Young couple smiling on bed, close-up

Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

georgiapratt

Esta “Gordita” me vuelve loco…

Recuerdo que te conocí por una famosa red social, con solo ver tus fotos quede encantado con esos ojos café, esos labios finos y siempre tan rosaditos que solo provocaban mordelos, tu cabello, tus cejas, siempre bien arregladas. Tu voz… amo tu voz. Ese toque seductor y de niña mala que tanto me encanta. Tu picardía, esa malicia que a veces aflora y que tu sabes esconder muy bien entre la multitud.
Tu cuerpo… ¿Que puedo decir de el? hombre que no haya disfrutado del placer de tener una gordita como tu en su vida, no ha probado lo mejor de todo. Es que tienes razón al decir que vivimos en una cultura obsesionada con la delgadez femenina. ¿Cual es la verdadera belleza? ¿Que hace bella a una mujer? No se necesita ser delgado para disfrutar del sexo, solo hace falta ser creativo y muy inteligente, y a ti esas son las cualidades que te sobran.

Todo lo que vividamente imaginemos, ardientemente deseemos, sinceramente creamos y con entusiasmo emprendamos, inevitablemente sucederá. ¿Recuerdas estas palabras? Será que si imagino y deseo tenerte en mi cama, sobre mi cuerpo, entregada completamente a algo mas que una simple fantasía, algo mas que besar tu labios, oler tu piel, sentir tu cabello entre mis manos, susurrarte palabras al oído mientras mis manos te recorren centímetro a centímetro cada curva de tu cuerpo. Cada suspiro que sale de tu boca, cada sonrisa, ese quejido tras un mordisco en tu cuello. Ese gemido tras el roce de mis manos en tus senos. Ese escalofrío que viene después de lograr desabrochar tu blusa. Ese deseo incontrolable de sumergirme en tu pecho y devorar uno a uno cada pezón erecto por tu excitación. Es lograr esa paz interior, es disfrutar al máximo el momento, te desconectas del mundo real y pasas a vivir tu mayor fantasía.

Tu ojos tratan de no dejar de verme mientras disfrutas como recorro tu cuerpo con mis labios y mi lengua, pero hay instantes donde es mas fuerte la sensación de cerrar los ojos, morder tus labios, apretar las sabanas y hasta de arreglar tu cabello hacia atrás con cada lamida cálida que sientas en tu piel. Y cuando ves mis intenciones de seguir bajando hasta el medio de tus piernas solo metes tus delicadas manos entre mi cabello y te aferras a el, como queriendo controlarme antes de llegar allí, o tal vez es para sujetarte, no se. Si, se que sonríes, y por esa razón mi lengua de forma lenta y delicada se adentra a este postre, saboreando, percibiendo cada textura, cada sabor y temperatura. Pude notar como disfrutabas rozar mi corta barba contra tu clítoris de forma suave pero firme y cuando sentiste mi lengua recorrer cada labio vaginal empezaste a respirar mas rápido y profundo. Fue allí cuando mis manos se aferraron a tus grandes piernas para poder rozar con mas ímpetu mi cara completa en esa húmeda y fascinante parte de tu cuerpo. Tus gemidos empezaron  brotar, seguidos de un “Dios mio” tras otro y un “No pares por favor” que solo aumentaban mis ganas de hacerte maldades.

¿Maldades? te preguntaras…

Si, es querer llevarte a otro nivel de placeres. Así que me tome el atrevimiento  de atar tus manos a tu espalda. No quería que ellas me detuvieran mientras hacia lo que quería hacer. Fue increíble como me dejas hacer lo que yo quiera, eso significa que confías en mi. Así que empece a besarte por el cuello, mientras te susurraba al oído:

-Me encantas señorita, ya te habrás dado cuenta…

-Si, ya veo… – susurraste sonriendo. – Tu también me gustas, me tienes mojada, con solo escuchar tu voz ya sentía que me venia. Es tan excitante sentirte así. No pensé que te interesarías en mi.-

-¿Por que lo dices? ¿acaso tengo cara de preferir a la chica con porte de modelo de revista?- dije sonriendo

-Tal vez, la mayoría de los hombres son así… aunque se que tengo mi encanto – dijiste sonriendo mientras me veías recorrer tu cuerpo.

