¿Mala cama yo?

Te preguntarás porque le puse este título al relato, y sencillamente haciendo memoria sabes que en un principio te hacia molestar diciendo que tu novio te había dejado por esa razón. Recuerdo que siempre nos sentábamos en grupo a conversar y siempre terminábamos discutiendo, y para hacerte irritar más siempre terminaba diciéndote: “Habla claro, si tu novio te dejo por otra, seguro fue por mala cama” eso te hacia enfurecer más. Yo disfrutaba de tu cara y tu respuestas.
¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte junto a otro amigo nuestro? Estabas sola en tu casa, y me llegue con este pana a que nos hicieras almuerzo, ya que bien sabemos que cocinas rico. Fue un día de habladera y jugando en la computadora. Llego la noche, nos pediste que no te dejáramos sola. Así que te complacimos, nos quedamos, nos hiciste cena y todo. Cuando nos disponíamos a dormir terminamos los tres en la misma cama. Vamos a estar claros que éramos como familia, y así que te dejamos en el centro de la cama, si para colmo los tres en la misma cama.

Pero después de hablar tanto morfeo se adueña de nosotros, el sueño nos vence y empezamos a quedarnos dormidos. Mi amigo por lo visto fue el primero. Yo sentí que tu ya lo estabas, de pronto te mueves y tu cara queda frente a la mía. En ese instante pude sentir tu química, mi olfato se activa, tu respiración me atraía. Sentía unas ganas inmensas de besarte así estuvieras dormida. Dejarme llevar como si fuese un sueño. Tu, te acercaste más a mi, como buscando mi calor corporal. Yo no sabía que hacer, mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. El aroma de tu piel me descontrolaba, tu aliento me gritaba que te comiera a besos. No aguante más. Como si fuera un accidente quede nariz con nariz contigo, fue cuando sentí que tu respiración cambió de velocidad. Supe que no estabas dormida. Así que sólo me tome el atrevimiento de besarte. Inmediatamente tus labios empezaron a degustar los míos, con tantas ganas, con tanto placer que hasta nos olvidamos que al lado teníamos a nuestro amigo. Una de mis manos no se pudo controlar, e inmediatamente acaricie tus senos que se encontraban desnudos debajo de esa blusa de dormir. Tus pezones se pusieron duros inmediatamente. De pronto sentí que una de tus manos me agarra y dirige la mía hacia tu sexo, por debajo de tu short de dormir, deseando ser tocada. Mi sorpresa fue sentir tu vagina tan húmeda, tus jugos recorrían tus piernas. Sentí que deseabas ser penetrada, pero ¿cómo? Nuestro amigo podría despertar y encontrarnos en pleno acto. Creo que eso nos excitaba más. Querías moverte mientras mi mano era la que te follaba. Mis dedos te penetraban con tanto gusto que cada vez me pedías que introdujera uno mas, llegando al punto que mis cuatro dedos estaban dentro de ti y el que quedo fuera acariciaba tu clítoris al puntos de hacerte llegar. Era tanta humedad que el olor de tu sexo se podía sentir. “Me estas volviendo locaaaaaa” me susurraste al oído. Y metiendo tu mano debajo de mi pantalón tomaste con fuerza mi sexo y lo apretabas como queriendo vengarte de lo que te acababa de suceder. Pero no podías moverte mucho porque la cama empezaría a mecerse y despertarías a nuestro amigo.

La mañana apareció, los primeros rayos de sol aparecieron, te levantaste a darte una ducha. Te seguí, tenía ganas de hacerte mía en el baño. Pero me detuviste. Era ese miedo a ser descubierta el que no te dejo. Me dejaste afuera del baño. Así que me dispuse a sentarme en el comedor. Allí fue cuando mi amigo se despierta, y me dice: “Será mejor que nos vayamos, mi papá debe estar preocupado porque no llegue con el carro a la casa anoche”. Así que le dije que yo iba a esperar que me prepararás desayuno y no pensaba irme todavía. Que me iría caminando. Así que se fue, yo me quede en la sala esperando que salieras de la ducha.

Saliste con la toalla alrededor de tu cuerpo, me miraste y sentí tus nervios. Sabías que habíamos quedado completamente solos. Sabías que en ese momento si iba a pasar lo que queríamos que pasara. Me metí en tu cuarto antes que lograras vestirte. Me decías que esto no debía estar pasando, hemos sido amigos toda la vida y además yo era amigo de tu ex. Pero los besos se volvieron a dar, empezamos a comernos los labios, desnudaste mi cuerpo y nos lanzamos en la cama. Esta vez nada nos detendría de hacer realidad este deseo guardado por tanto tiempo. Ambos confesamos haber deseado vivir ese instante años atrás. Allí estábamos, sintiéndonos, explorandonos, entregándonos en cuerpo y mente. Disfrutando de las caricias, de los movimientos y los aromas de nuestros cuerpos. Te movías encima de mi de tal manera que era yo quien se sostenía de las sábanas… Era increíble… Como movías tus caderas, mis manos solo se sostenían de tus nalgas, porque sólo tu llevabas el control. Tus labios se fusionaban con los míos, los dedos de tus manos se entrelazaban con las mías. Tus gemidos aceleraban mi respiración y mis latidos. Tu vagina estaba muy caliente y húmeda. Sentía que me ibas hacer explotar. Así que me separe de ti y quise hacerte sexo oral. Y me dijiste que tu lo harías primero, sostuviste mi sexo con tu mano, y acercaste tu boca y con sólo introducir un pequeña parte de mi pene jugaste con tu lengua y tus labios. Tu lengua empezó a moverse de tal manera que mi respiración se aceleró, por primera vez en la vida estaba sintiendo sensaciones increíbles y ni siquiera te movías o usabas tus manos, era sólo tu lengua y tus labios. Fue cuando me invadió el cuerpo un orgasmo y sólo tuve tiempo de decirte: “Me vengo” pero tu simplemente continuaste, me dejaste llegar en tu boca, creo que este orgasmo fue el más largo y placentero que jamas haya tenido en la vida. Caí rendido, inmediatamente subiste sobre mi, preguntándome que tanto lo había disfrutado y si me había gustado sentir como me hacías el sexo oral. Te confesé que había sido la mejor felación que me habían hecho…
Así que con cara de ironía y con una gran sonrisa de satisfacción en la boca te acercas a mi oído y me preguntaste… “¿Aún piensas que soy mala cama?

Continuara…

 

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