegarte entre la pared y mi cuerpo, dejarte sin salida. Poder tomarte de la cintura con ambas manos y sientas el calor que llevo por dentro. Empezaría a besar esos labios tentadores, esa boca que cuando me hablas solo pienso y me pregunto que sabor tendrá.
No se, pero yo los imagino, dulces, suaves y muy tiernos, aunque también presiento que pueden llegar a morderme con una gran pasión, y pueden pronunciar palabras que activen mi mente y me vuelvan loco, ¿por ejemplo? Que me digas:
“No pares de besarme, siempre desee que me hicieras tuya. Por favor no te detengas, adueñate de mi por completo.”

Tus manos empiezan a recorrerme, una acaricia mi cara sutilmente y luego hala mi cabello. La otra mano desabrocha tu blusa. Y mirándome fijamente a los ojos y con una sonrisa algo picara y maligna me dices:

“-Se que mueres por sentir mis pechos con tus labios… O me equivoco?-”

Mi mirada me delata, mi rostro debe ser un poema. Así que sólo dejas caer tu blusa de tus hombros, cierras tus ojos levemente, y dejas al descubierto esos sexys y atractivos senos. Yo sin pensarlo paso mi mano por tu espalda para terminar de hacer el trabajo… Desabrochar tu brasier. Tu boca y mi boca se unen en un juego incontrolable de jugosos besos, mis labios abandonan tu boca y empiezan a deslizarse desde tu cuello hacia abajo. Mi nariz se une a esta exploración percibiendo cada feromona de tu piel, excitándome cada vez más. Sentir como cada vez respiras más profundo. Veo como muerdes tus labios, como tu lengua los humedece con tanta sensualidad. Y tus ojos entre abiertos, mirándome con tanto deseo que descubro que tu también lo querías con muchas ganas. Mis manos empiezan a recorrerte, acariciando esa piel canela, tu estrecha cintura, tu piel es tan suave que mis dedos sienten ese calor, sienten como se eriza al tocar ciertas partes de ti.

Se que esto es sólo mi imaginación, pero desde que bailé contigo, desde que pude sentir tan cerca tu figura, desde que pude moverme al mismo ritmo de tu cuerpo, y ver como sonreías, ver como disfrutabas moverte al son de la música. No dejaba de recordar la frase: “El baile es la expresión vertical del deseo horizontal”. Si te conozco bien acabas de subir tus cejas al leer esto, y ahora acabas de sonreír. Me parece emocionante verte y fantasear contigo. Pero después que hayas leído estas líneas se que muchas cosas cambiarán. Después que sepas que sueño con hacerte mía aunque sea sólo un instante. Que deseo adueñarme de ti por un momento y me dejes dominarte, me dejes seducirte, me permitas ser el hombre que te haga perder la noción del tiempo y el espacio. Ese hombre que te haga sentir nuevas sensaciones, ese hombre que sólo quiere degustarte como si fueras un rico helado, ya que mi boca, mis labios y mi lengua serán quienes te van disfrutar. Mis manos solo te controlaran, decidirán donde y cómo moverte. Quisiera tenerte en mi cama… Quitarte la ropa, sería un placer sólo poder desvestirte y poder verte, me encantaría recorrer cada centímetro de tu cuerpo, acariciarte, llevarte al punto de que me pidas a gritos que te haga mía. Mi boca te recorre empezando desde tus labios y voy bajando suavemente, probando tu cuello, besando tus pechos, mi lengua baja hasta tu ombligo, con ganas de morderte, mis manos se apodarán de tu cintura, tus caderas, tus piernas… y finalmente de tu sexo.
Sólo imagina mi boca allí abajo, y tu dejándome hacer lo que más me gusta, relajate… Disfrútalo… Cierra los ojos y déjate llevar. Déjame apoderarme de tus deseos, de tus fantasías, haz realidad la mía…
Une tu cuerpo al mío y déjame mostrarte lo que soy capaz de hacerte sentir. Permíteme adueñarme de todas tus partes, yo se que mueres por ser una niña mala, aunque finjas ser una mujer tranquilita e inocente. Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se que que tu tienes…

Continuara…

 

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Hasta qué fuiste mía…

¿Recuerdas como empezó todo esto? Yo creo que ni recordamos como fue que nos conocimos. Ya que importa eso. Si no te das el gusto de conocerme, no vas a poder darte el lujo de olvidarme.
¿Recuerdas aquella última vez? Si, esa misma que acabas de recordar en tu cabeza, ya te debo imaginar con la sonrisa en tu boca, esa misma boca que tantas locuras hizo ese día que tanto anhelábamos vivir.
Solo quiero recordar desde el momento en que te pegue a la pared, levante tus brazos y empece a besarte. No en los labios aún… Primero bese cada rincón de tu rostro, de tu cuello, te respiraba cerca, sentía tu aroma, esa fragancia de deseo y lujuria. Tus ojos me gritaban que te comiera a besos. Así qué con leves toques empece a degustar cada uno de tus labios. Sentía como tu respiración se iba acelerando, tus suspiros eran más profundos y prolongados. Así qué te voltee y quedaste de espaldas a mi, tu cara frente a la pared, te tome de las caderas, y te tome del cabello, y hablándote al oído te dije: -Vas a ser mía… –

Tu solo sonreías, esa cara de picardía, esa expresión de “Haz lo que quieras conmigo” me ponía cada vez más caliente. Así qué te tome y te guíe hasta mi cama… Y te deje caer en ella. Tus ojos brillaban como diciendo: Por fin vas a ser mío. Fue en ese momento donde me dije mentalmente: ¿Quien se va a comer a quien?

