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Dame un trago…

Recuerdo que te conocí en la barra de un bar en un prestigioso hotel de la ciudad. Allí estabas tu, una mujer joven y hermosa, de piel blanca y hermosa cabellera negra, una sonrisa encantadora y una voz dulce y tentadora, con un acento de la zona andina de mi país. La primera vez que te vi, fueron muy breves las miradas, una amiga me llevo a conocer el lugar, y nos presento, ¿recuerdas? No fue sino hasta la segunda vez que visite ese lugar que rompimos el hielo. Ese día jugaban los eternos rivales del béisbol venezolano, yo iba con mi flamante franela de los Leones del Caracas, y tu mirada no fue nada amistosa. Claro, eres de Navegantes del Magallanes. Te pedí una cerveza y me la dejaste a 40 cm de mi y dijiste con una sonrisa en los labios: «Al enemigo ni agua, pero no creas que te voy a atender VIP, levántate y agarra tu cerveza».

Yo simplemente sonreí y mire a mis amigas que me acompañaban, ellas sólo rieron y una de ellas hasta subió una ceja y se carcajeó, como era de otro equipo contrario al mío también (Tiburones de La Guaira), te apoyo. Esa noche entre tragos y conversaciones, no deje de verte. Mis amigas notaron mi evidente atracción hacia ti, la forma en que te miraba, la manera de hablarte. Llegue al punto de quitarte tu PIN para estar «conectados» y seguir conociéndonos.
Recuerdas que fueron muchas noches las que nos quedábamos escribiéndonos mensajes y enviándonos notas de voz hasta largas horas de la noche. Pero fue aquella noche que hice una pequeña fiesta en mi apartamento junto a unos amigos y tu casualmente me dijiste que ibas rumbo a La Guaira (sector donde vivía) e inmediatamente te pedí que nos acompañarás. Ibas con una amiga y un pana quien era el que manejaba rumbo a las costas de Macuto. En mi apartamento ya se encontraban dos de mis mejores amigas de la oficina desde el día anterior, era casi una costumbre de que todos los viernes iban a mi apartamento a beber toda la noche y luego ir el sábado a la playa. Esta vez nos acompañaban dos panas más, y ustedes tres que venían en camino.

Una noche de rumba, tragos y buena música. Una vista hacia el mar espectacular y una luna llena reflejada en las aguas tranquilas de las playas de Macuto. ¿Recuerdas cuando hablamos de los futuros viajes que querías hacer? Ya llevas varios cumplidos, te faltan sólo unos pocos. Aunque lo que más recuerdo fue aquel momento cuando en plena conversación quise robarte un beso… Me dejaste con las ganas, supiste esquivar la situación, quede como dicen «ponchado» y tu solo sonreías y seguías hablando. Tenemos una linda y hermosa amistad, me dijiste con voz dulce y resaltando lo que se conoce hoy día como «Friend Zone». Pero, en realidad sabías lo que hacías, un rato más tarde me pediste que te sirviera un trago de vodka, así que me acompañaste a la cocina, encendí la luz e inmediatamente tu la apagaste diciendo: «¿Acaso no lo puedes hacer a oscuras?» Mi cabeza empezó a volar, pero creo que no me diste tiempo, cuando apenas te entregaba el vaso con el trago, una de tus manos me tomo del cuello y acercaron mis labios hacia ti, un beso profundo y apasionado se adueño de mi ser en ese momento. En ese instante te tome de la cintura y te levanté, sentándote en mesón del gabinete, era tan intensa y apasionada la situación que recuerdas que volteamos el vaso de vodka y no me dejaste ni secar el asunto. Tu boca se fusionaba con la mía, tus manos acariciaban mi rostro y mi cabello, tus labios me besaban con tantas ganas que sentía como si desearas morder mis labios para comértelos. Tu respiración se aceleró, hubo de pronto un suspiro, y con ambas manos en mi rostro me dijiste: Si eres tonto, ¿creías que no moría por besar tus labios? Sólo quería probar que tanto los deseabas, y saber si te rendirías. En ese mismo instante supe lo apasionada y dominante que eres. Ese instante se acabo al llegar tu amiga diciendo: «Me quiero ir… Vámonos!»
¿Por qué? Se pueden quedar si lo desean, es algo tarde para agarrar carretera.» Y después de una larga discusión logre convencer a tu amiga. Las lleve a mi habitación y les dije que podían dormir en mi cama, yo seguiría atendiendo a mis amigos. Me tomaste de la mano y dijiste: «¿Ya es tarde por que mejor no te acuestas? Aquí cabes» mirándome con tus grandes y bellos ojos.
En ese instante me olvide de mis amigos. Cerré la puerta de la habitación y me dispuse a ponerme cómodo. Me coste a tu lado, tu me diste un beso de buenas noches. Un breve beso en los labios. Dejándome con mas ganas de ti increíbles. Te abrace, y trate de traer tu cuerpo más al mío. Sentía tu aroma, tus feromonas, quería comerte entera. Pero tu amiga nos detenía. Mi mano se deslizó a tu cintura, empece a recorrerte acariciando tu abdomen. Pero me detuviste sosteniéndola y llevándola nuevamente a tu cintura. Y volteando hacia mi diciéndome casi en silencio: «shhhh ¡no!».

