Tu Venganza…

Una mañana fría llegando casi a mi trabajo me encontré contigo, era uno de esos días en que las cosas no empezaron como uno deseaba. Tenías en tu rostro cara como de haber discutido con tu esposo. Algo te pasaba, se supone que toda mujer debe despertar cada mañana y si no tiene una sonrisa en sus labios nosotros debemos tratar de plasmarla en su rostro. ¿Cómo? Toda mujer desearía sentir un orgasmo cada mañana como parte del desayuno. Ese día a mi parecer no te habían dado ese placer. Una mujer atractiva como tú no se ve bien portando una cara de amargura en el rostro. Tu cabello castaño medio arreglado, el maquillaje como sin mucho ánimo y esos labios deseando ser pintados. Aunque tu ropa contrastaba con tal situación, estabas muy bien vestida, usando una linda blusa que resaltaba tus grandes senos, y un leggins que mostraba tu figura dejándome jugar con la imaginación. Me acerque a ti a saludarte, un fuerte abrazo sabía que no sería rechazado en ese instante. Te aferraste a mi por un instante, permitiéndome sentir tu perfume mientras te acariciaba lentamente la espalda, y te saludaba al oído con voz baja y firme. Al escucharte supe inmediatamente por tu tono que las cosas no iban muy bien.
“-Hola lindo” respondiste ya casi sin ánimo de hablar. Así que te levanté sobre el piso con mis brazos tratando de sacar una sonrisa de ti, un pequeño grito de sorpresa fue lo que obtuve en ese instante, aunque la risa vino inmediatamente después de bajarte. “-Estas loco chico” me dijiste entre risas. “-Sólo quería hacerte reír y veo que lo logre” respondí.
Un suspiro profundo vino inmediatamente después de esto. Tu mirada se fue hacia el piso. ¿Qué estaba pasando por tu cabeza en ese instante? Llevaste tu mano a mi cara y me dijiste con voz de preocupación: “Si tan sólo pudiera decirte todo lo que siento, Explotar! Desahogarme! Creo que no iríamos a trabajar ninguno de los dos, son tantas cosas mezcladas que tengo en mi cabeza, pero por otra parte no quiero llenarte de mis problemas.” Tus ojos grandes y marrones me miraron fijamente como gritando que te llevara a un lugar apartado de allí. Así que te dije: “Si deseas podemos hablar en mi oficina un rato, veo que tus ojos están que estallan en llanto.” Lo pensaste por unos segundos sin dar respuesta, pero dijiste: “-No! Qué pena, tienes razón, estoy que estallo en llanto, no quiero que nadie me vea llorar, es que siento tanta impotencia, rabia, decepción, tristeza, en verdad son muchas cosas juntas. No tengo ganas de trabajar hoy, quisiera ir a la playa y ver las olas del mar a ver si así me relajó un poco.”
“¿Quieres que te acompañe? Fue lo que te dije con una sonrisa y con la misma intención de no ir a trabajar.
“¿En serio?” Me dijiste sonriendo. “No sabes lo mucho que me ayudaría no estar sola en este momento tan crítico, creo que así por el camino te puedo ir contando lo que me está sucediendo y me ayudes a tomar una decisión.”

“-No se hable más” respondí inmediatamente”.

“-Vamos a tomarnos el día libre”

