tumblr_8423ad944148c7e640c0b42eef74d1ef_d4c9c5d0_500

¿Sabes que me encanta de ti?

Ese poder que tienes de provocarme. Esa forma tan sutil de seducir mi mente y poner a volar mi imaginación. Siempre termino desnudandote y tirandote en mi cama, imaginando que me adueño de tu cuerpo. Siempre imagino que puedo tocarte, besarte, sentirte. Que puedo olerte, probarte y escucharte suspirar. Que me dejas de una vez por todas dominar tus sentidos y que por primera vez puedo hacerte el amor como tantas veces lo he soñado. Siento como tus piernas me dan la bienvenida, siento como me abrazas con ellas sin querer separarte de mi ser. Tu boca me besa, me muerde y me habla, me pide que no pare, tus manos me acarician y al mismo tiempo me lastiman la espalda. Son tus uñas hablándole a mi piel y reclamando porque había tardado tanto en disfrutarte. Tu cabello se enreda entre mis manos cada vez que te tomo por el cuello para dominarte. Mis caderas no dejan de embestirte con cada gemido que suelta tu boca. ¡No pares! Me dices casi sin aliento. ¡No puedo! ¡Ni quiero! Te digo susurrando al oído y apretando tus nalgas contra mi cuerpo. Estas ganas están acumuladas, estas ganas tienen mucho tiempo. Esta ganas no se acabarán hasta cumplir este deseo… Dime que tengo que hacer para adueñarme de tu divino placer…

Ella respondió: -Solo tienes que acercarte a mi. Mirarme profundamente. Dejar que nuestros ojos se besen. Dejar que nuestros labios se toquen y dejar que nuestros cuerpos decidan. Yo también te deseo en secreto desde hace mucho tiempo. Mi cuerpo a sentido tus manos en mi imaginación. Me he dejado desvestir, tocar, sentir. Me he dejado recorrer por todas partes, he suspirado con tu lengua dentro de mí. Con tus dedos dentro de mí. Con tu virilidad dentro de mí. He gritado tu nombre, he maldecido en tu nombre cada vez que tenido un orgasmo que no acaba con tu néctar en mi boca, sino con mis manos empapadas de mis mieles. Me he tocado muchas noches soñandote mío, imaginando como entras y sales de mi hasta hacerme retorcer de placer. ¿Por qué no me buscas? ¡Sabes donde vivo! ¿Por que no me secuestras y me regalas un día cargado de placer y lujuria? ¿Que quieres, que sea yo quien te lo ruegue y te pida que me hagas tuya?

Aquí estoy, frente a ti. Vine a buscarte. Vine a pedirte que me acompañes. Vine a decirte que moría por tener la confianza que me das. Siempre le tememos al rechazo. Le tememos al ser juzgado por decir lo que sentimos, por cómo nos vemos y no ser correspondidos. Pero después que vencemos esas barreras nos sentimos libres, más fuertes, más seguros. Queremos comernos el mundo. Estamos dispuestos a todo. Sobre todo a sonreír, a disfrutar, suspirar, ¡vivir! Nos dejamos llevar por la pasión y el deseo. Nuestra sangre hierve de lujuria y perversión. Nos devoramos sin límites, sin arrepentimientos, sin control. Nuestras almas se funden en una sola, nuestros cuerpos se hacen uno. Nuestras energías se desbordan y terminan explotando en un orgasmo único e irrepetible. Siento como te mueves y sigues buscando más placer dentro de ti, me muerdes los labios, te aferras más a mi. Gimes con fuerza , lo dejas salir, todo ese deseo que llevabas por dentro. ¡Quiero Más! me dijiste suavemente cambiando de posición. Te pusiste en cuatro esperando por mas de mi erección. Te abrías las nalgas mostrándome tu rosadita flor. No pude resistirme a seguir dentro de ti, de tu calor, tu humedad y tus ganas. Nalguearte hasta que quedaran mis manos marcadas en tu blanca piel. Me encanta ver como te mojas, como tus mieles chorreaban por tus piernas. Cómo gritabas en la almohada todo ese placer. ¡Te deseaba desde el día que te conoci! – te dije casi sin aliento. -Siempre te tuve ganas, me gustabas, te fantaseaba ¿lo sabías? – Volteaste y me miraste diciendo: – Lo sé, se te notaba. Quería tenerte así, como ahora. que me hicieras tuya. Pero me sentía muy insegura de mi cuerpo – Te detuviste. Te sentaste y me miraste a los ojos, bajaste la cabeza. Te quedaste callada y pensativa. Suspiraste.

Me costó mucho vencer mis miedos, me costó mucho aceptar que no soy la joven mujer que tuvo un cuerpo perfecto. Pero aprendí a amarme, a quererme, aprendí a darme amor y placer no solo con mis manos. Empecé hacer lo que me gusta, a darme gustos. En fin, a ser feliz. Un día me levante sintiendome sensual, erótica, en simples palabras… ¡Divina vale! Tome la camara y empece a hacerme fotos yo misma. Me veía en el espejo y me gustaba mi piel, mis labios, mi cabello, mis curvas, toda yo. No tenía en mente tomarme fotos para complacer a ningún hombre, esas fotos eran para mi. Me sentía tan sexy, tan sensual, que empecé a quitarme la ropa. Segui tomandome fotos. te confieso, me sentía viva. Era una sensación tan divina, que hasta imaginaba que me miraban, ¡Quería que me miraran! Que me desearan de nuevo, quería escuchar: ¡Que rica estas! ¡Que bella! ¡Te quiero devorar todo tu cuerpo! No sabes la falta que nos hace a las mujeres a veces que nos llenen el ego, que nos hagan sentir bellas, deseadas, hasta que nos digan piropos o halagos. Si te lo dice alguien que te atrae sexualmente te desborda , te calienta, te masturbas imaginando sus manos encima de ti. Te lo coges mentalmente y piensas… Que rico seria hacerlo realidad, pero no te atreves por otro miedo que nos invade siempre: «¿Que pensara de mi si se lo confieso? Pero míranos aquí, terminaste siendo tu quien lo confesara primero. Y yo disfrutándolo más que nunca. Puedo morir tranquila ¡ja ja ja ja! Ya puedo seguir cumpliendo mis otras fantasías sin tanto pesar.

¿Se pueden saber cuales son esas otras fantasías? – te pregunté. Y solo suspiraste y reiste con maldad diciendo entre dientes: Si solo supieras…

Creo que habrá muchos relatos por escribir… ¡Así que pendientes!

3 respuestas

Add a Comment

Debes estar conectado para publicar un comentario