seduccion

Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: «Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.» Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

«¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?» – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: «Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno» terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. «Acuéstate cariño» me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: «No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición». Te rodaste un poco y quedaste en posición de «perrito» y dijiste: «Se que mueres por dominarme así» y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: «¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. «¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.» dijiste casi con una sonrisa. -«Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo»- la posición es  la conocida «Flor de Loto», es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: «Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa» – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: «Llega conmigo».

«Me vengo» te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

«Que locura todo esto, no te parece? » -me dijiste ya tendidos en la cama.

«Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-«Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-«En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.»

-«Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un «Me Gusta» en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado «mas que una amistad»- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

«¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

«Lo que tu pidas mi muñeca Barbie» – te dije

«Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

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Tu Venganza…

Una mañana fría llegando casi a mi trabajo me encontré contigo, era uno de esos días en que las cosas no empezaron como uno deseaba. Tenías en tu rostro cara como de haber discutido con tu esposo. Algo te pasaba, se supone que toda mujer debe despertar cada mañana y si no tiene una sonrisa en sus labios nosotros debemos tratar de plasmarla en su rostro. ¿Cómo? Toda mujer desearía sentir un orgasmo cada mañana como parte del desayuno. Ese día a mi parecer no te habían dado ese placer. Una mujer atractiva como tú no se ve bien portando una cara de amargura en el rostro. Tu cabello castaño medio arreglado, el maquillaje como sin mucho ánimo y esos labios deseando ser pintados. Aunque tu ropa contrastaba con tal situación, estabas muy bien vestida, usando una linda blusa que resaltaba tus grandes senos, y un leggins que mostraba tu figura dejándome jugar con la imaginación. Me acerque a ti a saludarte, un fuerte abrazo sabía que no sería rechazado en ese instante. Te aferraste a mi por un instante, permitiéndome sentir tu perfume mientras te acariciaba lentamente la espalda, y te saludaba al oído con voz baja y firme. Al escucharte supe inmediatamente por tu tono que las cosas no iban muy bien.
«-Hola lindo» respondiste ya casi sin ánimo de hablar. Así que te levanté sobre el piso con mis brazos tratando de sacar una sonrisa de ti, un pequeño grito de sorpresa fue lo que obtuve en ese instante, aunque la risa vino inmediatamente después de bajarte. «-Estas loco chico» me dijiste entre risas. «-Sólo quería hacerte reír y veo que lo logre» respondí.
Un suspiro profundo vino inmediatamente después de esto. Tu mirada se fue hacia el piso. ¿Qué estaba pasando por tu cabeza en ese instante? Llevaste tu mano a mi cara y me dijiste con voz de preocupación: «Si tan sólo pudiera decirte todo lo que siento, Explotar! Desahogarme! Creo que no iríamos a trabajar ninguno de los dos, son tantas cosas mezcladas que tengo en mi cabeza, pero por otra parte no quiero llenarte de mis problemas.» Tus ojos grandes y marrones me miraron fijamente como gritando que te llevara a un lugar apartado de allí. Así que te dije: «Si deseas podemos hablar en mi oficina un rato, veo que tus ojos están que estallan en llanto.» Lo pensaste por unos segundos sin dar respuesta, pero dijiste: «-No! Qué pena, tienes razón, estoy que estallo en llanto, no quiero que nadie me vea llorar, es que siento tanta impotencia, rabia, decepción, tristeza, en verdad son muchas cosas juntas. No tengo ganas de trabajar hoy, quisiera ir a la playa y ver las olas del mar a ver si así me relajó un poco.»
«¿Quieres que te acompañe? Fue lo que te dije con una sonrisa y con la misma intención de no ir a trabajar.
«¿En serio?» Me dijiste sonriendo. «No sabes lo mucho que me ayudaría no estar sola en este momento tan crítico, creo que así por el camino te puedo ir contando lo que me está sucediendo y me ayudes a tomar una decisión.»

«-No se hable más» respondí inmediatamente”.

