Noche de tragos…

Me encanta la complicidad que hay entre tu y yo. Me encanta cuando nuestras perversiones se unen y se vuelven cómplices de la locura y el placer. Y sin importarnos nada nos complacemos y disfrutamos siempre juntos. Teníamos mucho tiempo sin tener un encuentro que acelerará nuestros corazones. Resaltando que no se trata de amor ni nada de esos sentimientos peligrosos, que solo complican las relaciones. Cuando a nosotros se nos acelera el corazón es por la adrenalina y la pasión desenfrenada que nos hacemos sentir. Este último encuentro no fue la excepción, nada más emocionante que después de un día estresante irnos a beber unos tragos. Recuerdo que hablábamos de algunos negocios que teníamos en mente, un vino tinto preparado con fruta tipo sangría y musiquita de fondo de los 90. Después de bailar varias piezas en la pista y haber regresado a nuestra barra, observamos una hermosa chica que estaba sola casi a nuestro lado. Una mujer blanca de cabello algo rojizo, ojos grandes, labios finos y provocativos. Una blusa con transparencias en negro que dejaba ver un par de tentadores senos. Una cadenita de oro con una virgen sin identificar aún. Unas caderas grandes que dejaban a mi imaginación unas nalgas igualmente provocativas. Me hiciste señas como preguntándome si me interesaba, tu conoces muy bien mis gustos, sabes que mi sonrisa y mi ceja levantada lo 🎲 todo. Imaginábamos que esperaba a alguien, pero… ¿Y si estaba sola? ¿Será que la invitamos?

Nuestra complicidad es tan importante como nuestra comunicación. Nuestras fantasías, perversiones y deseos deben ser compartidos, expuestos, declarados. No tiene sentido andar con secretos, penas o silencios. ¿Cómo saber si nos gustan las mismas cosas… O las mismas personas? 😈 Ver como desnudabas con tu mirada a esa mujer esa noche, me ponía casa vez más caliente. Tus ojos claros me dejaban ver tu pupila dilatada, verte morder los labios y acomodarte el escote cada 40 segundos me hacían sentir que hablabas con ella mediante lenguaje no verbal. “¿Dime si no está divina esa caraja?” me preguntaste con intención de que me volteara a verla de nuevo. Solo moví mis cejas y sonreí. Sabes que cuando ando contigo no suelo ser el cazador furtivo. Me levanté y me fui un instante al baño, necesitaba dejarte sola para que rompieras el hielo. Yo entré al baño de caballeros, me lavé la cara, revisé el teléfono, dándote tiempo suficiente para te acercaras a ella. Solo se que cuando regrese estabas hablando como si se tratara de tu mejor amiga. Tienes un encanto tan particular para hacer amistades que hasta reduje el paso para verlas a ambas a lo lejos. Había química, ambas son mujeres muy atractivas, sensuales, seguras de sí mismas. Esta vez era yo quien las desnudaba lentamente con la mirada. Deseando tener esos provocativos senos de ambas entre mi cara mientras ustedes se divertían. Llegué y pidiendo permiso me la presentaste. Aún recuerdo su sonrisa dulce y carismática, ese perfume de niña buena y ese acento en su voz que me dejaba claro que no era de esta ciudad. Era aparentemente todo lo contrario a ti. Tú traías un perfume que alborotaba mis feromonas, y aunque no traías transparencias, tus senos se resaltaban muy bien con esa blusa. Sentarme en el medio de dos bellezas me predecía que la noche sería muy divertida. Bailamos, bebimos, conversamos y nos reímos. Pedí una ronda de tequila, pero solo para ustedes dos, quería que se sintieran más desinhibidas. Después de varios tragos y siendo solo las 10:00 pm quedaba mucho por disfrutar. Así que… ¡¡A bailar!!

