sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

Karina5-UB

Mi fantasía dorada…

Esa cara de niña buena con cabellos dorados, pero con mirada de mujer picara e insaciable en la cama, me ha hecho imaginar tantas historias donde nuestros cuerpos se vuelven protagonistas y se entregan en una batalla de pasión y placer. Muchas veces pienso en solo pedirte que me cumplas un deseo, regalarme una noche, una nada más. No te pido mas, que me des tu mano y te dejes llevar, entra en mi mundo. Haré que repitas tanto mi nombre que te aseguro que no lo olvidarás. Quiero verte desnuda y exhibiendo tu cuerpo por todo mi cuarto. Deseo ver como cada una de tus prendas caen al piso dejando al descubierto tus grandes y hermosos senos, ver las curvas de tu provocativa piel blanca con pequeñas marcas de bronceado de tu traje de baño.

Debo confesar que me tienes loco. Y que tengo ganas de probar tu cuerpo, quiero que mi boca se apodere de ti, que mis manos te recorran por entero hasta verte erizar la piel y endurezcan tus pezones. Quiero disfrutar del momento. Entrégate a mi sin pensarlo y juega conmigo. Te reto. Así como tu me haz retado a mi en varias ocasiones. ¿A que le temes?
¿A que me vuelva el dueño de tu piel? Quiero que te vuelvas a sentir viva, quiero que expreses tus ganas, tus deseos, tus fantasías. Quiero hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho vivir. Placeres que van más allá de lo que ya estas acostumbrada, sensaciones que a partir de ese momento querrás sentir siempre.
Cada vez que te miro a lo lejos, lo hago para analizar cada parte de ti. Cada curva de tu piel, cada expresión de tu cuerpo. Como hablas, como caminas, como te expresas, hasta cómo disfrutas de un buen perfume rociado en tu cuerpo. Como degustas y saboreas al comer algo rico. Detalló cada parte de ti. Conozco cada parte de ti. Y por esa razón se bien que te gusta y que no.
Te imagino disfrutando de un buen baño de espuma, en un jacuzzi blanco con grifos dorados. Con música de ambiente suave y preferiblemente alguna canción que te sepas y puedas cantarla a viva voz. Si este baño va acompañado de una botella de champaña mejor aún. Y adicionalmente algo para picar y degustar en el paladar. Te veo acariciando tu piel con tus manos y una esponja haciendo mucha espuma mientras tu dulce voz canta y tu boca sonríe. Sonríes porque estoy presente, sentado mirándote, disfrutando con solo verte. Me seduces. Enjabonas tus brazos, tus piernas, lo único que me dejas ver, ya que te encuentras debajo de mucha espuma. Y sin quitarme la mirada de encima sigues cantando y acariciando tu piel. Tu voz cada vez suena más sensual, casi orgásmica. Es cuando te pones más erótica, empiezas a jugar con tu pecho escondido bajo esa espuma pero dejas ver el movimiento de tus manos acariciándolos. Tus ojos se cierran un poco, humedeces tus labios, y de pronto me haces ver que una de tus manos baja a tu entrepierna y comienzas a darte placer. Tu cabeza se inclina hacia atrás. Dejas de cantar… Ya no puedes controlar tu respiración acelerada. Tus labios empiezan a ser mordidos en algunos instantes, en otros sólo tú boca queda entre abierta. Dejando salir uno que otro suspiro, uno que otro jadeo, y una que otra sonrisa pícara al mirarme y saber que me tienes estupefacto. Te veo acelerar los movimientos y los gemidos que salen de tu boca. Ya los acompañas de palabras y murmullos. La espuma se está desapareciendo ya empiezo a ver tu cuerpo desnudo, primero ese par de senos sexys y provocativos como un par de jugosos melocotones. Tu los acaricias al ritmo de la música con tu otra mano. De pronto ambas manos estaban jugando erótica y provocativamente con ambos senos, acariciado tus pezones y recorriendolos con gran placer.
Ambas manos se van a tu entrepierna y después de unos segundos un gemido se apodera de ti…
Seguido, una carcajada y tu cara de maldad mordiendo tu labio inferior. Te pones de pie dejándome ver tu cuerpo húmedo y aun con algunos rastros de espuma. Abres la ducha, y empiezas a enjuagar tu cabello rubio dejándome admirar cada una de tus curvas mientras tus manos te recorren con picardia durante este baño placentero.

Me pides que te acerque la toalla. Mi mano temblorosa la toma y casi se me cae. Te das cuenta que descontrolas mis sentidos. Así que tomas una crema corporal, la untas en tus manos y empiezas a recorrer tus brazos y piernas, haciéndolo de forma lenta y como si quisieras provocar que mi mente y cuerpo explote del calor que me provocas. Luego tus manos pasaron la crema por tu abdomen y tus manos llegaron a tus enormes senos, y volviste a sonreír maleficamente con gran picardia.