Así que nos dispusimos a buscar transporte para ir a la playa. Tu mirada estaba perdida, tus ojos se llenaban de lágrimas leves y desaparecían casi por evaporación. Sentías una molestia, pero ¿cuál? Fue cuando mirándome fijamente y sin titubear un segundo me dijiste: “¿Sabes qué? Ya no quiero que me lleves a la playa.” Por un instante sentí algo de temor, tu ojos tenían fuego encendido, y el tono de tu voz era desafiante. “¿Por qué? ¿Qué paso?” Respondí sorprendido.
Volteaste hacia la ventana del autobús, mirando el horizonte, segundos después volteaste repentinamente y sin cruzar palabras, me besaste. Un beso con sabor a venganza, un beso apasionado en busca de una respuesta. Yo no sabía que pensar. Sólo me deje llevar por aquellos labios tentadores, esa boca que por un momento se convirtió en fruta prohibida. Mis latidos se aceleraron inmediatamente. Tú con voz suave y acariciando mi rostro me confesaste: “El estúpido de mi marido me engaña, y lo peor de todo es que lo hace con una amiga nuestra, una supuesta amiga mía, que yo le presenté. Que yo misma invitaba a mi casa para compartir con su novio. Ella engaña a su novio con mi marido. Me engaña a mi como su amiga. ¡Qué decepción! Y lo peor fue que los vi, no me lo contaron. Los vi salir juntos de un hotel, fue horrible. Por eso quiero saber que se siente, por eso quiero que tú me hagas sentir lo mismo. Sé que debes pensar que estoy loca o desquiciada, ¡pero no! Sólo quiero que me hagas vivir una aventura, quiero saber que se siente engañar a tu pareja. ¿Por qué si él lo tiene todo conmigo se busca a otra? ¡Qué ni siquiera está mejor que yo!!”

Increíble, en verdad no sabía qué hacer, así que sólo te propuse irnos a una posada o un hotel con vista al mar. Te encanto la idea, recuerdo que tu mirada se encendió en llamas. Me dijiste: “Yo sé que tú siempre habías querido algo así conmigo, yo me daba cuenta de tu forma de mirarme, y sé que aunque quisieras no me lo dirías nunca, así que aproveche esta circunstancia para complacer nuestros deseos.” Sonreíste y volteaste tu mirada a la ventana, esquivando mi mirada.
“-Tienes toda la razón – dije en voz baja- mis ojos siempre te vieron como más que sólo una amiga, pero tenía que conformarme con sólo mirarte y fantasearte algunas veces.”
“¿Me fantaseabas?” Dijiste sorprendida.

“¿Y puedo saber qué cosas fantaseabas conmigo?”

“Cada una de las cosas que te haga sentir hoy, cada beso, cada caricia, cada movimiento de cadera, si me lo permites te haré vivir cada una de mis fantasías.” Dije con voz susurrante.

“Suena muy interesante” respondiste con una sonrisa pícara en los labios. “¿Pero imagino que yo también podré hacer realidad mis fantasías contigo también? Mira que siento una curiosidad imperiosa por saber cómo lo haces, ya sé que besas rico, ahora quiero seguir averiguando más cosas de ti.”

Llegamos a la costa, tomamos un taxi que nos llevara a un hotel con vista preferiblemente al mar, aunque lo que importaba en realidad era conseguir disponibilidad de habitaciones. Así fue, llegando pedimos una matrimonial, tus ojos estaban llenos fuego, un fuego que a veces me hacía dudar si era de pasión o por odio. Algo si era seguro, ese día serias de otro hombre.

Entramos a la habitación con un tensa calma, observamos con detalle lo amplia y cómoda que era, entré al baño y note que hasta poseía jacuzzi. Me asome por la ventana, poseía una gran vista al mar. Cuando me voltee estabas en ropa interior, mirándome con ojos de fuego, mordiéndote los labios y recogiendo tu cabello caminaste hacia mí. Empezamos a besarnos intensamente, acariciándonos por cada rincón de nuestro cuerpo, tu respiración se aceleró y tomabas aliento de vez en cuando para seguir comiéndote mis labios con besos y mordiscos. Lleve tu cuerpo hasta una peinadora y te recosté de allí, sentándote encima. Rozando tu rostro con mis manos empecé a bajar por tu cuello hasta llegar a los tirantes de tu brasier, los deslice hasta quitarlos de tus hombros y empezar a desnudarte. Por fin pude verlos, aquel par de grandes senos que tanto imagine desnudos estaban frente de mí, podía notar como tu pezón empezaba a endurecerse con sólo rozarlo con mis dedos. Tú sólo cerraste los ojos y humedeciste tus labios mientras suspirabas profundamente. Mis manos invadieron ese par de frutas prohibidas. Me acerque a tu cuello y empecé a besarte dulcemente. Mientras bajaba muy sutilmente hasta tener mi cara entre tus grandes pechos. Mis labios empezaron a degustar uno por uno jugando con mi lengua. Tus gemidos no se hicieron esperar. Una de mis manos bajo a tu entrepierna, estabas increíblemente mojada. Diste un pequeño brinco al sentir mis dedos allá abajo.