¿Como voy a dormir así? Me preguntaba a mi mismo. Esa fue la hora más larga de mi día. Hasta qué tu amiga se levantó y me dijo: «necesito darme una ducha, ¿me prestas el baño?» Me levanté de prisa y le busque una toalla limpia y le dije: «hay agua caliente, tardate lo que quieras» ella sólo sonrió y se fue. Yo me volví a meter en la cama contigo y tu «haciéndote la dormida». Así que sólo me acerque a ti, y empece a besarte suavemente por el cuello, te hablaba dulcemente al oído. Volví a meter mi mano por tu cintura y empece a acariciar tu abdomen, pero esta vez tu mano tomó la mía y la llevo hasta tu pecho dejándome acariciar cada uno de tus senos firmes, tu respiración empezó a acelerarse. Mi sexo a endurecerse. Así que tome una de tus manos y la lleve hasta allí para que notarás mi emoción, tu expresión fue intimidante, me tomaste fuertemente de mi sexo y hablándome entre dientes dijiste: «esto va a ser mío esta noche». Inmediatamente nos despojamos de la ropa, y nos unimos en un solo cuerpo, acariciándonos, besándonos con pasión, con ternura, pero cada segundo aumentaba el placer, la lujuria.
Cuando ya nuestros cuerpos estaban listos para fusionarse, me subí a ti, abriendo tus piernas, y tomando tus manos por encima de tu cabeza. Mordiéndonos los labios empezamos hacer el amor. Por fin nuestros cuerpos podrán explorarse con libertad, tocarnos, sentirnos, complacernos. Entregarnos por completo al placer y al deseo. De pronto tus gemidos empezaron a aparecer, pero te cohibías de soltarlos por pena a ser escuchada fuera de la habitación. Así que una almohada fue quien sirvió de silenciador. Mis movimientos sobre ti cada vez eran más fuertes, mis caricias cada vez más intensas. Y tus manos cada vez me apretaban más hacia ti. Como deseando no separarte de mi ni por un instante. El sudor empezó a adueñarse de nuestros rostros, la respiración más acelerada, pero las ganas se incrementaban cada segundo.

De pronto te soltaste de mi y me volteas quedando tu encima de mi, era tu turno de dominar la situación. Ambas manos sostuvieron las mías, y dejabas caer sutilmente tus senos en mi cara, incitándome a besarlos, a morderlos… pero lograbas alejarlos a tiempo y no logrará mi meta. Eso me desesperaba, deseaba tenerlos cerca de mi, y tu muy bien lograbas cargarme de desesperación, sumando a todo esto tu mirada, tus labios, y tu voz dulce, suave y seductora diciéndome:

«¿Quieres besarlas? ¿Quieres sentirlas? ¿Desde cuándo deseabas tenerlas en tu boca? ¿Desde cuándo deseabas tenerme en tu cama?»

