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¿Cómo organizar una orgía y no morir en el intento?

Reglas básicas que debes tener en cuenta antes de lanzarte a organizar tu "desastre"

Para ciertos tipos de hombres jóvenes, la palabra orgía casi siempre tiene un efecto hipnótico. La sola mención de una orgía crea toda una ola de emoción y expectativas que hace salir al sentido común por la ventana. Por supuesto que esta emoción es generalmente síntoma de la inexperiencia. Cuando en torno a los 20 años intenté tener mi primera y única orgía, no tenía idea de lo que estaba haciendo.

Éramos cinco: dos panas (hermanos), dos chicas y yo. Intentamos tener nuestra pequeña orgía en un hotel familiar en mi pueblo natal, un lugar en el norte de Inglaterra. Empezamos con esperanzas de tener escapadas locas y orgásmicas, pero mi experiencia terminó siendo tan horrible que con todos los años que han pasado, el solo recuerdo de esa noche aún me da tanta pena que me dan ganas de ponerme una bolsa de papel en la cabeza e irme al rincón.

Para saber qué fue lo que hice mal aquella miserable noche, localicé a Miss Scorpio (cuyo nombre real es Larisa Fuchs), una anfitriona de fiestas sexuales que vive en Nueva York y tiene muchísima experiencia en hacer que varias personas se restrieguen los genitales entre sí. Le conté mi triste historia de sexo grupal y me dio algunos consejos que compartiré con vosotros, mis pequeños fiesteros sexuales en potencia.

Ten expectativas realistas

Según Miss Scorpio, las desacertadas fantasías de los hombres jóvenes sobre una «orgía perfecta tipo porno» pueden distraer de la experiencia en sí, pues los hace olvidar que el sexo grupal es un encuentro compartido. «Olvidan que los demás involucrados son personas reales con sentimientos reales y con sus propias expectativas».

Éste definitivamente fue un error que cometí la noche que intenté tener una orgía. A pesar de que antes de esa noche ya conocía la humillación sexual (me habían dejado dos veces debido a mi eterno calvario de la eyaculación precoz), tenía expectativas demasiado altas sobre lo que debería ser una orgía. Me imaginé algo parecido a un video de Woodstock donde todos bailan desnudos y hacen cosas en el lodo: algo sucio, increíble y muy, muy excitante.

Ésta es una forma de pensar ridícula no solo porque algo «sucio», «increíble» y «muy, muy excitante» sea algo imposible en el segundo piso de un hotelito familiar. Más que nada, esos supuestos olvidan la verdad más simple de que si quieres saber lo buena que será una orgía en la que participes, debes saber cómo eres en el sexo normal, ya que es poco probable que sea muy diferente. En otras palabras, si en los confines de tu propio cuarto estás teniendo problemas para follar, es complicado que de repente te vuelvas un dios del sexo.

Planifica

Todos quisiéramos que la vida fuera como la trama de un clásico del porno: de casualidad un par de tías buenas llegan a tu apartamento y después de algunos pésimos diálogos, en los que alguien señala cuánto calor hace, todos se desnudan y empiezan a follar. Sin embargo, Miss Scorpio dice que planear aventuras sexuales por adelantado permite que haya oportunidad de discutir los límites y el consentimiento, «que es algo que te dará mucha más confianza durante el evento». Aunque a mi romántico corazón le duela admitirlo, seguramente tiene razón. Parecería que las mejores orgías en el mundo solo ocurren en aquellos clubes sexuales burgueses donde los participantes deben ser aprobados y a todos se les enseña cómo hacer que la experiencia sea lo mejor posible. Aunque hay algo medio mierdero en hacer del sexo algo tan formal, al menos esto admite la realidad de que follar es mucho más una destreza de lo que nos gustaría admitir. Simplemente no puedes lanzarte y ya está.

La naturaleza improvisada de mi intento de orgía definitivamente fue uno de los elementos que contribuyeron a su ruina. Todo empezó en un bar en mi pueblo natal llamado Cross Keys donde algunas noches hay una disco en el piso de arriba. La noche del martes era «Noche de solteros», o lo que mi madre llama «Noche de píllate a una abuelita», ya que el lugar tiene fama de congregar a muchas divorciadas mayores. Esto era cierto. Mi hermano mayor, por ejemplo, una vez se besó con una mujer que le doblaba la edad y que le dijo que tenía un hijo un año mayor que él.

Sin embargo, la mayoría de los asistentes de veintitantos como yo eran aburridos. En ese momento acababa de regresar de un viaje y tenía una especie de actitud de chico salvaje. Fue por eso que hice tal sugerencia. Estábamos fuera a la hora del cierre cuando lo dije.

Dave, el mayor de los hermanos —fui con ambos a la escuela— me preguntaron qué haríamos. Esta era una pregunta que no nos llevaría a ningún lado, ya que en mi pueblito no hay nada que hacer el martes a la 1 de la madrugada más que irse a casa. Las chicas, una rubia y una morena, miraron a su alrededor sin saber qué hacer. En broma dije: «¡Hagamos una orgía!»

Juro que era una broma, pero cuando lo dije ocurrió algo extraño. Entre asentimientos con la cabeza y murmullos se notó que lo tomaron en serio. Ya estaba liada.

Elige bien la ubicación

Miss Scorpio me dijo que una buena ubicación debería exudar cierto aire de lujo. Pero a menos que el lujo huela a fregasuelos, definitivamente escogimos el lugar incorrecto.

Fue Dave quien sugirió que fuéramos al hotelito. Yo ni siquiera sabía que mi pueblo tenía un hotel. Le dije a Dave que no podía creerlo.

—Sí, está en la parte industrial justo antes de llegar al puente— dijo.

Sé lo que estás pensando. Cualquiera que escuchara esas palabras —»la parte industrial» y «justo antes de llegar al puente»— mientras va a una orgía de inmediato debería reconsiderar sus planes. Sin embargo, mi mente estaba extasiada por la increíble oportunidad que la vida me estaba dando y solo había una palabra que llegaba a mi cabeza: ¡Or-gí-a! ¡Or-gí-a! ¡Or-gí-a!

Los hoteles familiares no son malos lugares si estás de paso por negocios, pero son el peor lugar del mundo para intentar ponerte en contacto con tu dios sexual interior.

El hotel al que fuimos estaba recién construido y en la calle principal a las afueras del pueblo y por fuera se veía como una de esas casas para viejitos. Los pasillos olían a productos de limpieza y tenía una iluminación agresiva. El cuarto era minúsculo con una cama matrimonial, un baño y muebles de madera falsa. No se podía fumar y no tenía minibar. Lo peor era que no podías mover nada: las lámparas al lado de la cama estaban pegadas a la pared y las ventanas no se abrían. Era como si estuviera diseñado para prevenir cualquier tipo de diversión espontánea.

Una orgía es tan buena como su líder

Supongo que el sexo en grupo no es tan diferente a cualquier otro evento grupal en cuanto a que alguien debe hacer que las cosas ocurran. Miss Scorpio llama a este papel «el hada juguetona». Desafortunadamente, nuestra hada juguetona era Dave. Dave y Colin eran hijos de un ejecutivo de un club deportivo. A nivel local el padre era muy famoso y a veces aparecía en la televisión regional. No era un hombre particularmente carismático y sus hijos tampoco. Ambos habían heredado sus moribundos rasgos y aburrida voz. Cuando te encontrabas a los tres bebiendo en el pueblo, jurarías que alguien había muerto.

En la escuela David era penoso y a veces sentía empatía por él, ya que mi autoestima no era la mejor. Pero cuando la escuela terminó, David se fue a otro país. Aunque este viaje lo hizo salirse del caparazón, casi daban ganas de que se volviera a meter. Volvió con mala pinta. Pero no mala pinta sexy como la de Mick Jagger. Más bien mala pinta tosca y perturbadora como de Dominique Strauss-Kahn. (Ahora que lo pienso, tanto Dave como yo somos pésimos anuncios andantes sobre los beneficios de viajar).

Cuando llegamos al hotel, Dave nos dijo que esperáramos y fue a pedir un cuarto. Para no llamar la atención, dijo que fuéramos en parejas cada ciertos minutos. Esta precaución resultó innecesaria, ya que no había nadie en la recepción.

Una vez que llegamos al deprimente cuarto, caminamos en círculos como cuando estás esperando a que empiece una reunión. Luego a Dave se le ocurrió que nos metiéramos a la cama y jugáramos verdad o reto. Este fue el principio de mi fin.

Elige bien a los integrantes

De acuerdo con Miss Scorpio, tu primera orgía debería ser con gente que conozcas. Esto evita que haya malentendidos y ayuda a que todos se sientan mejor. «La comodidad lo es todo», dijo. «Puedes empezar a hacerlo con extraños después de que hayas tenido algunas experiencias exitosas y descubras lo que te gusta a ti y a otros».

Ciertamente no tenía esto en mente cuando me metí en la cama y me quité toda la ropa sin que me lo pidieran. Ahora que lo pienso, esto fue una mala táctica que no hizo nada para ayudar a que las chicas que acababa de conocer se sintieran más «cómodas» o «sin presiones». Además, no hay nada que anuncie más a «eyaculador precoz» como un hombre que se quita la ropa cuando todos siguen vestidos. Más bien eso habla de alguien que tiene demasiada prisa para acabar con todo. Tal vez si las chicas me hubieran conocido mejor habrían visto este striptease exprés con más empatía y no como la extraña sobrecorrección que seguramente era.

No pasó mucho tiempo desde que me desvestí hasta que la rubia eligió reto. Dave me señaló y, con el inexpresivo tono que usarías para pedirle a alguien que saque la basura, dijo: «Hazle una paja».

La chica se retorció y me miró como evitándome. «No, no quiero».

Como si fuera mi aliado, Dave insistió: «Vamos. ¡Agárrasela!»

Me imagino que en este punto mi yo interno se cubría la cabeza con las manos frente al horror que representaba todo. Pero traté de poner cara de valiente. «Está bien. No tiene que hacerlo».

De repente Colin se levantó y se fue al baño. A medio camino se volvió hacia la morena y le pidió que lo acompañara. La chica se levantó y cruzó el cuarto con mirada de indiferencia y aburrimiento. Ambos desaparecieron. En ese momento estaba claro que a ella le gustaba Colin desde el principio. Pero lo que no estaba tan claro era el porqué del casi silencio que emanaba del baño. O estaban follando de la forma más silenciosa del mundo o estaban rezando por nuestras almas.

En su ausencia, las negociaciones sobre la paja continuaron. La rubia aceptó hacerle una a Dave en lugar de a mí, pero Dave, determinado al abogar por sus amigos, no se veía dispuesto a aceptarla.

—¿Por qué no quieres hacerle una paja?—, se quejó.

La chica dudó. Se dirigió hacia mí. «No es nada personal», dijo, y estoy seguro de que decía la verdad. Después de todo, ¿quién en su sano juicio querría hacerle una paja a un completo extraño en un hotel?

Pase lo que pase, sobrevivirás

Esto es más o menos el final de la historia, aunque no puedo dejar una imagen mía tan mala. Lo único que debo añadir sobre esa noche es que en algún punto las chicas se fueron. A la mañana siguiente desperté desnudo en la cama con los hermanos un poco paranoicos, ya que no estaban seguros de lo que alguno podría haberme hecho mientras dormía. Salí del hotel y tomé el autobús a casa. Desde ese entonces no he vuelto a intentar hacer una orgía.

La verdadera intimidad es algo que muy pocas personas experimentan en la vida. Y aunque ansiamos tenerla, también estamos muy asustados de tenerla. Lo que hizo de mi experiencia algo tan terrible fue esto: es difícil encontrar intimidad en grupo porque es difícil superar esa sensación de estar expuesto. La triste realidad de muchos encuentros grupales es este desalentador fenómeno en el que la acumulación de almas y mentes paradójicamente tiene un efecto inverso en la inteligencia y moral de las personas.

