Esta “Gordita” me vuelve loco…

Recuerdo que te conocí por una famosa red social, con solo ver tus fotos quede encantado con esos ojos café, esos labios finos y siempre tan rosaditos que solo provocaban mordelos, tu cabello, tus cejas, siempre bien arregladas. Tu voz… amo tu voz. Ese toque seductor y de niña mala que tanto me encanta. Tu picardía, esa malicia que a veces aflora y que tu sabes esconder muy bien entre la multitud.
Tu cuerpo… ¿Que puedo decir de el? hombre que no haya disfrutado del placer de tener una gordita como tu en su vida, no ha probado lo mejor de todo. Es que tienes razón al decir que vivimos en una cultura obsesionada con la delgadez femenina. ¿Cual es la verdadera belleza? ¿Que hace bella a una mujer? No se necesita ser delgado para disfrutar del sexo, solo hace falta ser creativo y muy inteligente, y a ti esas son las cualidades que te sobran.

Todo lo que vividamente imaginemos, ardientemente deseemos, sinceramente creamos y con entusiasmo emprendamos, inevitablemente sucederá. ¿Recuerdas estas palabras? Será que si imagino y deseo tenerte en mi cama, sobre mi cuerpo, entregada completamente a algo mas que una simple fantasía, algo mas que besar tu labios, oler tu piel, sentir tu cabello entre mis manos, susurrarte palabras al oído mientras mis manos te recorren centímetro a centímetro cada curva de tu cuerpo. Cada suspiro que sale de tu boca, cada sonrisa, ese quejido tras un mordisco en tu cuello. Ese gemido tras el roce de mis manos en tus senos. Ese escalofrío que viene después de lograr desabrochar tu blusa. Ese deseo incontrolable de sumergirme en tu pecho y devorar uno a uno cada pezón erecto por tu excitación. Es lograr esa paz interior, es disfrutar al máximo el momento, te desconectas del mundo real y pasas a vivir tu mayor fantasía.

Tu ojos tratan de no dejar de verme mientras disfrutas como recorro tu cuerpo con mis labios y mi lengua, pero hay instantes donde es mas fuerte la sensación de cerrar los ojos, morder tus labios, apretar las sabanas y hasta de arreglar tu cabello hacia atrás con cada lamida cálida que sientas en tu piel. Y cuando ves mis intenciones de seguir bajando hasta el medio de tus piernas solo metes tus delicadas manos entre mi cabello y te aferras a el, como queriendo controlarme antes de llegar allí, o tal vez es para sujetarte, no se. Si, se que sonríes, y por esa razón mi lengua de forma lenta y delicada se adentra a este postre, saboreando, percibiendo cada textura, cada sabor y temperatura. Pude notar como disfrutabas rozar mi corta barba contra tu clítoris de forma suave pero firme y cuando sentiste mi lengua recorrer cada labio vaginal empezaste a respirar mas rápido y profundo. Fue allí cuando mis manos se aferraron a tus grandes piernas para poder rozar con mas ímpetu mi cara completa en esa húmeda y fascinante parte de tu cuerpo. Tus gemidos empezaron  brotar, seguidos de un “Dios mio” tras otro y un “No pares por favor” que solo aumentaban mis ganas de hacerte maldades.

¿Maldades? te preguntaras…

Si, es querer llevarte a otro nivel de placeres. Así que me tome el atrevimiento  de atar tus manos a tu espalda. No quería que ellas me detuvieran mientras hacia lo que quería hacer. Fue increíble como me dejas hacer lo que yo quiera, eso significa que confías en mi. Así que empece a besarte por el cuello, mientras te susurraba al oído:

-Me encantas señorita, ya te habrás dado cuenta…

-Si, ya veo… – susurraste sonriendo. – Tu también me gustas, me tienes mojada, con solo escuchar tu voz ya sentía que me venia. Es tan excitante sentirte así. No pensé que te interesarías en mi.-

-¿Por que lo dices? ¿acaso tengo cara de preferir a la chica con porte de modelo de revista?- dije sonriendo

-Tal vez, la mayoría de los hombres son así… aunque se que tengo mi encanto – dijiste sonriendo mientras me veías recorrer tu cuerpo.