“-¿Quieres ayudarme?” – me dijiste pasándome el envase de la crema y sonriendo nuevamente.
“-Solo podrás ponerme crema en los lugares donde mis manos no puedan llegar ok.” – dijiste con voz sexy.
“-¿Que creías? Que me ibas a tocar “las niñas”, se que mueres por hacerlo, se que quisieras tenerlas en tus manos, en tu boca. ¿Crees que no siento tus miradas de deseo? Se que te gusta jugar, así que prepárate para jugar conmigo. Quiero ver que tanto podrás soportar tenerme cerca de ti sin desear lanzarte encima de mi. Ya te lo he dicho antes, se que quieres hacerme tuya. No te hagas el duro. Me deseas.” –

Yo solo tome la crema, te di la vuelta, y empecé a darte un masaje en la espalda y hombros. Pero tu empezaste a suspirar con cada caricia. Hacías que mi mente volará. El deseo me invadía. Pero con tan solo el olor de tu piel despertabas mis instintos. Te sujete de pronto por el cabello. Y con voz sexy y susurrante dijiste: -¡Dominame!

Me aferré a tu cabello cual si fueras una potra salvaje. Te acerque a mi cuerpo para sentirte muy cerca, poder sentir tu calor. Poder escuchar tu respiración. Mi boca se adueñó de tu oído y mis dientes deseaban comerse tu oreja y tu cuello. Una de mis manos por fin se aferro a tus hermosos y atractivos senos. Suspiraste fuertemente, tus manos sujetaron las mías y me ayudaste a recorrer tu figura, guiándome por donde querías sentirme. Mi erección fue evidente. Ya tus nalgas rozaban con malicia mi miembro. Te acerque al lavamanos. Y mientras nuestros ojos no dejaban de verse reflejados en el espejo te tome de la cintura y te penetre con suavidad, estabas muy húmeda, tu boca se entre abrió y tus ojos se cerraron. Te inclinaste un poco hacia abajo para sentirlo más profundo. Y con voz susurrante dijiste: “-No pares. Ya me tienes donde querías”.
Una ola de perversión me invadió en ese momento. Mi cuerpo estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Mis embestidas contra tu cuerpo generaban más placer y lujuria en nosotros. Tus gemidos alborotaban mi mente. Y cada segundo era mas fuerte, más placentero, más incontrolable. Verte gritar palabras sucias me calentaba cada vez más. Se que tu disfrutaba más por mi expresión en la cara que por todo lo demás. Cuando levantaba la mirada y me veías por el espejo tu sonrisa de maldad y perversión lo explicaba todo. Tus caderas se movían con más rapidez, tus gemidos eran más profundos, querías acabar conmigo en pocos minutos, dejarme sin aliento. Pensabas que había caído en tu red… y no era así.
Cuando estuve a punto de explotar que me llevaste al borde del éxtasis… me detuve.
“-¿Qué pasó?”- Dijiste de inmediato.
Te tome del cabello fuertemente. Y mirándote a los ojos te dije: “-¿Estas lista para entrar en mi mundo?” – Tu solo sonreíste y dijiste con voz de ramera: “-Haz lo que quieras conmigo papi…”
Te lleve a la cama y de forma salvaje te lance en ella. Y empecé besándote desde los pies. Disfrutando cada dedo. Pero descubrí que las cosquillas invadían tu cuerpo. Así que tuve que amarrar cada mano y cada pierna. Tu solo me mirabas con asombro como queriendo detenerme pero al mismo tiempo deseabas experimentar aquella escena.

Allí estabas atada y a mi merced. Podía besarte y tocarte con suavidad y tu no podías hacer nada… mas que disfrutarlo. Empecé a subir por tus piernas con mi boca usando mi lengua para saborearte y ver como empezabas a temblar, sabias bien que mi boca tenía un primer destino fijo… tu sexo.