Te pedí que te arrodillaras en la cama, me puse tras de ti y mientras mis manos acariciaban tu pecho desnudo y jugaban con tu cabello, tus manos atadas a tu espalda quedaba justo a la altura para que sintieras mi erección. Sabias que era solo cuestión de tiempo para hacerte mía por completo.

-No me tortures mas… ya quiero tenerlo dentro de mi. – dijiste apretándome fuerte.

Así que te tire en la cama, ya con un poco mas de intensidad, abrí tus piernas y primero pase mis dedos para ver como estabas. Jugué con mis dedos dentro de ti, sintiendo el calor fogoso de tu entrepierna. De pronto… ZAZ! una nalgada se adueñó de tu nalga derecha… ZAZ! ahora una en la izquierda. Tu no pronunciaste ninguna queja… solo un suspiro profundo. Así que me dispuse a penetrarte, centímetro a centímetro mi miembro fue entrando en esa vagina caliente y húmeda hasta estar casi completamente dentro de ti, tu te acomodabas, buscando sentirme por completo, pero al estar atada te dificultaba un poco poder moverte. Así que me dispuse a colocarte una almohada debajo de tu pelvis, así quedarías a la altura perfecta para que sintieras todo mi ser dentro de ti. Mis movimientos empezaron suaves y lentos, besos en tu espalda, caricias, pero cuando empece a escuchar tus gemidos cada vez mas profundos y fuertes, hicieron que me convirtiera en otro. Mi lado oscuro surgió, el lado salvaje…

Me aferre te tu largo cabello castaño y mis embestidas empezaron a ser cada vez mas fuertes e intensas. Tu no parabas de gemir, al punto que ya gritabas en la almohada para no sentirte tan escandalosa, aunque yo también te pedía que no dejaras de hacerlo, que eso me calentaba demasiado. Te desate, te pedí ponerte en cuatro. Inmediatamente obedeciste. Ver aquel culo tan inmenso en esa posición me volvió loco, así que mis manos empezaron a darte pequeñas nalgadas, y tu sin quedarte atrás chocabas tus grandes nalgas contra mi cuerpo como queriendo que te atravesara por completo. “Dame mas fuerte” gritabas, eso me motivaba aun mas. Mis manos me pedían que te azotara, necesitaba sentir esa chispa, así que con ambas manos empece a darte azotes al mismo ritmo que que tu movías tus caderas hacia a mi. Aquello parecía una batalla épica, empece a ver sonrojarse aquella zona al igual que a mis manos. Pero era tan excitante que era imposible detenerse. De pronto sentí como una de tus manos empezó a acariciar mis testículos y al mismo tiempo acariciabas tu clítoris, sentía que iba a explotar, estaba muy próximo al orgasmo. Pero para mi sorpresa fuiste tu la que llego primero, tus contracciones eran tan intensas, tus gemidos eran como gritos silenciosos y la humedad llegaba a su máxima expresión. Te dije: “Estoy que llego”.

Esta vez tomaste el control, me tomaste del brazo pidiendo que me acostara, y te dispusiste hacerme una paja seguida de un oral que bastaron un par de minutos para hacerme explotar de placer, solo te miraba, tu cara de placer, parecías una niña devorando su helado. Cuando te di la señal que estaba próximo a llegar al orgasmo, me apretaste fuerte mi miembro y tu boca junto a tu lengua devoraron con empeño mis testículos y tus ojos no dejaron de mirarme fijamente a los míos.

– DIIIOOOOOOS!! – Exclame… Explotando a chorros mi semen en tu mano y algo en tu cabello y rostro, pero no dejabas de pajearme y lamerme al mismo tiempo, sentí que tendría un doble orgasmo… hasta que una sonrisa de satisfacción invadió tu rostro.

