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Múltiple placer…

La fantasía más grande de un hombre es poder recibir placer de varias mujeres al mismo tiempo. Sentir en su cuerpo varios labios besándolo, varias voces susurrando palabras provocativas. Manos que acarician y seducen la piel. Una vez recibí la invitación de una amiga que quería que la asesorará en cumplir una de sus fantasías, ella quería estar con otra chica, pero tenía el temor que no pudiera controlar la situación y lo quería disfrazar de trío, para según ella no sentirse lesbiana. Así que empezó hacerle propuestas a sus amigas a ver cual se atrevía a participar en el trío MHM. Al principio cada una respondía con “déjame pensarlo” y ella estaba tan ansiosa y nerviosa que sentía que no se iba a dar. Así que decidí ayudar un poco. Le envié una nota de voz desde el teléfono de mi amiga a cada una de las posibles candidatas, invitándola a participar junto a mi en una noche de pasión y lujuria desenfrenada. Un encuentro entre tres almas libres de prejuicios y llenos de deseos. Con ganas de descubrir nuevas emociones y placeres. Y que yo personalmente me quería comprometer a invitarla porque deseaba escuchar los gemidos de placer de la mejor amiga de mi hembra. Y ambos deseábamos cumplir nuestra fantasía. ¿Cuento contigo? Con solo mi voz y mi propuesta solo una dijo que no, que no se atrevía, ni que fuera Nacho Vidal. Las otras pidieron verme en fotos y dos dijeron que si sin pensarlo. Ahora bien, ¿cual elegimos? Me preguntó mi amiga. A lo que le respondí que no dejara ninguna por fuera. Porque si elegía solo a una, había probabilidad que se arrepintiera en el último minuto y se quedaría con las ganas. Es mejor que lleguen y que se queden las que se atrevan… ? Ya que podría tener más de una y yo también… Y así fue… Dos cancelaron a última hora, pero llegaron tres. Se preguntaran ¿como hicimos verdad? Ya les cuento….

Mi amiga vive sola en una propiedad de montaña alejada de la urbe citadina. La primera de sus amigas llegó, una rubia bajita con bonitas curvas naturales y cara de niña buena. Se bajó de su auto con una botella de tequila en la mano. Muchas veces el alcohol ayuda a desinhibirse más rápido. Nos presentó e inmediatamente hubo una química entre las miradas. Verla morderse los labios me hizo sentirme más a gusto y luego llevarse a mi amiga a la cocina dejándome solo para ella susurrarse cosas aun más. Nos servimos unos tragos… Limón, sal y el shoot de tequila. Yo había preparado unos snack para picar mientras tanto. A la segunda ronda ya la rubia me había empezado a besar sin mediar palabras ni acuerdos. Mi amiga solo nos veía sentada mientras nos comíamos a besos y caricias provocativas. Empezó a quitarme la camisa y a besarme el pecho. Me recorría con su lengua y me sus labios mientras sus manos ya se abrían paso entre mis pantalones. Me lo agarró por encima del bóxer y mirándome con una sonrisa lo sacó de su guarida y se lo llevó a la boca lentamente. Saboreándolo y jugando con sus labios y su lengua. Me miraba a los ojos segundos antes de atragantarse hasta la garganta con toda mi erección. Sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente. Su saliva ya empezaba a chorrear de entre sus labios y mi verga. Sus manos hicieron presencia acariciando mis gemelas y masturbándome de arriba a abajo. Mi amiga se fue acercando y se unió al compartir y justo cuando ambas empezaban a lamerme entre las dos… Sonó el timbre…- ¿Quien será?- Dijo la pequeña rubia seguido de un: – Anda tu que eres la dueña de la casa, yo me quedo aquí con él tranquila – Mi amiga solo sonrió, me guiño el ojo y se fue. Segundos más tarde llegaba acompañada de otra chica, una morena de cabello largo. Que al encontrarnos en aquella posición se sorprendió y de los nervios le dio fue por reír. Pero no dejaba de vernos. La rubia ni le importo escuchar que tenía otra espectadora. No me dejaba de chupar y saborear mi erección. La morena se sirvió un trago y se sentó al lado mio para ver en primera fila aquel espectáculo. Se reía y nos miraba disfrutando del momento mordiéndose los labios…