«-Vamos a tomarnos el día libre»

Así que nos dispusimos a buscar transporte para ir a la playa. Tu mirada estaba perdida, tus ojos se llenaban de lágrimas leves y desaparecían casi por evaporación. Sentías una molestia, pero ¿cuál? Fue cuando mirándome fijamente y sin titubear un segundo me dijiste: «¿Sabes qué? Ya no quiero que me lleves a la playa.» Por un instante sentí algo de temor, tu ojos tenían fuego encendido, y el tono de tu voz era desafiante. «¿Por qué? ¿Qué paso?» Respondí sorprendido.
Volteaste hacia la ventana del autobús, mirando el horizonte, segundos después volteaste repentinamente y sin cruzar palabras, me besaste. Un beso con sabor a venganza, un beso apasionado en busca de una respuesta. Yo no sabía que pensar. Sólo me deje llevar por aquellos labios tentadores, esa boca que por un momento se convirtió en fruta prohibida. Mis latidos se aceleraron inmediatamente. Tú con voz suave y acariciando mi rostro me confesaste: «El estúpido de mi marido me engaña, y lo peor de todo es que lo hace con una amiga nuestra, una supuesta amiga mía, que yo le presenté. Que yo misma invitaba a mi casa para compartir con su novio. Ella engaña a su novio con mi marido. Me engaña a mi como su amiga. ¡Qué decepción! Y lo peor fue que los vi, no me lo contaron. Los vi salir juntos de un hotel, fue horrible. Por eso quiero saber que se siente, por eso quiero que tú me hagas sentir lo mismo. Sé que debes pensar que estoy loca o desquiciada, ¡pero no! Sólo quiero que me hagas vivir una aventura, quiero saber que se siente engañar a tu pareja. ¿Por qué si él lo tiene todo conmigo se busca a otra? ¡Qué ni siquiera está mejor que yo!!»

Increíble, en verdad no sabía qué hacer, así que sólo te propuse irnos a una posada o un hotel con vista al mar. Te encanto la idea, recuerdo que tu mirada se encendió en llamas. Me dijiste: «Yo sé que tú siempre habías querido algo así conmigo, yo me daba cuenta de tu forma de mirarme, y sé que aunque quisieras no me lo dirías nunca, así que aproveche esta circunstancia para complacer nuestros deseos.» Sonreíste y volteaste tu mirada a la ventana, esquivando mi mirada.
«-Tienes toda la razón – dije en voz baja- mis ojos siempre te vieron como más que sólo una amiga, pero tenía que conformarme con sólo mirarte y fantasearte algunas veces.»
«¿Me fantaseabas?» Dijiste sorprendida.

«¿Y puedo saber qué cosas fantaseabas conmigo?»

«Cada una de las cosas que te haga sentir hoy, cada beso, cada caricia, cada movimiento de cadera, si me lo permites te haré vivir cada una de mis fantasías.» Dije con voz susurrante.

«Suena muy interesante» respondiste con una sonrisa pícara en los labios. «¿Pero imagino que yo también podré hacer realidad mis fantasías contigo también? Mira que siento una curiosidad imperiosa por saber cómo lo haces, ya sé que besas rico, ahora quiero seguir averiguando más cosas de ti.»

Llegamos a la costa, tomamos un taxi que nos llevara a un hotel con vista preferiblemente al mar, aunque lo que importaba en realidad era conseguir disponibilidad de habitaciones. Así fue, llegando pedimos una matrimonial, tus ojos estaban llenos fuego, un fuego que a veces me hacía dudar si era de pasión o por odio. Algo si era seguro, ese día serias de otro hombre.

Entramos a la habitación con un tensa calma, observamos con detalle lo amplia y cómoda que era, entré al baño y note que hasta poseía jacuzzi. Me asome por la ventana, poseía una gran vista al mar. Cuando me voltee estabas en ropa interior, mirándome con ojos de fuego, mordiéndote los labios y recogiendo tu cabello caminaste hacia mí. Empezamos a besarnos intensamente, acariciándonos por cada rincón de nuestro cuerpo, tu respiración se aceleró y tomabas aliento de vez en cuando para seguir comiéndote mis labios con besos y mordiscos. Lleve tu cuerpo hasta una peinadora y te recosté de allí, sentándote encima. Rozando tu rostro con mis manos empecé a bajar por tu cuello hasta llegar a los tirantes de tu brasier, los deslice hasta quitarlos de tus hombros y empezar a desnudarte. Por fin pude verlos, aquel par de grandes senos que tanto imagine desnudos estaban frente de mí, podía notar como tu pezón empezaba a endurecerse con sólo rozarlo con mis dedos. Tú sólo cerraste los ojos y humedeciste tus labios mientras suspirabas profundamente. Mis manos invadieron ese par de frutas prohibidas. Me acerque a tu cuello y empecé a besarte dulcemente. Mientras bajaba muy sutilmente hasta tener mi cara entre tus grandes pechos. Mis labios empezaron a degustar uno por uno jugando con mi lengua. Tus gemidos no se hicieron esperar. Una de mis manos bajo a tu entrepierna, estabas increíblemente mojada. Diste un pequeño brinco al sentir mis dedos allá abajo.

