relato erótico

Y le fui infiel…

Ella es una mujer que se casó joven, solo había conocido dos hombres en su cama y podemos decir que ninguno de los dos le enseñó nada especial en las artes amorosas. La rutina y la monotonía fueron siempre los protagonistas de sus historias de cama. Lo más atrevido que vivió fue hacerlo en la cama de sus padres una vez que se quedó sola con su novio, pero no cambiaban nunca la posición: el misionero. Y las veces que se puso en cuatro, ni tardaba 5 minutos para que el hombre llegara a su orgasmo. Esto se traducía a que llegaba el fin de aquel encuentro sexual. Y terminaba siempre insatisfecha mientras el caía rendido en la cama hasta nuevo aviso. Así duro varios años, siempre trato de buscar su placer con este hombre pero el la limitaba. “Eso es de putas” le decía cuando ella quería experimentar con su cuerpo y cambiar de posiciones. Gritar, gemir, aruñar, morder, dar y recibir por igual. A veces pasaban meses sin ser tocada, días sin besos y caricias, años sin nalgadas. Pero todo tiene un momento de quiebre, se obstinó y se atrevió a cambiar el rumbo de su vida. Después de pensarlo tanto y conversarlo con sus amigas se dio cuenta que no era la única que vivía de esa manera. Así que decidió crearse una vida paralela, y experimentar todo aquello que no se le ofreció durante todo este tiempo… 

Ella narra su historia…

-¿En que he fallado como esposa? ¡En nada! ¿Cómo madre? En nada… ¿Cómo mujer? En nada… – pensaba esta mujer cada noche que se acostaba sola en su cama y esperar despierta muchas veces a su esposo quien llegaba con tragos de más, y a veces con olor a perfumes que no conocía. Y a pesar de todo se levantaba a atenderlo, preparándole una sopa, un sándwich o quizás un café negro. Y lo abrazaba al acostarse para sentirlo suyo, pero muchas veces era él quien la espalda le daba o ignoraba sus caricias. A veces discutía con ella para que se molestara y terminara en el sofá de la sala, para evitar tener que dar explicaciones de donde estaba. Ella se estaba cansando, ya eran años en la misma situación y la misma historia. Lágrimas e impotencia le invadían la mente casi todas las noches. Y aveces el único consuelo era un mañanero de 5 minutos que no lograban siquiera hacerla llegar a un orgasmo y tenía que culminarlo con sus propias manos muchas veces mientras se duchaba o se quedaba en cama durmiendo y fantaseando despierta con que su hombre le hiciera el amor en lugares mágicos. Lugares que fueron promesas cuando eran novios y nunca llegaron, lugares que eran afrodisíacos cuando se conocieron y se prometieron ir cuando alcanzaran sus metas y sueños. Y hoy día llueven las excusas para “no poder ir”.- ¿Que voy hacer con todo esto? ¿Por qué él tiene que ser así? ¿Tan mal me he portado?¿Acaso no merezco un poco más de atención? ¿Otras mujeres vivirán lo mismo que yo? O seré la única tonta que se casó creyendo que todo sería mejor con el tiempo… Esto tiene que cambiar… Tengo que cambiar… – pensó .

Llegó el día de mi cambio, ese día que amaneciste con ganas de verte distinta, sentirte distinta. Maquillaje, peinado, ropa interior y un outfit que resalte tus atributos físicos. Esos que tu propio marido quiere que ocultes ahora y en el pasado fueron los que lo volvieron loco. ¿Con que intención? Solo sentir las miradas, quizás escuchar un piropo, algún halago que no encuentras en tu propia casa. Y seamos sinceras, aprendimos a llenar nuestro ego con palabras y palabras ahora con likes en las redes sociales. Pero soy una esposa que si sube una foto en traje de baño son más las críticas de mis amigas y mi marido que los piropos. Solo quería sentir que existo, ¿saben? Que no soy solo una mamá aburrida y dedicada al hogar. Soy una mujer que se cuida, trabaja, se trasnocha con sus hijos haciendo tareas o por su marido esperando que llegue de la calle. Limpia, barre, cose, lava, y todavía le quedan energías para una buena sesión de sexo marital… Y nada. No hay un gracias, no hay un que bella te ves, no hay un “Esta noche serás mía” que te haga suspirar. Que te mantenga nerviosa todo el día y ansiosa por liberar tus ganas y ese libido acumulado que deseas sentirte la mejor estrella porno en acción. ¡Pero no! ¿Y saben que? Me canse… Y desde hoy nacerá mi alterego… Una mujer que saldrá a cumplir todos sus deseos, sin dejar de ser la misma madre, la misma esposa… Pero en versión 2.0  ¿Quieren saber más?