¿Que piensas de esta gordita ahora?-  dijiste con tu mejor sonrisa…

Creo que vamos a tener que repetir esta historia…

 

Amigos-sexo-SF

Bienvenida a mi mundo…

¿Recuerdas aquella vez que me metí en tu cuarto y tus nervios casi no podías controlar? Si, aquella vez que casi te robe un beso. Ese día que tu respiración se entrecortaba y tu corazón latía tan fuerte que pude sentirlo cuando pegue mi pecho al tuyo.   Sentí que al rozar mi cara con la tuya tu cuerpo se inmovilizaba, quedaste congelada, era tan fascinante verte así.
Aunque mas emocionante fue verte cuando por segunda oportunidad te robe el primer beso, este fue apasionado, te tome de las manos y las subí pegandolas de la pared. Ese beso sabía a gloria. Por fin tus labios eran completamente míos. Esta vez mis manos empezaron a jugar con tu cuerpo, a rozarte, explorarte, sentirte, tocarte. Tu respiración se aceleró muy de prisa. Te tome por el cabello por detrás de tu cuello y te apreté con fuerza. Mi otra mano empezaba a acariciar tu pecho, podía sentir los latidos de tu corazón.
De pronto te abracé por tu cintura y te alce hasta llevarte a mi cama. Allí me lance contigo y empecé a besarte sin control por todas partes. Me aferré a tu pelo como si no quisiera soltarte y empezamos a hacernos el amor con la ropa puesta. Las caricias eran cada vez más fuertes y salvajes.
Cuanto deseo se desbordaba en esos besos. Cuanta pasión había acumulada en nuestros cuerpos. Arranque tu franela dejando sólo tú brassier puesto, así mismo arrancaste la mía y me hiciste sentir tus uñas por mi espalda. Fue excitante.
No aguante mucho tiempo hasta que te despoje de la prenda que ocultaba tus hermosos y excitantes senos. Eran míos… Mis labios no tardaron mucho en disfrutar de ellos, acompañados de mis dientes y mi lengua. Haciéndote liberar el primer gemido de tu cuerpo. Siempre fueron esa fruta prohibida que quise probar.
Mis manos jugaban a recorrerte y explorar cada centímetro de ti. Se que tu cuerpo te lo pedía a gritos desde hacía tiempo atrás.  Esta fantasía se hacía realidad.
Tome una de tus manos y la guíe hasta mi miembro erecto y listo para ser devorado por ti. Lo tomaste con tu mano y lo apretaste. Lo acariciabas sin dejar de mirarme a los ojos. Y casi obligandote lleve mi sexo hasta tu boca. Y tu entre la duda si hacerlo o no titubeaste por un instante. Pero fue imposible resistirte ante tal situación, tu boca empezó a degustar y disfrutar de cada centímetro de mi. Tu cara de insaciable me excitaba cada vez más. Ver como intentabas ahogarte con él queriendo hacer una garganta profunda pero sin dejar de mirarme con perversión. Me hacias suspirar cada vez que lograbas  pegar tus labios a la base  de mi miembro.
Tu boca es fascinante. Te diste cuenta lo mucho que disfruto de un buen oral. Tus labios y tu lengua caliente me hacían sentir las más excitantes sensaciones. Tal vez no debimos llegar tan lejos en este primer encuentro pero como detener el impulso y la lujuria que invaden nuestros cuerpos.

Me acerqué a tu oído y te dije: “Bienvenida a mi mundo. A partir de este momento eres mía. Serás mi esclava. Mi sumisa. Hoy no te haré el amor. Nunca lo hago en la primera. Pero pronto serás mía por completo.”

Tu no hablabas, estabas allí sólo con una sonrisa grande de lado a lado. Así que te pedí que me mordieras la mano hasta darte una señal de detenerte. Quería ver que tan obediente eras. Demostraste ser muy buena sumisa. Así que seguí poniéndote a prueba.