Y al mismo tiempo movías tus caderas con movimientos circulares y algunas embestidas que elevaban mi libido a niveles jamás vividos. Acercaste tus senos nuevamente a mi rostro.
Esta vez si dejando que mi boca jugara con ellos. Mis labios húmedos lograron besar cada uno, apoyado por mi lengua que muy sutilmente recorría tu pezón con movimientos lúdicos que te encantaban. Y muy brevemente lograba morderlos, eso te calentaba aún más. Ya no te alejabas de mi, contrariamente, ya no te separabas de mi. Tu boca por instantes se adueñaba de mis labios y me hablabas al mismo tiempo, haciéndome saber que ese instante lo estabas disfrutando al máximo. Te dejaste caer a un lado de la cama y decidiste darme la espalda, tomaste control de mi sexo y te lo introdujiste en tu vagina húmeda y caliente. Y empezaste a moverte con gran placer, pidiéndome con voz dominante que te halara el cabello. Así mismo fue, tus deseos órdenes para mi. Mi mano se adueñó de tu larga cabellera, mientras la otra acariciaba tu abdomen, tus caderas y tus senos. No pares! Te decía repetidamente, y tu acelerabas y forcejeabas conmigo como queriendo tener tu sola el control. Así que te puse en cuatro para adueñarme sólo yo te tu placer, sentir tus firmes nalgas pegadas a mi, pero tu seguías dirigiendo los movimientos, así que entendí que debía entregarme a ti. Fue allí cuando sentí que estabas próxima a llegar el éxtasis y mis penetraciones fueron de lentas y profundas a ir cada vez más rápidas. Ver como apretabas y tratabas de arrancar las sabanas de la cama, morder la almohada, gemir y tratar de voltear a verme me puso muy caliente.

Así que segundos después de tu explosivo orgasmo no pude aguantar más y me vine dentro de ti, al darte cuenta de esto tus movimiento fueron sensacionales, yo sólo me aferre a tus caderas dejándome lleva por ti, fue increíble. Caí sobre ti ya sin un poco de fuerza. Las gotas de sudor eran interminables, y mi corazón iba a estallar. Tu cara, un poema, disfrutaste más verme así, sin aliento, complacido, exhausto. Me besaste y me dijiste: «estuviste fenomenal» era la cereza que necesitaba esta torta como punto final. Te abrace y nos quedamos un instante más en la cama antes de levantarnos. Muy en el fondo sentía que hubo una gran conexión entre ambos, era nuestra primera vez juntos y parecía que toda la vida lo hubiésemos estado haciendo. O por lo menos así fue que yo lo pensé…

¿Se repetiría? Me preguntaba yo mismo después que te fuiste esa mañana. ¿Tu que recuerdas? ¿Cuantos encuentros fueron después de aquí… Y como fueron? Pues esta historia continuará…

 

