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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

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Ella nos escuchaba…

A veces hablamos de cosas que no queremos que nadie nos escuche ni nos vean. ¿Pero que hacer cuando quieres es todo lo contrario? ¿Te acuerdas aquella vez que yo quería que tu amiga nos escuchara follar? Aquel día que irrumpieron a mi apartamento sin avisar, simplemente tocaron el timbre y allí estaban ustedes dos. Sonrientes y picaras como si estuvieran haciendo alguna travesura. Yo no esperaba visitas así que andaba en sólo un pantalón deportivo y sin camisa. Las deje entrar, recuerdo que no dejaban de reírse. ¿Qué tenían en mente? La picardía invadía sus rostros. Decidieron hacer comida ya que casi era mediodía, nos dedicamos a preparar una pasta con atún, algo rápido. Tu amiga sonreía con nervios, algo le pasaba por la cabeza, y tu eras cómplice de ello. Mientras hervía el agua ella dijo: «Sabes, mi amiga quiere que tu la hagas sentir, ¿será que la complaces? Creyó que lo tomaría como juego, y ella tal vez no se imagino que inmediatamente te tomaría del brazo y te llevaría hasta mi habitación. Sus caras de asombro no dejaban de emocionarme, sobre todo la tuya, que me mirabas así como diciendo «¿en serio lo vas hacer?»
Empece a besarte, tu me respondías con gran pasión, como que si era verdad lo que decía tu amiga. Entonces ¿por que te hacías la inocente? Debía castigarte por eso, y debía darle una lección a tu amiga.

Primero debías hacerme sexo oral, quedándome detrás de la puerta de pie te pedí que te agacharás y lo hicieras, se que lo estabas disfrutando mucho ya que tu respiración se iba acelerando en el proceso. Algo de maldad me invadió, trate de golpearte con mi pelvis contra la puerta para romper el silencio. Me miraste como diciendo «¿que rayos haces?» Y te respondí… «Espero que tu amiga este preparada para esto» se que con esa frase se te vinieron infinidades de pensamientos a la cabeza. Esa era la intención. Tomándote por el cabello te dirijo a mi cama, ni siquiera te quejaste de nada, ya me estaba dando cuenta que disfrutas del sexo salvaje. Te puse en 4 y levante tu falda, y empece a darte embestidas en tu vagina que ya se encontraba más que húmeda. Y te dije: «te voy hacer gritar, quiero que tu amiga te escuche…» Así que empece a darte cada vez más fuerte, acompañado de nalgadas y azotes. Cabalgándote como una fiera salvaje, controlándote por las riendas de tu cabello, tus gemidos empezaron aparecer, aunque usabas la almohada para silenciar, sabías que el fondo, deseabas ser escuchada, deseabas hacerle saber que la estabas pasando bien. Mis nalgadas cada vez eran más y más fuertes, ya tus nalgas se tornaban rosadas de tantos azotes recibidos. Pero no te quejabas de nada. Para terminar de darle emoción a la cosa, empece a hablarte sucio en voz alta: «¡Muévete! Quiero sentir lo mas puta que puedas ser conmigo hoy. ¿Te gusta como te penetro? Así que querías que te pegarán del techo…? Grita que eres mi puta, anda, quiero escucharte…» Lo dijiste, pero muy suavemente. Fue cuando noté una sombra detrás de mi cerca de la puerta abierta, sospeche que era tu amiga queriendo saber que sucedía. Así que te lo grite más fuerte: «Quiero escucharte, ¿te gusta como te folló? Dime… Responde que no te escucho…»

Esta vez si lo dijiste en voz alta, y con un nivel de éxtasis más elevado. Así que me acerque a tu oído y te dije susurrando: «Quiero que la perra de tu amiga te escuche. Sabes que si fuera por mi saldría a buscarla y la metería en esta misma cama, así que o gritas o voy por ella»

¡No! Fue tu respuesta, «No la busques, se que eres capaz, y se que ella también te gusta, pero déjame ser sólo tuya esta vez, es que me da pena gemir sabiendo que ella me escucha.»