Esta vez te pedí que me mordieras la espalda y luego que clavaras tus uñas en mi piel. Tu picardia floreció y me mostraste todas esas ganas reprimidas que tienes dentro de ti. Nunca te había hecho sentir estas nuevas emociones, esa energía que invade nuestras pieles. Ese día te di la bienvenida a mi mundo… Aunque hoy día sigo pensando que ya habías sido mía en otra vida.

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Deseos Compartidos…

Aún puedo recordar aquella noche que fuimos a la fiesta de aquel periodista amigo tuyo. Pura gente bella y de la farándula caraqueña. Mujeres hermosas invadían el sitio, aunque tu elegancia y simpatía robaba las miradas de todo aquel hombre que pasara por tu lado. Es que tu vestido rojo te quedaba espectacular, tu piel blanca, tus ojos café oscuro y tu melena negra te hacían ver cual estrella en el firmamento.

El escote en tu espalda dejando ver algunas pecas y lunares y lo ajustados que se veían tus hermosos y provocativos senos realzando tu bella figura.
Es fascinante ver como algunos hombres a pesar de tener a sus parejas al lado eran capaces de mirarte con deseo. Y algunas mujeres te veían con celos, envidia y tal vez rabia, aunque hubo un instante donde una rubia con tremendo cuerpo se quedo hipnotizada al verte pasar por su lado. Fue demasiado excitante esa escena. Te desnudo con la mirada como si de un hombre se tratase. De pronto note como se acercó al oído de un caballero que estaba a su lado y susurro algunas palabras. Imagino que se trataba de ti, ya que aquel apuesto caballero te busco con su mirada por todo el sitio.
Empezó la fiesta, la música invadía el sitio, una bachata empezó a sonar y tu inmediatamente me llevaste a la pista. Empezamos a bailar, es tan fascinante ver como se mueve tu cuerpo al son de este ritmo tan erótico y cautivador. De pronto sentí que eramos observados, una mirada de deseo ardiente me invadió. Era la rubia. No dejaba de verme, mordía sus labios con picardia y levantaba la ceja cada vez que sentía mi mirada. Cuando llevábamos algo más que la mitad del primer set la rubia y su pareja se sumaron a la pista de baile. Eran increíbles, por un momento sentí que estábamos en una competencia de baile. La sensualidad y el erotismo brotaba de sus cuerpos. Todos los observaban. Nosotros quedamos opacado ante tal show. La rubia solo sonreía al vernos. De pronto en un cambio de tema musical el caballero se acerca con tal estilo y nos propone intercambiar parejas en pleno baile. ¿Recuerdas como la chica te sonrió casi suplicando que la dejarás bailar conmigo? Y tu caíste con sus encantos. Me entregaste. Se que deseabas bailar con aquel hombre, todas en la fiesta morían por hacerlo.
En los primeros minutos no te apartaba la mirada de encima, ver como hasta cerrabas los ojos me enfurecia. Me hacías sentir que lo disfrutabas demasiado. Y  yo por el contrario trataba de bailar lo más normal posible para que no notarás que me atraía aquella rubia despampanante.

Aquel hombre tenía un poder increíble de seducción, podía ver como bailando lograba hacer suspirar a casi todas las que seguían sentadas. De pronto te perdí. Deje de verte. Mi corazón se aceleró con un susto en el estómago. ¿Donde estabas?
La rubia al notar mi preocupación me dijo con voz sensual y con una sonrisa en sus labios rojos:
-Tranquilo, mi esposo no se va a secuestrar a tu novia, te noto algo nervioso y no estas disfrutando de nuestro baile. Relájate, baila conmigo como si fuera ella, y veras que será ella la que te va a buscar corriendo…
Así mismo fue, empecé a bailar con más ánimo, aunque no dejaba de buscarte. Pero de pronto los movimientos de aquella mujer empezaron a transmitir una energía increíble sobre mi cuerpo. Aquello no parecía un baile, sentí como las miradas empezaron a fijarse en nosotros, la rubia logro que una ereccion se apoderará de mi. Es que su perfume, su piel y hasta su sudor eran excitantes.
Sus roces con mi entre pierna eran fascinantes, calientes, tentadores. Ya mi cuerpo no podía resistir tanta provocación. Me deje llevar, el ritmo de su cuerpo se apoderó de mi, era como tener sexo mientras bailábamos. Movía las caderas como Diosa, su mirada era cautivadora, aquella sonrisa… Esos labios. No podía creer que me estuviera seduciendo en plena pista de baile.
-Tienes una novia hermosa, ¿sabias? – me dijo en el oído mientras bailaba cada vez de forma más erótica y provocativa.
-Lo sé… – respondí de forma egocéntrica y aun buscándote con la mirada a ver si aun seguías bailando con aquel hombre.
Ella noto mi desespero y esa búsqueda interminable que tenía contigo. Fue cuando tomándome de la mano me saco de la pista y me llevo a un lugar apartado.