Sin embargo, Miss Scorpio dice que no debe ser así. Durante los últimos cinco años ha organizado fiesta sexuales de lujo en su apartamento de Manhattan, House of Scorpio, y dice que siempre que sigas sus tres reglas de oro —saber los límites, respetar el consentimiento y prestar mucha atención al placer del otro— no hay razón para que el sexo grupal sea menos íntimo que el sexo regular.

Y quizá tenga razón. Tal vez puedas usar mi historia como una antiguía y pensar en mí como ese tío con el que ibas a la escuela y se quedaba paralizado en clase de gimnasia. Tal vez no sea muy bonito pensar en lo que le pasó a ese tío, pero al menos tú sabes cómo dar una voltereta o, en este caso, cómo follar e intercambiar fluidos corporales con un grupo de adultos que dan su consentimiento.

Cortesía de https://www.vice.com/

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Mi rubia…

Hoy estoy recordando aquel día que nos disfrutamos cuerpo a cuerpo, piel a piel. Tu rubia cabellera caía sobre tus hombros y tus labios carnosos me besaban con pasión. Mientras mis manos no dejaban de apretar tus grandes senos que se tambaleaban al ritmo de mis embestidas dentro de ti. Por fin eras mía, ansioso de poseerte desde aquel día de la fiesta de mi cumpleaños que no pudimos escaparnos juntos. Pero valió la pena la espera. Este encuentro fue puro fuego y pasión. Disfrutar de tu dulce humedad mientras mis labios y mi lengua te hacían gemir profundamente y tus manos apretaban tus senos llenos de pecas y tus uñas las clavabas lenta y suavemente cerca de tus pezones. Me encantaba verte retorcer en la cama sintiendo aquellos espasmos y contracciones causados por mi boca. La misma boca que te mordía y te hablaba sucio mientras te poseía luego con tu cuerpo boca abajo. Ese orgasmo logrado por mi lengua motivando tu clítoris y ayudándome con tres dedos penetrandote y haciéndote jadear y morder la almohada. Mis manos amaban dejarte sus huellas en esas grandes nalgas blancas con un leve bronceado de playa que mostraba el diminuto traje de baño que acostumbrabas usar. Escucharte gemir era tan divino, y más aún tomarte por el cabello mientras te hacia arquear la espalda y mi pelvis chocaba una y otra vez contra tu rico trasero. Era como domar una potra salvaje. Hasta que tomaste el control y te subiste encima de mi y empezaste a moverte a gusto y placer. Y yo embelesado con tu rostro de maldad y picardía, mordiendote los labios, suspirando, gimiendo y el vaivén de aquellos senos que siempre había querido poseer y tener en mis labios cuando te veía con aquellos escotes en el trabajo. Hasta que iba a explotar 🤯 te bajaste y con tus manos y tus senos lograste hacerme llegar al más profundo y rico orgasmo. Dejándote llenar de mi néctar por todo tu pecho y un poco en tus labios. Mirándome fijamente con cara de lujuria y satisfacción de haber logrado su cometido. Un deseo que me encantaría repetir… Pero ahora estas a miles de kilómetros de mi… 😈

Aunque estés lejos de mi en piel y fragancia. Estas cerca mi, a corta distancia. Mi mente te acaricia, te seduce, te domina. Tu mente me recuerda, me suspira y me extraña. Y aunque tu boca la besen otros labios, jamás podrás borrar los míos acompañados de esos leves mordiscos y mi lengua juguetona. Esa misma que saboreo tus jugosos melocotones y te hacia gritar de placer. Esa misma boca que llevabas al centro de tus piernas agarrándome por el cabello y dominabas la intensidad con la que te saboreaba mi lengua. Esa misma boca que besaba ese tatuaje arribita del bronceado del bikini y seguía subiendo por tu ombligo y más arriba hasta hacerte retorcer. Te recuerdo bonito, a lo lejos te recuerdo. Te deseo bonito, a lo lejos aún te deseo… 😈

Tener una profunda conversación con alguien que tiene una mente brillante y un alma hermosa es otra preciosa manera de hacer el amor… No todo el placer lo causa la carne, sino esas acciones que hacen que se erice. La frase correcta, una nota de voz sublime… Y un #SendNudes 😈

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Hay que ver que si somos complicadas…

Aunque otros te hayan visto sin ropa, soy el único que te ha visto desnuda… Libre de prejuicios y normas que impone una sociedad que le encanta prohibir, limitar, criticar… Pero es que en el fondo nos damos cuenta que lo prohibido suele ser más sabroso y adictivo. Te enseñan a temer… Pero es lógico, solo los valientes y atrevidos merecen la gloria y el placer. La VICTORIA se celebra frente a muchos, a menos que la sociedad te diga que es PECADO, pero igual te regocija y te alegra en silencio. Y una sonrisa maligna brota de tus labios acompañada de un suspiro y un: ¿Será que lo vuelvo hacer? ¿Me atrevo? ¿Me quemaré en el infierno? Ya va… ¿Yo creo en el infierno? ¿Es malo sentirse atractiva y cogerse al hombre que a uno le gusta solo por placer? ¿Y si me gusta demasiado? ¿Y si me enamoro sin querer? ¿Y si a el no le gusta tanto como a mi? ¿Y si solo me utiliza? ¿Y si su mujer se entera? ¿Y si nos ve alguien conocido? ¿Dígame si en el hotel me consigo a mi mamá? Ella era más putica que yo echa la loca ¿Y si mejor llamo a mi ex? El solo me cogia bien pero era un fracasado en la vida ¿Será que me veo gorda con esto puesto? ¿Y si no le gusto con estos dos kilitos de más? ¿Y si no se le para? Hay que ver que si somos complicadas… Pero el que me quiera que se la cale como soy. Yo creo que me quedaré sola tejiendo escarpines. O me hago las tetas para ver a más de uno detrás de mi. Aunque a mi me gustan mis teticas así. Pero la chama de ayer se veía demasiado rica con esas lolas montadas y los tipos vueltos locos. Pero puro baboso, pensándolo bien, no estoy para calarme tipos así. Aunque había uno bello con cara de que es más perro ¿Por qué seremos así? 🤔

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Dame esa oportunidad…

Si, tu tienes ese algo que me atrae y no se cómo definir. ¿No has sentido como muchas veces me quedo mirándote fijamente hasta que tus ojos pueden mirarme más intensamente y escapo de tu mirada?
Tu solo sonríes, quien sabe cuantas cosas locas pasan por tu cabeza en ese instante. Digo locas porque por la mía pasan tantas cosas. Mi imaginación empieza a volar. Mi tensión sexual se eleva y ya empiezo a fantasearte. Ya me imagino cerca de ti, pero tan cerca que ya puedo sentir el aroma de tu perfume. Ese que me invade cada vez que te saludo y te abrazo. Ese que me acelera el corazón y mi respiración. Y provoca recorrer cada centímetro de tu cuerpo que haya sido tocado por este perfume.
Ese aroma que me convierte por unos segundos en un vampiro y me provocaría morderte por el cuello. Beber de ti, adueñarme de ti. Poseerte. Sentirte tan mía como para poder controlar tu cuerpo a mi gusto. Arrinconarte, pegarte entre la pared y mi cuerpo, dejarte sin salida. Poder tomarte de la cintura con ambas manos y sientas el calor que llevo por dentro. Empezaría a besar esos labios tentadores, esa boca que cuando me hablas solo pienso y me pregunto que sabor tendrá…

No se, pero yo los imagino, dulces, suaves y muy tiernos, aunque también presiento que pueden llegar a morderme con una gran pasión, y pueden pronunciar palabras que activen mi mente y me vuelvan loco, ¿por ejemplo? Que me digas:
“No pares de besarme, siempre desee que me hicieras tuya. Por favor no te detengas, adueñate de mi por completo.”
Tus manos empiezan a recorrerme, una acaricia mi cara sutilmente y luego jala mi cabello. La otra mano desabrocha tu blusa. Y mirándome fijamente a los ojos y con una sonrisa algo picara y maligna me dices:
“-Se que mueres por sentir mis pechos con tus labios… ¿O me equivoco?-”
Mi mirada me delata, mi rostro debe ser un poema. Así que sólo dejas caer tu blusa de tus hombros, cierras tus ojos levemente, y dejas al descubierto esos sexys y atractivos senos. Yo sin pensarlo paso mi mano por tu espalda para terminar de hacer el trabajo… Desabrochar tu brasier. Tu boca y mi boca se unen en un juego incontrolable de jugosos besos, mis labios abandonan tu boca y empiezan a deslizarse desde tu cuello hacia abajo. Mi nariz se une a esta exploración percibiendo cada feromona de tu piel, excitándome cada vez más. Sentir como cada vez respiras más profundo. Veo como muerdes tus labios, como tu lengua los humedece con tanta sensualidad. Y tus ojos entre abiertos, mirándome con tanto deseo que descubro que tu también lo querías con muchas ganas. Mis manos empiezan a recorrerte, acariciando esa piel canela, tu estrecha cintura, tu piel es tan suave que mis dedos sienten ese calor, sienten como se eriza al tocar ciertas partes de ti…

Se que esto es sólo mi imaginación, pero desde que bailé contigo, desde que pude sentir tan cerca tu figura, desde que pude moverme al mismo ritmo de tu cuerpo, y ver como sonreías, ver cómo disfrutabas moverte al son de la música. No dejaba de recordar la frase: “El baile es la expresión vertical del deseo horizontal”. Si te conozco bien acabas de subir tus cejas al leer esto, y ahora acabas de sonreír. Me parece emocionante verte y fantasear contigo. Pero después que hayas leído estas líneas se que muchas cosas cambiarán. Después que sepas que sueño con hacerte mía aunque sea sólo un instante. Que deseo adueñarme de ti por un momento y me dejes dominarte, me dejes seducirte, me permitas ser el hombre que te haga perder la noción del tiempo y el espacio. Ese hombre que te haga sentir nuevas sensaciones, ese hombre que sólo quiere degustarte como si fueras un rico helado, ya que mi boca, mis labios y mi lengua serán quienes te van disfrutar. Mis manos solo te controlarán, decidirán dónde y cómo moverte. Quisiera tenerte en mi cama… Quitarte la ropa, sería un placer sólo poder desvestirte y poder verte, me encantaría recorrer cada centímetro de tu cuerpo, acariciarte, llevarte al punto de que me pidas a gritos que te haga mía. Mi boca te recorre empezando desde tus labios y voy bajando suavemente, probando tu cuello, besando tus pechos, mi lengua baja hasta tu ombligo, con ganas de morderte, mis manos se apodarán de tu cintura, tus caderas, tus piernas… y finalmente de tu sexo.
Sólo imagina mi boca allí abajo, y tu dejándome hacer lo que más me gusta, relájate… Disfrútalo… Cierra los ojos y déjate llevar. Déjame apoderarme de tus deseos, de tus fantasías, haz realidad la mía…
Une tu cuerpo al mío y déjame mostrarte lo que soy capaz de hacerte sentir. Permíteme adueñarme de todas tus partes, yo se que mueres por ser una niña mala, aunque finjas ser una mujer tranquilita e inocente. Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no sé qué que tu tienes. 😈🔥 Fin