Cuando casi estoy por llegar, un escalofrío te invadió, un suspiro largo y profundo seguido de una mala palabra que no voy a escribir explotaron de tus labios. Fue cuando mi boca entró en contacto con la humedad de tu sexo. Sentir esa fragancia de perfume erótico y afrodisíaco que emana tu cuerpo me llevo a sentir el más emocionante orgasmo mental que hacía que mi cuerpo te deseara aún más. Disfrutar del sabor a miel de tus jugos, escuchar cada una de tus respiraciones profundas y algunos gemidos iban haciendo el ambiente cada vez más caliente.
Mi boca se encargó de hacerte sentir un pequeño orgasmo que te llenó de pasión y te hizo hablar: “Qué vaina más buena… no pares por favor… Dios mio… ¿por que esperamos tanto para vivir esto? Conoces mi cuerpo como si antes hubieras estado conmigo… Desatame por favor, sueltame las manos… DIOOOOOOS!!” Está última palabra la dijiste gritando y tratando de soltarte.
“-¿Qué sucede mi catira, no me digas que no aguantas estas mínimas caricias? Si apenas estoy empezando a descubrir tus debilidades y aun no te tengo donde quiero…” y pasando mi lengua lentamente por tu clítoris logre hacerte gemir y que empezaras a tener de nuevo varias contracciones. Mi barba te rozaba levemente los labios después que mi lengua los humedecía. Mi nariz podía percibir ese aroma sexual que brotaba de tu vagina. Mi corazón se aceleraba segundo a segundo. Mi cuerpo sólo pedía devorarte sin piedad. Hacerte perder la cabeza, hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho sentir antes. Llevarte a los límites del deseo y la pasión, del placer y la lujuria, llevarte a mi mundo. Cumplir cada fantasía que tuve contigo deseándote en silencio.
Te solté las ataduras que no permitían utilizar tus manos y tus piernas. Fue como liberar una fiera salvaje, me atacaste inmediatamente cual felina sobre su presa. Te posaste sobre mi cuerpo y tomaste el control de mi sexo. Tus movimientos eran de una mujer insaciable y vengativa.
“-Eres mío ahora” – me dijiste nuevamente con sonrisa de niña haciendo una travesura. Y eso es lo que más me encanta de ti, ese rostro de niña buena e inocente, y ese cuerpo y actitud de mujer fatal que te hacen pensar en cada aventura atrevida.
Mis manos se adueñaron de tus caderas, aferrándome con fuerza y controlando tus movimientos de pelvis. Mis ojos no se despegaban de tus sensuales pechos, ni de tu boca y cada palabra sucia pero erótica que salía de ella. De pronto llevaste tus pechos a mi cara y empezaste a jugar con ellos sobre mi boca. Disfrutabas con solo verme, lo se. Sabes que me vuelven loco con solo verlos ya puedes imaginarte como me tenían al tenerlos sólo para mí.
Te empuje y cambiando de posición me subí sobre ti. Trataste de soltarte. Muy en el fondo sólo deseabas sentirte dominada y controlada, pero querías luchar, no te ibas a entregar y ya. Forcejabas conmigo. Eso me emocionaba cada vez más. Y tu lo Disfrutabas más que yo. Hasta que logre penetrarte de nuevo y empecé a moverme e inmediatamente te quedaste inmóvil. Levante primero una pierna tuya y la lleve a la altura se mi hombro. Una de mis manos apretaba tus pechos la otra sostenía tu pierna a lo alto. Y mi boca te mordía levemente el pie, pequeños mordiscos que se intensifican al mismo ritmo de mis embestidas dentro de ti. Tome ambas piernas y las lleve a lo alto, te coloque una almohada debajo de tus nalgas y te dije: “-Quiero que me regales un orgasmo” y mis embestidas empezaron a ser mas fuertes y profundas. Lleve ambas piernas a mi hombro derecho y te daba cada vez más fuerte. Cuando empecé a escuchar tus gemidos me acelere más, así que te abrí de piernas y me pose sobre ti besándote con pasión. Diciéndote lo mucho que te deseaba, lo mucho que me encanta verte y tocarte. Decirte: “-Eres mía… dímelo. Quiero escucharlo de tus labios… sabes que eres mía carajita. Se que soñabas con tenerme en tu cama y hacerme tuyo. Regálame tus gemidos, quiero ver que tan puta puedes ser conmigo ¿O lo tuyo eran sólo palabras y provocaciones?” – Así que me pegue a tu oído y empecé a hablarte sucio…
“-Anda perrita, hazme explotar de placer. Clavame tus uñas en la espalda y marcame. Muerdeme! Hazme tuyo! Gime como zorra para mi…”
Tus gemidos se incrementaron. Tu cara de perversidad era única. La humedad de tu entrepiernas, fabulosa.
Fue cuando de pronto sentí que tu frente se pegaba con la mía como queriendo frotar y sacar chispas. Tu boca empezó a devorarme y a morderme con fuerza. Y empezaste a hablarme sucio como tanto lo deseaba… no deseaba que acabara el momento. Como no deseo que acabe este relato… pero esta vez, esta historia llega hasta aquí. Pero de seguro continuará…

 

Foto: Modelo Karina Ortega