«No me interesa… No se como lo vas hacer» fue mi respuesta mientras abría y levantaba tus piernas por encima de mis hombros y empezaba a penetrarte con intensidad, tus gemidos estaban allí, reprimidos, aguantados en silencio. Pero fue tanto que no pudiste soportarlo más, cuando te invadió un orgasmo donde tus gritos se hicieron escuchar. Un gemido profundo, un suspiro largó y tendido, nuestras gotas de sudor se unieron como en un solo cuerpo. Tu amiga, estuvo allí todo el tiempo, escuchando, tal vez imaginando y dibujando en su mente lo que estaba sucediendo. Rápidamente se dirigió al balcón que estaba a sólo pasos de la habitación, se sentó y hacía como si hablara por teléfono. Pero su sonrisa en los labios y ese levantar de cejas cuando nos vio la delataron. Más aún cuando nos dijo: «me vine para acá que es más fresco, la cocina me tenía mal con el calor… Y los ruidos que escuchaba» dijo entre risas mirándote con picardía. Tu solo bajabas la mirada y sonreías con timidez. Creo que hasta el hambre se nos fue esa tarde y decidimos mejor caminar por la playa. Ya habían cumplido con su plan, ¿que venía luego? Déjame decirte que en mi mente esta es poseerla a ella y que seas tu la que nos escuche esta vez.

 

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Vos sos de donde…

Como olvidar esos hoyitos que se hacen en tus mejillas, esa sonrisa que llenaba de alegría mi día cada vez que te acercabas a mi. Y esos ojos con largas pestañas que tanto me encantaban. Esa timidez casi de niña inocente que invadía tu personalidad, que sólo tus altos tacones, esos jeans pegados y una que otra blusa escotada podrían contrariar la escena. Tenías esa fórmula para seducirme, me hiciste verte como una joven inocente e ingenua de un pueblito alejado de esta gran urbe. Y una vez me tuviste en tus manos me mostraste que las gochas tienen ese poder de envolver cual planta carnívora a su presa. No puedo olvidar especialmente esa noche, el día que logramos olvidar prejuicios, sólo pensamos en nosotros y llevar a cabo lo que por muchas noches solo había sido largas conversaciones y fantasías eróticas por mensajes de texto. Después de bailar juntos, después de sentir el perfume de nuestras pieles, después de tantas miradas, tantas provocaciones, tomamos la decisión. Decidimos irnos a mi habitación y olvidarnos de la fiesta. Aprovechar que todos estaban distraídos con los tragos y la música. Entramos a la habitación, los besos fueron los primeros en aparecer, esos besos dulces, suaves y lentos. Que fueron cambiando a besos más largos y prolongados, esos besos a lo francés, esos que se salían de tu boca para besar tu cuello, tu oído, y decirte de una vez por todas: «Esta noche serás mía»
Empece a tocar todo tu cuerpo como queriendo descubrir con mis dedos cada milímetro de ti. Lanzarte a mi cama era inevitable, estar sobre ti lo que más deseaba. Hacerte el amor con la ropa… Sólo duraría un instante. Quería estar seguro que no tocarían a la puerta de la habitación para saber de nosotros. Y efectivamente así fue. Una de nuestras amigas toco la puerta para saber de ti. Me levante y le dije que todo estaba bien, ¿recuerdas? Ella se asomó, te vio y sólo dijo: «¿Por que están aquí? Deberían ir a bailar allá afuera» y mirándome a mi me dijo: «Hermanito, que le quieres hacer a la Gocha» y yo sonriendo y casi que sacándola del cuarto le dije: «Nada que ella no quiera, así que adiós…» Y cerré la puerta nuevamente y esta vez si me mentalice en empezar hacer lo que queríamos…