“¿Viste cómo me tienes?”- Dijiste casi susurrando.

En ese momento mi cara empezó a bajar mientras no dejaba de besar tu piel, al llegar hasta tu sexo arranqué tu ropa interior con mi boca.

“Dios mío” – gritaste mientras arqueabas tu espalda hacia atrás. Inmediatamente mi boca de adueño de tu sexo. Estabas húmeda y caliente, el sabor de tu néctar era adictivo, no quería despegarme. Sólo cerré los ojos y me centre en darte el mayor gozo que te hayan hecho sentir, mi lengua, mis labios y mis dientes se turnaban para hacerte sentir distintos niveles de placer. Me encantaba verte temblar, retorcerte, suspirar, gemir sin control. Me halabas por el cabello como controlando mis movimientos. Levantas mi cabeza y mirándome a los ojos me dices entre dientes y con voz muy erótica: “¡Necesito que me lo hagas pero ya!”

Te levantaste y me llevaste a la cama, me empezaste a desvestir casi que arrancándome la ropa, dejándome sin nada y tendido me dijiste: “Me encanto el sexo oral que me diste, así que prepárate a ser atendido igual.”

Sentir el calor de tu boca rodeando mi sexo fue espectacular, fue una garganta profunda que me hizo suspirar profundamente. Te aferraste a el con ambas manos mientras jugabas con tu boca, haciendo movimientos y chasquidos que segundo a segundo me calentaba más y más. Tu saliva le daba un toque pornográfico a la escena, tus manos se empezaron a empapar, tanta humedad entre tus labios y mi miembro me tenía hipnotizado, no podía dejar de ver como lo disfrutabas cual niña comiendo helado. De pronto decidiste hacer un 69, fue estupendo. Sentir que te atragantabas mientras yo sentía tus piernas abrazándome y mi boca te devoraba con intensidad y pasión. Sentí como llegabas en un orgasmo sobre mi rostro. Mientras movías tus caderas sobre mi barba y tratabas de tragarte casi por completo mi sexo.
“-Ven, quiero que me hagas gritar, azótame!” Dijiste con voz agitada, haciendo la posición del perrito y tocándote sensualmente. Me acerque lentamente a ti y tomándote por las caderas te penetre suavemente, un gemido salió de tu boca con mucho placer, y aferrándote de las sabanas me pedías que te diera más fuerte: “No pares, no pares… dame más duro. Quiero gritar… hazme gritar!”

Mis embestidas empezaron a ser más fuertes cada vez, cada vez que te penetraba golpeabas la cama, y gritabas sobre la almohada. Mis manos se aferraban de tus nalgas apretándolas fuertemente, y en algunos instantes te daba nalgadas y te halaba del cabello, eso te hacía sentir como más salvaje, tus movimientos de caderas hacia mi eran más intensos. Era como si desearas ser domada. Fue tan fuerte la sesión que caímos uno encima del otro exhaustos.