Me canse de darme auto placer, me canse de los juguetes. Me canse de tener que mendigar placer. Me siento sexy, a pesar de mis años y mis embarazos. Me siento que puedo complacer a mi hombre… Pero él no me deja acercarme como antes. Me desnudo y a veces ni me mira. Me hace sentir invisible en la habitación, porque en la cocina si me ve o cuando algo está mal en la casa. ¡No es justo! Quiero salir y sentir que me miran con deseo, quiero hablar con un caballero que me seduzca con palabras inteligentes. Que me haga morderme los labios con solo escucharlo. Que nos bebamos unos tragos sociales y me haga reír mucho, que me haga suspirar con su mirada profunda y porque no que me saque a bailar y me haga cerrar los ojos mientras solo siento su perfume respirando profundamente. Sentir su mano rozándome la espalda y preferiblemente su erección en mi pierna. Solo eso para empezar. No pido más para una primera noche queriéndome sentir muy mala… ¿Cómo debe ser ese hombre? Interesante y elegante, atractivo e inteligente. Quiero que me haga desearlo al punto de ser yo quien lo secuestre. No estoy en búsqueda de un reemplazo para mi esposo, por lo menos no es mi primera intensión. Solo busco una aventura, que me aclare las dudas. Quizás piensen que me estoy justificando para ser infiel a mi marido… Pero… ¿Que harían ustedes en mi posición?

Merezco mi momento. Merezco sentirme viva. Merezco experimentar lo que él me ha estado haciendo. Quiero saber que se siente. ¿Que más herida puedo sentirme? ¿Ya que puedo perder? Será mi secreto. Mi momento. Quizás mi mayor locura… Pero es mía por completo. Necesito que sientan mi piel, que me hagan suspirar, que se acelere mi corazón, que me hagan mojarme con una buena conversación. Que me besen por todo el cuerpo y lograr que se endurezcan mis pezones. Quiero sentir unos labios ricos y carnosos besarme entre las piernas, tengo tanto que no siento un beso de esos que juraría que lo olvidé. Quiero sentir su miembro entre mis manos, acariciarlo, apretarlo, frotarlo de arriba a abajo una y otra vez hasta verlo a punto de explotar. Llevarlo a mi boca y lamerlo y saborearlo con mi lengua y empujarlo hasta mi garganta a punto de ahogarme, hasta que mis ojos lloren. Hacer ruidos con mi saliva y golpear mi rostro con esa firmeza repetidamente. Quiero morderlo de lado y lamer sus bolas hasta tentarme bajar a su culo y chuparlo varias veces. Usando mi lengua lo voy a penetrar y le haré una paja divina hasta que explote en mi cara… Quiero sentir su semen caliente recorrer mi cara hasta mi boca, dejando caer el resto en mis senos y poder masajearlos y apretarlos mientras vuelve a meter su erección en mi boca y me hace sentir la más puta de todas… ¿Cuesta tanto complacerme? 

Una de tantas noches que me la pasaba leyendo ingrese a una cuenta que me amarró con sus letras. Un hombre que masturbaba mi cerebro con cada uno de sus post. Era inevitable no volverse adicta a sus historias. Cada noche me introducía más y más a un mundo de lujuria y perversión que necesitaba explorar. Confieso que muchas veces en la soledad de mi habitación o en la ducha tuve que usar mis propias manos para calmar esas ganas que se alborotaban por efecto de esas lecturas. Peor fue el día que descubrí sus audios, ya que usando mis audífonos podía sentir que estaba allí susurrándome en mi oído. Era inevitable no tocarse y desear tener a ese hombre metido entre las piernas. Con él descubrí que podía ser multiorgásmica, hubo días que me masturbe más de seis veces. Ya no eran suficientes mis manos, ni mis juguetes, lo necesito a él. Me atreví a escribirle, aunque confieso que no contaba que me pudiera responder.. Pero mi sorpresa fue fantástica al ver sus buenos días y unos cuantos likes en mis fotos. Mi corazón se aceleró, era real, estaba más cerca. Pero, ¿esto será solo sus letras o así será en la vida real? Tengo que salir de la duda… Así que pase varias horas escribiéndole, insinuando mis deseos. El era tan caballero que se limitaba a responder con frases cortas, pero con el correr de los días fuimos descubriendo que teníamos cosas en común. Quería verlo, conocerlo en persona. Ya no era suficiente ver fracciones de él. Así que lo invite yo a conocernos, a tomarnos algo tranquilamente. No lo podía creer, esa noche no pude dormir tranquila. Pase la noche soñando despierta haciéndole de todo a este hombre, fue rico… Pero deseaba más ¿Será que podré controlar este deseo impuro que siento cuando lo vea en persona? ¿Y si no me gusta al verlo? O peor… ¿Y si me gusta demasiado? Me voy a volver loca con estas emociones, pero ¿Saben que? Necesitaba sentirme así… ¿Les ha pasado?