Allí estabas, sentada en la cama, mirándome fijamente, podía sentir tu emoción y nervios, así que sólo fui acercándome a ti, tumbando mi cuerpo hacia el tuyo, y acostándonos suavemente en la cama, besándonos con gran pasión, acariciándonos con ternura, después de tanto esperar por fin podemos tener unos minutos a solas y sin temor a ser vistos. Así que te di vuelta y quedaste sobre mi, mis manos se metieron por debajo de tu falda, así acariciando la piel de tus caderas, podía notar el pequeño hilo que traías puesto. Te levantaste levemente y bajaste la parte superior de tu vestido, dejando al descubierto tus pechos, mis manos cambiaron inmediatamente de lugar, y empezaron a sentir esos firmes y naturales senos. Y mi boca sin quedase atrás se unió a las caricias, ver la expresión de tu cara era emocionante, escuchar tu respiración, sentir tu aliento me hacia elevar y desear no dejar de besarte, esos ricos labios, dulces como la miel, jugosos como morder una rebanada de patilla. No dejábamos de comernos a besos, cada instante era más intenso, más apasionado. Cuando menos me di cuenta, ya estabas desabrochando mi pantalón y diciéndome: «Ya quiero ver y sentir lo que tienes aquí abajo» ¿recuerdas? Así que inmediatamente me dispuse a complacerte. Sólo puedo confesarte que cerré los ojos, y mis manos se aferraron a las sábanas, ya que tu boca tenía el poder de hacerme perder el control. La forma en como jugabas con tu lengua y tus labios, me volvían loco, las caricias con tus manos por todo mi cuerpo mientras disfrutabas de hacerme un oral, me llevaban a que mi respiración se acelerará. Estaba tan sensible que sólo tu respiración o tu voz cerca de mi sexo era suficiente para hacerme excitar. ¿Recuerdas el instante donde tome la almohada para poder morder y gritar? Y tu con una gran sonrisa me decías: «Así te quería ver, ahora soy yo quien te tiene dominado».
Fue cuando decidí hacer lo mismo por ti, y me dispuse a cambiar de posición donde ambos podíamos demostrar nuestras habilidades orales…
Te quite ese pequeño hilo que llevabas puesto. Me dispuse primero abrir tus piernas, se que estabas nerviosa. Podía sentirlo. Mi mano empezó a explorarte primero… Así podía ver tu expresión. Cuando uno de mis dedos te toco… respiraste profundo y te aferraste a mi sexo con fuerza y lo llevaste a tu boca nuevamente, y cada vez que mi mano te penetraba, tu te lo llevabas a la boca.  «No pares…» dijiste con voz firme y pronunciando  mi nombre completo, esto me dio un morbo increíble, así que no me detuve en ningún momento. Sincronizamos nuestros movimientos y nos entregamos en un baile horizontal de deseo y placer. Yo me aferraba a tus cadera, a tus nalgas con ambas manos, tu acariciabas mis testículos mientras tu boca se aferraba al placer de mi sexo. Ya estábamos muy calientes y lubricados, te acostaste boca arriba, y me subí sobre ti, empezaste a sentir el calor de mi sexo penetrándote con mucha suavidad, no te quejaste en ningún momento, solo un suspiro después que ya me encontraba dentro de ti. Entrelazamos nuestras piernas. Entrelazamos nuestras manos. Nos besamos profundamente, degustando cada beso. De verdad que fue muy placentero sentirte mía por primera vez. Fue una noche cargada de lujuria, de ternura, de un deseo incontrolable. Lo que empezó con besos robados ya era una realidad.  La mujer que tanto fantasee sentir y tenerla en mi cama, se encontraba haciéndome el amor con gran pasión. Terminamos exhaustos, fueron largas esas horas. Terminamos abrazados durmiendo juntos. Sintiendo el perfume de tu piel, deseando que no amaneciera, para que no tuvieras que partir. Pero así fue… En la mañana te despediste de mi con un gran abrazo, un beso en la mejilla, y un «Adiós… la pase muy rico, pero sabes bien que no se va a repetir, y tu mejor que nadie sabes porque no puedo dejar a mi novio por ti». Esa parte de la historia no vale la pena contarla. Solo que él siempre sospecho de que tu y yo tuvimos una aventura después de ese día. Y bien sabes, que después de ese día, el no te volvió hacer sentir mujer como tu lo deseabas. Solo nos mirábamos, solo logramos volver a besarnos una que otra vez nuevamente. Hasta que decidí que lo mas correcto era dejarte hacer tu vida. Así fue, te fuiste, encontraste trabajo en otra parte y ya no podía verte todos los días, me curé. Aunque siempre llegas a mi mente cuando alguien llega con tu mismo acento y yo de manera jocosa le pregunto: «Vos sos de Valera?»