Primero bailamos tu y yo. Podía disfrutar de tu perfume mezclado con tu sudor. Sentir tu cuerpo pegado al mío, rozándome. Sintiendo como tus senos se pegaban a mi pecho y tu rostro me respiraba tan cerca. Pude ver como ella nos miraba con tanta picardía en su rostro. Luego la invitaste a bailar conmigo. Me dejaste en sus brazos. Ella se aferró a mí y pude sentir en el primer giro bailando, que es de las que lleva el control. Dominante en el baile, dominante en la cama. Así pienso yo. Sus senos firmes y duros los sentía rozándome cada vez que podía. Me miraba con deseo. Deseaba saber que había en su cabeza. Por un momento mi erección fue inevitable, ese roce de piel y tu mirada pervertida como si desearás que me la comiera frente de ti me encendía cada segundo. En un instante te acercaste a mi espalda y sin separarnos bailamos los tres juntos por un instante. Volteaste mi cara con tus suaves manos, me besaste. Mi erección quería salir de mi pantalón, ella lo noto inmediatamente. La miré y sin mediar palabras nos besamos. Y mientras la besaba me empezaste a hablar sucio al oído. Nos decías: “Pero que rico se besan… ¡Cuéntame! ¿Como besa? A lo que ella respondió: ¡Venga y le muestro mamita! 😱¡Y te besó! Allí casi frente a todo el mundo, pero al mirar alrededor, nadie nos miraba en realidad. Esto apenas empezaba. Los juegos de seducción y provocación daban inicio. Los bailes eróticos, las miradas, las caricias entre tres almas pervertidas daban un paso para que esta noche fuese inolvidable. Aún recuerdo ese juego de acariciarse los senos cada una con sus manos y verlas luego tocarse entre ustedes mientras me miraban con picardía. Había una conexión increíble que me hacía volar la imaginación. Por un instante sentí tu mano en mi entrepierna para verificar mi estado y susurraste a mi oído… “Quiero verte cogiendo con ella, lo deseo. Vamos a llevárnosla a un hotel… Ya!” 🔥Mi corazón latía muy fuerte, y más cuando le dijiste algo al oído que me imagino que fue la invitación. Ella me miró a los ojos y dijo: “Para luego es tarde, pídame otra ronda de tequila para agarrar calorcito, que esta noche quiero sexo salvaje y ya se quienes me lo van a dar…”

Las tequilas llegaron. Una a una se las bebieron. Sal… Shot… Limón y un beso apasionado que me decía “Sácame de aquí o te cojo aquí mismo” y se que serían capaces. Cuando estábamos a punto de irnos llegó un amigo, (esos que tardan horas en saludar y horas en despedirse.) Pero gran amigo al fin. Que al verme salir acompañado de dos hermosas mujeres no pudo ser más imprudente y decirme: “¿Hermanito lo veo abollado, vas a necesitar ayuda? ¿Ya te vas?” A lo que respondió nuestra amiga: “Que lastima papito, pero llegó tarde ya nosotras nos tenemos que ir a dormir, mañana trabajamos, sino con todo gusto nos quedamos un rato más.” Me tomó de la mano y me susurró al oído: “Quiero que me cojas ¿Nos vamos o se va a quedar con su amigo? Sino me presta a su amiga y usted se llega luego…” ¿Como negarme a irme ya? Tuve que mentir… “Ya vengo, las llevo y regreso” se que no me creyó, tu estas clara. Pero era necesario salir de allí inmediatamente. Sentía que mi cuerpo me lo pedía a gritos y tu cara de “Vámonos ya” se te notaba. Cuando nos subimos al auto y arrancamos rumbo al hotel y empezaron con sus juegos de provocación sentí que no llegaría a la habitación. Tu empezaste a meterme mano y desabrochaste mi pantalón. Me masturbabas mientras yo trataba de manejar sin perder el control. Nuestra amiga solo me hablaba y me tocaba el pecho con sus manos desde el asiento de atrás. Llegamos al Dallas Suites y tomamos una de sus suites temáticas. Apenas había estacionado y me baje para cerrar el portón eléctrico y sentí como se lanzaron contra mi. Eran dos fieras salvajes listas para devorar a su presa. Nos besábamos sin control podía sentir tu mano entrando en mi pantalón y queriendo liberarlo antes de llegar a la cama. Nuestra amiga se quito la blusa y nos dejó ver aquel esplendor en su pecho. No tardaste en hacer lo mismo. Nos desnudamos y se fueron a la cama mientras yo dejaba llenando el jacuzzi. Verlas tocándose mientras me miraban con deseo. “¿Quieres tocarla como yo?” me preguntaste mientras apretabas esos redondos senos abrazándola desde su espalda y ambas me miraban invitándome a disfrutar. “Venga papito, únase a nosotras púes ¿O prefiere vernos a nosotras sólitas jugando? 