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Sexo oral femenino…

Sexõ oral femenino… (Mi versión) 😈 No soy sexólogo y por eso quizás no pueda darles explicaciones científicas porque más que una ciencia es un arte… El sexø oral no se le da igual a todo el mundo y varía tanto como un beso en la boca. En el Sexō oral también debe existir química y conexión. Hay mujeres que tienen un sabor y olor casi que adictivo, otras una presentación atractiva que las hace ver provocativas a la vista. Esto influirá al momento de el encuentro, nada más fascinante que respirarle y oler por encima de la ropa interior e ir arrimandola hasta meter nuestra lengua en aquella humedad… ¡Si! Ya debe estar mojadita… Y para lograrlo se le debe hablar rico y preparar su mente, despertar el deseo, sus ganas, hacer que lo imagine antes que pase… 😈 Usar la imaginación, la creatividad y el empoderamiento. No como los que llegan mandando fotogüevō y creen que ya las excitaron así… 🙈Yo les digo que hay que hacerlas imaginar como lo haces… Tu boca al hablar les dará una idea… Hasta la forma en que la besas en la boca o en las manos… 😈 cuando por fin estas entre sus piernas… Ella ya sabe lo que pasará, no debe haber duda o desconfianza, al contrario, yo soy de los que disfruto lo que hago a plenitud y no dejo el contacto visual. Es importante saber traducir sus expresiones faciales y la intensidad de sus gemidos, quejidos o gritos. Me ayudo con los dedos, pero mis labios y mi lengua y a veces mis dientes son más que suficientes para hacer ese trabajo tan rico… 😈 Que me cuentan que se masturban recordando justo ese momento… 😛🤤 Esperemos que no lo borren de nuevo 🤨🙄🤬

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Tu boca y la mía…

Tu boca y la mía se juntaron para disfrutar de un beso largo y profundo. Tus labios llenos de ternura y tus manos llenos de pasión. Te vas quitando la ropa mientras vas disfrutando de mi lengua dentro de tu boca. Mientras sientes como mi cuerpo se pega al tuyo y te roza con fuerza. Ya puedes sentir mi erección debajo de mi pantalón, te arrodillas y lo liberas de su prisión. Lo lames lentamente y jugueteas con el por unos segundos. Llevándotelo hasta el fondo de tu garganta, dejándolo brillante y lubricado gracias a tu saliva. Listo para penetrarte… Pero antes debo devolverte el placer. Te tomo de la cintura y te llevo hasta la cama y te acuesto, te arranco el pantalón y te dejo en ropa interior. Me acerco a ti, entre tus piernas y respiro cerquita de allí, sintiendo el olor a placer y lujuria. La humedad traspasa tu ropa interior y mi lengua se abre paso para empezar a saborear tu placer, meter mi nariz, mi lengua y mi perversión. Tus gemidos se hicieron presentes… El calor de mi lengua te penetra y te hace estremecer mientras mis labios besan tu clítoris, intercalándose hasta hacerte temblar de ganas y excitación. Tus manos se aferran a mí cabello controlando mis movimientos y tu cerrando tus ojos y suspirando profundamente. Diciéndome que no pare… Que no me detenga… Abriendo tus piernas plenamente para mi… Mi lengua no se detiene, el sabor de tu lubricación es como néctar de flores, no quiero parar de saborear tu dulzura. Hasta te pido que me regales tus orgasmos, tus gemidos, tu placer entero… Sentir tus piernas temblando, rogándome que te haga mía. Dime… ¿Quieres tenerme dentro de ti?

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Hazme el humor…

Y ella me dijo: Hazme el humor.
🤣
Pero házmelo bien.
🤣
Despacio.
🤣
Con inteligencia y sutileza.
🤣
Házmelo con cariño y pasión.
❤️
Hazme reír hasta que me quede sin aliento. 🤣
Hasta que me quede sin fuerzas.
🤣
Hazme el humor por las mañanas,
para empezar bien el día.
🤣
Hazme el humor con un café y una tostada y un toque de alegría. 🤣
Hazme el humor por las noches,
pon mis piernas en tus hombros. 🤣
Hazme el humor del derecho
y házmelo del revés y verás que te asombro. 🤣
Házmelo hasta que no nos queden días en la tierra hasta que no nos quede sangre en las venas.
🤣
🤣
Hazme el humor en la calle donde a la gente le de pena. Prefiero reír con tus locuras que vivir una condena.
🤣
Hazme reír hasta dejarme sin aliento,
Hazme el humor y después seguimos este cuento… 😋

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Y ella me dijo: Mi cuerpo. Mis normas.

Soy yo quien decide si mi porcentaje de grasa es el adecuado.

Soy yo quien decide si mis pechos son bonitos.

Yo amo mi cuerpo tal cual es.

Nadie te ha pedido tu opinión sobre mis curvas. O sobre la ausencia de ellas.

Nadie te ha consultado sobre si me veo flaca, gorda, grande o pequeña.

Ni sobre el color de mi piel.

No me interesa si te gustan más los muslos de la mujer que aparece en tus fotografías.

No me importa si no te gusta lo que soy.

Tampoco me importa si te gusta.

No necesito saber si apruebas mi físico.Tampoco necesito saber si no lo apruebas.

Y no te voy a decir por dónde puedes pasarte los cánones de belleza que impones, porque es mi cuerpo.Y las normas, las pongo yo.

Allí aprendí a no seguir imitando lo que otros me imponían, y aprendí a ver con mis propios ojos del alma. Porque algunos dirán que la salud es importante, pero no dejas de querer porque tenga gripe 🤧 al contrario, necesita más atención 😍

Que tengan un lindo martes hermosuras… Mis eternas #Gordibuenas 😘

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Tipos de roles en el BDSM: Sumisas

¿Qué es lo que hace a una sumisa? Lo primero que hay que entender es que la sumisión no es igual para todo el mundo y no es igual en todas las relaciones. La sumisión puede tomar múltiples formas, pero a grandes rasgos se puede dividir estas grandes categorías.

Sumisas sexuales

Probablemente encarnan el tópico que tiene la gente cuando se habla de sumisión. Las sumisas sexuales disfrutan cediendo el control durante el sexo o cuando hay alguna finalidad sexual. Las prácticas sexuales que se pueden llevar a cabo en el BDSM son infinitas, y cada sumisa tiene sus preferencias y límites, pero lo que todas tienen en común es que disfrutan del sexo sin tabúes.

Masoquista

Sumisas masoquistas

Las sumisas masoquistas, como su nombre indica, disfrutan recibiendo dolor. Como las sumisas de servicio, sus necesidades no se basan necesariamente en el sexo, aunque la mayoría de las veces el sexo y el dolor van ligados. Este tipo de sumisas suelen tener preferencia por la humillación verbal, física, la degradación y la tortura, por tanto, su dominante ideal es un sádico.

Rope Bunnies

Sumisas de las cuerdas o “Rope Bunnies”

Representando a la “B” de BDSM, están las sumisas de las cuerdas o “Rope Bunnies” en inglés, o lo que es lo mismo: aquellas personas a las que les gusta ser atadas. Muchas de estas sumisas sienten excitación con el hecho de estar inmovilizadas y a la merced del dominante; ceden el control total de su cuerpo a una persona que puede manipularlas a placer, y atarlas sin límite. Además, el contacto de la cuerda en la piel es muy sensual para algunas de ellas. Su contraparte dominante, el que ata, se denomina “Rigger” en inglés.

De la misma manera que en otras prácticas BDSM, el Bondage lleva implícito cierto grado de riesgo y por eso se han de cumplir unas normas esenciales para evitar accidentes, como por ejemplo, no dejar nunca a la sumisa atada sola.

Esclava

Sumisas esclavas

Estas sumisas esclavas son el colmo de la sumisión. A ellas mismas les gusta diferenciarse del resto de sumisas, por eso siempre prefieren que se dirijan a ellas como “esclavas”, no sumisas. No hay ningún otro tipo que pueda igualarse a su grado de compromiso, sacrificio, y voluntad de someterse; ningún otro tipo puede entender lo que realmente se necesita para poder ser una esclava. Hay sumisas que pueden jugar a ser esclavas durante un periodo de tiempo determinado, pero las auténticas esclavas participan de la dinámica del 24/7: están en el juego 24 horas al día, 7 días por semana; o lo que es lo mismo, el BDSM es su única forma de vida. Viven a la completa merced de su Amo, y son felices así.

Sumisa Alfa

Sumisas alfa

Las sumisas alfa son mujeres fuertes, independientes, asertivas y con seguridad en sí mismas en su día a día y en la manera de relacionarse con otras personas, pero que encuentran excitante que otra persona las domine. Muchas veces, este tipo de sumisa ocupa cargos de importancia en su trabajo, o puestos que requieran mucha responsabilidad, y todo el día tienen que asumir un rol dominante. Esto puede resultar agotador, de manera que mediante la cesión de su voluntad en momentos concretos, y especialmente en situaciones sexuales, pueden relajar cuerpo y mente.

Kajira

Las Kajira

Las Kajira son esclavas sexuales que pertenecen al universo ficticio de la saga de libros “Crónicas de Gor. En la comunidad BDSM hay amantes de esta saga que han adaptado sus roles a los del universo de la saga, y las Kajira son un ejemplo de ello.

Más clases de sumisa

Sumisas orientadas al servicio

Las ‘sumisas serviciales’ encuentran su placer sirviendo a su Dominante y anticipándose a sus necesidades, haciéndose un objeto imprescindible para su comodidad; les gusta prepararles la comida o el baño, limpiar, hacer recados, y en definitiva, cualquier cosa que facilite la vida a sus amos o Doms. No tiene por qué ser algo sexual, muchas sumisas de este tipo son felices complaciendo a sus Dominantes simplemente realizando tareas domésticas o trabajos esporádicos para ellos. Por ejemplo, una sumisa de servicio puede ser una asistente personal, chofer, chica de la limpieza, secretaria, etc. Lo que las hace especiales es su habilidad para adaptarse a cualquier tarea que su Dominante les pida.

Sumisas Mocosas o “Brats”

Una Mocosa o “Brat” es una sumisa que disfruta siendo traviesa y desafiante con el dominante. Su desobediencia es patológica, y su necesidad de trolear es infinita. No obstante, normalmente no lo hacen con mala intención, comportándose así simplemente pretenden llamar la atención de su dominante. A menudo actúan así a propósito porque les gustan los castigos.

Sumisas Pequeñas o “Littles”

Una Pequeña es una persona que se siente mentalmente o físicamente más joven de lo que es en realidad, y actúa en función de esa edad. Forman parte del fetiche del “Ageplay” o juego de edades, en el que los individuos adquieren roles basados en la edad. Así, una Pequeña puede adoptar el rol de una niña de 8 años y comportarse como tal, mientras que su contrapartida dominante sería el “Daddy” o Papi, que adoptaría el rol de padre o mentor.

El “Ageplay” es un fetiche de roles que no tiene nada que ver con la pedofilia o la pederastia.

Sumisas Mascotas o “Pets”

En los juegos de rol animales, una Mascota es una sumisa que adopta la actitud de un animal de compañía, mientras que el dominante ejerce el rol de dueño. Hay varios fetiches de mascota, los más populares son los cachorros (“puppy-play”), los gatitos (kitten-play) y los ponys (“pony-play”).
El “pet-play” o juego de mascotas es un fetiche de roles que no tiene nada que ver con la zoofilia o el bestialismo.

Sumisas Presa o “Prey”

Dentro del role-play Primal, un fetiche que consiste en sacar a relucir nuestro animal interior y desprendernos de todo comportamiento civilizado, la Presa es la parte sumisa, que siente excitación con la idea de que le den caza. El típico escenario Primal es una pareja persiguiéndose desnuda por el bosque. La contrapartida dominante de la Presa es el Depredador.

Sumisas de cuadra

Una sumisa de cuadra es aquella que forma parte de un grupo de sumisas que pertenece a un solo dominante. Una “cuadra” es precisamente eso: un conjunto de sumisas que habitualmente vive bajo el mismo techo que su dominante. Consiste en la práctica del BDSM y la poligamia. 

Sumisas “Sissy”

Las sumisas “Sissy” son hombres sumisos que adaptan atributos y características tradicionalmente pertenecientes al género femenino. Por ejemplo, hombres que disfrutan vistiendo ropa o lencería de mujer y cuyo objetivo es la auto-feminización. Los sissy son hombres travestis que adoptan un rol sumiso y pasivo, y a menudo disfrutan con la humillación.