FIN.

 

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¿Mala cama yo?

Te preguntarás porque le puse este título al relato, y sencillamente haciendo memoria sabes que en un principio te hacia molestar diciendo que tu novio te había dejado por esa razón. Recuerdo que siempre nos sentábamos en grupo a conversar y siempre terminábamos discutiendo, y para hacerte irritar más siempre terminaba diciéndote: «Habla claro, si tu novio te dejo por otra, seguro fue por mala cama» eso te hacia enfurecer más. Yo disfrutaba de tu cara y tu respuestas.
¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte junto a otro amigo nuestro? Estabas sola en tu casa, y me llegue con este pana a que nos hicieras almuerzo, ya que bien sabemos que cocinas rico. Fue un día de habladera y jugando en la computadora. Llego la noche, nos pediste que no te dejáramos sola. Así que te complacimos, nos quedamos, nos hiciste cena y todo. Cuando nos disponíamos a dormir terminamos los tres en la misma cama. Vamos a estar claros que éramos como familia, y así que te dejamos en el centro de la cama, si para colmo los tres en la misma cama.

Pero después de hablar tanto morfeo se adueña de nosotros, el sueño nos vence y empezamos a quedarnos dormidos. Mi amigo por lo visto fue el primero. Yo sentí que tu ya lo estabas, de pronto te mueves y tu cara queda frente a la mía. En ese instante pude sentir tu química, mi olfato se activa, tu respiración me atraía. Sentía unas ganas inmensas de besarte así estuvieras dormida. Dejarme llevar como si fuese un sueño. Tu, te acercaste más a mi, como buscando mi calor corporal. Yo no sabía que hacer, mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. El aroma de tu piel me descontrolaba, tu aliento me gritaba que te comiera a besos. No aguante más. Como si fuera un accidente quede nariz con nariz contigo, fue cuando sentí que tu respiración cambió de velocidad. Supe que no estabas dormida. Así que sólo me tome el atrevimiento de besarte. Inmediatamente tus labios empezaron a degustar los míos, con tantas ganas, con tanto placer que hasta nos olvidamos que al lado teníamos a nuestro amigo. Una de mis manos no se pudo controlar, e inmediatamente acaricie tus senos que se encontraban desnudos debajo de esa blusa de dormir. Tus pezones se pusieron duros inmediatamente. De pronto sentí que una de tus manos me agarra y dirige la mía hacia tu sexo, por debajo de tu short de dormir, deseando ser tocada. Mi sorpresa fue sentir tu vagina tan húmeda, tus jugos recorrían tus piernas. Sentí que deseabas ser penetrada, pero ¿cómo? Nuestro amigo podría despertar y encontrarnos en pleno acto. Creo que eso nos excitaba más. Querías moverte mientras mi mano era la que te follaba. Mis dedos te penetraban con tanto gusto que cada vez me pedías que introdujera uno mas, llegando al punto que mis cuatro dedos estaban dentro de ti y el que quedo fuera acariciaba tu clítoris al puntos de hacerte llegar. Era tanta humedad que el olor de tu sexo se podía sentir. «Me estas volviendo locaaaaaa» me susurraste al oído. Y metiendo tu mano debajo de mi pantalón tomaste con fuerza mi sexo y lo apretabas como queriendo vengarte de lo que te acababa de suceder. Pero no podías moverte mucho porque la cama empezaría a mecerse y despertarías a nuestro amigo.

La mañana apareció, los primeros rayos de sol aparecieron, te levantaste a darte una ducha. Te seguí, tenía ganas de hacerte mía en el baño. Pero me detuviste. Era ese miedo a ser descubierta el que no te dejo. Me dejaste afuera del baño. Así que me dispuse a sentarme en el comedor. Allí fue cuando mi amigo se despierta, y me dice: «Será mejor que nos vayamos, mi papá debe estar preocupado porque no llegue con el carro a la casa anoche». Así que le dije que yo iba a esperar que me prepararás desayuno y no pensaba irme todavía. Que me iría caminando. Así que se fue, yo me quede en la sala esperando que salieras de la ducha.