Aquel encuentro con la rubia entre mis piernas haciéndome sexo oral como toda una experta mientras miraba fijamente a la morena que acababa de llegar, ella se disfrutaba tanto la escena que no tardo en sumarse. Empezamos besándonos, tenía unos labios muy ricos y un perfume que enloquecía. Nuestros besos tenían sabor a tequila y lujuria. Ella empezó a quitarse todo quedándose en ropa interior. Tenía una piel suave y bronceada. Apartó a la rubia y tomó posesión de mi erección, manoseándome primero antes de llevárselo a la boca. Sus manos eran suaves aunque iba preparada, se puso lubricante saborizado y después de recorrer mis bolas y toda mi verga, se la llevó a su boca después de un trago de tequila. Podía sentir un calor que me ardía por todo mi sexo. Luego tomó un hielo lo metió en su boca y empezó a jugar con el y su lengua por mi glande. Hizo que me contorsionara. La rubia sin pensarlo me puso en la cara su húmeda vagina lista para ser devorada por mis labios y mi lengua. Esto se ponía color de hormiga. Así que mi amiga decidió llevar esto a la habitación y hacerlo más cómodo. Allí nos metimos los cuatro y empezamos a comernos. Ya con varios tequilas encima tenía a dos mujeres dándome sexo oral simultáneamente y otra encima de mi cara recibiéndolo. Mi amiga por ser la anfitriona pidió ser la primera en ser penetrada, se puso en cuatro y me dio la bienvenida. Las otras dos me miraban, así que le pedí a una que me besara y nalgueara a mi amiga. La otra se masturbaba, así que a ella le pedí que se tapara los ojos, cosa que cumplió rápidamente. Me dediqué a darle un rico oral mientras le pedí que otra de ellas la tomará de las manos y no la dejara moverse. Gemía muy rico cada vez que sentía mi lengua jugar con su clítoris pero en un instante le di chance a mi amiga para que cumpliera su deseo. Sus gritos eran fascinantes, y ver a mi amiga en cuatro me provocó volverla a penetrar mientras ella se devoraba a la otra chica. Hasta que la hizo llegar al orgasmo. Ella sabía que no era yo, mi barba se siente cuando doy esos ricos orales. Pero se lo disfrutó al máximo. Intercambiamos varias veces las posiciones para que todas disfrutaran… Fue fantástico.

La rubia era insaciable, buscaba que yo la partiera en dos. En un instante la puse en cuatro y liberé mis manos en sus nalgas azotandola cada vez más fuerte, sus pequeñas nalguitas estaban rojas ya, podía ver hasta unos puntitos rojos de sangre, y aún así ella pedía más y más. Sus caderas se movían con tal agilidad que sentía que en cualquier momento no aguantaría más y tendría que dejar salir todo. Así que cambie de posición para darme un leve descanso. La voltee y subí sus piernas a mis hombros, la tomé por las caderas y empecé a embestirla hasta el punto de sentir que no le cabía toda mi erección, el dolor hacia acto de presencia. Ya hasta lo decía: “Me duele, me estas matando, me dueleeeee…” decía apretando las sábanas y mordiéndose los labios. Pero seguía diciendo entre dientes: “No pares coño, no pares hijo de puta”. Le di con todo… Mi sudor caía a chorros de mi frente cayendo en tu pecho. “Aguanta perra, ¿eso es todo lo que aguantas tu?” le dijo otra de las chicas que se acercó a ella. Motivando a la otra también a decirle cosas sucias al otro oído. Nada más excitante que escuchar a varias mujeres motivándose y hablándose sucio entre ellas. La rubia explotó a chorros mojándome todo. Quedó con varios espasmos en el cuerpo y las chicas empezaron a besarla y acariciarla alargando más ese “sufrimiento”. Yo estaba a punto de explotar con solo verlas haciendo eso. Necesitaba explotar… Así que tomé a la morena y le pedí que me montara. Me acosté y se subió encima de mi y empezó a mover sus caderas mientras yo le agarraba las nalgas siguiendo sus movimientos. No dejaba de verla a los ojos y besarla con mordidas y chasquidos. Mi amiga me pidió que le avisara cuando fuera a eyacular para devorarse mi leche. Y eso hizo, cuando estaba por explotar me sacó la verga y la hizo explotar en su boca y siguió lamiendo las nalgas de la morena haciéndole un rico oral mientras yo me disfrutaba el orgasmo besándome de lengua con ella. Ha sido lo más rico y fascinante que había experimentado jamás. ? ¿Lo han hecho? ?

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Mi nueva sumisa…

¿Donde empieza la historia? En unas elegantes instalaciones de un prestigioso hotel de Caracas. Hace unos días atrás fui contactado por una hermosa dama quien confesaba ser mi mayor admiradora. Llevaba mucho siguiéndome los pasos por mis redes y disfrutaba de cada una de mis letras y audios relatos. Su primera pregunta fue: “¿Son reales tus historias? Porque te confieso que las siento mías casi todas cada noche cuando las leo. ¿Como haces para conectarte con mi mente y adivinar casi siempre lo que pienso? Y hasta lo que siento a veces…” Yo simplemente la miré a los ojos y sonreí. Y le dije:“ Simple, no soy lo que lees… Soy lo que sientes al leerme. Además, ¿Qué separa la realidad de la fantasía? ¿El pecado de la tentación? ¿La lujuria del deseo? ¿O la perversión de la pasión? El dolor del placer… Más simple aún… Tus miedos. Nacimos en un mundo donde el miedo tiene el poder, el que genera miedo obtiene el poder y por ende, tu me tienes miedo. Pero estas dispuesta a descubrir la única salida… ¿Cómo huyes de la tentación? Cayendo en ella… ¿Cuando vences los miedos? Cuando los enfrentas… Y por eso estas aquí ¿A que le temes?