Diferencias entre una esclava y una sumisa, o un esclavo y un sumiso

Las esclavas se diferencian de las sumisas en pequeños detalles que pueden pasar inadvertidos, a grandes rasgos su forma de actuar, sus motivaciones y la forma de someterse es muy diferente. Los esclavos son más maximalistas, sin esperar piedad del dominante, las personas sumisas suelen arrastrarse más por la clemencia de la persona dominante…

Las características de la sumisión y la esclavitud son simplemente diferentes, hay quien experimenta ambos papeles jugando con los límites de la sumisión, desarrolla y donde llegue es su responsabilidad. El esclavo no fija los límites, como opción personal la persona puede abandonarse totalmente a la voluntad del dominante. No tiene por qué ser un felpudo sin voluntad para siempre, la voluntad puede volver a placer de cada persona que experimente el papel. Como cualquier relación donde el equilibrio reclina en la cesión de la persona al otro, el abuso es posible, sin embargo la relación no suele empezar con la completa sumisión, si no que suele ser de una manera progresiva u ocasional.

A grandes rasgos, la diferencia fundamental es que aunque ambos roles empiezan negociando el “contrato” con el dominante, la sumisa tiene la oportunidad de renegociar, limitar y consensuar, sin embargo la esclava/o se entrega totalmente, renuncia a sus derechos y apetencias para substituirlas por las de su amo, al que ahora pertenece. La sumisa obedece decidiendo en hacerlo cada vez y mantiene su derecho del deseo de hacerlo o no. Una esclava restringe sus deseos para complacerle.

Hay quien dice que la sumisa es quien está empezando, antes que nada a aceparse a sí misma y empezar a aprender de la lectura BDSM, y ya con un amo empieza a entenderse a sí misma, comprender su naturaleza, experimentarla, explorar sus propios límites, descubrir sus placeres secretos, etc. Hasta finalmente aceptarse como sumisa o abandonar el camino de la sumisión.

La realidad es que una sumisa busca también su propia felicidad a través de la satisfacción por sus logros como sumisa, la esclava bien entrenada solo encuentra la felicidad en la satisfacción de su amo. Si el dominante quiere introducir a terceras personas, por ejemplo para practicar sexo, la sumisa puede adecuar la situación a sus preferencias, de las que carecería un esclavo.

Se suele pensar que siendo esclavo no tienes el derecho a abandonar si va mal la relación, aunque sus limites de tolerancia para considerar qué es abusivo son mas altos que los de un sumiso, la realidad es que si no tienes una patología que te impida discernir realidad de ficción siempre tienes la opción de abandonar y siempre debe marcar el límite. Es obligación del dominante de mantener en buenas condiciones de salud al sumiso.


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¿Sabes que me encanta de ti?

Ese poder que tienes de provocarme. Esa forma tan sutil de seducir mi mente y poner a volar mi imaginación. Siempre termino desnudandote y tirandote en mi cama, imaginando que me adueño de tu cuerpo. Siempre imagino que puedo tocarte, besarte, sentirte. Que puedo olerte, probarte y escucharte suspirar. Que me dejas de una vez por todas dominar tus sentidos y que por primera vez puedo hacerte el amor como tantas veces lo he soñado. Siento como tus piernas me dan la bienvenida, siento como me abrazas con ellas sin querer separarte de mi ser. Tu boca me besa, me muerde y me habla, me pide que no pare, tus manos me acarician y al mismo tiempo me lastiman la espalda. Son tus uñas hablándole a mi piel y reclamando porque había tardado tanto en disfrutarte. Tu cabello se enreda entre mis manos cada vez que te tomo por el cuello para dominarte. Mis caderas no dejan de embestirte con cada gemido que suelta tu boca. ¡No pares! Me dices casi sin aliento. ¡No puedo! ¡Ni quiero! Te digo susurrando al oído y apretando tus nalgas contra mi cuerpo. Estas ganas están acumuladas, estas ganas tienen mucho tiempo. Esta ganas no se acabarán hasta cumplir este deseo… Dime que tengo que hacer para adueñarme de tu divino placer…

Ella respondió: -Solo tienes que acercarte a mi. Mirarme profundamente. Dejar que nuestros ojos se besen. Dejar que nuestros labios se toquen y dejar que nuestros cuerpos decidan. Yo también te deseo en secreto desde hace mucho tiempo. Mi cuerpo a sentido tus manos en mi imaginación. Me he dejado desvestir, tocar, sentir. Me he dejado recorrer por todas partes, he suspirado con tu lengua dentro de mí. Con tus dedos dentro de mí. Con tu virilidad dentro de mí. He gritado tu nombre, he maldecido en tu nombre cada vez que tenido un orgasmo que no acaba con tu néctar en mi boca, sino con mis manos empapadas de mis mieles. Me he tocado muchas noches soñandote mío, imaginando como entras y sales de mi hasta hacerme retorcer de placer. ¿Por qué no me buscas? ¡Sabes donde vivo! ¿Por que no me secuestras y me regalas un día cargado de placer y lujuria? ¿Que quieres, que sea yo quien te lo ruegue y te pida que me hagas tuya?

Aquí estoy, frente a ti. Vine a buscarte. Vine a pedirte que me acompañes. Vine a decirte que moría por tener la confianza que me das. Siempre le tememos al rechazo. Le tememos al ser juzgado por decir lo que sentimos, por cómo nos vemos y no ser correspondidos. Pero después que vencemos esas barreras nos sentimos libres, más fuertes, más seguros. Queremos comernos el mundo. Estamos dispuestos a todo. Sobre todo a sonreír, a disfrutar, suspirar, ¡vivir! Nos dejamos llevar por la pasión y el deseo. Nuestra sangre hierve de lujuria y perversión. Nos devoramos sin límites, sin arrepentimientos, sin control. Nuestras almas se funden en una sola, nuestros cuerpos se hacen uno. Nuestras energías se desbordan y terminan explotando en un orgasmo único e irrepetible. Siento como te mueves y sigues buscando más placer dentro de ti, me muerdes los labios, te aferras más a mi. Gimes con fuerza , lo dejas salir, todo ese deseo que llevabas por dentro. ¡Quiero Más! me dijiste suavemente cambiando de posición. Te pusiste en cuatro esperando por mas de mi erección. Te abrías las nalgas mostrándome tu rosadita flor. No pude resistirme a seguir dentro de ti, de tu calor, tu humedad y tus ganas. Nalguearte hasta que quedaran mis manos marcadas en tu blanca piel. Me encanta ver como te mojas, como tus mieles chorreaban por tus piernas. Cómo gritabas en la almohada todo ese placer. ¡Te deseaba desde el día que te conoci! – te dije casi sin aliento. -Siempre te tuve ganas, me gustabas, te fantaseaba ¿lo sabías? – Volteaste y me miraste diciendo: – Lo sé, se te notaba. Quería tenerte así, como ahora. que me hicieras tuya. Pero me sentía muy insegura de mi cuerpo – Te detuviste. Te sentaste y me miraste a los ojos, bajaste la cabeza. Te quedaste callada y pensativa. Suspiraste.

Me costó mucho vencer mis miedos, me costó mucho aceptar que no soy la joven mujer que tuvo un cuerpo perfecto. Pero aprendí a amarme, a quererme, aprendí a darme amor y placer no solo con mis manos. Empecé hacer lo que me gusta, a darme gustos. En fin, a ser feliz. Un día me levante sintiendome sensual, erótica, en simples palabras… ¡Divina vale! Tome la camara y empece a hacerme fotos yo misma. Me veía en el espejo y me gustaba mi piel, mis labios, mi cabello, mis curvas, toda yo. No tenía en mente tomarme fotos para complacer a ningún hombre, esas fotos eran para mi. Me sentía tan sexy, tan sensual, que empecé a quitarme la ropa. Segui tomandome fotos. te confieso, me sentía viva. Era una sensación tan divina, que hasta imaginaba que me miraban, ¡Quería que me miraran! Que me desearan de nuevo, quería escuchar: ¡Que rica estas! ¡Que bella! ¡Te quiero devorar todo tu cuerpo! No sabes la falta que nos hace a las mujeres a veces que nos llenen el ego, que nos hagan sentir bellas, deseadas, hasta que nos digan piropos o halagos. Si te lo dice alguien que te atrae sexualmente te desborda , te calienta, te masturbas imaginando sus manos encima de ti. Te lo coges mentalmente y piensas… Que rico seria hacerlo realidad, pero no te atreves por otro miedo que nos invade siempre: «¿Que pensara de mi si se lo confieso? Pero míranos aquí, terminaste siendo tu quien lo confesara primero. Y yo disfrutándolo más que nunca. Puedo morir tranquila ¡ja ja ja ja! Ya puedo seguir cumpliendo mis otras fantasías sin tanto pesar.

¿Se pueden saber cuales son esas otras fantasías? – te pregunté. Y solo suspiraste y reiste con maldad diciendo entre dientes: Si solo supieras…

Creo que habrá muchos relatos por escribir… ¡Así que pendientes!

relato erotico

Me encantan tus lentes…

¿Cuanto tiempo tenias leyéndome? ¿Cuanto tiempo tenia yo deseando conocerte en persona? Mirar tus ojos de cerca a través de tus anteojos con ese toque geek que te hace ver sexy e intelectual. Decirnos tantas cosas divinas en letras y palabras, mensajes que llegaban a nuestra mente y la hacían volar en segundos. Tus confesiones de como te hacen mojar mis relatos , mis audios. Lo atractivo que se te hacen mis labios para ti, mi barba corta de un par de días sin afeitar. La intriga de cómo serán mis ojos, a qué sabrán mis besos, como acariciaran mis manos. Todo eso lo descubriste en un solo día, en unas cuantas horas.

Recuerdo que quedamos en vernos una tarde algo soleada. Te busqué a las afueras de tu trabajo, hablabas con alguien mientras me esperabas. Te reconocí inmediatamente a lo lejos, aunque había un cambio de look en ti ¿que era? Otro tono de color de cabello y un corte algo radical. Pero seguías viéndote hermosa y atractiva. Cautivadora y sonriente, así te vi al llamarte a tu celular y verte contestar algo ansiosa mirando hacia los lados. Te pedí que cruzaras la calle y te di la descripción de mi auto. Yo estaba muy ansioso tambien, y el verte caminar mientras cruzabas la calle fue como en las películas, me lo disfrute casi en cámara lenta. Me encanta tu cuerpo, bueno eso ya lo sabías. Te vestiste justo para la ocasión, para alborotar mi mente y desviar mis ojos a tu provocativo escote, que aunque no era exhibidor era muy sexy. Un jean ajustado a tus curvas y un perfume que alborotó mis sentidos apenas te subiste al auto.

Recuerdo que conversamos por un largo rato mientras me dejaba llevar por el tráfico. Sentí que si había una conexión entre nosotros, si nos gustamos en persona. Aunque, yo ya no era una sorpresa para ti, ya te había mostrado una foto mia ¿Lo recuerdas? Esa noche que te fuiste de rumba y entre tragos y música me mostraste un poquito de ti bailando y cantando, dejándome ver lo divertida y animada que estabas esa noche. Y yo con ganas de poder estar allí contigo, sintiendo tu sudor, tu aroma en la piel, el calor de tus manos quizás acariciando mi rostro mientras bailábamos. Ya me conoces, mi imaginación vuela. Te dije que queria estar alli… ¿pero ya cuantas veces te lo había dicho? Necesitabas una prueba de que mis palabras eran ciertas, ya eran tantas veces diciéndonos que deberíamos vernos y nada pasaba de unos mensajes por instagram o whatsapp. Pues tenias razon, ya eran varios años quizás de sólo piropos y deseos por ser protagonista de alguna de esas historias que leías y te servían de motivación por la noches. Esta vez querías ser tú, sentirte segura de que yo no era solo un personaje de ficción. Pues te envie una foto de mi rostro. Si, quizás fue una locura, pero fue la sorpresa que te dejó sin aliento mientras bailabas y mirabas el celular. Bueno, así me lo hiciste saber luego.