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Después de unos tragos…

¿Recuerdas como fue esa noche? Después de compartir unos tragos entre amigos, una noche larga en un restaurante de Caracas, ya que esa noche llovió por mas de 6 horas y no nos dejo ir a nuestras respectivas casas y tuvimos que quedarnos alojados donde una de nuestras amigas, ya que ambos vivíamos muy lejos y la lluvia había causado estragos. Nos toco dormir juntos en una colchoneta en la sala de la casa, aún recuerdo que le dijiste a la señora: «-Tranquila mi doña, no se preocupe por nosotros, el es como mi hermanito, podemos dormir en la misma colchoneta»
Ya por mi cabeza llena de alcohol empezaron a pasar las más locas imágenes, hablaba conmigo mismo y me decía: «-¿Será que esta vez si podré probar los labios te esta mujer? Ambos tenemos los grados de alcohol necesarios para coger ánimo y si te rebotan poder culpar al «maldito alcohol». En verdad desde que te conocí siempre sentí esa tensión sexual que tu emanas, tu forma de hablar, de caminar y claro… Tu forma de sentarte y provocarnos a todos con tus picardías malintencionadas. Este era el instante. Apenas te abrace como «hermanitos» como decías tu, sentí como acomodabas tu cuerpo al mío, presionando tus nalgas a mi, y dejando tu cuello y oreja lo más cerca posible de mi boca. Tomaste mi mano y la abrazaste presionandola con tu pecho, ya no había duda, ella lo deseaba. Empece a besarla desde su oreja, y a decirle con voz baja: «¿a que estamos jugando hermanita?» Tu solo sonreíste y me dijiste que ya esto lo deseabas desde hace mucho tiempo y que más bien era yo quien no había dado el primer paso.

Pues inmediatamente mi mano derecha a la que ella tenía abrazada empece a deslizarla por su abdomen y empece a desabrochar su pantalón. Con la intensión de llegar a tu sexo y jugar contigo. Los besos empezaron a ser cada vez más intensos, mordiscos leves, nuestras lenguas jugando con nuestras bocas. Hasta qué logre llegar y sentir tu sexo húmedo y depilado. Un suspiro invadió tu cuerpo, seguido de un largo escalofrío y un «Dame mas» con voz erótica y provocativa. Mis dedos dentro de ti cada vez más mojados de tus jugos, te acariciaba con tantas ganas de hacerte mía. Y de pronto tu desabrochaste mi jean y bajaste a darme un sexo oral que hasta el sol de hoy aún recuerdo. Tu boca es increíble, no parabas de jugar con tu lengua, tus labios húmedos, algunos leves mordiscos. Ambas manos controlaban mi sexo, sólo te detenías para levantar tu mirada para verme y mirar a tu alrededor por si nos llegaban a descubrir, eso era lo mas emocionante. De pronto una puerta se abre, ambos nos hicimos los dormidos. Y nuestra amiga anfitriona paso por un lado nuestro camino al baño en ropa interior. Encendió la luz y allí estábamos nosotros bajo las sábanas haciéndonos los dormidos. No había terminado de irse a la cama de nuevo cuando tu volviste a tocarme, pero esta vez estabas decidida a pasar a otro nivel. Inmediatamente te quitaste el pantalón, y sin mediar palabras, te subiste encima de mi y dominando la situación dejaste que te penetrara, tus movimientos de cadera empezaron a adueñarse de mi, movimientos circulares, y otros de arriba a abajo, sólo podía sentir tus nalgas con ambas manos y empujarte hacia mi como pidiendo más.

Me besabas desenfrenadamente, y me susurrabas al oído: «Hasta que fuiste mío, no sabes las ganas que te tenía… Me invadía la curiosidad por probarte. ¿Por qué esperaste tanto para hacerme tuya? Si sabías que ya te tenía ganitas… Quiero ponerme en cuatro, ¿te atreves?» Mi cabeza voló y se imagino siendo descubierto haciendo el amor en una casa ajena en plena sala a las 3 de la mañana. ¿Que podía tener más adrenalina? Cambiamos de posición, te pusiste boca abajo y me pediste que subiera encima de ti. Y me dijiste: «me voy a poner en cuatro, y quiero que me des lo mas duro que puedas, pero sin hacer ruido…» Era todo un desafío, como no hacer ruido si lo que provocaba era darte de nalgadas, tomarte de las caderas y hacerte sentir todo mi sexo dentro de ti, estabas muy caliente, húmeda, tus movimientos casi me hacen llegar dentro de ti, logre controlarme. Pero volteaste y dijiste: «quiero que te vengas… Sentí como apretabas mi sexo con tu vagina y empezaste a moverte sin parar, fue increíble, explote dentro de ti con un orgasmo que me hizo caer sobre tu cuerpo. No te basto esto, volviste a adueñarte de mi sexo con tu boca, y me dijiste: «quiero que vuelvas a llegar, pero esta vez quiero que sea en mis labios, en toda mi boca, déjame jugar con el, no tengo sueño y quede con mucha hambre…»