Y tal cual como lo escribiste una vez en mi teléfono, decidida y segura de lo que estaba haciendo me desabrochaste el pantalón. Adueñandote de mi sexo inmediatamente. Mi espalda se arqueó instantáneamente, esa boquita tuya era tan cálida y suave, los movimientos de tu lengua tan dulces y dóciles que era demasiado romántico para la primera cita. Nuestra primera vez quería que fuera intensa. Por eso te pedí que cambiaras el ritmo. Y con el tono de voz que tanto te gusta que te hable te dije: -Quiero sentirte más atrevida, más salvaje, quiero que te lo comas completamente. Quiero que tu boca me disfrute, que me domine, quiero ver que tan intensa puedes llegar a ser.
Nuevamente tu sonrisa con toque de dulzura malvada volvió aparecer. Tu lengua empezó a jugar conmigo, tus labios húmedos y brillantes se adueñaron de mi sexo. Tus ojos se cerraban y se abrían, manteniendo el contacto con mis ojos. Eso me encantaba. Así qué me empece a retarte. Quiero que te lo comas todo, quiero ver como disfrutas del sexo oral. Tu boca se abría más y más, tomabas aliento y no te detenías. -Eres Tremendo – me decías a penas cuando dejabas de tenerlo en tu apetitosa boca. Y sonreías con tanta malicia y picardía que me ponías cada vez más creativo. Ya te habías dado cuenta lo mucho que me encanta el sexo oral, así que elevaste la intensidad y yo me puse más malicioso. Te tome del cabello, controlando tus movimientos. Sólo por algunos instantes, no puedes quitarle el control a una mujer cuando te hace una felación.

Fue en ese instante cuando decidí quitarte la ropa. O lo que quedaba puesto, uno siempre trata de arrancar parte de la ropa mientras disfruta de los besos. Así qué aproveche este instante para cambiar de posición. Me toca a mi disfrutar del sabor de tu sexo. Aún ni te había tocado y sólo mi aliento acariciaba cada centímetro de ti y ya tus primeros gemidos empezaron a aparecer. Mi lengua hizo aparición, y con sólo la punta empece a rozarte suavemente. No hacía falta humedecerte. Introduje mis dedos dentro de ti, me llenaste de tu dulce néctar del placer. Los movimientos empezaron a acelerase, y tu perdiste el control. Llego el momento de que me sientas dentro de ti. Tome el control de tus piernas desde tus tobillos, y te acomode a mi gusto, me pose sobre ti, y fue penetrandote con suavidad y ternura. Pero como ya lo sabes eso no iba a durar mucho tiempo, ya que tu me inspirabas era un sexo salvaje e incontrolable, la ternura desapareció inmediatamente. Tus pies pasaron a estar en mis hombros, y mis movimientos empezaron a ser cada vez más y más intensos, al ritmo de tus gemidos y suspiros.
-Eres mía… – te susurre
Inmediatamente tus manos empezaron a apoderarse de mi cuerpo, caricias y manoseos se adueñaron de mi. El choque de mis caderas con las tuyas eran cada vez más explosivas. Te cambie de pose, el control era mío. Te puse en cuatro, controlándote por tu cintura con una de mis manos y la otra por tu cabello. Me di cuenta que te encanto que te halara el cabello. “Por fin eres mía” volví a gritar y ambas manos te agarraban las nalgas, y en algunos instantes era imposible no darte una que otra nalgada. Te tumbe y quedándome encima de ti empece a morderte la espalda. Cada centímetro, cada rincón de ti, con mordiscos cada vez más intensos. Al principio gritabas de dolor… Después empezaste a disfrutarlo y me pedías que no parará.
-No me muerdas tan duro- me pediste
-Shhhhh, usted hoy es mía, y el control es mío, y hago lo que quiera con su cuerpo. Ok? Te quedo claro? –
Y tomándote por el cabello nuevamente te lo volví a decir al oído: “Como quieres que te lo diga, ERES MÍA”
Recorrí tu cuerpo, besando, mordiendo, saboreando cada parte de ti. Así qué decidí hacer un 69, lo recuerdas? Cómo me subí encima de ti, y sentías como mi sexo penetraba tu boca y tu no parabas de saborear cada centímetro. Mientras yo jugaba con mi lengua y dedos allá abajo, me tomaste de mis nalgas como controlando el movimiento de mis caderas para no ahogarte. Por eso nos volteamos y deje que tu fueras quien tuviera ese control. El control de moverte a tu gusto. El control que tanto anhelabas. Ese poder de sentirte dueña de mi cuerpo, de ser tu sumiso, que me mordieras, me aruñaras, me tomaras por el cabello. Recuerdas esa sensación? Cuando te pedí que me mordieras en la espalda, cada vez mas fuerte, que me dejaras marcas en el cuerpo con tus uñas, fue cuando te diste cuenta que me gustan las pasiones intensas, donde se encuentran frente a frente el placer y el dolor. Esas sensaciones que te llevan al limite de perder el control. Dominarte al punto de hacerte sentir nuevas emociones, nuevas sensaciones que seguramente nadie lo había hecho contigo antes de esa manera.

Cómo dice el libro de Las 50 Sombras: “¿Así que quieres que te folle otra vez?”

Continuará…