Dame un trago… (Parte 2)

Frente a frente, juntos en la ventana, mirando la inmensidad del cielo, las estrellas. Un par de tragos, y ya casi una botella entera consumida, embriagados, hablábamos de nuestras aventuras y desventuras. Nuestros altos y bajos, de pronto pusiste una canción desde tu celular, “Take my heart back” interpretado por Jennifer Love en la película “Te Amare por siempre” (“If only” 2004) un tema con una melodía encantadora.  Acompañada de tu sonrisa, tu mirada, ya tus manos se acercaban a mi acariciándome con unos leves toques, ya podía verme en tus ojos reflejado. Ya tu frente se pegaba junto a la mía y me mirabas fijamente. Ya podía sentir tus feromonas. Revolviste mis recuerdos, recordé y reviví nuestro primer beso. Me acerque a ti y volví a besarlos después de tanto tiempo. Mientras te narraba como había sido aquella primera vez. Fue como reconstruir la escena.  Una ola incontrolable se adueño de mi ser, y como un tsunami me fui encima de ti. Nos besamos con mucha intensidad, con extremada pasión. Era un poder incontrolable, esos labios tuyos me sabían a gloria, era como beber agua después de estar en un desierto, era volver a sentir tu boca calmando mi sed de amor, pasión y deseo. Nos tumbamos al piso como si estuviéramos en la arena, ni nos importo que el piso estuviera frió. Nuestros cuerpos se abrazaron con tan fuerte deseo, que sentía que me volvía uno sólo con tu figura. Tu boca me besaba con tanto gusto y placer que no deseaba más nada sino sentir tus labios carnosos, tu lengua, y tus dientes mordiéndome levemente. Tus manos recorriéndome, acariciándome, controlándome. “Eres mía” te dije con voz dulce y seductora mientras te miraba a los ojos y me encontraba encima de ti, haciéndote el amor con ropa.

Y tu, con tu mirada llena de fuego me dijiste con tu voz encantadora: “Si, soy tuya, siempre lo he sido”. Un calor exploto dentro de mi al escuchar tus palabras, y empece a desvestirte rápidamente, arranqué tu pantalón muy deprisa, te despoje de las sandalias. No había terminado de desnudarte y ya me tenías dentro de ti. Ya mis caderas se movían al ritmo de la las tuyas, en un baile de placer y lujuria. Me quite la camisa, termine de despojarme del pantalón y de tu blusa, ya podía ver y sentir tus firmes y grandes senos desnudos sólo para mi. Empece a besarlos, a lamerlos, a morderlos, y cada vez te volvías más y más loca del deseo. Tus gemidos se apoderaban de mi cabeza, no dejábamos de mirarnos a los ojos, me dijiste: “Quiero que me hagas el amor… Hoy no quiero que me cojas”.

Así que te levanté del piso, te cargue entre mis brazos, y te lleve a mi cama. Te acosté suavemente y empece a besarte con dulzura, nunca antes te había besado de esa forma, tus labios sabían a miel, tu boca me saboreaba. Mi cuerpo encima de ti, penetrando tu vagina con gran emoción, el placer nos invadía, me hacías sentir tantas emociones juntas que cada segundo me compenetraba mas contigo. Sentir tus manos acariciarme por todo el cuerpo, sentir el movimiento de tu pelvis chocando con la mía. Escuchar tus gemidos, y tu voz cual secreto susurrado pidiéndome mas, diciéndome: “Soy tuya, y siempre lo he sido. Me encanta sentir tu pene dentro de mi vagina. Me lo haces muy rico”.

Mientras tanto yo también te hablaba, necesitaba expresarte lo que me estabas haciendo sentir. Y tomando una de tus piernas y elevándola casi sobre mi hombro, empece a moverme con mas fuerza. Tu otra pierna se enrosco con la mía.  Nuestras caderas no paraban de moverse, la expresión de tu cara me fascinaba, cada embestida que te daba al penetrarte, cambiaba tu rostro, mordías tus labios, cerrabas los ojos, abrías la boca, gemías con gusto. Y así intercalabas cada expresión, repitiéndola una y otra vez. Luego tome ambas piernas y las lleve a un lado de mi cara, donde podía besar tus pies, y continuaba penetrándote con gran emoción. Mi sudor empezó a caer de mi cabeza, y las gotas llegaban hasta tu vagina recorriendo todo mi cuerpo. Tus manos acariciaban tus senos, apretaban tus pezones, y en otras ocasiones se sujetaban de la pared ya que mis embestidas hacia ti cada vez eran mas fuertes y casi tu cabeza alcanzaba llegar a ella. Me incline hacia ti, tus piernas pasaron sobre mis hombros, mis labios lograban besarte. Mi pene en lo mas profundo de ti, te hacia gemir muy fuerte, ya entramos en la linea del PLACER y el DOLOR. Donde no sabes cual es cual. Así que empece a jalarte el cabello, y hablarte mas fuerte al oído. Quería hacerte sentir porque tu y yo somos especiales en la cama. Nos gusta pasar la linea del placer-dolor y eso lo descubrí contigo en el pasado. Así que te pedí que me golpearas sutilmente, e inmediatamente lo hiciste, tu mano alcanzo mi mejilla. Y cada vez que lo hacías te penetraba mas fuerte. Te pedí que me mordieras, primero introduje mis dedos en tu boca, los lamiste y saboreaste con gran sensualidad, y al darte la orden los mordiste con intensidad. De premio por ser tan buena sumisa, volví a penetrarte con fuerza como si quisiera atravesarte.