Llegó el día de conocernos. Mis nervios estaban acelerados, mi ansiedad a mil, creo que me comí una barra de chocolate en tan solo segundos y eran las 11:00 a.m. Quedamos en vernos en un centro comercial reconocido de la ciudad. Soy de las que aman llegar temprano, minutos antes de lo acordado y que quizás todos esos minutos de más se me hicieron horas. Él llegó puntual, mi celular sonó y sentí que ese mensaje era como si metiera su mano entre mi panty y me acariciara el clítoris con sus dedos. Sentí que me mojaba y aún ni lo había visto. “¿Donde estas? Ya llegué” – decía el mensaje. Les juro que ya me había visto en el espejo más de 40 veces, me sentía bella, sexy, elegante, divina… Pero después de leer el mensaje mi seguridad se esfumó. ¿Cuántas mujeres más hermosas que yo habrá conocido?¿Y si no le gusto como soy? ¿Y si piensa que soy una vieja loca falta de marido? ¡Ay Dios! ¿Qué hago ahora? ¿Será que mejor me voy y le digo que no pude llegar? Y eso levanté la mirada y lo vi… Presentía que era él. Vestía de jeans y camisa con una chaqueta. Por un segundo tuve la ventaja, yo sabía quien era y el aún no me había reconocido. Pasó por mi lado viendo algunas vidrieras y yo clave mi mirada en el teléfono. Y le escribí: Acabas de pasar por mi lado. Te ves muy guapo. Pero justo sonó mi teléfono y era él quien llamaba… Había guardado su número de teléfono con el nombre de: “Señor D”, el nunca me dio su nombre, y no pensaba llamarlo “El Dueño” como me dijo que se hacía llamar. Contesté nerviosa porque significa que no era el elegante hombre que había pasado por frente mío. Y escuché su maravillosa voz y volví a sentir que se me bajaban las pantys. – Hola hombre misterioso ¿se puede saber donde estas? – le pregunté, a lo que me dijo:” – Estas muy hermosa, puedo verte desde aquí y ya siento curiosidad por saber que llevas puesto debajo de esa chaqueta.” ¡Dios mio! Ya este hombre me esta viendo y yo ni idea de quien es o donde está, empecé a voltear a todas partes, miraba de arriba a abajo buscando a alguien con un celular. Me pidió que caminara hasta un punto y yo lo obedecí ¿que me estaba pasando? 

 El seguía observándome y hablándome al teléfono, yo sentía que me desnudaba con solo verme. ¿Donde estas? ¡Por Dios! Me mata la ansiedad y de pronto escucho su voz ya no sólo por mi auricular sino en mi cuello. Un choque eléctrico bajó por mi espalda hasta mi entrepierna, sentí que me sonrojé. Allí estaba frente a mi, esos labios carnosos y una sonrisa preciosa y unos ojos café oscuro con mirada profunda y unas cejas gruesas y muy pobladas que combinaban con su barba como de un par de días sin afeitar. Y pensar que siempre odie a los hombres con la barba así de descuidada. Pero a él se le veía tan sexy e interesante. Su boca era mi perdición, quería besarlo con solo verlo hablar. – ¡Contrólate! Me decía a mi misma. – ¿Que va a pensar el de ti si nota tu actitud? ¡Eres una señora por Dios compórtate! – pensaba dentro de mi. ¿Quieres comerte algo? – le dije sin pensarlo mucho. Quería sentarme y hablar con él, si seguía de pie frente a él terminaría robándole un beso y quien sabe que más me provocaría. Así que entramos a un café y pude ver lo caballeroso y atento que era al tratarme. Nos presentamos formalmente, aunque confieso que no me dijo su nombre en ese instante, ni me importó, amaba esa malicia que tenía en su mirada al hablarme. Me miraba de arriba a abajo, pero siempre se detenía a verme fijamente a los ojos. Tomó mis manos y se fijo en mis uñas, en la textura de mis manos. Y soltó un piropo sobre lo mucho que les gustaron. Me sonroje. Sin decirles que me beso las manos mientras olía mi perfume en ellas y de pronto sentí como me mordió suavemente dejando sus dientes marcados en mi dedo índice. Confieso que eso fue tan erótico que aún hoy me muerdo yo misma antes de masturbarme para recordar ese instante tan especial. Se que se ríen, pero es fascinante sentir estas emociones y crear estos fetiches locos. Desde que lo conocí, confieso que mi sexualidad y estilo de vida cambio por completo… Y para mejor. Él ya sabía mi condición de mujer casada e insatisfecha, y que mis ganas de conocerlo eran más por aprender de sus consejos e ideas que por hacerlo mio. Lo deseaba con locura ¿a quien trato de engañar?