Ella respondió: “Le temo a la rutina, le temo a no sentirme viva, le temo al rechazo a veces quizás. Le temo a la soledad, le tengo miedo a mis demonios cuando los libero a mentes tan pervertidas como la tuya” dijo sonriendo casi a carcajadas. Su ansiedad se notaba en sus manos. Bebía agua después de cada oración expresada. Miraba hacia todas partes como si temiera ser descubierta hablando conmigo en aquel lugar. Fui claro y preciso después de un rato de conversación divertido y ameno, después que la sentí relajada y en confianza. “¿Que deseas de mi?” le pregunté mirándola a los ojos fijamente. Sus ojos se llenaron de fuego y se después de pensarlo unos segundos y con una sonrisa pícara en su boca me respondió: “Quiero liberar demonios y necesito tu ayuda”. ¿Díganme si no me sentí como un super héroe? Lo único que a Batman no le piden ayuda así, pero se sintió rico y emocionante. Me confesó que necesitaba adrenalina en su vida sexual y que necesitaba de “mis servicios”, no pude dejar de preguntarle ¿cuales? Y decirle ¿necesitas un logo? Con mi mejor sonrisa. Ella me responde riendo: “¡No! Tonto… No te hagas el loco, sabes muy bien a que me refiero”. Así que desabotonó su blusa dejando ver su brasier y sus senos, los acomodó casi que apretándolos mientras sonreía nuevamente con picardía. Me dijo con voz firme y segura: “Tengo reservada una habitación aquí, te dejaré la tarjeta para que entres y salgas cuando quieras durante estos días. Yo tengo que cubrir algunos asuntos de mi trabajo y estaré muy stresada. Así que quiero que al llegar tu te encargues de hacerme olvidar todas mis preocupaciones y liberes mis tensiones ¿es mucho pedir? No lo creo. Eso sí, te dije que quiero adrenalina ¿Cierto? Así que… Destácate, sorpréndeme, demuéstrame porque dices ser #ElDueño.

¿Qué puedo hacer? Una mujer como ella, después de aquella larga conversación cargada de picardía, seducción y dominio hay que dejarla sin aliento. Pero no basta con solo darle placer físico, mujeres como ella buscan algo más. Su punto G está en su cabeza… Así que me tengo que poner muy creativo para poder cumplir con sus espectativas. Tengo luz verde para hacer lo que yo quiera. Bueno, confieso que primero comí, mi mente trabaja mejor con la barriga llena. No hay mayor placer que comer en un buen restaurante y pensar en que hacer para complacer las fantasías de una mujer. ¿Que necesito? Música de ambiente… Nada más divino que hacer el amor con buena música de fondo. Quizás algo de gran contenido erótico tipo Sade o The Weeknd. La música te conecta con el momento, el ritmo de cada instrumento, que te eleva y te mueve. Donde tus caderas se mueven al compás de la música, tu cuerpo se libera y se siente listo para ser poseído. Donde tus gemidos y tus gritos sean el coro de la canción. Donde mis susurros sean parte de la letra y mis quejidos sean la melodía que te enciende. Ahora el aroma… Un ambientador con vainilla, aunque que mejor que un perfume Carolina Herrera, Paco Rabanne o París Hilton, mezclado con las feromonas de mi piel activas para dar placer a su olfato. Y que cada vez que sienta ese aroma me recuerde y suspire acompañado de una sonrisa de maldad, añorando que vuelva a suceder aquel momento… Continúa (en Gran Meliá Caracas)

Los sabores, los sabores son importantes a la hora del sexo. Eso sí, debemos taparle los ojos antes para que se esfuerce un poquito en saborear y adivine lo que prueba su boca. Soy amante del dulce, del picante y los cítricos, me encanta el chocolate por su aroma, sabor y textura. Me encanta el ceviche con mango y esa explosión de sabores que se genera. Unas fresas frías cubiertas de chocolate o un brownie bien caliente con helado y un toque de pimienta ¿no lo han probado? Jummm… No saben de lo que se pierden. El tacto y la vista, son los sentidos que más desarrollamos pero que al mismo tiempo sobre valoramos. Tocar es un arte tanto como ver y dejarse ver… A mi me encanta tocar primero, explorar la piel, la sensibilidad, esos rincones mágicos que hacen perder la razón a una mujer. Esos besos que das por el cuello y la espalda que te erizan la piel. Esas palabras sucias susurrantes al oído diciendo todo lo que quieres hacer: “Esta noche serás mía por completo, sin límites ni tabúes, quiero que no solo me entregues tu cuerpo, o tus ganas, quiero todo tu deseo y perversiones, tu lujuria, tus gritos y gemidos, tus suspiros y sonrisas. Quiero sentir tus manos acariciándome y por que no clavándome las uñas en la espalda o en mis nalgas. Quiero que me aprietes a tu cuerpo y me muerdas los labios al besarme, quiero que desabroches mi pantalón y tu misma me liberes, que lo toques, lo acaricies, lo aprietes y en un impulso te tires de rodillas y lo metas a tu boca sin mediar palabras. Lo saborees y lo degustes como si se tratara de un dulce o un helado. Quiero sentir como tu lengua juega de arriba a abajo y tus labios chasquean cada vez que lo chupas. Eso sí… No dejes de mirarme. Que tus ojos llenos de fuego se claven en los míos y me hables a través de ellos. Dime que eres mía, que eres mi hembra, mi puta, mi zorra. Quiero ver como lloran tus ojos y caen tus lágrimas cada vez que tratas de llevarlo hasta tu garganta. Quiero que me pidas que te haga mía… Que sea un total pervertido pero elegante contigo. Sé que no nos conocemos, que ni mi nombre te sabes… Pero esta noche… Te lo haré gritar tanto… Que al despertar al día siguiente suspirarás al recordarlo…