Quedo demostrado, desde la primera vez que te vi supe que eras una «Loba» y quien soy yo para no complacerte. Me tocabas, me acariciabas, ese sexo oral fue mucho más intenso, estaba demasiado sensible ya, «garganta profunda» todo hombre muere por la chica que logre hacerle eso… Y más aún cuando logras que se ahogue, el machismo aflora, y más cuando dices: «Me vengo» y ustedes las mujeres sienten que tienen los mejores 30 segundos de sus vidas para con nosotros, recuerdo que me masturbabas con tu mano mientras tus labios calientes succionaban todo de mi, y tu otra mano aruñaba mi abdomen. Me hiciste suspirar profundamente y de igual manera quede tendido en la colchoneta. Al amanecer ya sin efectos de alcohol solo nos mirábamos y sonreíamos en secreto mientras desayunábamos junto a nuestras dos amigas y su familia. ¿Se repetiría? Pensaba yo…
Si, se repitió esa misma mañana. ¿Dónde? En mi propia oficina, y para hacerlo más exótico y con mas morbo, en el mismísimo escritorio de mi jefe. ¿Lo recuerdas? Cómo te tome de la cintura te lleve hasta el escritorio, desabroche tu pantalón, y te follé con locura… Esta vez si te daba nalgadas con intensidad, dejándote las marcas rosadas en tu gran trasero. Halandote el cabello mientas te penetraba simulando que te cabalgaba. Tu sólo gemías con fuerza, esta vez estábamos completamente solos. Provocaba tirar todo al piso, no lo hicimos, sólo lo empujamos un poco para tener espacio en el escritorio. Que locura. Fue increíble. Ya lo había hecho en mi antigua oficina. Pero hacerlo en la de tu jefe, es otro nivel. De pronto escuchamos que abren la puerta de la oficina y rápidamente nos acomodamos la ropa, y al asomarnos era otro compañero que fue hacer horas extras el fin de semana. Bueno, no quedo otra que saludar y tratar de disimular aunque las gotas de sudor aún corrían por mi frente. Lástima que te fuiste para otra ciudad, siempre creí que volveríamos a tener una nueva aventura como esta, aunque si quieres me invitas a tu nueva oficina y lo volvemos a intentar.

FIN o Continuara… Aún no lo se.

 