«¿Viste cómo me tienes?”- Dijiste casi susurrando.

En ese momento mi cara empezó a bajar mientras no dejaba de besar tu piel, al llegar hasta tu sexo arranqué tu ropa interior con mi boca.

«Dios mío» – gritaste mientras arqueabas tu espalda hacia atrás. Inmediatamente mi boca de adueño de tu sexo. Estabas húmeda y caliente, el sabor de tu néctar era adictivo, no quería despegarme. Sólo cerré los ojos y me centre en darte el mayor gozo que te hayan hecho sentir, mi lengua, mis labios y mis dientes se turnaban para hacerte sentir distintos niveles de placer. Me encantaba verte temblar, retorcerte, suspirar, gemir sin control. Me halabas por el cabello como controlando mis movimientos. Levantas mi cabeza y mirándome a los ojos me dices entre dientes y con voz muy erótica: «¡Necesito que me lo hagas pero ya!»

Te levantaste y me llevaste a la cama, me empezaste a desvestir casi que arrancándome la ropa, dejándome sin nada y tendido me dijiste: «Me encanto el sexo oral que me diste, así que prepárate a ser atendido igual.»

Sentir el calor de tu boca rodeando mi sexo fue espectacular, fue una garganta profunda que me hizo suspirar profundamente. Te aferraste a el con ambas manos mientras jugabas con tu boca, haciendo movimientos y chasquidos que segundo a segundo me calentaba más y más. Tu saliva le daba un toque pornográfico a la escena, tus manos se empezaron a empapar, tanta humedad entre tus labios y mi miembro me tenía hipnotizado, no podía dejar de ver como lo disfrutabas cual niña comiendo helado. De pronto decidiste hacer un 69, fue estupendo. Sentir que te atragantabas mientras yo sentía tus piernas abrazándome y mi boca te devoraba con intensidad y pasión. Sentí como llegabas en un orgasmo sobre mi rostro. Mientras movías tus caderas sobre mi barba y tratabas de tragarte casi por completo mi sexo.
«-Ven, quiero que me hagas gritar, azótame!» Dijiste con voz agitada, haciendo la posición del perrito y tocándote sensualmente. Me acerque lentamente a ti y tomándote por las caderas te penetre suavemente, un gemido salió de tu boca con mucho placer, y aferrándote de las sabanas me pedías que te diera más fuerte: «No pares, no pares… dame más duro. Quiero gritar… hazme gritar!»

Mis embestidas empezaron a ser más fuertes cada vez, cada vez que te penetraba golpeabas la cama, y gritabas sobre la almohada. Mis manos se aferraban de tus nalgas apretándolas fuertemente, y en algunos instantes te daba nalgadas y te halaba del cabello, eso te hacía sentir como más salvaje, tus movimientos de caderas hacia mi eran más intensos. Era como si desearas ser domada. Fue tan fuerte la sesión que caímos uno encima del otro exhaustos.