Llegó el momento del primer beso. El se acerco a mí y primero me beso en la mejilla susurrando un: “Hueles riquísimo” que me hizo estremecer, sabía que mi perfume le gustaba ya con eso. Pero al retirarse y dejarme con la boca abierta del asombro se volvió a acercar a mi, pero esta vez besándome en los labios con tal ternura que me hizo retroceder a mi primer beso de enamorada. Hizo un leve chasquido al medio separarse de mi que hizo que no solo mi boca se volviera agua. Y fue cuando sentí como su lengua hacía el amor en mi boca. – ¡Dios mio! Que rico besa este hombre… – me dije en silencio cerrando mis ojos y sin importar si me veían o no. Su lengua me acaricio y sus labios me amarraron a él. No quería despegarme, tenía un sabor a patilla (sandia) que me encantaba. Luego me enteré que es fanático de la goma de mascar Trident de ese sabor. Mis manos no tardaron en posarse en su rostro, quería sentir esa barba sin afeitar de un par de días. Hasta roce mi rostro por ella, que rica sensación. Y pensar que siempre la había odiado. Mi respiración estaba como si corriera un maratón, mi corazón palpitaba con tanta emoción que les juro que me sentí viva de nuevo. Quería comérmelo allí mismo… Pero recordé que estaba en un lugar público y el mundo es pequeño cuando te portas mal. Decidimos irnos de allí, él se levantó a pagar la cuenta y yo les confieso algo, me quite las pantys debajo de la mesa y no me pregunten como se la metí en su bolso de mano (koala), necesitaba sentirme atrevida, malvada, sucia quizás. Cuando volvió y fue a guardar su billetera encontró esa sorpresa. Me miro y mordió sus labios sonriendo, suspiró y no lo van a creer… La saco pero muy sutilmente la acercó a su nariz sin dejar de verme, cerró los ojos y respiró profundamente y la guardó en su bolsillo. Me tendió la mano y me dijo: “Vámonos de aquí” ¿Dios mio que hice? ¿Qué me va hacer este hombre? Yo solo lo seguí. Me llevó a su auto, lo encendió, activo el aire acondicionado y puso algo de música. Era Sade… Me miró y besándome de nuevo pude sentir su mano entre mis piernas, el mismo confirmó como me tenia de húmeda, casi tengo un orgasmo con solo tocarme así. (¿Más?)

Yo quería que me lo hiciera allí mismo. En el fondo era una de mis fantasías. Pero me cohibí y no dije nada. Dejé que él tomará el control y decidiera que hacer conmigo. A lo que me respondió durante el camino: “¿Sabias que tengo un código con mis seguidoras? – mi cara de duda era evidente, no sabía de lo que hablaba – En la primera cita no puede haber sexo.” A lo que yo me decía por dentro casi riéndome: “Entonces ya fallaste porque para mi hasta ahora me haz dado una cogida mental del otro mundo” pero respondí en realidad: “¿Quiere decir que no me vas a llevar a un hotel y no me vas hacer el amor?” ¡Ups! ¿Qué coño dije? Esto sonó a desesperación mija ¿Que va a pensar él de ti? ¡POR DIOS! – Todo esto mentalmente claro… El solo me miró y me dijo: “Si iremos al hotel, creo que necesitamos un lugar más íntimo y relajado para conocernos mejor. Además, tengo muchas ganas de besarte…” – Ya para mi eso era sexo desenfrenado, quizás para él no. Así que lo apoye con su idea y me relaje, subí el volumen de la música y me quede mirando por la ventana. Allí pensaba ¿Será que es verdad? ¿Y si me provoca violarlo? ¿Se negará? Dígame si es gay y no me lo confiesa ya en cuarto… No creo… Yo presiento que lo hace solo para ponerme a pensar más de la cuenta ¡Que enrollada somos las mujeres! ¡Hay Dios ya llegamos al hotel! No, no, no, no, creo que me voy a arrepentir ¿Y si me ven? ¿Si alguien me reconoce? ¡Que pena! ¿Qué hago? ¿Le digo? ¿Y si se molesta y me deja botada aquí? ¿Dios mio que hago?” – No se rían, ustedes son iguales o peores que yo.