Saliste con la toalla alrededor de tu cuerpo, me miraste y sentí tus nervios. Sabías que habíamos quedado completamente solos. Sabías que en ese momento si iba a pasar lo que queríamos que pasara. Me metí en tu cuarto antes que lograras vestirte. Me decías que esto no debía estar pasando, hemos sido amigos toda la vida y además yo era amigo de tu ex. Pero los besos se volvieron a dar, empezamos a comernos los labios, desnudaste mi cuerpo y nos lanzamos en la cama. Esta vez nada nos detendría de hacer realidad este deseo guardado por tanto tiempo. Ambos confesamos haber deseado vivir ese instante años atrás. Allí estábamos, sintiéndonos, explorandonos, entregándonos en cuerpo y mente. Disfrutando de las caricias, de los movimientos y los aromas de nuestros cuerpos. Te movías encima de mi de tal manera que era yo quien se sostenía de las sábanas… Era increíble… Como movías tus caderas, mis manos solo se sostenían de tus nalgas, porque sólo tu llevabas el control. Tus labios se fusionaban con los míos, los dedos de tus manos se entrelazaban con las mías. Tus gemidos aceleraban mi respiración y mis latidos. Tu vagina estaba muy caliente y húmeda. Sentía que me ibas hacer explotar. Así que me separe de ti y quise hacerte sexo oral. Y me dijiste que tu lo harías primero, sostuviste mi sexo con tu mano, y acercaste tu boca y con sólo introducir un pequeña parte de mi pene jugaste con tu lengua y tus labios. Tu lengua empezó a moverse de tal manera que mi respiración se aceleró, por primera vez en la vida estaba sintiendo sensaciones increíbles y ni siquiera te movías o usabas tus manos, era sólo tu lengua y tus labios. Fue cuando me invadió el cuerpo un orgasmo y sólo tuve tiempo de decirte: «Me vengo» pero tu simplemente continuaste, me dejaste llegar en tu boca, creo que este orgasmo fue el más largo y placentero que jamas haya tenido en la vida. Caí rendido, inmediatamente subiste sobre mi, preguntándome que tanto lo había disfrutado y si me había gustado sentir como me hacías el sexo oral. Te confesé que había sido la mejor felación que me habían hecho…
Así que con cara de ironía y con una gran sonrisa de satisfacción en la boca te acercas a mi oído y me preguntaste… «¿Aún piensas que soy mala cama?

Continuara…

 

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Dame un trago… (Parte 2)

Frente a frente, juntos en la ventana, mirando la inmensidad del cielo, las estrellas. Un par de tragos, y ya casi una botella entera consumida, embriagados, hablábamos de nuestras aventuras y desventuras. Nuestros altos y bajos, de pronto pusiste una canción desde tu celular, «Take my heart back» interpretado por Jennifer Love en la película «Te Amare por siempre» («If only» 2004) un tema con una melodía encantadora.  Acompañada de tu sonrisa, tu mirada, ya tus manos se acercaban a mi acariciándome con unos leves toques, ya podía verme en tus ojos reflejado. Ya tu frente se pegaba junto a la mía y me mirabas fijamente. Ya podía sentir tus feromonas. Revolviste mis recuerdos, recordé y reviví nuestro primer beso. Me acerque a ti y volví a besarlos después de tanto tiempo. Mientras te narraba como había sido aquella primera vez. Fue como reconstruir la escena.  Una ola incontrolable se adueño de mi ser, y como un tsunami me fui encima de ti. Nos besamos con mucha intensidad, con extremada pasión. Era un poder incontrolable, esos labios tuyos me sabían a gloria, era como beber agua después de estar en un desierto, era volver a sentir tu boca calmando mi sed de amor, pasión y deseo. Nos tumbamos al piso como si estuviéramos en la arena, ni nos importo que el piso estuviera frió. Nuestros cuerpos se abrazaron con tan fuerte deseo, que sentía que me volvía uno sólo con tu figura. Tu boca me besaba con tanto gusto y placer que no deseaba más nada sino sentir tus labios carnosos, tu lengua, y tus dientes mordiéndome levemente. Tus manos recorriéndome, acariciándome, controlándome. «Eres mía» te dije con voz dulce y seductora mientras te miraba a los ojos y me encontraba encima de ti, haciéndote el amor con ropa.