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Vienes en frasco chiquito…

Recuerdo que te conocí cuando sólo eras una niña de secundaria. Tu simpatía y buena vibra era lo que invadía mi oficina al verte llegar algunas veces junto a tu mamá. Puedo recordar que en varias ocasiones me llevaste hasta comida hecha por ti para mi. Hablábamos de tu clases en el liceo y que pronto irías a la universidad. A veces te sentabas en mi oficina y pasábamos el rato hablando de muchas cosas nuestras, de nuestros gustos o aficiones. En esos instantes te veía como una niña colegiala, pero te confieso que siempre fuiste muy linda. Pero tu madre me mataría en aquel momento con sólo imaginarse que yo sedujera a su pequeña. Así que me mantuve alejado de ti, y pasaron unos cuantos años hasta que te vi con el que hoy día es tu esposo. En aquel momento estaban de novios, y tu estabas deslumbrando de belleza, ya eras toda una señorita, en realidad en la primera impresión no te reconocí siquiera. Cuando me lo presentaste a él fue cuando caí en cuenta de quien me estaba saludando. Quien iba a creer… Estaba al frente de una chica que hace unos años no despertaba ningún mal pensamiento, pero en ese instante pasaron infinidades de cosas por mi mente.
¿Qué cosas? te preguntarás… Alguna vez haz deseado arrancarle el helado a alguien de las manos simplemente porque te invade un deseo incontrolable por comértelo. Porque simplemente ese día amaneciste antojado de algo y descubriste en ese instante que era ese helado… Sin importarte quien sea el dueño. Sólo quieres saborearlo, tu boca se muere por probarlo, tu lengua se deleita recorriendo cada centímetro, sientes como se derrite en tu boca. Pero no olvidemos algo. Debes comértelo rápido. Te lo acabas de robar. Es un placer que dura poco, y que tal vez no vuelvas a sentir más. Esa emoción de comerte algo que no es tuyo le da un toque más excitante. Si se lo arrancas de las manos debe ser rápido… Muy rápido. Pero ¿si sólo “lo tomas prestado” por un instante? Si sólo te puedes dar el gusto de robarte un pedacito y degustarlo y disfrutarlo por un instante. ¿Te lo imaginas? ¿Te gustaría ser ese helado? Poder quitarte el empaque que cubre tu cuerpo de caramelo, hasta que quedes completamente lista para ser probada por mi boca, mis labios, mi lengua y hasta mis propios dedos, todos llenos de tus dulces jugos, sentirte cada vez más y más húmeda. Y de vez en cuando darte un mordisco y comerte, sentirte, saborearte, que te derritas en mi boca. Ese placer único de sentir lo FRÍO-CALIENTE al punto de no saber cuando es uno u otro, mezclado del DOLOR-PLACER ese que te hace gritar y después no sabes por que…? Es como cuando te comes algo frío muy rápido y de pronto sientes un dolor en la cabeza, pero lo vuelves hacer para tratar de entender por que a pesar de que te da dolor… TE SIGUE GUSTANDO! Así mismo…
Debes estar pensando que estoy loco, y seguro sonríes al leer estas líneas, pero que hay de malo en desear lo prohibido. Si la mejor manera de huir de la tentación es cayendo en ella. No es simplemente desear a una mujer, es la forma en que le haces sentir que es deseada por ti. Es la forma en que la miras, la forma en que le hablas, la forma de como la tocas. Y en estos casos la forma que le escribes. Quiero llevarte a un mundo imaginario donde yo pueda ser dueño de tus partes, donde tendré el control de tu cuerpo, donde no hay reglas, ni hay límites, sólo seremos tu y yo, entregándonos en cuerpo y alma, explorandonos, descubriéndonos, saciando la sed de pasión y deseo. Quiero adueñarme de tu figura, tenerte en mi cama, desnuda, sólo te cubre una prenda los ojos, quiero que en