Ella llegó cayendo la noche, me avisó con un mensaje de WhatsApp mostrándome lo linda que había quedado después de haberse maquillado, mostrándome sus labios brillando y lanzándome un beso. Con un texto que decía: “Estoy lista para comerte a besos”. Ya ahí te das cuenta que tiene un lado tierno. ¿Nervios? Si, volver a verla frente a frente y a los ojos a esta mujer me hacía tragar grueso. Para mí, todo está en la mirada. Más allá de que bese rico, si te mira más rico aún te sentirás en la gloria. Allí se forma la conexión con mi ser. Sumado a esto su tono de voz y la seguridad con la que me habla y lo más importante… Su sentido del humor. Una mujer que sea capaz de hacerme reír merecerá hacerla gemir por horas. Y te advierto que si te hago gemir a ese nivel terminarás riendo después de cada orgasmo sin razón alguna, aun averiguo por qué les pasa eso a algunas mujeres que han estado conmigo. ¿Felicidad? ¿Emoción? ¿Éxtasis pleno? No lo sé, pero es muy gratificante verlas tan felices, algunas hasta lágrimas de alegría se les salen. Sobre todo después de un rico sexo oral, donde mi lengua y mis labios hacen un excelente trabajo. Es mi placer favorito, hay mujeres que tienen un sabor y olor adictivo que te provoca estar allí lamiendo, chupando y saboreando con tantas ganas, sumado a unos profundos suspiros, gemidos y palabras entrecortadas que logran salir de sus labios. Sus manos aferradas a las sábanas o algunas veces en tu cabello controlando tus movimientos o la profundidad de tu lengua dentro de ella. Rozar mi barba levemente por su entrepierna, seguido de mi lengua y quizás algún lubricante con esencia caliente entre sus piernas es explosivo cuando ya están al borde del orgasmo mis dedos entran a cumplir su papel. Y en muchas ocasiones acompañado de algunas palabras claves… Puedo hacerlas sentir el más divino orgasmo que les hayan dado, algunas logran descubrir por primera vez un ‘squirt’. Disfrutar de sus caras de placer es indescriptible, algunas quedan con contracciones en el cuerpo que se retuercen y tiemblan, otras no se mueven… Pero se tapan la boca y tratan de impedir que ese grito salga ¿por qué? ¿A ustedes les gusta gritar al llegar al orgasmo?

-Fue inevitable no robarte aquel beso justo cuando llegaste al restaurante del hotel. Tus ojos me gritaban que te besara y probara la humedad de tu boca, el calor de tus labios. Sentir como tu respiración se acelera y ver como tu cuerpo tiembla como pidiendo ser poseído por mis manos. Me acerco a tu oído y te confieso las ganas enorme que tengo de llevarte a la habitación donde podamos liberar nuestras ganas y deseos. Con solo escuchar mi voz tu piel se eriza y te muerdes los labios. Siento como me aprietas la manga de mi camisa como queriendo arrancarme la ropa. Mi mano de desliza lentamente entre tus piernas, por debajo de tu vestido. Me decías que no lo hiciera pero podía sentir como tus piernas se abrían para abrir paso a mis dedos y sentir como tu humedad brotaba por encima de tu ropa interior. Tu solo cerrabas los ojos y dejabas salir aquel suspiro. Hasta el punto que me empujaste la mano para sentirme más profundamente. Mis dedos te penetraron y pude sentir lo ardiente que estabas allá abajo. Me moría por tener mi boca allí y saborear tus jugos con mis labios y mi lengua. Que sientas mi barba rozarte suavemente hasta que me pidas que te haga mía. No podía esperar más. Te tome de la mano y te lleve conmigo a donde pudiéramos devorarnos. Esos besos en el ascensor fueron la llama que liberó mis demonios. Estabas muy nerviosa y ansiosa. Te pegue a la pared y empecé a besarte con pasión. Mis manos no dejaban de acariciar tus curvas. Solo me decías: “Estamos locos vale…” a lo que yo te respondía: “¿Y no era esto lo que tanto deseabas? ¿No querías tenerme así? Besándote… Tocándote… Desvistiéndote…” Te quité el vestido dejándote solo en ropa interior. Te ves tan sexy desnuda. Fue tan rico poder acariciar tus senos y poder lamerlos y besarlos. Apretarlos y ver como suspiraba profundamente. Abrir tus piernas y besarte entre ellas, lamer las mieles que brotan de tu excitación. Escucharte gemir. Ver como te aferras de las sábanas y me tomas del cabello apretándome contra ti para sentir mi lengua penetrarte con más fuerza. Mi lengua te volvía loca, mis labios te besan con ternura y pasión. Mis labios jugaron con tu clítoris hasta hacerte llegar al primer orgasmo…