Pero seguías pidiendo más, me dijiste: “Quiero que muerdas mi espalda, quiero sentir tus dientes clavados en mi piel». Así que sin pensarlo mucho empecé a darte pequeños mordiscos, eso te encantaba. Así que te tome de ambos brazos cruzándolos por tu espalda para dominarte con fuerza. «¡Penétrame!» gritabas ya con voz desafiante; levantaste tu pelvis para facilitar la penetración, y mi sexo entro en tu vagina, caliente y húmeda. Te sentí como si en ese instante la rabia te invadía. Volteaste a mirarme mientras yo te poseía. «Cógeme, ya deja de hacerme el amor, quiero sentirme muy puta. Quiero gritar, necesito desahogar esto que siento por dentro. No pares por favor…»
Mis movimientos empezaron a ser más violentos, tus gemidos más fuertes, tus palabras y las mías cada vez más sucias, pero eso nos excitaba. La escena paso a convertirse en una película porno, nuestros cuerpos empapados en sudor, miradas llenas de deseo. De pronto sentí que me venía, te lo advertí e inmediatamente cambiaste de posición y dijiste: «Quiero ver como llegas encima de mis pechos… Déjame ese placer en mis manos».
Así fue, tus mágicas manos empezaron a acariciarme apoyada con tus labios y tus senos, pero fue hasta cuando me dijiste con voz muy erótica: «Quiero sentir tu semen caliente en mis senos… Acaba para mí». Un enorme escalofrío invadió mi cuerpo y un gran orgasmo me hizo explotar encima de ti. Tus manos acariciaban tus pechos diluyendo mi semen por todas partes. Fue estupendo. Te lanzaste encima de mi besándome con extrema locura, y diciéndome: «¿Acaso no soy lo suficientemente ‘puta’ para que mi marido sólo deseara estar conmigo? ¿Qué quieren ustedes los hombres de nosotras? ¡Les damos todo y aun así nos cambian por cualquier otra, y lo peor es que como a mí por una más fea! ¡Dime! Ahora me siento liberada, desahogue la rabia, pero aún siento decepción, de él y de mí. Y tú eres cómplice de todo esto. ¿Qué pasará ahora, después de salir de esta habitación? ¿Con qué ojos te voy a ver? ¿Por qué lo prohibido es tan seductor? ¿Por qué me invaden tantas preguntas ahora?»
¿Por qué mejor no nos metemos en el jacuzzi y nos relajamos?» Te dije colocando un dedo en tus labios para que hicieras silencio. Y tomándote de la mano te levanté y te lleve al cuarto de baño. Te llene el jacuzzi de agua caliente y te dije: «Relájate, Métete solita y desconéctate del mundo. Yo pediré algo para beber».

Debo confesarte algo, no hay nada más sexy que ver una mujer desnuda sumergida en un poco de espuma. Verte allí, disfrutando del agua, como acariciabas tu cuerpo mientras yo te observaba; también me preguntaba las mismas preguntas, ¿Por qué si tienes una mujer sexy y hermosa y con gran corazón, terminas buscando otra…? Y por qué ellas terminan vengándose buscando otro hombre que las haga sentir sólo placer pero siguen ambos amando y son capaces muchas veces de perdonar. El placer y el amor deben volver a aprender a estar juntos…

 

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Cógetela, como quieras…

Cógetela, como quieras, donde quieras, cuándo quieras, dile zorra, putã, perra, déjense marcas, rasguños en la espalda, nalgas rojas, chupones en el cuello, sexos lastimados, muñecas marcadas, cuellos asfixiados, labios sangrados, cuerpos adoloridos. Sexo anal, vaginal, oral, en cuatro, 69, misionero, esposas, consoladores, cadenas, sogas, ¡Como quieras!, tu ya la conoces, sabes lo que si y lo que no, sus límites, fantasías y deseos, sean tan sucios como les gusta. Cógetela… Cógetela, después hazle el amor, quédate un momento o toda la noche, dentro de ella, no la saques, siéntela, mira como se recupera, inhala su respiración, observa cómo tu mujer resucita, poco a poco, lentamente.  Sus mejillas están coloradas. Descúbrele los cabellos, que pegados tiene al cuello y la cara, y luego sóplale, refréscala con tu aliento, tibio, por el rostro, por los hombros, por sus pechos.

Acaricia su pecho agitado, lámele en donde dejaste marcas, dejándole en ellas besos ligeros. Ahora salte de ella, poco a poco, suavemente, está recién cogida por el hombre que ama. Siente como su carne se va cerrando, tras al paso de tu sexo ya poco erecto, siente la mezcla de sus eyaculaciones. Hazlo con tacto, tranquilizala, salte de ella como la persona que saca la daga de alguien que ha matado sin intención, con ese miedo, con esa intriga, aunque hayas sido muy rudo en este momento debe ser muy delicado, muy tímido, con sutileza. Tal vez esté un poco lastimada, tal vez tiemble o tenga otro pequeño orgasmo, una leve contracción, un último suspiro de vida,  con ese cuidado irónico de sacar esa navaja para no lastimar a alguien que ya murió, y es que ella murió, el orgasmo es lo más cercano a la muerte, la mataste.

Y a penas tu diosa recién cogida está resucitando, le saldrán flujos en abundancia, déjala así, con todo tu semen adentro, con toda tu alma adentro. Arrópala, con una sábana fresca en su débil cuerpo, cuídala, protégela, ámala. Una vez fuera, acaricia suave su vagina, pálpala con delicadeza y si quieres hasta besos le dejas. Huélela, siéntela y nunca, nunca, dejes de tocarla, ya sea con las manos o con la mirada… CONECTATE CON ELLA 😍😈