Nos dirigimos rápidamente a esta maravillosa habitación. La cama nos esperaba para disfrutar de un rico encuentro. Los besos y las caricias dominaban la escena, sentir la humedad en cada una de ustedes me llenaba el ego lo suficiente para sentirme afortunado de tener dos mujeres hermosas en la misma cama. Empecé contigo, sabes lo fanático que soy de hacerte sexo oral. Disfrutar de tu humedad y escucharte gemir era suficiente para mí. Sentir como nuestra amiga acariciaba mi cabello mientras estaba sumergido entre tus piernas y escucharla hablándome mientras mi lengua y mis labios te daban placer hacia que me incentivará más. “Hazla gemir duro papito” me decía mirándome a los ojos y sonriéndote cuando lograba que yo lo hiciera. Era placentero complacer sus peticiones y darte placer al mismo tiempo. Ella de pronto me apartó y me enseñó como hacerlo, metió levemente sus dedos en ti y con su boca y lengua estímulo tu punto de placer. Yo me acerque a tus senos y empecé a lamerlos y morderlos suavemente. Tus quejidos empezaron a salir de tu boca sin control. Tuve que besarte, morder tus labios hasta que ya no aguantaste más, un orgasmos se adueñó de ti y sin poder hacer nada, ya que te tomé fuertemente de los brazos, ella te hizo llegar al más rico squirt. Yo te miraba a los ojos, te decía: “¿Esto es lo que querías mi hembra? ¡Ahora te toca sentirme a mi!

Me acosté y te subiste sobre mi, nos besamos como si se tratara de dos enamorados. La pasión y el deseo se consumían con cada beso, sentir como iba entrando en tu cuerpo y sintiendo tu calor y humedad me hacia ponerme más firme cada segundo. Mis manos se apoderaban de tus caderas, así podía controlar tus movimientos. Nuestra amiga se unió al encuentro cuando sentí que sus manos acariciaban allá abajo donde se unían tu cuerpo y el mío. Por instantes lo tomaba, lo sacaba, lo besaba y lamia, lo volvía a introducir en ti. Pude sentir por un instante como ella metía su mano dentro de ti pero sin sacar esta vez mi firmeza, podía sentir sus dedos deslizarse dentro de ti y rozándome a mi al mismo tiempo. Nunca había sentido algo así. Nosotros nos mordíamos los labios, nos alabamos el cabello. Nuestra piel empezaba a pedir un poco de dolor… Mis manos empezaron a darte azotes en las nalgas, te apretaba con fuerza con cada embestida. Mis gemidos empezaban a salir como gruñidos, mi lado salvaje se salía de mi. Quería azotarte con fuerza, hacerte gritar, dejar mis manos marcadas en tu piel. ¿Te acuerdas? Liberé esa perversión en nuestra invitada…