– Te mantuve en la misma posición, no quería que cambiaras aún. De hecho empecé sin penetrarte, solo te rozaba. Acariciaba tus nalgas con mis manos y mi miembro trataba de penetrarte pero sin quitarte la ropa interior. Era un juego de deseo y provocación. Mis nalgadas no se hicieron esperar. Eran suaves al principio, pero firmes y terminaban en un apretón de nalgas casi que arañando tu piel. Me pedías que ya te lo metiera, que ya no aguantabas mas las ganas. Así que saqué mi corbata y te vendé los ojos y te dije: Quiero que solo sientas y disfrutes, no quiero que cambies de posición. Te quedaste tranquila esperando mi entrada. Te veía apretando las sábanas ansiosa. Cuando de pronto soltaste un profundo gemido. Lo sentías muy caliente dentro de ti, los movimientos eran suaves, lentos pero profundos e intensos. Pedías que aumentará la velocidad y la intensidad. Abrazaste la almohada y gritabas de placer. “¡GRITA PERRA!” te dije en varias ocasiones, obedecías fielmente. Me escuchabas dándote instrucciones: “Mueve ese culo, ¡vamos! Así… Que rico… Gime perra, gime…” Me encantaba verte temblar de placer. Pude escucharte decir casi sin aliento: “Me vengo, me vengo, que rico, me vengo de nuevo… Dame más duro, más duro mi Dueño… Siiiiiiiiiii Siiiiiiiiiii ¡Que rico me coges! Yaaaaaaaa… Para… Para… Para…“ Gritaste retorciéndote en la cama, sintiendo como tu cuerpo era invadido por un espasmo tras de otro. Apretabas las sábanas de la cama como queriendo arrancarlas, abrazaste la almohada y gritaste un par de malas palabras… Yo solo te miraba y pensaba… «Que rico es verlas disfrutar de esta manera”
¿Ya lo han vivido?

Tu boca es placer puro y sincero. Así como hablas de rico también lo eres disfrutando de un oral. Dibujabas con tu lengua y saliva la mejor obra de arte que podía imaginar. Ver como usabas tu lengua con tanta agilidad me motivaba a pensar y desear más cada segundo. Verte jugando con tu saliva y mi ser imponente ante tu rostro, acariciado por tus manos suaves y tu dulce lengua me hacia suspirar y pronunciar tu nombre… Yo solo deseaba atravesar tu garganta ¿Por qué será? Yo quería sentir esa boca lamiéndome todo, si asimismo… Todo. Esa boca tuya se lo había ganado. Era tan rico ver tu mano sujetando mi miembro y tu boca disfrutando con tu lengua de mis más reservados placeres. Si solo vieras la cara de pervertida que tenías. Pero yo deseaba ser más perverso aún, así que te pedí que te acostaras encima de mi pero haciendo una X con nuestros cuerpos. Dejándome a mi entera disposición tus nalgas, si… Ya sabes lo que iba a hacer. Adueñarme de tu dolor… Se que lo disfrutas, así que necesitaba urgentemente que lo vivieras con este Dom… En realidad el placer no está en hacer sentir dolor como algunos creen. El placer está en la mezcla de sensaciones y en la confusión de emociones que nos enseñaron desde niños. Antes era un castigo para ti llorar después de unas nalgadas. Ahora ese llanto tiene otro valor. ¿Cuántas nalgadas fueron?¿Recuerdas? No lo creo… Lo que debes recordar son los gemidos con cada impacto de mi mano sobre tus nalgas. Y esa sensación de desesperación esperando la siguiente nalgada y el no saber cuando llegará. Ver las marcas de mis dedos me calienta, sentir las chispas en las yemas de mis dedos me excita, escuchar la palmada y el quejido de tu voz me lleva al éxtasis puro. Tus ojos llenos de lágrimas me lleva a pensar… El dolor también causa placer y la obediencia aún más… Y tu fuiste muy obediente mi nueva sumisa…