El primer beso llegó en un semáforo en rojo, quizás algo tímido y dando permiso a lo inevitable. Seguí conduciendo hasta un lugar apartado. El sitio donde estaríamos solos y daríamos rienda suelta a nuestros deseos. Conversamos , reímos, hablamos de nosotros durante el camino, hasta que ya estábamos allí. Una habitación a media luz. Nos besamos, esta vez la pasión estaba libre. Ya podía sentir el sabor de tu boca, la forma de tus labios y el calor de tu lengua suavemente. Besabas con ternura, así como cuando das el primer beso adolescente. Mirarte a los ojos, sonreír, sentarnos en la cama y seguir besándonos lentamente. Mis manos se fueron hacia tu cintura acariciando suavemente tu pequeña cintura, luego no esperaron en deslizarse y acariciar tus redondos senos. Quería tenerlos en mi boca, así que leiste mi mirada y te quitaste la blusa seguido del brasier. Mi lengua empezó a lamerlos suave y cálidamente, Tus primeros gemidos se hicieron sentir. Tus manos me acariciaban el cabello, mi cuello, mi rostro. Me quité la camisa, desabroche mi pantalón. Te despoje de tus zapatos lentamente mientras nos mirábamos con ganas. Era inevitable devorarnos, te fui quitando el pantalón y quedaste solo en un hermoso blumer de encajes color vinotinto claro. Te dije que me encantaban los encajes a lo que asentaste con la cabeza afirmativamente y diciendo con una sonrisa: «Me lo puse especialmente para ti, se que te gustan». No podía arrancarte toda la ropa, tenía que disfrutar de ella. Así que recuerdo bien que empecé a darte besos por todo el cuerpo, me detuve en tu ombligo, sabes que tengo un fetiche con ellos, cuando son bonitos y sexys me encanta mirarlos, besarlos, tocarlos… Así como el tuyo, que iba acompañado de un piercing y con un abdomen plano que envidiaría cualquier mujer que hubiese dado a luz. Hay mujeres que el embarazo las hace quedar mas hermosas y sexys , y como que a ti te tocó ese día. Porque realmente puedo decir que besé cada centímetro de ti y me pareció perfecto con estrías y lunares. Sentir la humedad de tu sexo con solo haberte besado me daba señales que disfrutabas mi presencia. Mi lengua te disfruto lentamente, sin quitarte el blumer, solo apartando un poco. Podía escucharte suspirar, y te escuche gemir cuando mis dedos empezaron a entrar y soltaste un rico quejido cuando empezaron a moverse dentro de ti.

Tuve que quitarte ya esa última prenda de ropa, deseaba verte totalmente desnuda para mi, poder verte y tocarte a placer. Besarte en el cuello mientras te hablaba sucio y con picardía. Mi mano derecha te masturbaba quizás como lo hiciste algunas noches de soledad y deseo en tu cama. Podía acariciar tu clitoris mientras nos comiamos a besos. Quería que me obsequiaras tu primer orgasmo, y si lograba sacarte un squirt en pocos segundo llenarías mi ego. Jugamos a rozarnos, frotarnos desnudos sin llegar a la penetración aun. De pronto sentí tu mano adueñarse de mi erección y ver como lentamente me masturbabas y te acercabas a el, para devorarlo, para disfrutar con tus labios de mi miembro. Lo lamias, lo saboreabas, lo tuviste en tu boca hasta que me pediste que ya lo deseabas dentro de ti.

Me encanta disfrutar del juego previo, me encanta llevar ese momento hasta el punto del clímax. Tu lo estabas. Sentir varios orgasmos con solo mis manos y mi boca me lo habían dejado claro. ¿Pero que me paso? justo en el momento de ponerme el condon y continuar con esta escena mi mente se desconecta de mi ser. Mi erección empieza a fallar, la flacidez empieza a dominarme. ¡No! no puede ser, ahora no – pensé. y parece que cuando mas quieres recuperar tu estado rígido se te hace mas dificil. Tu mente te hace la mala jugada, todo iba bien hasta este punto. Tu lo notas y aunque no me dices nada tratas de ayudar. Y justo en ese instante recuerdas todas la veces que otras mujeres te preguntaban qué hacer cuando a sus parejas le sucedía esto y yo les respondía que debía hablarlo, ayudarlo quizás con algo de sexo oral. Pero sabes, en realidad es algo más. No suele pasar siempre, pero sucede más cuando tienes la presión en la mente de quedar bien, de hacerlo bien, de demostrar todo lo que dices ser frente a alguien que te gusta mucho y temes que se decepcione de ti. A todo hombre le puede pasar, a mi particularmente me sucede cuando pierdo el control y el dominio del momento. Cuando me pongo mas tierno y romántico que pervertido y dominante.Cuando no logro romper la barrera de la confianza por completo.

Me dedique a buscar una razón en el momento para justificarte lo que me pasaba contigo, culpando quizás el frío del aire acondicionado, la habitación que no era la que yo quería, y quizás solo tu recuerdes que otras cosas te dije. Pero lo más grandioso fue que tu te lo tomaste con calma, me seguiste besando, tratando de calmar mi ansiedad, pasamos un rato abrazados cual dos enamorados empiernados. Te pusiste en cuatro dejándome ver el esplendor de tu nalgas y tus caderas. Podía verte esa pequeña cintura y esa forma de pera tan divina que tienes. Mis dedos me salvaron el instante, me dediqué a darte placer con mis labios, lengua y dedos. No podía dejarte con ganas, al fin y al cabo el placer no se centra en solo la penetración. Pude lograr lo que tanto deseaba desde el principio, escucharte gemir, escucharte gritar y hablarme sucio mientras alcanzabas tu squirt y mojabas mi mano y la cama al mismo tiempo. Verte apretar las sabanas me devolvió esa seguridad que necesitaba.

Te levantaste al baño a darte una ducha, no querías regresar muy tarde a casa. Abriste la el agua caliente, yo entre a la ducha contigo y besandote en el cuello empezamos a jugar a enjabonarnos, acariciarnos lentamente. Empecé a tocar tus nalgas, apretarlas y sentirlas mías al igual que tus lindos senos. Notaste que mi erección había vuelto y sin mediar palabras te agachaste, lo tomaste con tus manos y lo llevaste a tu boca. Te movias llevándolo hasta tu garganta y usabas tus manos para acariciarme mientras lo devorabas. Yo empecé a grabar la escena, necesitaba recuperar mi ego, tu boca estaba tan caliente y tus labios tan fascinantes que sentí en pocos minutos que me harias llegar. Yo mordía mis labios y tu succionabas sin parar hasta que no pude aguantar más y explote en tu boca. Tu no te detenías, saboreabas mi néctar mientras iba saliendo de mi y apretabas mis bolas hasta que miraste hacia arriba con tus labios jugosos comiéndolo todo y dejándome sin aliento. Me besaste en mis labios y me dijiste: No estuvo nada mal. Me encantó.

Me quedé en la ducha aun pensativo, y aunque no la pasamos del todo mal, solo tenia una duda ¿Querrás repetir este encuentro? Y al irnos del lugar me lo dijiste: ¿Estas claro que me lo debes aun? No te preocupes, la pasé muy rico contigo y quiero volver a estar contigo. No te enrolles. Llévame a casa y cuadramos de nuevo ¿Te parece?

¿Ustedes que creen que pasó? Leeré sus comentarios

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relato erótico

Y le fui infiel…

Ella es una mujer que se casó joven, solo había conocido dos hombres en su cama y podemos decir que ninguno de los dos le enseñó nada especial en las artes amorosas. La rutina y la monotonía fueron siempre los protagonistas de sus historias de cama. Lo más atrevido que vivió fue hacerlo en la cama de sus padres una vez que se quedó sola con su novio, pero no cambiaban nunca la posición: el misionero. Y las veces que se puso en cuatro, ni tardaba 5 minutos para que el hombre llegara a su orgasmo. Esto se traducía a que llegaba el fin de aquel encuentro sexual. Y terminaba siempre insatisfecha mientras el caía rendido en la cama hasta nuevo aviso. Así duro varios años, siempre trato de buscar su placer con este hombre pero el la limitaba. «Eso es de putas» le decía cuando ella quería experimentar con su cuerpo y cambiar de posiciones. Gritar, gemir, aruñar, morder, dar y recibir por igual. A veces pasaban meses sin ser tocada, días sin besos y caricias, años sin nalgadas. Pero todo tiene un momento de quiebre, se obstinó y se atrevió a cambiar el rumbo de su vida. Después de pensarlo tanto y conversarlo con sus amigas se dio cuenta que no era la única que vivía de esa manera. Así que decidió crearse una vida paralela, y experimentar todo aquello que no se le ofreció durante todo este tiempo… 

Ella narra su historia…

-¿En que he fallado como esposa? ¡En nada! ¿Cómo madre? En nada… ¿Cómo mujer? En nada… – pensaba esta mujer cada noche que se acostaba sola en su cama y esperar despierta muchas veces a su esposo quien llegaba con tragos de más, y a veces con olor a perfumes que no conocía. Y a pesar de todo se levantaba a atenderlo, preparándole una sopa, un sándwich o quizás un café negro. Y lo abrazaba al acostarse para sentirlo suyo, pero muchas veces era él quien la espalda le daba o ignoraba sus caricias. A veces discutía con ella para que se molestara y terminara en el sofá de la sala, para evitar tener que dar explicaciones de donde estaba. Ella se estaba cansando, ya eran años en la misma situación y la misma historia. Lágrimas e impotencia le invadían la mente casi todas las noches. Y aveces el único consuelo era un mañanero de 5 minutos que no lograban siquiera hacerla llegar a un orgasmo y tenía que culminarlo con sus propias manos muchas veces mientras se duchaba o se quedaba en cama durmiendo y fantaseando despierta con que su hombre le hiciera el amor en lugares mágicos. Lugares que fueron promesas cuando eran novios y nunca llegaron, lugares que eran afrodisíacos cuando se conocieron y se prometieron ir cuando alcanzaran sus metas y sueños. Y hoy día llueven las excusas para «no poder ir».- ¿Que voy hacer con todo esto? ¿Por qué él tiene que ser así? ¿Tan mal me he portado?¿Acaso no merezco un poco más de atención? ¿Otras mujeres vivirán lo mismo que yo? O seré la única tonta que se casó creyendo que todo sería mejor con el tiempo… Esto tiene que cambiar… Tengo que cambiar… – pensó .

Llegó el día de mi cambio, ese día que amaneciste con ganas de verte distinta, sentirte distinta. Maquillaje, peinado, ropa interior y un outfit que resalte tus atributos físicos. Esos que tu propio marido quiere que ocultes ahora y en el pasado fueron los que lo volvieron loco. ¿Con que intención? Solo sentir las miradas, quizás escuchar un piropo, algún halago que no encuentras en tu propia casa. Y seamos sinceras, aprendimos a llenar nuestro ego con palabras y palabras ahora con likes en las redes sociales. Pero soy una esposa que si sube una foto en traje de baño son más las críticas de mis amigas y mi marido que los piropos. Solo quería sentir que existo, ¿saben? Que no soy solo una mamá aburrida y dedicada al hogar. Soy una mujer que se cuida, trabaja, se trasnocha con sus hijos haciendo tareas o por su marido esperando que llegue de la calle. Limpia, barre, cose, lava, y todavía le quedan energías para una buena sesión de sexo marital… Y nada. No hay un gracias, no hay un que bella te ves, no hay un «Esta noche serás mía» que te haga suspirar. Que te mantenga nerviosa todo el día y ansiosa por liberar tus ganas y ese libido acumulado que deseas sentirte la mejor estrella porno en acción. ¡Pero no! ¿Y saben que? Me canse… Y desde hoy nacerá mi alterego… Una mujer que saldrá a cumplir todos sus deseos, sin dejar de ser la misma madre, la misma esposa… Pero en versión 2.0  ¿Quieren saber más?