Nuestra invitada tiene carita de niña buena, pero su alma estaba llena de perversión pura. Me besó con actitud de mujer dominante, lujuriosa y muy sensual. Esos besos que provoca quedarse horas disfrutando de unos ricos labios. Sin esperarlo mucho se subió encima de mi, me abrazó y empezó a moverse de arriba a abajo, suave, lentamente, disfrutaba cada centímetro de mi. Disfrutaba cada beso con sumo placer. Tu solo nos observabas, la dejaste adueñarse de mi. Yo estaba rendido ante su poder. Apretar sus senos, besarlos, morderlos, me daba mucho placer. Sentirme dentro de ella, poder tocarla a mi gusto. Una total desconocida que me encantó con solo verla. De pronto ella gimió casi gritándote: “¡Perra! ¿Qué haces?” estabas lamiendo el medio de sus piernas mientras ella seguía sobre mí. Ella volteó a verte y tu metías tus dedos dentro de ella está vez. No lo habías hecho antes y querías experimentar, quería hacerle lo mismo que ella te hizo. Con la diferencia que esta vez tu empezaste a estimular su ano con tu boca y tus dedos. Ella se reía, gemía más fuerte, te hablaba sucio, tenían una conexión divina. “¡Vamos mi Dueño, dale más duro! ¡Hagamos que grite esta perra!” Dijiste con voz imponente mientras tus dedos estaban penetrándola y yo seguía aferrado a sus caderas y a su boca. “¡Me están matando malparidos!” Gritó nuestra juguetona amiga mientras temblaban sus piernas y la humedad fluía por ellas… Somos unos pervertidos conectados por la lujuria, el deseo y el placer. Tres cuerpos que se devoran sin límites, dispuestos a todo… Y pensar que esto apenas comienza… 

Ella me besaba muy rico y apasionadamente, yo no dejaba de mirarla por algunos instantes. Su mirada era profunda y llena de fuego. mi erección se fortalecía cuando lograba conectar mi mirada con ella. Ella se mordía los labios cada vez que sentía mis manos apretar sus nalgas para empujarla contra mi. Podía sentir su humedad cayendo a chorros sobre mi pelvis. Tu por un instante te quedaste solo viéndonos coger, nos mirabas disfrutando cada caricia, cada beso, cada embestida. Nos hablabas suave, nos decías que hacer, nos guiabas con tus manos, con tu voz. En algunos instantes la agarrabas por el cabello y le robabas unos besos, en otros me los dabas a mi. Era una locura llena de lujuria y placer sin limites. De pronto la detuviste, te subiste sobre mi cara para darte sexo oral mientras quedabas frente a frente a ella. Solo pude escuchar como sonreían y se movían en un triangulo muy perverso. Tu enorme culo me lo podía disfrutar junto a los jugos de tu sexo. Ella se movía tan rico que ya no creía poder seguir aguantando, así que les di la señal. Ambas se bajaron y se fueron a jugar con mi erección con sus temibles bocas. Un intercambio de fluidos y manos masturbándome que me harían explotar en pocos segundos. Mirarlas a los ojos de las dos intercaladamente, verlas besándose y besándomelo al mismo tiempo con cara de lujuria insaciable. Ella de pronto se subió en mi haciendo un 69 y no me dejaba verte, solo sentir sus bocas, sus manos y aquellas voces que me pedían que acabara en sus bocas. Fue imposible aguantar mas, apreté sus nalgas y metí mi boca y nariz en su sexo mientras explotaba en sus bocas que me lamían y chupaban sin parar. Pude sentir tu lengua lamer mi ano, se que eras tu. Se lo mucho que lo disfrutas. Ella seguía en una garganta profunda y acariciaba mis gemelas. Pude escuchar como tosía cuando casi se ahogaba con cada arcada. Ustedes eran la mezcla perfecta de perversión y placer que necesitaba mi cuerpo. Ella tuvo otro orgasmo mientras mis labios y lengua la estimulaban, tu te acercaste a mi lado, ella se bajo un poco y me besaste con un poco de mi propio semen en tu boca, lo mezclaste en un beso con lengua con la humedad de ella que aun seguía en mis labios. ¡Wao! ¿Podría existir algo mas placentero? Si… ella tambien se unió a ese beso y entre los tres nos estuvimos besando hasta quedarnos dormidos en aquella cama de hotel, esperando reunir fuerzas nuevamente quizás para devorarnos de nuevo. ¿Ustedes que creen? ¿Repetimos?

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