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Año nuevo, vida nueva…

Primero de enero en la madrugada, todos felices por este nuevo año que comienza. Tu viniste a darme aquel abrazo de feliz año que duró más de la cuenta. Tus labios me hablaban al oído con intención de lamerme hasta el alma. El alcohol había hecho de las suyas ya. Podía sentir tus senos apretados en aquel vestido pegados a mi pecho y vaya que si provocaba apretarte esas nalguitas, pero me contuve por toda esa gente a nuestro alrededor. Pero sabía que ese instante era el inicio de una llama ardiente que se extendería. Ya que minutos después estábamos bailando y brincando con todos, celebrando y despidiendo el año viejo. Tu perfume me traía la mente alborotada. Es que hay aromas que huelen es a sexo y el tuyo era esa mezcla de Amor Amor con tu sudor que me alborotaba las feromonas. Me encantaba cuando me abrazabas y bailabas tan pegada a mi como si quisieras dormirte en mi regazo. ¿Cuántos años habían pasado sin vernos ya? En eso llega ese caballero diciendo: “No me la mallugues mucho” y te volteaste a ver quien era e inmediatamente te lanzaste a sus brazos besándolo con pasión. Allí claramente que era tu pareja. Él me saluda y se presenta solo diciendo su nombre y apellido. Tu terminas diciendo: “Conoce a mi esposo. ¿Por qué tardaste tanto?” – le dijo con voz regañona – “Venga para servirle un trago. Espéreme aquí, no se me vaya que tenemos que seguir bailando.” dijiste sonriéndome con picardía. El caballero se fue con ella tranquilo y relajado. Aunque yo no quedé tan tranquilo. También busqué mi trago y seguí socializando. No tardaste mucho en volver a llegar. Me tomaste de la mano y me llevaste de nuevo a bailar. No puedo negar que bailabas divino. Y que en varias ocasiones hacías que mi erección apareciera. Y lo disfrutabas, porque te pegabas más a mi, mientras yo trataba de que no lo notaras. Me pegabas tu espalda y tus nalgas buscaban alborotartme más. Todo esto sin llamar de más la atención. Recuerdo que nos tomamos un respiro, descansamos y conversamos un largo rato. Te fuiste a acompañar a tu marido y desde lo lejos me mirabas, te mordías los labios cuando me atrapaban tus ojos. ¿Que hacías? ¿Por qué lo hacías? Estabas jugando con fuego…

Nuestras miradas se cruzaban, mi deseo hacia ti se incrementa cada segundo. De pronto veo que le hablas al oído y él me mira. Yo desvío la mirada por un instante, como disimulando. Tú te vienes directo hacia mí nuevamente, pero esta vez como decidida. Me dijiste: “Vente, acompáñame a buscar unas botellas de vino y unas de ron”. Miré hacia donde estaba tu marido y el seguía allí hablando con otros conocidos. Caminamos hasta afuera y te montaste en tu auto, me pediste que me subiera, encendiste y nos fuimos. Mi corazón latía fuerte, mi mente empezó a volar cuando dijiste que iríamos a tu casa un momento a buscar unas botellas. Estábamos como a 10 minutos de allí, abriste el portón eléctrico, metiste el auto y cuando me disponía a bajarme me tomaste del brazo y me tomaste del cabello con tu otra mano. Me besaste profunda y apasionadamente. Te subiste encima de mi y dejaste tus senos al descubierto para que te los besara. Me dijiste: “Pensarás que soy una loca, pero tenía demasiadas ganas de hacer esto desde hace rato, pero tenía que pedir permiso a mi marido.” Mi sonrisa salió entre esos besos que nos estábamos dando con un “¿En serio?” Y tu sonriendo me dijiste: “¿Qué crees que le dije cuando le hablé al oído? Que quería cogerte y que fueras mi primer orgasmo del año. Así que espero no nos defraudes…”
Te bajaste del auto y me llevaste al mueble de la sala, allí te empezaste a desvestir, hasta quedar en solo ropa interior. Yo solo podía admirar tu figura y asimilar aquel instante. Te arrodillaste y abriste mi pantalón, dejando al descubierto mi erección ya un poco húmeda de tanto provocarla. Te la devoraste de inmediato, apretándome duro y llevándotela hasta la garganta una y otra vez. Yo no quería ni preguntar nada. Solo me disfrute aquel momento. De pronto sonó su teléfono. Mi adrenalina aumentó al ver que era una video llamada de tu marido. Y que solo me dijiste: “El solo quiere saber si estoy bien”- Y contestaste allí mismo, arrodillada, sin disimular nada. El hablaba como escondiéndose, escuché clarito cuando te dijo “Quiero verte” y empezaste a darme sexo oral frente a la cámara de tu celular, parecías actriz porno. Lo disfrutábamos mucho los tres…

Aquel encuentro inesperado me dejó sin palabras al ver como tu esposo pedía lo que quería ver a través del teléfono. Podía escucharlo diciéndote que lo hacías rico y que te veías muy divina. Te daba instrucciones como escupirlo, golpear tu cara y atragantarte. Y tu muy obediente cumplas todo al pie de la letra. Más que complacerme a mi, en realidad lo complacías a él. Yo solo era el juguete que usaron ambos para disfrutar de sus perversiones. ¿Me dejas cogermelo papi? – le preguntaste en plena llamada. Y te dijo que no, que solo podías hacerme sexo oral, que para poder cogernos yo debía pedirle permiso a él personalmente. ¿Que locura es ésta? Pensé. Nunca había llegado a ese nivel de complicidad. ¿Pero que podía perder? Ya estaba en el ojo del huracán y mis ganas por devorarte estaban al máximo nivel. De pronto escuché… Espérame allí. Colgó la llamada y tu simplemente sonreíste y dijiste: “Creo que sintió celos por primera vez. No es la primera vez que hacemos esto. Es uno de nuestros juegos de rol favorito. Nos enciende la pasión. No te asustes, solo te advierto que no te alarmes por la manera que me va a tratar cuando pase por esa puerta. Yo soy su hembra y debo obedecerlo. Y tu… Eres mi antojo. Y para poder dármelo debo pagar las consecuencias que esto trae. Solo te pido que me cojas duro, hazme gritar, haz que valga la pena el castigo.” Confieso que quedé sin palabras después de eso. Siento que hasta la erección se me pasó.