Llegamos al @dallassuiteshot y eligió una habitación llamada #SuiteContainer era una locura. Al principio sentí algo de claustrofobia en realidad. Pero este hombre hace que todo se te olvide y te borra los miedos de la cabeza ¿como lo hace? Desde que entramos ya el venía quitándose el reloj de su mano derecha y los brazaletes de la derecha. Dejó el bolso y el teléfono en la mesa de noche, se acercó a mi y me pegó contra la pared inmediatamente. Su lengua me violaba, penetraba mi boca y me hacía abrirla al máximo. Me agarró del cabello y me empezó hablar con dominio y maldad. Apretó mis senos y ya podía sentir su erección rozando mis piernas. Me dijo: “Vas a ser mía carajita” a lo que no pude evitar reírme. Porque primero creo que le llevo unos años más a él y no me siento una carajita (niña adolescente) y la otra es porque ya entiendo lo que le llaman #EfectoElDueño, cada palabra dicha por este hombre toma vida propia. Sonó tan rico cuando me lo dijo que no pude evitar quitarme la ropa y pedirle que me besara toda. Estaba completamente desnuda para él. Tenía nervios de decepcionarlo, mi cuerpo no es de 20 años pero esta muy bien cuidado y firme, aunque las estrías del embarazo aun siguen dándome pena. Pero el solo me miraba a los ojos y me repetía… “No debo romper mi código hermosa mujer ¿Por qué te quitaste la ropa? En la primera cita no debo…” – Shhhhhh cállate carajito – le dije colocando mi dedo en sus hermosos labios – Olvídate de romper tu código, porque mejor no me rompes el culo y me haces gritar el nombre que aun no me dices ¿ah? No vine hasta aquí para quedarme con las mismas ganas que me deja mi marido todas las noches. Vine aquí contigo porque deseo que por unas horas me hagas olvidar lo aburrida de mi vida. Quiero que mientras estemos dentro de estas cuatro paredes rojas me hagas sentir lo que escribes en tus post. Quizás cuando me vaya de aquí no nos volvamos a ver jamás, pero solo quiero regalarme un momento exquisito contigo…” – No me dejó terminar de hablar. Me tomó por las piernas y me cargó hasta la cama, tirándome como un trapo, abrió mis piernas y con sus labios me hizo el oral más sádico que he sentido… 

Sus labios y lengua eran maravillosos entre mis piernas. Lograban hacerme estremecer una y otra vez. Él sabía donde tocar, donde succionar, donde lamer, todo… Era perfecto. Con decir que en pocos minutos tuve tres orgasmos solo con su boca. Al punto que más que mis gemidos lograba hacerme reír, era fascinante. Nunca había sentido eso, es excitante. Mis pezones estaban duros y el los pellizcaba con sus dedos mientras su lengua me penetraba y jugaba con mi clítoris haciéndome gritar de placer. Mis manos se aferraban a su cabello para evitar que se fuera lejos de mi y controlar sus movimientos. Sentir su barbilla rozándome me hizo querer tenerlo dentro de mi ya. Lo hale por el pelo y lo traje hasta mis labios. Podía sentir mi sabor en su boca aun. Y si… Lo desvestí. Era mío, por fin iba a disfrutar de aquel miembro tan imaginado por muchas y deseado en las noches más solas y calientes de muchas de sus seguidoras. Quitarle el bóxer era lo más sexy que había hecho en años y ver aquel miembro salir erecto entre a su ropa… Uffff inmediatamente lo lleve a mi boca, no podía perder más tiempo. Mi garganta por fin pudo aclarar la duda de su capacidad, mis ojos se nublaron de lágrimas pero no podía dejar de intentar llevarlo cada vez más profundo. Él me miraba y dejaba salir sus suspiros y gemidos, eso me calentaba aún más. Lo mordía, lo chupaba, golpeaba mi cara con el, lo masturbaba de arriba a abajo, lamía sus bolas, lo escupía tal y como lo veía en las pornos, confieso que lo único que me importaba era la expresión de su rostro, verlo morderse los labios y hablarme entre dientes diciéndome: “No pares… trágatelo todo… es tuyo… Disfrútalo, chúpalo rico…” ¡Que voz tiene este hombre! Sus palabras me masturbaban el ego. Me sentía divina, joven, lujuriosa, pervertida, toda una perra complaciente, la más puta de todas. Es loco, pero disfrutaba sentirme sucia, así que le pedí que acabará en mi cara… Necesitaba sentir su néctar caliente cayendo en mi cara y saborearlo al final con todo gusto. Ya quiero que me coja… 