Me canse de darme auto placer, me canse de los juguetes. Me canse de tener que mendigar placer. Me siento sexy, a pesar de mis años y mis embarazos. Me siento que puedo complacer a mi hombre… Pero él no me deja acercarme como antes. Me desnudo y a veces ni me mira. Me hace sentir invisible en la habitación, porque en la cocina si me ve o cuando algo está mal en la casa. ¡No es justo! Quiero salir y sentir que me miran con deseo, quiero hablar con un caballero que me seduzca con palabras inteligentes. Que me haga morderme los labios con solo escucharlo. Que nos bebamos unos tragos sociales y me haga reír mucho, que me haga suspirar con su mirada profunda y porque no que me saque a bailar y me haga cerrar los ojos mientras solo siento su perfume respirando profundamente. Sentir su mano rozándome la espalda y preferiblemente su erección en mi pierna. Solo eso para empezar. No pido más para una primera noche queriéndome sentir muy mala… ¿Cómo debe ser ese hombre? Interesante y elegante, atractivo e inteligente. Quiero que me haga desearlo al punto de ser yo quien lo secuestre. No estoy en búsqueda de un reemplazo para mi esposo, por lo menos no es mi primera intensión. Solo busco una aventura, que me aclare las dudas. Quizás piensen que me estoy justificando para ser infiel a mi marido… Pero… ¿Que harían ustedes en mi posición?

Merezco mi momento. Merezco sentirme viva. Merezco experimentar lo que él me ha estado haciendo. Quiero saber que se siente. ¿Que más herida puedo sentirme? ¿Ya que puedo perder? Será mi secreto. Mi momento. Quizás mi mayor locura… Pero es mía por completo. Necesito que sientan mi piel, que me hagan suspirar, que se acelere mi corazón, que me hagan mojarme con una buena conversación. Que me besen por todo el cuerpo y lograr que se endurezcan mis pezones. Quiero sentir unos labios ricos y carnosos besarme entre las piernas, tengo tanto que no siento un beso de esos que juraría que lo olvidé. Quiero sentir su miembro entre mis manos, acariciarlo, apretarlo, frotarlo de arriba a abajo una y otra vez hasta verlo a punto de explotar. Llevarlo a mi boca y lamerlo y saborearlo con mi lengua y empujarlo hasta mi garganta a punto de ahogarme, hasta que mis ojos lloren. Hacer ruidos con mi saliva y golpear mi rostro con esa firmeza repetidamente. Quiero morderlo de lado y lamer sus bolas hasta tentarme bajar a su culo y chuparlo varias veces. Usando mi lengua lo voy a penetrar y le haré una paja divina hasta que explote en mi cara… Quiero sentir su semen caliente recorrer mi cara hasta mi boca, dejando caer el resto en mis senos y poder masajearlos y apretarlos mientras vuelve a meter su erección en mi boca y me hace sentir la más puta de todas… ¿Cuesta tanto complacerme? 

Una de tantas noches que me la pasaba leyendo ingrese a una cuenta que me amarró con sus letras. Un hombre que masturbaba mi cerebro con cada uno de sus post. Era inevitable no volverse adicta a sus historias. Cada noche me introducía más y más a un mundo de lujuria y perversión que necesitaba explorar. Confieso que muchas veces en la soledad de mi habitación o en la ducha tuve que usar mis propias manos para calmar esas ganas que se alborotaban por efecto de esas lecturas. Peor fue el día que descubrí sus audios, ya que usando mis audífonos podía sentir que estaba allí susurrándome en mi oído. Era inevitable no tocarse y desear tener a ese hombre metido entre las piernas. Con él descubrí que podía ser multiorgásmica, hubo días que me masturbe más de seis veces. Ya no eran suficientes mis manos, ni mis juguetes, lo necesito a él. Me atreví a escribirle, aunque confieso que no contaba que me pudiera responder.. Pero mi sorpresa fue fantástica al ver sus buenos días y unos cuantos likes en mis fotos. Mi corazón se aceleró, era real, estaba más cerca. Pero, ¿esto será solo sus letras o así será en la vida real? Tengo que salir de la duda… Así que pase varias horas escribiéndole, insinuando mis deseos. El era tan caballero que se limitaba a responder con frases cortas, pero con el correr de los días fuimos descubriendo que teníamos cosas en común. Quería verlo, conocerlo en persona. Ya no era suficiente ver fracciones de él. Así que lo invite yo a conocernos, a tomarnos algo tranquilamente. No lo podía creer, esa noche no pude dormir tranquila. Pase la noche soñando despierta haciéndole de todo a este hombre, fue rico… Pero deseaba más ¿Será que podré controlar este deseo impuro que siento cuando lo vea en persona? ¿Y si no me gusta al verlo? O peor… ¿Y si me gusta demasiado? Me voy a volver loca con estas emociones, pero ¿Saben que? Necesitaba sentirme así… ¿Les ha pasado?

Llegó el día de conocernos. Mis nervios estaban acelerados, mi ansiedad a mil, creo que me comí una barra de chocolate en tan solo segundos y eran las 11:00 a.m. Quedamos en vernos en un centro comercial reconocido de la ciudad. Soy de las que aman llegar temprano, minutos antes de lo acordado y que quizás todos esos minutos de más se me hicieron horas. Él llegó puntual, mi celular sonó y sentí que ese mensaje era como si metiera su mano entre mi panty y me acariciara el clítoris con sus dedos. Sentí que me mojaba y aún ni lo había visto. «¿Donde estas? Ya llegué» – decía el mensaje. Les juro que ya me había visto en el espejo más de 40 veces, me sentía bella, sexy, elegante, divina… Pero después de leer el mensaje mi seguridad se esfumó. ¿Cuántas mujeres más hermosas que yo habrá conocido?¿Y si no le gusto como soy? ¿Y si piensa que soy una vieja loca falta de marido? ¡Ay Dios! ¿Qué hago ahora? ¿Será que mejor me voy y le digo que no pude llegar? Y eso levanté la mirada y lo vi… Presentía que era él. Vestía de jeans y camisa con una chaqueta. Por un segundo tuve la ventaja, yo sabía quien era y el aún no me había reconocido. Pasó por mi lado viendo algunas vidrieras y yo clave mi mirada en el teléfono. Y le escribí: Acabas de pasar por mi lado. Te ves muy guapo. Pero justo sonó mi teléfono y era él quien llamaba… Había guardado su número de teléfono con el nombre de: «Señor D», el nunca me dio su nombre, y no pensaba llamarlo «El Dueño» como me dijo que se hacía llamar. Contesté nerviosa porque significa que no era el elegante hombre que había pasado por frente mío. Y escuché su maravillosa voz y volví a sentir que se me bajaban las pantys. – Hola hombre misterioso ¿se puede saber donde estas? – le pregunté, a lo que me dijo:» – Estas muy hermosa, puedo verte desde aquí y ya siento curiosidad por saber que llevas puesto debajo de esa chaqueta.» ¡Dios mio! Ya este hombre me esta viendo y yo ni idea de quien es o donde está, empecé a voltear a todas partes, miraba de arriba a abajo buscando a alguien con un celular. Me pidió que caminara hasta un punto y yo lo obedecí ¿que me estaba pasando? 

 El seguía observándome y hablándome al teléfono, yo sentía que me desnudaba con solo verme. ¿Donde estas? ¡Por Dios! Me mata la ansiedad y de pronto escucho su voz ya no sólo por mi auricular sino en mi cuello. Un choque eléctrico bajó por mi espalda hasta mi entrepierna, sentí que me sonrojé. Allí estaba frente a mi, esos labios carnosos y una sonrisa preciosa y unos ojos café oscuro con mirada profunda y unas cejas gruesas y muy pobladas que combinaban con su barba como de un par de días sin afeitar. Y pensar que siempre odie a los hombres con la barba así de descuidada. Pero a él se le veía tan sexy e interesante. Su boca era mi perdición, quería besarlo con solo verlo hablar. – ¡Contrólate! Me decía a mi misma. – ¿Que va a pensar el de ti si nota tu actitud? ¡Eres una señora por Dios compórtate! – pensaba dentro de mi. ¿Quieres comerte algo? – le dije sin pensarlo mucho. Quería sentarme y hablar con él, si seguía de pie frente a él terminaría robándole un beso y quien sabe que más me provocaría. Así que entramos a un café y pude ver lo caballeroso y atento que era al tratarme. Nos presentamos formalmente, aunque confieso que no me dijo su nombre en ese instante, ni me importó, amaba esa malicia que tenía en su mirada al hablarme. Me miraba de arriba a abajo, pero siempre se detenía a verme fijamente a los ojos. Tomó mis manos y se fijo en mis uñas, en la textura de mis manos. Y soltó un piropo sobre lo mucho que les gustaron. Me sonroje. Sin decirles que me beso las manos mientras olía mi perfume en ellas y de pronto sentí como me mordió suavemente dejando sus dientes marcados en mi dedo índice. Confieso que eso fue tan erótico que aún hoy me muerdo yo misma antes de masturbarme para recordar ese instante tan especial. Se que se ríen, pero es fascinante sentir estas emociones y crear estos fetiches locos. Desde que lo conocí, confieso que mi sexualidad y estilo de vida cambio por completo… Y para mejor. Él ya sabía mi condición de mujer casada e insatisfecha, y que mis ganas de conocerlo eran más por aprender de sus consejos e ideas que por hacerlo mio. Lo deseaba con locura ¿a quien trato de engañar?

Llegó el momento del primer beso. El se acerco a mí y primero me beso en la mejilla susurrando un: «Hueles riquísimo» que me hizo estremecer, sabía que mi perfume le gustaba ya con eso. Pero al retirarse y dejarme con la boca abierta del asombro se volvió a acercar a mi, pero esta vez besándome en los labios con tal ternura que me hizo retroceder a mi primer beso de enamorada. Hizo un leve chasquido al medio separarse de mi que hizo que no solo mi boca se volviera agua. Y fue cuando sentí como su lengua hacía el amor en mi boca. – ¡Dios mio! Que rico besa este hombre… – me dije en silencio cerrando mis ojos y sin importar si me veían o no. Su lengua me acaricio y sus labios me amarraron a él. No quería despegarme, tenía un sabor a patilla (sandia) que me encantaba. Luego me enteré que es fanático de la goma de mascar Trident de ese sabor. Mis manos no tardaron en posarse en su rostro, quería sentir esa barba sin afeitar de un par de días. Hasta roce mi rostro por ella, que rica sensación. Y pensar que siempre la había odiado. Mi respiración estaba como si corriera un maratón, mi corazón palpitaba con tanta emoción que les juro que me sentí viva de nuevo. Quería comérmelo allí mismo… Pero recordé que estaba en un lugar público y el mundo es pequeño cuando te portas mal. Decidimos irnos de allí, él se levantó a pagar la cuenta y yo les confieso algo, me quite las pantys debajo de la mesa y no me pregunten como se la metí en su bolso de mano (koala), necesitaba sentirme atrevida, malvada, sucia quizás. Cuando volvió y fue a guardar su billetera encontró esa sorpresa. Me miro y mordió sus labios sonriendo, suspiró y no lo van a creer… La saco pero muy sutilmente la acercó a su nariz sin dejar de verme, cerró los ojos y respiró profundamente y la guardó en su bolsillo. Me tendió la mano y me dijo: «Vámonos de aquí» ¿Dios mio que hice? ¿Qué me va hacer este hombre? Yo solo lo seguí. Me llevó a su auto, lo encendió, activo el aire acondicionado y puso algo de música. Era Sade… Me miró y besándome de nuevo pude sentir su mano entre mis piernas, el mismo confirmó como me tenia de húmeda, casi tengo un orgasmo con solo tocarme así. (¿Más?)