-¿Sabes bien que tu mujer es una ninfomana verdad? – me dijo aquella mujer aire apenas estaba conociendo.
Yo sonreí con sorpresa y le dije: – Le encanta como le hago el amor.
¡No, a ella le encanta el sexo que tu o cualquier hombre le da! – respondió la rubia.
En este momento mi marido esta por cogerla como tu nunca lo haz hecho.
Un susto invadió mi cuerpo. No podía permitir que otro hombre te tocará. Y justo cuando iba a dejarla hablando sola a aquella mujer por lo que me había dicho, llegaron ambos riendo y conversando de lo más natural.
Mis celos me invadieron de manera tan intensa que te hable en mal tono.

-Amor, ¿por que mejor no nos vamos de aquí?
Ya estoy algo cansado y esta fiesta no resultó ser tan buena como imagine. – Te dije besándote en los labios.

-Hola que tal, soy Frank ya conociste a mi esposa Marbely. Nos estábamos destacando en la pista ¿no te parece? Ambas son tremendas bailarinas, tu esposa baila espectacular. Deberíamos volver a vernos en las fiestas privadas que organizó cada mes, los voy a invitar. Es algo más exclusivo que esta fiestecita de aburridos.

-Amor, creo que mejor los invitamos a nuestra casa a bebernos algo y conocernos mejor, ¿no te parece? Es cerca de aquí chicos, se que sera mas divertida que esta rumbita. – dijo la rubia abrazando a su marido y mirándonos con perversion.
Recuerdo que tu no pusiste resistencia a la invitación e inmediatamente me tomaste de la mano y nos dirigimos al estacionamiento acompañados por esta pareja de desconocidos pero que en el fondo eran bastante agradables.
Al montarnos en el carro solo te vi y te pregunté : ¿Estas segura de querer ir a la casa de estas personas? No se, son cheveres, pero me dan mala espina. Claro, yo sentía que el tipo te tenia tantas ganas que no sabia que pensar. No podía confesar lo que sentía en ese momento, el machismo me invadía. Pero al mismo tiempo pensaba… Si la rubia se me insinúa no lo pienso dos veces. No podía sacarme de la mente la forma en que me bailó y me puso a sudar.
En realidad la casa de estos nuevos amigos era bastante cerca. En menos de 10 minutos estábamos llegando. Una casa con un jardín grande en la entrada y de una fachada arquitectonica bien moderna. Estacionamos justo al lado de ellos. Al bajarme la rubia me miró como con ganas de desvestirme mordió sus labios y siguio caminando alcanzándote como queriendo hacerse tu mejor amiga.
Frank me pregunto a que me dedicaba mientras se dirigía a el bar de su enorme casa. Me ofreció un whisky…