Abrí mis piernas, me entregué a él. Dejé que me hiciera el amor. Aquel momento fue maravilloso. Sus besos me trasportaban a otro mundo y sentirlo dentro de mí era lo que siempre había soñado sentir. No me maltrataba, no era un meter y sacar. Era una conexión energética. Mis cinco sentidos eran suyos. Olía tan rico su cuerpo, esa mezcla de sudor y perfume Sexy 212 me alborotan las neuronas y las feromonas. Su erección podía sentirla tan mía, tan profunda y placentera que me hizo llegar al éxtasis nuevamente. Escucharlo hablar mientras me penetraba, narrando lo que me hacía como si se tratara de un audio relato me parecía lo más excitante y divino que me habían hecho en mi vida. No quería dejarlo, confieso que tantas embestidas me tenían un poco adolorida al cabo de 4 horas. Al ponerme en cuatro fue lo más glorioso que había experimentado en el sexo, solo sentí un par de nalgadas y despertó mi lado masoquista. Quería más… Pero sentía miedo. Podían quedar marcas… Aunque pensándolo bien ¿Desde cuando mi marido no se fija en mi, ni me mira con detalle? ¿Será que me arriesgo? Necesito sentir… -¡DAME MÁS DURO CARAJO! REVIÉNTAME EL CULO CON TUS MANOS…- grite. Valió la pena… Y nunca me vieron las marcas en mis nalgas, use pantalones deportivos para dormir y a mi esposo nunca le importó. Es más… Ahora soy adicta a las nalgadas y estoy a punto de pedir más azotes no solo con las manos, quiero correa, fusta, tabla… Si, esto fue solo el comienzo. Ahora soy una adicta a sus besos, a sus movimientos, a sus palabras y perversiones. Soy una pervertida… Su clon. 

Llegó el momento de despedirnos. Las seis horas en aquella habitación fueron perfectas, pero pasaron volando. Lujuria, placer, deseo, intensidad, un poco de sumisión, pero yo deseaba más. Me sentía feliz pero incompleta, quería seguir descubriéndome, había encontrado al hombre que me enseñaría a despertar mis más oscuros placeres. Después de ducharnos y vestirnos, lo abrace fuerte y le di las gracias. Y le dije que necesitaba repetir lo que acababa de vivir, pero esta vez quería experimentar nuevas sensaciones. Necesitaba subir un poco la intensidad. Le dije que estaba lista para ver su lado más perverso. Que ya dejara de mostrarme su lado bueno y tierno. Esta vez deseaba sentir un poco más de maldad. El sonrió con picardía, parecía un niño tremendo, subió una ceja e hizo un gesto con la boca que me llevó a morderme los labios. Traduje eso como un sí. Lo bese en los labios nuevamente. Les juro que podría pasar horas disfrutando de esa boca. Besa tan rico que se vuelve una adicción. No aguanté, caí arrodillada a su pasión. Abrí su pantalón y saqué nuevamente su adorado miembro y me los llevé a la boca. No podía dejar de mirarlo mientras llevaba esta erección hasta mi garganta. Quería que se fuera a su casa sin una gota en el tanque. Lamia sus bolas mientras mi mano lo masturbaba una y otra vez. Esta vez le hable sucio, no se como me nació. – “Dame tu lechita caliente en mi boca, anda. Acaba de nuevo para mi.” – Gemía y chasqueaba aquel poderoso miembro entre mis manos y lengua sin dejar verlo. – “Complace a tu puta, vamos. Quiero tu leche” – seguía diciéndole mientras lo escupía para lubricar aquella erección que provocaba volver a sentir dentro de mi. Esta vez sin quitarme la ropa, solo subí mi vestido y yo misma me voltee y busque que me penetrara restregándole mi culo. Y mirándolo por encima de mi hombro le dije: ¡Quiero más! Y esta vez sin quitarnos la ropa me cogió en la orilla de la cama en cuatro. Me dio duro. Esta vez sentía que desprendía por dentro, sentía algo de rabia en cada embestida, era divino. Me dolía, si. Pero eso era lo que quería. “Dame por el culo” le dije entre dientes como queriendo que no escuchara. Se detuvo. ¡Dios mio! Me lo va a partir.