Pero seguías pidiendo más, me dijiste: “Quiero que muerdas mi espalda, quiero sentir tus dientes clavados en mi piel”. Así que sin pensarlo mucho empecé a darte pequeños mordiscos, eso te encantaba. Así que te tome de ambos brazos cruzándolos por tu espalda para dominarte con fuerza. “¡Penétrame!” gritabas ya con voz desafiante; levantaste tu pelvis para facilitar la penetración, y mi sexo entro en tu vagina, caliente y húmeda. Te sentí como si en ese instante la rabia te invadía. Volteaste a mirarme mientras yo te poseía. “Cógeme, ya deja de hacerme el amor, quiero sentirme muy puta. Quiero gritar, necesito desahogar esto que siento por dentro. No pares por favor…”
Mis movimientos empezaron a ser más violentos, tus gemidos más fuertes, tus palabras y las mías cada vez más sucias, pero eso nos excitaba. La escena paso a convertirse en una película porno, nuestros cuerpos empapados en sudor, miradas llenas de deseo. De pronto sentí que me venía, te lo advertí e inmediatamente cambiaste de posición y dijiste: “Quiero ver como llegas encima de mis pechos… Déjame ese placer en mis manos”.
Así fue, tus mágicas manos empezaron a acariciarme apoyada con tus labios y tus senos, pero fue hasta cuando me dijiste con voz muy erótica: “Quiero sentir tu semen caliente en mis senos… Acaba para mí”. Un enorme escalofrío invadió mi cuerpo y un gran orgasmo me hizo explotar encima de ti. Tus manos acariciaban tus pechos diluyendo mi semen por todas partes. Fue estupendo. Te lanzaste encima de mi besándome con extrema locura, y diciéndome: “¿Acaso no soy lo suficientemente ‘puta’ para que mi marido sólo deseara estar conmigo? ¿Qué quieren ustedes los hombres de nosotras? ¡Les damos todo y aun así nos cambian por cualquier otra, y lo peor es que como a mí por una más fea! ¡Dime! Ahora me siento liberada, desahogue la rabia, pero aún siento decepción, de él y de mí. Y tú eres cómplice de todo esto. ¿Qué pasará ahora, después de salir de esta habitación? ¿Con qué ojos te voy a ver? ¿Por qué lo prohibido es tan seductor? ¿Por qué me invaden tantas preguntas ahora?”
¿Por qué mejor no nos metemos en el jacuzzi y nos relajamos?” Te dije colocando un dedo en tus labios para que hicieras silencio. Y tomándote de la mano te levanté y te lleve al cuarto de baño. Te llene el jacuzzi de agua caliente y te dije: “Relájate, Métete solita y desconéctate del mundo. Yo pediré algo para beber”.

Debo confesarte algo, no hay nada más sexy que ver una mujer desnuda sumergida en un poco de espuma. Verte allí, disfrutando del agua, como acariciabas tu cuerpo mientras yo te observaba; también me preguntaba las mismas preguntas, ¿Por qué si tienes una mujer sexy y hermosa y con gran corazón, terminas buscando otra…? Y por qué ellas terminan vengándose buscando otro hombre que las haga sentir sólo placer pero siguen ambos amando y son capaces muchas veces de perdonar. El placer y el amor deben volver a aprender a estar juntos…

 

Un comentario en “Tu Venganza…

  1. En mi caso ocurrió a la inversa durante mi tiempo de estudiante de ingeniería le fui infiel muchas veces a mi novio con un muchacho que a mi siempre me había gustado (Esa relación oculta era para mi super excitante el simple hecho de salir a escondidas me tenia fuera de control). Pero, al pasar de los meses ya no podia seguir manteniendo esa mentira y mi amigo y yo preferimos alejarnos. Aproximadamente cinco años despues de eso mi novio se enteró que le fui infiel. El no me dijo nada ni me reclamó, su única salida fue empezar una relación escondida con una muchacha que conoció en una discoteca durante una salida con sus amigos. Cuando yo me entere me sentí muy mal, Senti lo que el sintió… Estuvimos muchos meses separados pero volvimos hoy en día es mi esposo y padre de mi hija. Y aunque nos perdonamos una infidelidad es imposible de olvidar… A veces me gustaría volver a disfrutar del sexo con otro hombre…

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