este encuentro solo uses 4 sentidos. Sólo quiero empezar que escuches cada suspiro, cada palabra que te diga al oído, cada instrucción que te ordene hacer… Si, eres mía y harás lo que yo diga. Te pediré que te toques y acaricies para mi, deseo ver como recorres tu cuerpo con tus manos, como te acaricias suavemente cada rincón de tu cuerpo, no te rías, eso es lo que quiero. Quiero ver como me seduces sin verme a los ojos. Quiero ver tu mano rozando tus pechos, tu abdomen, tu sexo. Ver como tus dedos se introducen dentro de ti lentamente, mientras muerdes tus labios, y suspiras lentamente. Yo solo te hablare…
Quiero que te vayas calentando para mi, quiero que pueda sentir el olor de tu sexo, quiero verte mojada. Cuando estés así sentirás sin avisarte mi aliento caliente allí abajo, mi boca te hablará, te dirá cuanto te desea. Mi lengua te hará saber que estoy listo para hacerte sentir una sesión de sexo que jamás haz vivido. Sentirás como mi boca se adueña de ti. Como degusto con tanto placer hacerte sexo oral. Tu respiración se acelera intensamente. Tus manos se adueñan de mi cabello tratando de tomar el control. Pero no… No lo permitiré. Esta vez serás mía, no te dejare ni moverte. Me adueño de tus nalgas con mis manos y te aprieto mas fuerte hacia mi boca, como tratando de que mi lengua te follé. Las aprieto fuertemente. Y siento tus contracciones, no te queda otra que tomar las sábanas con tus manos y apretarlas con fuerza. Y cuando mi lengua llega a tu clítoris siento como te empiezas a torcer y a mover tus caderas. Vas por el camino que quiero, deseo llevarte a un punto que no tengas sentido del tiempo, que no puedas controlar tu cuerpo, que estés a merced de mi. Una de mis manos acaricia tu abdomen, la otra, empieza a entrar suavemente por tu sexo, y veo como te muerdes los labios, como muerdes tu propio brazo, necesitas liberar tensión, así que me acerco y te dejo morder mi mano, y veo como tu boca empieza a chuparla. ¿Qué deseas? ¿Quieres tenerlo en tu boca verdad…?
Me cambio de posición y me dispongo a hacer un 69 contigo. Ni me diste oportunidad de acomodarme bien, cuando ya tu boca se apoderó de mi sexo, y tus manos controlaban la situación. Sentir esa boca húmeda y caliente me hizo estremecer el cuerpo, así que me afinque más a ti apretando tus nalgas con fuerza. Entre chasquidos y gemidos y alguna nalgada hacía de este momento una pelea de dos fieras salvajes deseosas de sexo intenso. Fue cuando de pronto un repentino gemido se adueñó de ti, apretaste con tu mano fuertemente mi miembro mientras lo tenías cerca tu boca. Un escalofrío te hizo vibrar todo el cuerpo, tus piernas me apretaron la cara mientras no parabas de mover tu sexo en mi boca. Un rico y placentero orgasmo. En ese momento cuando creí que te relajarías por lo exhausta que estabas, todo lo contrario, empezaste a jugar conmigo, acariciándome y besándome por todo el cuerpo. Cambiaste de posición, te quitaste la venda y mirándome a los ojos y con cara de niña mala me dijiste: “Ahora prepárate tu…”
Yo solo me acomode y te deje “jugar” con el, con sólo verte me calentabas más, sobre todo cuando me pedías que llegara, que querías verme llegar sobre ti. Tu lengua y tus labios me tenían a punto de explotar, tus manos agitando mi miembro, y tu mirada intensa y llena de deseo no se separa de mi. No pude más… Me deje llevar, cerré mis ojos solo un poco, y te dije… “Me vengo…”
Apretaste más fuerte con tu mano y dejaste que mi cuerpo se desahogará sobre tu pecho. Tu sonrisa de satisfacción es increíble. Te acercaste a mi oído y me dijiste con tu vos en secreto: “¿Y ahora que piensas de mi, me sigues viendo como una niña?”