“¿Te gusta? ¿Quieres que pare? te decía ya casi sin aliento.

“¡No! no pares… me encanta lo que haces” respondiste con voz placentera. Al verme así, me empujaste e invertimos la posición, querías tener el control. Introdujiste mi pene en tu vagina y cuando mis manos agarraron tus caderas para llevar el dominio, me las sujetaste y las llevaste por encima de mi cabeza y con una sonrisa macabra me dijiste: “Shhhhh, silencio. Ahora es mi turno, usted tranquilito.” Empezaste a jugar encima de mi con tus movimientos, arriba a abajo, circulares, dentro y afuera, lento y rápido. Cada vez tus jugos empezaron a salir en mayor cantidad. Suspiros profundos aparecían con cada movimiento, de pronto mordías mis labios y me susurrabas al oído:  “Que rico esta tu pene… me encanta cuando esta dentro de mi… me tienes toda mojada”.

Así que libre mis manos y te tome de las nalgas, apretándolas contra mi, y moviéndolas a un ritmo mas acelerado, tus gemidos se empezaron adueñar de ti, así que te tumbe de espalda nuevamente, me pose encima de ti y puse mi mano en tu cuello, dificultandote la circulación por algunos instantes, mi otra mano acariciaba tu pecho, tus piernas, y te jalaba el cabello. Empece a hablarte cerca de tu rostro como si fuera Christian Grey de las 50 Sombras, diciéndote: “Quiero que llegues para mi, quiero sentirte cuando tengas este orgasmo, quiero que grites, quiero que gimas, quiero que seas muy puta, porque eso me vuelve loco, muy loco. Quiero que me sientas muy dentro de ti, quiero que explotes de placer. Porque tu eres mía. Y soy el hombre que mas rico te ha hecho el amor… verdad?” No había terminado de decir la ultima palabra, cuando me abrazaste fuertemente con tus manos, como queriendo arañarme, tu pelvis se movía con gran locura, el placer nos invadía, un gemido largo y profundo seguido de un “Que ricooooo” me hicieron sentir muy complacido.

Ver como tu cuerpo se estremece, tus ojos se pierden y tu respiración es mas forzosa. Me encanto jugar con tu ritmo y velocidad, mi sexo entre tus piernas y mis labios saboreandote, juguetear con tus pechos dando leves mordiscos, sutiles y apasionados. Me encanto escuchar tus gritos y sacarte palabras sucias de tu boca. Me encanto sentirte libre, lujuriosa, erótica y placentera. Me encanto ser el culpable de acelerar tu corazón, tu respiración,   de calentar tu piel, y justo en el éxtasis del momento llegues al clímax acompañado de un gemido y un suspiro. Es como si murieras por un instante y renacieras con una sonrisa, me encanta hacerte el amor, y que acabes para mi… eso significa que esto apenas comienza.

En ese instante te volviste una fiera salvaje, una energía erótica y sensual se adueño de tu cuerpo. Me acariciaste y me besaste por todas partes. Te subiste encima de mi y me dijiste con voz de mujer complacida: “Quiero que tu acabes para mi ahora, quiero sentir tu semen en mi boquita” tocando tus labios con tu mano y acompañada de una sonrisa muy picara. Movías tus caderas con gran emoción, te encantaba, sentí que volvías a llegar. Tu boca se quedo abierta por un instante y cerraste los ojos, y salio un gemido profundo nuevamente. Eso me calentó mucho mas, así que te tome de la cintura y empece a moverme también. Cambie de posición y quedamos sentados, tu encima de mi, así podía controlarte, verte y tocarte toda. Ver tus senos brincar me enloqueció, te apreté fuerte de la cintura y te abrace. Mi orgasmo se aproximaba. Así que me deje caer en la cama y deje que te movieras suavemente, no quise decirte nada, practico sexo tántrico, así que solo me concentre en acariciarte suavemente y tener un orgasmo sin eyaculación. Tu vagina se sentía muy caliente, estabas muy húmeda, y yo muy sensible, deseaba hacerte el amor toda la noche.  Por eso te besaba así, por eso te tocaba diferente, tu logras hacerme sentir cosas que antes no había sentido. Tienes el poder de hacer conmigo lo que quieras… un trago por eso!

Continuará…

 

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