Nunca había vivido una complicidad tan abierta como la tuya. Me sentí fuera de foco, no sabía que hacer. Cuando escuché que estacionaba su auto me puse más tenso. Él entró y sin mediar palabra alguna se puso frente a ti y tu te arrodillaste levantando tus manos como dándole una ofrenda.
“¿Qué tanto deseas a este tipo? – te dijo mirándome con algo de rabia y señalandome. Mis nervios empezaron a elevarse y te juro que me asusté. Y más cuando le dijiste sin levantar la mirada: – Mi señor, él es solo un amigo desde hace muchos años y mi cuerpo lo desea. Te pido me permitas disfrutar de él bajo tu permiso.” Yo no sabía ni que hacer. Él sólo me miró fijamente, pensé que me golpearía. Cuando me dijo: “¿La deseas aún?” no sabía que responder, solo pude susurrar: “Es una mujer muy hermosa” y él nos miró a ambos, sus ojos estaban llenos de fuego, celos y rabia. Te juro que ya no me excitaba aquella escena. Ya me daba miedo.
-Dime algo… ¿Haz amado a alguien alguna vez? – me dijo mientras acariciaba a su esposa de forma un poco tosca.
¿Qué haz hecho por amor? ¿Haz complacido a una mujer hasta tus propios límites? ¿Le conoces todas las perversiones, deseos y fantasías?
De pronto te agarró por el cabello te puso frente a mi, te pidió que te pusieras en cuatro y empezó a azotarte las nalgas.
-!Míralo! Hazle saber a este hombre con tus ojos lo mucho que lo deseas.
Las nalgadas cada vez eras más y más fuertes. Tu me mirabas y me decías solo moviendo los labios “Tranquilo, estoy bien”. Pero aquellos castigos parecían que te harían hacer doblegar en cualquier instante. Tu solo cerrabas los ojos y parecías disfrutarlo enormemente. Hasta gritaste: ¡Dame más duro! Lo deseo dentro de mi amo, casi con lágrimas en los ojos. Él se detuvo. Su frente estaba sudada y las gotas caían por su cuello mojando su camisa. Yo solo observaba sorprendido. Ustedes empezaron a besarse con tanta pasión, que sentí ese amor que él te tenía. Se susurraron unas cosas al oído y te levantaste, caminaste hacia mi, tomaste mis manos y las llevaste a tus nalgas para que las acariciara y pudiera ver como habían quedado.
¿Puedes darme más castigo? Me preguntaste frente él.

Sentí que el tiempo se detuvo. Mis manos te empezaron a acariciar y sentía las marcas en tus nalgas. Podía ver algunos puntitos rojos de sangre. Me mirabas a los ojos y empezaste a quitarme la camisa. Él allí inmóvil mirándonos, yo algo confundido al principio. Me quitaste el pantalón y te dedicaste con tus labios a recuperar aquella erección que tan solo unos minutos antes estaba en tu boca. Me pediste susurrando que no lo mirara. Empecé a ignorar su presencia y me concentré en ti. Verte acariciar mi firmeza y rozándola contra tu cara y mirar como saboreabas mi humedad que empezaba a aparecer nuevamente me encantaba. Lo escupías y lamias una y otra vez con cara de pervertida. Sentir como lo llevabas hasta el fondo de tu garganta y te hacía toser y llorar pero no dejabas de disfrutarlo me calentó muchísimo. Llevaste mi erección al clímax. Sacaste un condón me lo pusiste con la boca y me dijiste: “Parteme el culo, que mi vagina es solo de él” y te pusiste en cuatro mirándolo de frente. Tomaste el lubricante y tu misma me preparaste el terreno. Ver tus caderas en posición de guerra, y mirar tu agujero dilatarse pidiendo ser penetrado fue la gloria. Él quería verte disfrutar, tu también lo deseabas y yo… Yo quería comerte desde hace 15 años atrás y ahora era el momento. Mientras iba entrando en tu cuerpo y tus gemidos aparecían mis manos se sumaron al encuentro con nalgadas fuertes y violentas. Tu movías tus caderas contra mí cada vez más fuerte. Una de tus manos me acariciaba las gemelas y te masturbabas el clítoris. Podía escuchar tu humedad chasquear con tus dedos y con el choque de tus nalgas con mi pelvis. Un orgasmo hizo presencia, y tus espasmos y contracciones pusieron tu cuerpo a temblar. Gritabas y gemías. Me pedías más volteando a verme… ¡Duro, dame más duro! ¡Partemelo! Y en eso un squirt hizo presencia mojando todo el piso. Fueron como cinco chorros de placer continuos hasta que tu hombre se acercó… Se la sacó y te la metió en la boca. Tu seguías moviéndote, esta vez disfrutando de dos hombres. Yo ni lo miraba, en un par de minutos él ya estaba acabando en tu boca. Te separaste de mi solo para disfrutar de su semen con tus labios y lengua… 