Continuará…

 

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Ven bailalo…

Hoy revisando mi computadora encontré un vídeo de esa primera noche junto a ti. Me detuve a observar como te encantaba posar frente a la cámara. Tu forma de mirar, tu forma de encarnar otra personalidad, una personalidad algo erótica y sensual. Tu facilidad para el baile te hacia una experta en los movimientos más calientes que yo antes allá visto. Te gustaba mirarte, te sentías segura de tu cuerpo, unos senos firmes y naturales, una cintura estrecha, y unas nalgas y piernas bien ejercitadas, ese color trigueño de tu piel y la marca de tu pequeño traje de baño. Unos labios muy sensuales dispuestos a besar y jugar con cualquier parte de mi cuerpo. Tu cabello negro azabache, si, ese mismo que sacudías al bailar en las tarimas cuando eras bailarina de un grupo de reggaeton.

Ese mismo cabello que me encanto la primera vez que te vi, jugabas con el, con tus movimientos, con tus miradas. ¿Recuerdas nuestra primera escapada? Después de esa gira, prometí darte unos masajes y regalarnos una noche de pasión juntos. Después de una larga sesión de besos en el ascensor, en el pasillo, logre abrir la puerta de mi apartamento. La llama del deseo nos invadía, sólo pensábamos en comernos el uno al otro, arrancándonos la ropa, como si no tuviéramos tiempo suficiente para estar juntos. Te tire en mi cama, tenía el control sobre ti. Por fin serías mía… Sentir tu cuerpo sobre mi, acariciarte sin nada de ropa, era el sueño hecho realidad. Nos invadieron grandes besos llenos de deseo y loca pasión, tus ojos no dejaban de verme, no dejabas de morder tus labios, de pronto empezaste a bajar sobre mi pecho y con esa sonrisa tuya tan llena de lujuria levantaste una ceja y llenaste tu boca con mi sexo, lo saboreabas cual fuera un dulce, lo degustabas con tanto placer que sólo verte me creaba un morbo tremendo. La música de fondo le daba ese toque erótico que necesitaba, un R&B de Sade Lover. Sentía que una a explotar. De pronto viste que en mi habitación tenía una cámara de vídeo, tu cara de picardía surgió de pronto.

Tomaste la cámara y la pusiste frente a la cama, con la pantalla digital hacia el frente para poder verte, empezaste a jugar con la cámara, cambiabas de expresiones en el rostro, jugabas con tu cuerpo, acariciabas tu pecho con ambas manos, recogías tu cabello y no dejabas de sonreír. Me senté detrás de ti para así poder tomarte desde atrás y jugar con tus pechos, besar tu espalda, poder hablarte al oído y decirte lo sexy que te veías frente a la cámara. Este evento nos calentó al punto que sólo me tumbaste sobre la cama y subiste sobre mi, y llevando el control de todo empezaste a moverte cual película porno, era sorprendente como una adolescente menor que yo tenía la experiencia suficiente como para no dejarme dominar. Aunque confieso que para mi fue genial. El movimiento de tus caderas estaba cargado de tanta energía que era imposible liberarse, tu rostro, aún recuerdo como mordías tus labios, y decías con voz dulce y sensual: «-¿Te gusta?¿ Me deseabas mucho?»
De pronto cambiaste de pose, pasaste a hacer un 69 y no fue hasta cuando vi el vídeo que tu expresión frente a la cámara era de película. Siempre mantuviste un contacto visual con esta, como si alguien más estuviera viendo. Disfrutabas de saborear mi sexo con tal intensidad que no deseaba que terminara nunca. Era tan sexy como movías tu cabello, de un lado a otro, y como presionabas tu sexo con mi boca. Aún recuerdo como acariciaba tus nalgas mientras mi lengua te penetraba con tanta dulzura e intensidad. Tu olor, tu sabor, volvía loco mis sentidos.

Era una noche de sexo intenso. Fue cuando sentí que casi me venía, cuando decidí cambiar de posición, era hora de dominarte, ponerte en cuatro y tomarte por las caderas, acariciar tu espalda, y halarte el cabello, como si fueras una fiera salvaje, no dejabas de mirar la cámara, movías tus nalgas y caderas para hacerme llegar y gemías con tanto placer y maldad que no aguanté más y explote dentro de ti… Seguías moviéndote con tanta pasión que sentí que volvía a llegar por segunda vez en esos segundos. Caímos en la cama sin aliento, sin fuerzas, con energías solo para detener la grabación y dormir un rato. Pero eso solo duro unos minutos, ya que cambiaste de lugar la cámara y me pediste te hiciera un oral mientras te grababas en cuatro. Tu cara de placer era única, sobre todo cuando me pedías que te hiciera el conocido «beso negro», tus gemidos me calentaban, y aún al ver el vídeo me calientan, ver como mordías y saboreabas tus labios me encantaba. Introduje mis dedos dentro de ti mientras mi lengua hacia su trabajo y ver como te corrías en mi mano fue una experiencia super rica. Esa noche fue placentera, y lo mas emocionante fue que quedo todo grabado… Recuerdo el instante que te vi por primera vez bailando en la tarima y pensé: «Si así baila, no quiero imaginarme como debe ser en la cama», Fantasía hecha realidad. FIN