Te pedí que te arrodillaras en la cama, me puse tras de ti y mientras mis manos acariciaban tu pecho desnudo y jugaban con tu cabello, tus manos atadas a tu espalda quedaba justo a la altura para que sintieras mi erección. Sabias que era solo cuestión de tiempo para hacerte mía por completo.

-No me tortures mas… ya quiero tenerlo dentro de mi. – dijiste apretándome fuerte.

Así que te tire en la cama, ya con un poco mas de intensidad, abrí tus piernas y primero pase mis dedos para ver como estabas. Jugué con mis dedos dentro de ti, sintiendo el calor fogoso de tu entrepierna. De pronto… ZAZ! una nalgada se adueñó de tu nalga derecha… ZAZ! ahora una en la izquierda. Tu no pronunciaste ninguna queja… solo un suspiro profundo. Así que me dispuse a penetrarte, centímetro a centímetro mi miembro fue entrando en esa vagina caliente y húmeda hasta estar casi completamente dentro de ti, tu te acomodabas, buscando sentirme por completo, pero al estar atada te dificultaba un poco poder moverte. Así que me dispuse a colocarte una almohada debajo de tu pelvis, así quedarías a la altura perfecta para que sintieras todo mi ser dentro de ti. Mis movimientos empezaron suaves y lentos, besos en tu espalda, caricias, pero cuando empece a escuchar tus gemidos cada vez mas profundos y fuertes, hicieron que me convirtiera en otro. Mi lado oscuro surgió, el lado salvaje…

Me aferre te tu largo cabello castaño y mis embestidas empezaron a ser cada vez mas fuertes e intensas. Tu no parabas de gemir, al punto que ya gritabas en la almohada para no sentirte tan escandalosa, aunque yo también te pedía que no dejaras de hacerlo, que eso me calentaba demasiado. Te desate, te pedí ponerte en cuatro. Inmediatamente obedeciste. Ver aquel culo tan inmenso en esa posición me volvió loco, así que mis manos empezaron a darte pequeñas nalgadas, y tu sin quedarte atrás chocabas tus grandes nalgas contra mi cuerpo como queriendo que te atravesara por completo. “Dame mas fuerte” gritabas, eso me motivaba aun mas. Mis manos me pedían que te azotara, necesitaba sentir esa chispa, así que con ambas manos empece a darte azotes al mismo ritmo que que tu movías tus caderas hacia a mi. Aquello parecía una batalla épica, empece a ver sonrojarse aquella zona al igual que a mis manos. Pero era tan excitante que era imposible detenerse. De pronto sentí como una de tus manos empezó a acariciar mis testículos y al mismo tiempo acariciabas tu clítoris, sentía que iba a explotar, estaba muy próximo al orgasmo. Pero para mi sorpresa fuiste tu la que llego primero, tus contracciones eran tan intensas, tus gemidos eran como gritos silenciosos y la humedad llegaba a su máxima expresión. Te dije: “Estoy que llego”.

Esta vez tomaste el control, me tomaste del brazo pidiendo que me acostara, y te dispusiste hacerme una paja seguida de un oral que bastaron un par de minutos para hacerme explotar de placer, solo te miraba, tu cara de placer, parecías una niña devorando su helado. Cuando te di la señal que estaba próximo a llegar al orgasmo, me apretaste fuerte mi miembro y tu boca junto a tu lengua devoraron con empeño mis testículos y tus ojos no dejaron de mirarme fijamente a los míos.

– DIIIOOOOOOS!! – Exclame… Explotando a chorros mi semen en tu mano y algo en tu cabello y rostro, pero no dejabas de pajearme y lamerme al mismo tiempo, sentí que tendría un doble orgasmo… hasta que una sonrisa de satisfacción invadió tu rostro.

¿Que piensas de esta gordita ahora?-  dijiste con tu mejor sonrisa…

Creo que vamos a tener que repetir esta historia…

 

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