Yo quería que me lo hiciera allí mismo. En el fondo era una de mis fantasías. Pero me cohibí y no dije nada. Dejé que él tomará el control y decidiera que hacer conmigo. A lo que me respondió durante el camino: «¿Sabias que tengo un código con mis seguidoras? – mi cara de duda era evidente, no sabía de lo que hablaba – En la primera cita no puede haber sexo.» A lo que yo me decía por dentro casi riéndome: «Entonces ya fallaste porque para mi hasta ahora me haz dado una cogida mental del otro mundo» pero respondí en realidad: «¿Quiere decir que no me vas a llevar a un hotel y no me vas hacer el amor?» ¡Ups! ¿Qué coño dije? Esto sonó a desesperación mija ¿Que va a pensar él de ti? ¡POR DIOS! – Todo esto mentalmente claro… El solo me miró y me dijo: «Si iremos al hotel, creo que necesitamos un lugar más íntimo y relajado para conocernos mejor. Además, tengo muchas ganas de besarte…» – Ya para mi eso era sexo desenfrenado, quizás para él no. Así que lo apoye con su idea y me relaje, subí el volumen de la música y me quede mirando por la ventana. Allí pensaba ¿Será que es verdad? ¿Y si me provoca violarlo? ¿Se negará? Dígame si es gay y no me lo confiesa ya en cuarto… No creo… Yo presiento que lo hace solo para ponerme a pensar más de la cuenta ¡Que enrollada somos las mujeres! ¡Hay Dios ya llegamos al hotel! No, no, no, no, creo que me voy a arrepentir ¿Y si me ven? ¿Si alguien me reconoce? ¡Que pena! ¿Qué hago? ¿Le digo? ¿Y si se molesta y me deja botada aquí? ¿Dios mio que hago?» – No se rían, ustedes son iguales o peores que yo.

Llegamos al @dallassuiteshot y eligió una habitación llamada #SuiteContainer era una locura. Al principio sentí algo de claustrofobia en realidad. Pero este hombre hace que todo se te olvide y te borra los miedos de la cabeza ¿como lo hace? Desde que entramos ya el venía quitándose el reloj de su mano derecha y los brazaletes de la derecha. Dejó el bolso y el teléfono en la mesa de noche, se acercó a mi y me pegó contra la pared inmediatamente. Su lengua me violaba, penetraba mi boca y me hacía abrirla al máximo. Me agarró del cabello y me empezó hablar con dominio y maldad. Apretó mis senos y ya podía sentir su erección rozando mis piernas. Me dijo: «Vas a ser mía carajita» a lo que no pude evitar reírme. Porque primero creo que le llevo unos años más a él y no me siento una carajita (niña adolescente) y la otra es porque ya entiendo lo que le llaman #EfectoElDueño, cada palabra dicha por este hombre toma vida propia. Sonó tan rico cuando me lo dijo que no pude evitar quitarme la ropa y pedirle que me besara toda. Estaba completamente desnuda para él. Tenía nervios de decepcionarlo, mi cuerpo no es de 20 años pero esta muy bien cuidado y firme, aunque las estrías del embarazo aun siguen dándome pena. Pero el solo me miraba a los ojos y me repetía… «No debo romper mi código hermosa mujer ¿Por qué te quitaste la ropa? En la primera cita no debo…» – Shhhhhh cállate carajito – le dije colocando mi dedo en sus hermosos labios – Olvídate de romper tu código, porque mejor no me rompes el culo y me haces gritar el nombre que aun no me dices ¿ah? No vine hasta aquí para quedarme con las mismas ganas que me deja mi marido todas las noches. Vine aquí contigo porque deseo que por unas horas me hagas olvidar lo aburrida de mi vida. Quiero que mientras estemos dentro de estas cuatro paredes rojas me hagas sentir lo que escribes en tus post. Quizás cuando me vaya de aquí no nos volvamos a ver jamás, pero solo quiero regalarme un momento exquisito contigo…» – No me dejó terminar de hablar. Me tomó por las piernas y me cargó hasta la cama, tirándome como un trapo, abrió mis piernas y con sus labios me hizo el oral más sádico que he sentido… 

Sus labios y lengua eran maravillosos entre mis piernas. Lograban hacerme estremecer una y otra vez. Él sabía donde tocar, donde succionar, donde lamer, todo… Era perfecto. Con decir que en pocos minutos tuve tres orgasmos solo con su boca. Al punto que más que mis gemidos lograba hacerme reír, era fascinante. Nunca había sentido eso, es excitante. Mis pezones estaban duros y el los pellizcaba con sus dedos mientras su lengua me penetraba y jugaba con mi clítoris haciéndome gritar de placer. Mis manos se aferraban a su cabello para evitar que se fuera lejos de mi y controlar sus movimientos. Sentir su barbilla rozándome me hizo querer tenerlo dentro de mi ya. Lo hale por el pelo y lo traje hasta mis labios. Podía sentir mi sabor en su boca aun. Y si… Lo desvestí. Era mío, por fin iba a disfrutar de aquel miembro tan imaginado por muchas y deseado en las noches más solas y calientes de muchas de sus seguidoras. Quitarle el bóxer era lo más sexy que había hecho en años y ver aquel miembro salir erecto entre a su ropa… Uffff inmediatamente lo lleve a mi boca, no podía perder más tiempo. Mi garganta por fin pudo aclarar la duda de su capacidad, mis ojos se nublaron de lágrimas pero no podía dejar de intentar llevarlo cada vez más profundo. Él me miraba y dejaba salir sus suspiros y gemidos, eso me calentaba aún más. Lo mordía, lo chupaba, golpeaba mi cara con el, lo masturbaba de arriba a abajo, lamía sus bolas, lo escupía tal y como lo veía en las pornos, confieso que lo único que me importaba era la expresión de su rostro, verlo morderse los labios y hablarme entre dientes diciéndome: «No pares… trágatelo todo… es tuyo… Disfrútalo, chúpalo rico…» ¡Que voz tiene este hombre! Sus palabras me masturbaban el ego. Me sentía divina, joven, lujuriosa, pervertida, toda una perra complaciente, la más puta de todas. Es loco, pero disfrutaba sentirme sucia, así que le pedí que acabará en mi cara… Necesitaba sentir su néctar caliente cayendo en mi cara y saborearlo al final con todo gusto. Ya quiero que me coja… 

Abrí mis piernas, me entregué a él. Dejé que me hiciera el amor. Aquel momento fue maravilloso. Sus besos me trasportaban a otro mundo y sentirlo dentro de mí era lo que siempre había soñado sentir. No me maltrataba, no era un meter y sacar. Era una conexión energética. Mis cinco sentidos eran suyos. Olía tan rico su cuerpo, esa mezcla de sudor y perfume Sexy 212 me alborotan las neuronas y las feromonas. Su erección podía sentirla tan mía, tan profunda y placentera que me hizo llegar al éxtasis nuevamente. Escucharlo hablar mientras me penetraba, narrando lo que me hacía como si se tratara de un audio relato me parecía lo más excitante y divino que me habían hecho en mi vida. No quería dejarlo, confieso que tantas embestidas me tenían un poco adolorida al cabo de 4 horas. Al ponerme en cuatro fue lo más glorioso que había experimentado en el sexo, solo sentí un par de nalgadas y despertó mi lado masoquista. Quería más… Pero sentía miedo. Podían quedar marcas… Aunque pensándolo bien ¿Desde cuando mi marido no se fija en mi, ni me mira con detalle? ¿Será que me arriesgo? Necesito sentir… -¡DAME MÁS DURO CARAJO! REVIÉNTAME EL CULO CON TUS MANOS…- grite. Valió la pena… Y nunca me vieron las marcas en mis nalgas, use pantalones deportivos para dormir y a mi esposo nunca le importó. Es más… Ahora soy adicta a las nalgadas y estoy a punto de pedir más azotes no solo con las manos, quiero correa, fusta, tabla… Si, esto fue solo el comienzo. Ahora soy una adicta a sus besos, a sus movimientos, a sus palabras y perversiones. Soy una pervertida… Su clon. 

Llegó el momento de despedirnos. Las seis horas en aquella habitación fueron perfectas, pero pasaron volando. Lujuria, placer, deseo, intensidad, un poco de sumisión, pero yo deseaba más. Me sentía feliz pero incompleta, quería seguir descubriéndome, había encontrado al hombre que me enseñaría a despertar mis más oscuros placeres. Después de ducharnos y vestirnos, lo abrace fuerte y le di las gracias. Y le dije que necesitaba repetir lo que acababa de vivir, pero esta vez quería experimentar nuevas sensaciones. Necesitaba subir un poco la intensidad. Le dije que estaba lista para ver su lado más perverso. Que ya dejara de mostrarme su lado bueno y tierno. Esta vez deseaba sentir un poco más de maldad. El sonrió con picardía, parecía un niño tremendo, subió una ceja e hizo un gesto con la boca que me llevó a morderme los labios. Traduje eso como un sí. Lo bese en los labios nuevamente. Les juro que podría pasar horas disfrutando de esa boca. Besa tan rico que se vuelve una adicción. No aguanté, caí arrodillada a su pasión. Abrí su pantalón y saqué nuevamente su adorado miembro y me los llevé a la boca. No podía dejar de mirarlo mientras llevaba esta erección hasta mi garganta. Quería que se fuera a su casa sin una gota en el tanque. Lamia sus bolas mientras mi mano lo masturbaba una y otra vez. Esta vez le hable sucio, no se como me nació. – «Dame tu lechita caliente en mi boca, anda. Acaba de nuevo para mi.» – Gemía y chasqueaba aquel poderoso miembro entre mis manos y lengua sin dejar verlo. – «Complace a tu puta, vamos. Quiero tu leche» – seguía diciéndole mientras lo escupía para lubricar aquella erección que provocaba volver a sentir dentro de mi. Esta vez sin quitarme la ropa, solo subí mi vestido y yo misma me voltee y busque que me penetrara restregándole mi culo. Y mirándolo por encima de mi hombro le dije: ¡Quiero más! Y esta vez sin quitarnos la ropa me cogió en la orilla de la cama en cuatro. Me dio duro. Esta vez sentía que desprendía por dentro, sentía algo de rabia en cada embestida, era divino. Me dolía, si. Pero eso era lo que quería. «Dame por el culo» le dije entre dientes como queriendo que no escuchara. Se detuvo. ¡Dios mio! Me lo va a partir.

Sentí como sacó de mi vagina su miembro lentamente y empezó a frotar mi culo con mis fluidos. Ya minutos antes lo habíamos intentando y no podía, el dolor no me dejaba concentrarme. Pero les confieso algo. Ahora me siento tan excitada que deseo que me duela y me haga gritar. Abrace la almohada y me preparé, miré para atrás y le dije: – «Así te grite no me lo saques, se que va a doler. Solo trátame con cariño y firmeza ¿Quieres? Confío en ti… Mi culo virgen es tuyo hoy» – Siguió rozándome una y otra vez, busco el lubricante, se quitó solo el pantalón y empezó a meterme su dedo para dilatar mi entrada. Les juro, tenía miedo, pero al mismo tiempo quería tenerlo todo dentro de mi. Llegó un momento en que sentí varios dedos, no se cuantos, pero ya tenía rato en eso. Yo me seguía estimulando el clítoris y le pedía que no dejara de hablarme. Su voz era el mejor sedante del mundo. -¡MÉTELO YA ! – grité, y sentí como me atravesaba lentamente por dentro. Si, grité. Me aferre a la almohada y grité mucho. Pero era divino al mismo tiempo. No quería que parará ni un instante. Llegó un momento en que era yo quien empujaba su cuerpo contra él… Quería sentirlo más duro y profundo. Arranque las sábanas, tire las almohadas al piso, golpeé la cama una y mil veces hasta que salió un grito seguido de un orgasmo como jamás lo había sentido. Lloré, mis lágrimas salían de mis ojos pero con una extraña sensación de placer de otro mundo. Sentí que temblaba todo mi cuerpo. Lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo. ¿Acaso este hombre era tan perfecto? Y allí me quedé inmóvil por un largo rato. Y el tan dulce y tierno solo me hablaba y me besaba en el cabello como si me consolara, eso me partió el alma. Sentí que lo amaba. Si, suena loco, pero así somos las mujeres. Lo besé con toda mi alma y mi pasión y le dije que ya entendía porque se hacía llamar #ElDueño… Yo era suya.  