Verte disfrutar del néctar de tu hombre y ver como chorreaba por tus labios, como lo saboreabas mirándolo solo a él. Con sólo ver tu cara de placer y perversión me excitaba. Disfrutaste cada centímetro de su miembro con tu lengua y tus labios carnosos, él también quedó complacido. Aunque me asusté por un segundo cuando te dio esa cachetada y te dijo: “Ve por más…” volteaste hacia mi cual fiera salvaje, me masturbabas y dabas lamidas a mis gemelas y me pedías que acabara para ti. “Dame tu leche, la necesito, acaba en mi boca” decías con desespero mientras lamias mi ano mientras tus manos mágicas me tocaban con tal tacto que sentía que me harías explotar en cualquier momento… – ¡Dame tu leche puto de mierda! – Me dijiste con lujuria en tus ojos y voz con desespero. Me activaste mi lado oscuro y te agarré por el cabello y mientras me lo mamabas golpeaba tus mejillas con las yemas de mis dedos. Cuando agarrabas aire golpeaba tu cara con mi erección y tu misma saliva la esparcía por tu rostro endemoniado. Me abriste las piernas y después de un rico beso negro te atragantaste con mi miembro, brotando tanta saliva y lágrimas que con solo ver esa cara te dije… ¡Hay viene! Y sin poder hacer nada para evitarlo tus manos mágicas me hicieron explotar en tu boca, mientras uno de tus dedos me fornicaba. Tu mirada de sadomasoquista frente a la mía de perversión se mezclaron en un orgasmo de otra galaxia. Te saboreabas mi néctar cual miel dulce. Algunas gotas cayeron en tus senos y jugabas apretando tus pezones y sonriendo con gran satisfacción. En eso lo miraste a él y le dijiste: “Mi amo y señor, aun no estoy complacida. Le pido me complazca junto a mi invitado de una doble penetración. ¿Me lo merezco? Él se acercó a ti, te beso y te tomó de la mano, llevándote a la habitación principal… Tu sonreíste y me hiciste seña de que los siguiera. ¿Que locura es ésta? ¿Me llevarán a su cuarto? Pensé… Pero sonriendo también me fui con ustedes… Un afamado Trío HMH ? ? ?

Los seguí hasta la habitación y ustedes se besaban cual novios de secundaria. El se tiro en la cama, tu encima de él e inmediatamente pude ver como te penetraba y te dominaba por las caderas. Yo solo podía verlos gozándose uno al otro. Ver tus nalgas rebotar mientras él te las apretaba y las nalgueaba con fuerza. Te agarraba por el cabello, te mordía los senos, los labios, tu lo cacheteabas. Era un juego de dominio. Pasado unos diez minutos dejaste de moverte, te abriste las nalgas y me volteaste a ver. ¡Ven que te quiero aquí! Gritaste mientras untabas de nuevo lubricante mezclado con tu humedad. Me acerque y empecé a penetrarte lentamente. Luego de varias embestidas tomaste el control. Tus movimientos sincronizados, tu dilatación y apretada de ano me hacia sentir que volvería a explotar. Tenías todo el poder de ambos entre tus piernas.
¡Nalgueame duro! ¡Azotame! ¡Que rico se siente ésto! ¡Dame más! ¡Dame duro! Así, así, así, no paren, que divino, que perra soy, dale, dame más fuerte, parteme el culo. Que ricooooooó se siente. Me vengo, me vengo, me vengo, ufff, coño. ¡Muérdeme! ¡Muérdeme! ¡Muérdeme la espalda! Duro, duro, muchas veces, si, así, ¡Muérdeme más! Gritabas mientras tu hombre te mordía los pezones y te besaba. Mis manos me ardían de tantas nalgadas que te di esa noche. Creo que mis dientes quedaron marcados en tu espalda unas treinta veces. Tu orgasmo fue explosivo, nuevamente acompañado de un squirt. Tus uñas estaban bien clavadas en el pecho de tu marido, casi brotaba la sangre de la profundidad del aruño. Ambos disfrutaban del Sado Masoquismo. Quedamos exhaustos. Aunque te confieso algo. Temí por un momento que me amarraran y me azotaran a mi. Pero esa misma adrenalina me mantuvo allí… Disfrutando de esta locura. Me dijiste: “Eso también nos gusta, pero es muy íntimo nuestro, no lo hacemos con invitados. Sólo él y yo. Es demasiado rico. Deberías probar algún día con tu propia sumisa.” allí sonreí y preferí callar, hacerme el novato. Hace mucho que ya no practico el BDSM como estilo de vida. Pero no sería malo revivirlo…