Ella nos escuchaba…

A veces hablamos de cosas que no queremos que nadie nos escuche ni nos vean. ¿Pero que hacer cuando quieres es todo lo contrario? ¿Te acuerdas aquella vez que yo quería que tu amiga nos escuchara follar? Aquel día que irrumpieron a mi apartamento sin avisar, simplemente tocaron el timbre y allí estaban ustedes dos. Sonrientes y picaras como si estuvieran haciendo alguna travesura. Yo no esperaba visitas así que andaba en sólo un pantalón deportivo y sin camisa. Las deje entrar, recuerdo que no dejaban de reírse. ¿Qué tenían en mente? La picardía invadía sus rostros. Decidieron hacer comida ya que casi era mediodía, nos dedicamos a preparar una pasta con atún, algo rápido. Tu amiga sonreía con nervios, algo le pasaba por la cabeza, y tu eras cómplice de ello. Mientras hervía el agua ella dijo: “Sabes, mi amiga quiere que tu la hagas sentir, ¿será que la complaces? Creyó que lo tomaría como juego, y ella tal vez no se imagino que inmediatamente te tomaría del brazo y te llevaría hasta mi habitación. Sus caras de asombro no dejaban de emocionarme, sobre todo la tuya, que me mirabas así como diciendo “¿en serio lo vas hacer?”
Empece a besarte, tu me respondías con gran pasión, como que si era verdad lo que decía tu amiga. Entonces ¿por que te hacías la inocente? Debía castigarte por eso, y debía darle una lección a tu amiga.

Primero debías hacerme sexo oral, quedándome detrás de la puerta de pie te pedí que te agacharás y lo hicieras, se que lo estabas disfrutando mucho ya que tu respiración se iba acelerando en el proceso. Algo de maldad me invadió, trate de golpearte con mi pelvis contra la puerta para romper el silencio. Me miraste como diciendo “¿que rayos haces?” Y te respondí… “Espero que tu amiga este preparada para esto” se que con esa frase se te vinieron infinidades de pensamientos a la cabeza. Esa era la intención. Tomándote por el cabello te dirijo a mi cama, ni siquiera te quejaste de nada, ya me estaba dando cuenta que disfrutas del sexo salvaje. Te puse en 4 y levante tu falda, y empece a darte embestidas en tu vagina que ya se encontraba más que húmeda. Y te dije: “te voy hacer gritar, quiero que tu amiga te escuche…” Así que empece a darte cada vez más fuerte, acompañado de nalgadas y azotes. Cabalgándote como una fiera salvaje, controlándote por las riendas de tu cabello, tus gemidos empezaron aparecer, aunque usabas la almohada para silenciar, sabías que el fondo, deseabas ser escuchada, deseabas hacerle saber que la estabas pasando bien. Mis nalgadas cada vez eran más y más fuertes, ya tus nalgas se tornaban rosadas de tantos azotes recibidos. Pero no te quejabas de nada. Para terminar de darle emoción a la cosa, empece a hablarte sucio en voz alta: “¡Muévete! Quiero sentir lo mas puta que puedas ser conmigo hoy. ¿Te gusta como te penetro? Así que querías que te pegarán del techo…? Grita que eres mi puta, anda, quiero escucharte…” Lo dijiste, pero muy suavemente. Fue cuando noté una sombra detrás de mi cerca de la puerta abierta, sospeche que era tu amiga queriendo saber que sucedía. Así que te lo grite más fuerte: “Quiero escucharte, ¿te gusta como te folló? Dime… Responde que no te escucho…”

Esta vez si lo dijiste en voz alta, y con un nivel de éxtasis más elevado. Así que me acerque a tu oído y te dije susurrando: “Quiero que la perra de tu amiga te escuche. Sabes que si fuera por mi saldría a buscarla y la metería en esta misma cama, así que o gritas o voy por ella”

¡No! Fue tu respuesta, “No la busques, se que eres capaz, y se que ella también te gusta, pero déjame ser sólo tuya esta vez, es que me da pena gemir sabiendo que ella me escucha.”

“No me interesa… No se como lo vas hacer” fue mi respuesta mientras abría y levantaba tus piernas por encima de mis hombros y empezaba a penetrarte con intensidad, tus gemidos estaban allí, reprimidos, aguantados en silencio. Pero fue tanto que no pudiste soportarlo más, cuando te invadió un orgasmo donde tus gritos se hicieron escuchar. Un gemido profundo, un suspiro largó y tendido, nuestras gotas de sudor se unieron como en un solo cuerpo. Tu amiga, estuvo allí todo el tiempo, escuchando, tal vez imaginando y dibujando en su mente lo que estaba sucediendo. Rápidamente se dirigió al balcón que estaba a sólo pasos de la habitación, se sentó y hacía como si hablara por teléfono. Pero su sonrisa en los labios y ese levantar de cejas cuando nos vio la delataron. Más aún cuando nos dijo: “me vine para acá que es más fresco, la cocina me tenía mal con el calor… Y los ruidos que escuchaba” dijo entre risas mirándote con picardía. Tu solo bajabas la mirada y sonreías con timidez. Creo que hasta el hambre se nos fue esa tarde y decidimos mejor caminar por la playa. Ya habían cumplido con su plan, ¿que venía luego? Déjame decirte que en mi mente esta es poseerla a ella y que seas tu la que nos escuche esta vez.

 

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