Y tu, con tu mirada llena de fuego me dijiste con tu voz encantadora: «Si, soy tuya, siempre lo he sido». Un calor exploto dentro de mi al escuchar tus palabras, y empece a desvestirte rápidamente, arranqué tu pantalón muy deprisa, te despoje de las sandalias. No había terminado de desnudarte y ya me tenías dentro de ti. Ya mis caderas se movían al ritmo de la las tuyas, en un baile de placer y lujuria. Me quite la camisa, termine de despojarme del pantalón y de tu blusa, ya podía ver y sentir tus firmes y grandes senos desnudos sólo para mi. Empece a besarlos, a lamerlos, a morderlos, y cada vez te volvías más y más loca del deseo. Tus gemidos se apoderaban de mi cabeza, no dejábamos de mirarnos a los ojos, me dijiste: «Quiero que me hagas el amor… Hoy no quiero que me cojas».

Así que te levanté del piso, te cargue entre mis brazos, y te lleve a mi cama. Te acosté suavemente y empece a besarte con dulzura, nunca antes te había besado de esa forma, tus labios sabían a miel, tu boca me saboreaba. Mi cuerpo encima de ti, penetrando tu vagina con gran emoción, el placer nos invadía, me hacías sentir tantas emociones juntas que cada segundo me compenetraba mas contigo. Sentir tus manos acariciarme por todo el cuerpo, sentir el movimiento de tu pelvis chocando con la mía. Escuchar tus gemidos, y tu voz cual secreto susurrado pidiéndome mas, diciéndome: «Soy tuya, y siempre lo he sido. Me encanta sentir tu pene dentro de mi vagina. Me lo haces muy rico».

Mientras tanto yo también te hablaba, necesitaba expresarte lo que me estabas haciendo sentir. Y tomando una de tus piernas y elevándola casi sobre mi hombro, empece a moverme con mas fuerza. Tu otra pierna se enrosco con la mía.  Nuestras caderas no paraban de moverse, la expresión de tu cara me fascinaba, cada embestida que te daba al penetrarte, cambiaba tu rostro, mordías tus labios, cerrabas los ojos, abrías la boca, gemías con gusto. Y así intercalabas cada expresión, repitiéndola una y otra vez. Luego tome ambas piernas y las lleve a un lado de mi cara, donde podía besar tus pies, y continuaba penetrándote con gran emoción. Mi sudor empezó a caer de mi cabeza, y las gotas llegaban hasta tu vagina recorriendo todo mi cuerpo. Tus manos acariciaban tus senos, apretaban tus pezones, y en otras ocasiones se sujetaban de la pared ya que mis embestidas hacia ti cada vez eran mas fuertes y casi tu cabeza alcanzaba llegar a ella. Me incline hacia ti, tus piernas pasaron sobre mis hombros, mis labios lograban besarte. Mi pene en lo mas profundo de ti, te hacia gemir muy fuerte, ya entramos en la linea del PLACER y el DOLOR. Donde no sabes cual es cual. Así que empece a jalarte el cabello, y hablarte mas fuerte al oído. Quería hacerte sentir porque tu y yo somos especiales en la cama. Nos gusta pasar la linea del placer-dolor y eso lo descubrí contigo en el pasado. Así que te pedí que me golpearas sutilmente, e inmediatamente lo hiciste, tu mano alcanzo mi mejilla. Y cada vez que lo hacías te penetraba mas fuerte. Te pedí que me mordieras, primero introduje mis dedos en tu boca, los lamiste y saboreaste con gran sensualidad, y al darte la orden los mordiste con intensidad. De premio por ser tan buena sumisa, volví a penetrarte con fuerza como si quisiera atravesarte.

«¿Te gusta? ¿Quieres que pare? te decía ya casi sin aliento.

