Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

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