Sentí como sacó de mi vagina su miembro lentamente y empezó a frotar mi culo con mis fluidos. Ya minutos antes lo habíamos intentando y no podía, el dolor no me dejaba concentrarme. Pero les confieso algo. Ahora me siento tan excitada que deseo que me duela y me haga gritar. Abrace la almohada y me preparé, miré para atrás y le dije: – “Así te grite no me lo saques, se que va a doler. Solo trátame con cariño y firmeza ¿Quieres? Confío en ti… Mi culo virgen es tuyo hoy” – Siguió rozándome una y otra vez, busco el lubricante, se quitó solo el pantalón y empezó a meterme su dedo para dilatar mi entrada. Les juro, tenía miedo, pero al mismo tiempo quería tenerlo todo dentro de mi. Llegó un momento en que sentí varios dedos, no se cuantos, pero ya tenía rato en eso. Yo me seguía estimulando el clítoris y le pedía que no dejara de hablarme. Su voz era el mejor sedante del mundo. -¡MÉTELO YA ! – grité, y sentí como me atravesaba lentamente por dentro. Si, grité. Me aferre a la almohada y grité mucho. Pero era divino al mismo tiempo. No quería que parará ni un instante. Llegó un momento en que era yo quien empujaba su cuerpo contra él… Quería sentirlo más duro y profundo. Arranque las sábanas, tire las almohadas al piso, golpeé la cama una y mil veces hasta que salió un grito seguido de un orgasmo como jamás lo había sentido. Lloré, mis lágrimas salían de mis ojos pero con una extraña sensación de placer de otro mundo. Sentí que temblaba todo mi cuerpo. Lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo. ¿Acaso este hombre era tan perfecto? Y allí me quedé inmóvil por un largo rato. Y el tan dulce y tierno solo me hablaba y me besaba en el cabello como si me consolara, eso me partió el alma. Sentí que lo amaba. Si, suena loco, pero así somos las mujeres. Lo besé con toda mi alma y mi pasión y le dije que ya entendía porque se hacía llamar #ElDueño… Yo era suya.  

CAPITULO II

Solo puedo decirles que después de aquel maravilloso encuentro paso lo que más temía… Me envicie de ese hombre. Más que cogerme, me hizo el amor como tenía muchos años sin sentir. Yo necesitaba seguir explorando mis perversiones con él. Así que lo llamé de nuevo esa misma tarde, diez minutos después de habernos despedidos y sin pensarlo un segundo más le dije: “-Carajito, no se como vamos hacer pero necesito que nos volvamos a ver esta misma semana, si es mañana mismo me harás la mujer más feliz de este mundo. ¡Anda! Quiero que me amarres y me cojas duro, que me nalguees y me azotes con todas tus ganas ¿me complaces? Llévame al @dallassuiteshot de nuevo y desahogamos estas ganas en una de esas habitaciones ¿Si? Esta vez soy yo quien cubre los gastos ¿Te parece? Deja que esta vez sea yo quien te llevé. ¡Si me vieras la cara chico! Me estoy hasta mordiendo los labios con solo pensar en todo lo que podemos hacer. ¿Entonces? ¿Qué dices…? Nos vemos mañana ¿si? – Él solo se rió con su carcajada maléfica, eso para mi era un si rotundo. Después de un rico suspiro me dijo que si. Les juro que ya con eso volví a tener un orgasmo sin tocarme. Llegué a mi casa con una sonrisa de oreja a oreja. Feliz, relajada y sin complicaciones. Creo que tenía mucho que no llegaba a casa y me provocaba cocinar. Preparé una cena rica para mi hermosa familia. Mis hijos me miraban y sonreían conmigo, dicen que la felicidad se contagia. ¡Y si mi marido se da cuenta también! Esta felicidad no es común en mi ¡Dios mio! ¿Será que me molesto con él y busco una excusa para pelear?  ¿Qué hago? Díganme…

Mientras hacia la cena no podía dejar de recordar cada beso, cada caricia, cada nalgada, cada penetración que me hizo, sus ricas mamadas… ¡Dios mio! Todavía siento su barba rozando mi entrepierna lamiendo mi culo y la humedad de mi sexo que brotaba a chorros con solo sentirlo a milímetros de mi. Se me acelera la respiración con solo acordarme y me pone a sudar. ¿Que me hizo este hombre? Parezco una depravada sexual. Tuve que irme a la ducha, tarde o temprano llegaría mi marido a casa y aunque dudo que se acerque a mi a olerme de cerca, siento que huelo a culpa, a sexo vulgar. Me han enseñado que eso es pecado pero desearía en este preciso momento tener de nuevo su leche caliente chorreando mi cara. Lamerme los labios y saborear ese néctar diabólico que expulsaba ese hombre de manera tan divina. ¡Yaaaaaaaa! ¿Qué te pasa? Deja de pensar en eso… Ducha fría, ducha fría, ducha fría… Nooooooo, no puedo, odio el agua fría. Empecé a enjabonar mi cuerpo con la esponja y el jabón líquido. Es fascinante sentir esa sensación en la piel. Mis senos estaban extrañando su boca, mis pezones se pusieron duros como cuando él los lamia, chupaba y hasta mordía ¡Dios mio no puede ser! Un morado en mi seno ¡me quiero morir! Me van a matar antes de tiempo y todavía tengo mucho por vivir con ese hombre.¿Se notará mucho? Bueno, para lo pendiente de mis tetas que esta el ridículo de mi marido capaz ni lo note. ¿Que hago? Se ve clarito que es un mordiscos o un chupón. Nada, no queda más que apagar luces temprano hoy y dormir con la bata más abuelita que encuentre. No se vaya antojar hoy de buscarme pelea en la cama. Aunque… No sería mala idea pensándolo bien. Siento tantas ganas de que me sigan disfrutando y me den otra revolcada. Ya se verá. Y justo allí escuché el portón del estacionamiento… Llegó. Mis nervios y mi cara de puta culpable se me notaba a leguas ¿Coño que hago? Al contrario a lo que pensé, me puse un lindo brasier y un hilo chiquito acompañado de una bata y lo fui a recibir. Me le lancé encima antes que pudiera decir nada. Lo besé y le dije: “Menos mal llegaste, me estaba preparando para ti amor, necesito una buena cogida” – Hoy estoy cansado amor – respondió 