-Imagino que bebés whisky seco o ¿prefieres un tequila o un vodka? – dijo Frank ya con una botella de whisky 18 años en la mano. Simplemente asentí con la cabeza que si, mientras admiraba la decoración de su sala. Y el sin numero de fotos con su esposa en varios lugares del mundo muy conocidos como Francia, Italia, Egipto y Argentina. Inmediatamente pregunte cuanto tiempo tenían juntos y me respondió que 10 felices años. En eso fue cuando entraste tu con la rubia con unos pasapalos en las manos y una sonrisa maligna como que habían planeado algo entre ambas.
Entre tragos, risas y anécdotas se nos paso gran parte de la noche. Y como en toda conversación empezamos a hablar de sexo. Lugares atrevidos donde lo habíamos hecho antes. Después de 10 minutos me di cuenta que era un bebe en aventuras vividas contigo. Ya que ellos habían hecho cada locura que hasta envidia provocó en varias ocasiones.
Cuando ya estábamos desinhibidos por los tragos la rubia se acercó a mi y metiendo su mano dentro de mi camisa y acariciando mi pecho me pregunto si alguna vez habíamos hecho un Swinger. Yo solo te mire con susto porque pensé que matarías a esa chica por ponerme una mano encima. Pero no fue así. Me miraste como si te excitara lo que hacía. Te acercaste a mi y entre ambas empezaron a lamer mis oídos cada una. Frank solo miraba. Yo empecé a sentir que aquella locura ya había sido planeada por ambas. Y solo me deje llevar. Ya cuando menos los esperaba los besos de ambas mujeres hermosas me invadieron. Hasta que tu, mi novia, me desabrochaste el pantalón y empezaste a darme una mamada estupenda, mientras la rubia solo me besaba y acariciaba mi pecho con sus suaves manos.
Frank solo disfrutaba de su whisky mientras nos veía con tranquilidad. De repente la rubia también se une a ti a la felacion que me brindabas. Era el sueño hecho realidad pero que nunca me atreví a pedirte. Ambas disfrutaban de mi miembro y se peleaban por tenerlo dentro de sus bocas, la saliva sobraba en el acto. Ver como mi ereccion cada vez era más fuerte y verlas a ambas desesperadas por tragarselo hasta la garganta como si se tratase de una competencia, me ponía cada vez más caliente.
Marbely, la rubia, empezó a desnudarse, aquellos senos eran increíbles, su color de piel, su mirada, aquel cabello ya un poco desordenado por aquella escena. Todo se volvía más perverso cada vez. Fue cuando ella pidiéndote permiso tomo mi miembro y se lo introdujo en aquella vagina ya húmeda y extremadamente caliente. Y un gemido profundo salio de su boca acompañado de un “Dios mio” susurrado. Sus movimientos eran de divinos. Ella se había sentado de espalda sobre mi dejándome ver sus nalgas con aquella marca de bikini, frente a donde se encontraba Frank aun sentado y sin moverse siquiera, sin emitir una palabra. La rubia solo lo miraba a el y se movía con fuerza sobre mi. Tu solo me besabas y me dijiste al oído:

-Espero te este gustando esta locura amor…

Yo no podía hablar siquiera. La rubia se volteo y se volvió a subir encima mio. Aquello era increíble. Sus embestidas sobre mi cuerpo eran celestiales. Sus besos y aruños sobre mi espalda me hicieron disfrutar locamente aquella escena. Su vagina cada vez se sentía más caliente y húmeda, no paraba de mojarse y de gemir cual puta de película Porno.
Por un momento me olvide que tu estabas allí, sólo disfrute de esa mujer como nunca antes lo había hecho. La besaba con tanto placer que ya ni los ojos los abrí más. Besar aquellos senos era un manjar de dioses y escuchar aquellos gemidos y pujos cada vez que te movias sobre mi era excitante. Ella me mordía el hombro como queriendo desahogar tensión en su cuerpo. Me decía: “Dame mas duro por favor, quiero sentir tus manos en mis nalgas con furia” así que empecé a darle nalgadas y apretones eso la volvía loca, me pedía más y más fuerte que la azotara. Yo estaba a punto de explotar y fue cuando te escuche gemir como nunca lo habías hecho conmigo antes…

Alzó mi mirada y allí estabas, en cuatro entregada a aquel hombre que te embestía como si fueras una perra en celo. Tus gemidos y gritos eran tan fuertes que sentí que te escucharían los vecinos de al lado.
La rubia al darse cuenta de mi actitud me dijo: “Creo que nos están desafiando amiguito, ponme así y veras que puedo ser más puta de lo que ya has vivido hasta ahorita…”

Ella se puso en cuatro frente a su marido ofreciéndome que la follara más fuerte. Aquel hombre te estaba violando y tu lo disfrutabas. Me llegaste a mirar por un instante y moviendo los labios dijiste : DISFRUTALO.