«¡No! no pares… me encanta lo que haces» respondiste con voz placentera. Al verme así, me empujaste e invertimos la posición, querías tener el control. Introdujiste mi pene en tu vagina y cuando mis manos agarraron tus caderas para llevar el dominio, me las sujetaste y las llevaste por encima de mi cabeza y con una sonrisa macabra me dijiste: «Shhhhh, silencio. Ahora es mi turno, usted tranquilito.» Empezaste a jugar encima de mi con tus movimientos, arriba a abajo, circulares, dentro y afuera, lento y rápido. Cada vez tus jugos empezaron a salir en mayor cantidad. Suspiros profundos aparecían con cada movimiento, de pronto mordías mis labios y me susurrabas al oído:  «Que rico esta tu pene… me encanta cuando esta dentro de mi… me tienes toda mojada».

Así que libre mis manos y te tome de las nalgas, apretándolas contra mi, y moviéndolas a un ritmo mas acelerado, tus gemidos se empezaron adueñar de ti, así que te tumbe de espalda nuevamente, me pose encima de ti y puse mi mano en tu cuello, dificultandote la circulación por algunos instantes, mi otra mano acariciaba tu pecho, tus piernas, y te jalaba el cabello. Empece a hablarte cerca de tu rostro como si fuera Christian Grey de las 50 Sombras, diciéndote: «Quiero que llegues para mi, quiero sentirte cuando tengas este orgasmo, quiero que grites, quiero que gimas, quiero que seas muy puta, porque eso me vuelve loco, muy loco. Quiero que me sientas muy dentro de ti, quiero que explotes de placer. Porque tu eres mía. Y soy el hombre que mas rico te ha hecho el amor… verdad?» No había terminado de decir la ultima palabra, cuando me abrazaste fuertemente con tus manos, como queriendo arañarme, tu pelvis se movía con gran locura, el placer nos invadía, un gemido largo y profundo seguido de un «Que ricooooo» me hicieron sentir muy complacido.

Ver como tu cuerpo se estremece, tus ojos se pierden y tu respiración es mas forzosa. Me encanto jugar con tu ritmo y velocidad, mi sexo entre tus piernas y mis labios saboreandote, juguetear con tus pechos dando leves mordiscos, sutiles y apasionados. Me encanto escuchar tus gritos y sacarte palabras sucias de tu boca. Me encanto sentirte libre, lujuriosa, erótica y placentera. Me encanto ser el culpable de acelerar tu corazón, tu respiración,   de calentar tu piel, y justo en el éxtasis del momento llegues al clímax acompañado de un gemido y un suspiro. Es como si murieras por un instante y renacieras con una sonrisa, me encanta hacerte el amor, y que acabes para mi… eso significa que esto apenas comienza.

En ese instante te volviste una fiera salvaje, una energía erótica y sensual se adueño de tu cuerpo. Me acariciaste y me besaste por todas partes. Te subiste encima de mi y me dijiste con voz de mujer complacida: «Quiero que tu acabes para mi ahora, quiero sentir tu semen en mi boquita» tocando tus labios con tu mano y acompañada de una sonrisa muy picara. Movías tus caderas con gran emoción, te encantaba, sentí que volvías a llegar. Tu boca se quedo abierta por un instante y cerraste los ojos, y salio un gemido profundo nuevamente. Eso me calentó mucho mas, así que te tome de la cintura y empece a moverme también. Cambie de posición y quedamos sentados, tu encima de mi, así podía controlarte, verte y tocarte toda. Ver tus senos brincar me enloqueció, te apreté fuerte de la cintura y te abrace. Mi orgasmo se aproximaba. Así que me deje caer en la cama y deje que te movieras suavemente, no quise decirte nada, practico sexo tántrico, así que solo me concentre en acariciarte suavemente y tener un orgasmo sin eyaculación. Tu vagina se sentía muy caliente, estabas muy húmeda, y yo muy sensible, deseaba hacerte el amor toda la noche.  Por eso te besaba así, por eso te tocaba diferente, tu logras hacerme sentir cosas que antes no había sentido. Tienes el poder de hacer conmigo lo que quieras… un trago por eso!

Continuará…