Acostarte y escuchar los cuentos de tu marido y sus hazañas en el trabajo para justificar sus llegadas tardes todas las noches me hacían pensar que en realidad se estaba viendo con la niña esa que una vez vi en su auto y que según le estaba dando la cola. ¿Por qué se la buscan tan carajitas? Será porque le creen todos los cuentos y fantasías que le dicen, y seguro le compra ropa, teléfonos y cuanta chuchería importada se le antoja. Porque para eso si sirven, para terminar siendo un “papá adoptivo”. Ni tirar debe saber la tripona (niña) esa. Pero claro, él la va enseñar a dejarse coger nada más, porque el ego machista no los deja tranquilos si la mujer disfruta más que ellos. Pero no es por nada, mi marido es bello. Siempre sale arreglado, con su ropa bien planchada, limpiecita, combinadito. Claro, gracias a mi. Porque si por él fuera se pusiera cada mamarrachada encima y pasara pena en la calle. Y pensar que su mamá me lo advirtió… Pero una de enamorada y ciega no pensó más allá de las buenas revolcadas que nos dábamos a escondidas en casa de sus padres. – Pues si, es mi primer y único hombre, o era hasta hace unas horas – ¿Qué estará haciendo mi Dueño? ¿Será que le escribo un mensaje? ¡Dios mio que me pasa! Apenas pensé en él y siento que me mojo. Apreté la piernas como si sintiera un vibrador en mi vagina. ¿Será que vuelvo a intentar convencer a mi marido? Le voy a dar una mamada de esas que le hacia en la universidad. – Bajé hasta su abdomen y saqué su aun flácido miembro, lo metí en mi boca y empecé a saborearlo, recordando lo mucho que me hacía disfrutar tiempo atrás… – ¿Qué es…? ¡Mujer! Te dije que estoy cansado coño, no tienes consideración conmigo. No todo puede ser sexo, sexo, sexo. Últimamente te la pasas como si fueras una carajita de 20 queriendo coger todos los días. Esa eres tu que no te jodes como yo trabajando todo el día para traer el pan a la casa. ¡Que ganas voy a tener yo de tirar! Ni se me para del cansancio chica. Acuéstate a dormir vale, que mañana tengo que madrugar nuevamente. Tengo que ir a Valencia a buscar unos repuestos para el auto que no se consiguen en ningún lado… Bla Bla Bla… – Ya no quería escucharlo más en realidad.  Díganme ustedes si por cosas así uno no se transforma en otra persona. ¿Que harías tu?

6 comentarios en “Y le fui infiel…

  1. Esa es la gran fantasía de todas las mujeres casadas ,vivimos soñando esperando ese momento,yo viví algo muy parecido pero no se dio sexualmente hablando,pero seguiré soñando y esperando ese momento,toda mujer merecemos eso tan maravilloso,eso que nuestros esposos olvidaron hacer.

  2. No se cómo haces para narrar desde la óptica femenina, pero es magistral este relato. Me sentí tan identificada que me dio hasta miedo. Y como la protagonista también deseo locamente volver a sentirme bella y deseada… aplausos de pie Dueño. Ojalá hubiesen más hombres con tu manera de ver las relaciones y el sexo. Besos.

  3. Me encanta, soy joven, aun no me eh casado, pero lo que si ehescuchado muchos cuentos asi, de verdad mujeres yo les recomiendo que vivan, disfruten, fantaseen y etc. Mucho antes de tomar la decision de casarte y antes dee casarte habla mucho pero mucho con tu pareja, para evitar este tipo de cosas. Ah de ser por la razon de ser tan comunicativa de decir que me gusta y que me aburre que luego de 9 años aproximadamente no tengo pareja estable, eso si eh disfrutado por demas mi sexualidad.

  4. Me Moje, Llore, acabe de solo leerlo, mi dueño excelentes tus relatos me encantan, ojala y un día de estos me escribas para tener un dia como esté relato besos.. tu chooclatico

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