Lo estaba haciendo, disfrutaba de tus gemidos y de los de ella. Era increíble como habíamos intercambiado de parejas sin ninguna dificultad y ambos nos sentíamos cómodos. De pronto el te sujeto por el pelo y empezó a darte mas fuerte, tu solo me mirabas, yo trataba de imitar cada embestida que el te daba. Pero al ver aquella situación me llamaste: “Ven amor, acércate. Quiero chupartelo”
Así fue, me acerque a ti para complacer tu fantasía, te aferraste a mi sexo con tu boca mientras aquel hombre no se detenía de follarte y darte nalgadas. La rubia no se iba a quedar sin hacer nada, así que me puso su húmeda vagina en mi cara deseando recibir un buen sexo oral. Eso hice, mi lengua degustaba con tanto placer aquel manjar y mis manos acariciaban sus senos. Y tu te atragantabas con mi miembro hasta que aquel hombre te hizo llegar al orgasmo, tu respiración y gemidos fueron increíbles, de pronto gritaste: “Siiiiiiii, parteme el culo, siiii que rico lo haces…”
¿Por el culo? Pero si siempre creí que no te gustaba por allí… ¿Cómo es eso? Pensé sintiéndome defraudado. Pero verte disfrutar tanto aquel orgasmo y sentir como tu te aferrabas con ambas manos a mi miembro y lo saboreabas con placer me hizo sentir más excitado. Me levante y sujete a la rubia, la tire al mueble y empecé a follarla con las piernas arriba sobre mis hombros, ella sabia muy bien como me sentía, y me gritaba: “Dame mas duro, por favor, más, no pares, no pares, hazme llegar, quiero tu leche caliente en mi piel papi, es mía, esta noche tu leche será mía.”
Y así fue, sentí que mi orgasmo se venía y le dije “Me vengo… Donde la quieres?” y ella respondió levantándose: “Ven aquí en mi boca la quiero aquí todita” y cuando ya estaba a punto de llegar en su boca llegaste tu a compartir aquel néctar de placer y lujuria, ambas se peleaban por saborearlo por devorar cada gota derramada. Verlas a ambas disfrutando con tanto ahínco era estupendo. Por primera vez pude sentir el placer de tener dos bocas haciéndome el más increíble sexo oral de mi vida, ¿por que había esperado tanto para vivir esta experiencia?

Sus bocas llenas de mi semen quedaron abiertas esperando a que Frank se acercará a ellas y también explotará en sus caras. Fue cuando logre entender el por qué te hizo gemir como puta aquel hombre, tenía una buena dotación, fácilmente su miembro alcanzaba para que ambas al mismo tiempo pudieran disfrutar del sexo oral que le propinaban. Mientras la rubia se lo tragaba dejándola con la boca completamente llena tu lo masturbabas con tus manos y lamias sus bolas con desespero. Y fue allí cuando por primera vez te vi lamiendo y disfrutando otro miembro que no fuera el mio con tanto gusto. Y derrepente Frank las tomo a ambas por el cabello y las puso a lamer aquella verga venosa, una a cada lado y su semen empezó a salir y caía en sus caras y se chirreaba por sus mejillas y ambas usaban sus lenguas para saborear y obtener la mayor cantidad en sus bocas sedientas de placer. Al final para cerrar con broche de oro… Ambas se besaron y lamieron los restos de su néctar, y yo solo podía contemplar lo rico que estuvo esta sesión de sexo salvaje e improvisado. Nunca imaginé que tenias esos deseos y siempre me los había tragado. Creo que desde ahora nos dimos cuenta que pertenecemos a un nuevo mundo, a una nueva forma de vida, ya no veremos el sexo como lo veíamos y lo sentíamos antes… Bienvenidos al mundo Swinger.

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