CAPITULO II

Solo puedo decirles que después de aquel maravilloso encuentro paso lo que más temía… Me envicie de ese hombre. Más que cogerme, me hizo el amor como tenía muchos años sin sentir. Yo necesitaba seguir explorando mis perversiones con él. Así que lo llamé de nuevo esa misma tarde, diez minutos después de habernos despedidos y sin pensarlo un segundo más le dije: «-Carajito, no se como vamos hacer pero necesito que nos volvamos a ver esta misma semana, si es mañana mismo me harás la mujer más feliz de este mundo. ¡Anda! Quiero que me amarres y me cojas duro, que me nalguees y me azotes con todas tus ganas ¿me complaces? Llévame al @dallassuiteshot de nuevo y desahogamos estas ganas en una de esas habitaciones ¿Si? Esta vez soy yo quien cubre los gastos ¿Te parece? Deja que esta vez sea yo quien te llevé. ¡Si me vieras la cara chico! Me estoy hasta mordiendo los labios con solo pensar en todo lo que podemos hacer. ¿Entonces? ¿Qué dices…? Nos vemos mañana ¿si? – Él solo se rió con su carcajada maléfica, eso para mi era un si rotundo. Después de un rico suspiro me dijo que si. Les juro que ya con eso volví a tener un orgasmo sin tocarme. Llegué a mi casa con una sonrisa de oreja a oreja. Feliz, relajada y sin complicaciones. Creo que tenía mucho que no llegaba a casa y me provocaba cocinar. Preparé una cena rica para mi hermosa familia. Mis hijos me miraban y sonreían conmigo, dicen que la felicidad se contagia. ¡Y si mi marido se da cuenta también! Esta felicidad no es común en mi ¡Dios mio! ¿Será que me molesto con él y busco una excusa para pelear?  ¿Qué hago? Díganme…

Mientras hacia la cena no podía dejar de recordar cada beso, cada caricia, cada nalgada, cada penetración que me hizo, sus ricas mamadas… ¡Dios mio! Todavía siento su barba rozando mi entrepierna lamiendo mi culo y la humedad de mi sexo que brotaba a chorros con solo sentirlo a milímetros de mi. Se me acelera la respiración con solo acordarme y me pone a sudar. ¿Que me hizo este hombre? Parezco una depravada sexual. Tuve que irme a la ducha, tarde o temprano llegaría mi marido a casa y aunque dudo que se acerque a mi a olerme de cerca, siento que huelo a culpa, a sexo vulgar. Me han enseñado que eso es pecado pero desearía en este preciso momento tener de nuevo su leche caliente chorreando mi cara. Lamerme los labios y saborear ese néctar diabólico que expulsaba ese hombre de manera tan divina. ¡Yaaaaaaaa! ¿Qué te pasa? Deja de pensar en eso… Ducha fría, ducha fría, ducha fría… Nooooooo, no puedo, odio el agua fría. Empecé a enjabonar mi cuerpo con la esponja y el jabón líquido. Es fascinante sentir esa sensación en la piel. Mis senos estaban extrañando su boca, mis pezones se pusieron duros como cuando él los lamia, chupaba y hasta mordía ¡Dios mio no puede ser! Un morado en mi seno ¡me quiero morir! Me van a matar antes de tiempo y todavía tengo mucho por vivir con ese hombre.¿Se notará mucho? Bueno, para lo pendiente de mis tetas que esta el ridículo de mi marido capaz ni lo note. ¿Que hago? Se ve clarito que es un mordiscos o un chupón. Nada, no queda más que apagar luces temprano hoy y dormir con la bata más abuelita que encuentre. No se vaya antojar hoy de buscarme pelea en la cama. Aunque… No sería mala idea pensándolo bien. Siento tantas ganas de que me sigan disfrutando y me den otra revolcada. Ya se verá. Y justo allí escuché el portón del estacionamiento… Llegó. Mis nervios y mi cara de puta culpable se me notaba a leguas ¿Coño que hago? Al contrario a lo que pensé, me puse un lindo brasier y un hilo chiquito acompañado de una bata y lo fui a recibir. Me le lancé encima antes que pudiera decir nada. Lo besé y le dije: «Menos mal llegaste, me estaba preparando para ti amor, necesito una buena cogida» – Hoy estoy cansado amor – respondió 

Acostarte y escuchar los cuentos de tu marido y sus hazañas en el trabajo para justificar sus llegadas tardes todas las noches me hacían pensar que en realidad se estaba viendo con la niña esa que una vez vi en su auto y que según le estaba dando la cola. ¿Por qué se la buscan tan carajitas? Será porque le creen todos los cuentos y fantasías que le dicen, y seguro le compra ropa, teléfonos y cuanta chuchería importada se le antoja. Porque para eso si sirven, para terminar siendo un «papá adoptivo». Ni tirar debe saber la tripona (niña) esa. Pero claro, él la va enseñar a dejarse coger nada más, porque el ego machista no los deja tranquilos si la mujer disfruta más que ellos. Pero no es por nada, mi marido es bello. Siempre sale arreglado, con su ropa bien planchada, limpiecita, combinadito. Claro, gracias a mi. Porque si por él fuera se pusiera cada mamarrachada encima y pasara pena en la calle. Y pensar que su mamá me lo advirtió… Pero una de enamorada y ciega no pensó más allá de las buenas revolcadas que nos dábamos a escondidas en casa de sus padres. – Pues si, es mi primer y único hombre, o era hasta hace unas horas – ¿Qué estará haciendo mi Dueño? ¿Será que le escribo un mensaje? ¡Dios mio que me pasa! Apenas pensé en él y siento que me mojo. Apreté la piernas como si sintiera un vibrador en mi vagina. ¿Será que vuelvo a intentar convencer a mi marido? Le voy a dar una mamada de esas que le hacia en la universidad. – Bajé hasta su abdomen y saqué su aun flácido miembro, lo metí en mi boca y empecé a saborearlo, recordando lo mucho que me hacía disfrutar tiempo atrás… – ¿Qué es…? ¡Mujer! Te dije que estoy cansado coño, no tienes consideración conmigo. No todo puede ser sexo, sexo, sexo. Últimamente te la pasas como si fueras una carajita de 20 queriendo coger todos los días. Esa eres tu que no te jodes como yo trabajando todo el día para traer el pan a la casa. ¡Que ganas voy a tener yo de tirar! Ni se me para del cansancio chica. Acuéstate a dormir vale, que mañana tengo que madrugar nuevamente. Tengo que ir a Valencia a buscar unos repuestos para el auto que no se consiguen en ningún lado… Bla Bla Bla… – Ya no quería escucharlo más en realidad.  Díganme ustedes si por cosas así uno no se transforma en otra persona. ¿Que harías tu?

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Por el culo es rico…

Sería el tercer encuentro deseaba volver a vivir una noche cargada de sexo perverso y exquisito con él.  Llegó el día tan anhelado. Un  miércoles de los que el llama #MiercolesDeFantasias… Yo cumpliría una de ella una vez más en sus brazos y quería cumplir la de él,  usaría  mi atuendo de trabajo,  iba preparada, llevé caramelos de menta y mi lubricante. Nadie se imaginaria todo lo que pasaba por mi mente al volver a tener al número uno de mi Top10 del sexo. Mi corazón acelerado, y mi entrepierna ya húmeda, viajé de una ciudad a otra para aquel encuentro tan esperado. 
Sabía bien a lo que  iba, a encerrarme en un hotel para liberar mis demonios junto a él. Era una suite del @dallassuiteshot  Deje mis cosas en la mesa mientras el preparaba el ambiente.  Yo  estaba nerviosa pero sabía que iba a morir de placer en sus brazos, sobre la cama su corbata y unas esposas a las que confieso le tenía cierto miedo. Puso buena música y se me acerco por la espalda comenzó a besar mi cuello y yo inmediatamente comencé a humedecerme a chorros… era inevitable. 

Sólo sentir su aliento Uffff! Me desnudó lentamente y de un sólo movimiento dejo mis pechos libres, no podía más tenía que besarlo. Ver aquellos ojos café que me invitaban a devorar sus labios y sentir toda su piel. Me dio los besos más lujurioso que mis labios habían probado. Me llevo a la pared y metió su mano entre mi panty: «Quiero sentir que tan húmeda estas» me dijo con su voz varonil y excitante. Yo chorreaba sabía que estaba super mojada,  él comenzó a mover sus dedos, mientras nos besábamos, mis pezones cada vez se ponían  más duros. Sólo se alejó de mis labios para saborear sus dedos llenos de mi… Dios mío,  confieso  que hasta yo quería probarlo. Me llevó a la cama completamente desnuda y así comenzarían las 6 horas de perversión y exhibicionismo más ricas de este año. 

Estando sobre la cama me sentía tan deseada, divina, sensual… Él se paró frente de mi y dejo caer sus boxer. ¡Dios! ver su erección me hizo recordar todo lo que he fantaseado con él desde la primera vez que vi su miembro en una foto.  Simplemente fascinante.  ¡Pero me tocaría esperar un poco más! El fue directo a mi entre pierna con sus labios y me devoró con su boca. Creo que mi sabor le gustó. Su lengua se movía ágilmente, mis gemidos comenzaron a salir, me aferraba a las sábanas! Aquella habitación había dejado de sentirse fría y había empezado a encenderse el fuego .

En ese momento no puedes pensar sólo sentir. Mis piernas directo a sus hombros y  toda su erección dentro de mi. Comencé a estremecerme y a dejar escapar mis primeros orgasmos. Es que con él están asegurados. Mis gemidos llenaban la habitación y derrepente: «Ya recordé por que quería volver a cogerte» susurró suavemente. Su risa pícara seguida de cada embestida contra mi cuerpo era deliciosa y fascinante… Mis gemidos ya no podía controlarlos. Yo también quería hacerle sentir placer a él, así que llegó mi turno y mis labios serían los encargados. Sentir su olor a sexo único y varonil me encendía aún más. Tenerlo en mi boca, chupar, lamer, empaparlo de mi saliva,  llevarlo a lo más profundo de mi garganta era delicioso y allí comenzó el juego, comenzamos a exhibirnos a través de la cámara de su celular. Jamás pensé que eso causaría tanto morbo en mi. Era delicioso saber que cientos de mujeres querían estar en mi lugar y era justo yo la más calladita,  la que se estaba disfrutando de este bombón una vez más en mi vida. 

Mis tetas se acercaron a el, las apretó con tanta pasión y llevo su pene entre ella para una rusa.  Divino ver ese contraste de nuestras pieles.  Pero yo no aguantaba más lo quería dentro de mi así que rápidamente me senté sobre y el y comencé a moverme, ya estaba muy sudada, despeinada pero tan llena de el y aquel hombre me dijo al oído «¿Sabes que íbamos a ser 3 nuevamente? Pero ella no pudo venir». El Dueño ya sabe que deseo de nuevo ese trío pero esta vez también nos comeremos entre nosotras… 
Te quiero en 4. Mi posición favorita por que las embestidas son más profundas, por que lo siento más dentro de mi y por que sé que mis nalgas quedan a su disposición para ser azotadas y eso nos  encanta ¡Ufff! La cámara de su teléfono a un lado  y mi curiosidad me hizo voltear y ver aquella escena al mejor estilo porno on line. Mis pechos se movían a su ritmo y él aferrado a mis caderas. Inevitablemente otro orgasmo llegaría a mi cuerpo. Tumbada en la cama, los escalofríos recorrían mis piernas y él  con su voz que me hace alucinar. Me pide los caramelos de menta…¡indudablemente corro a buscarlos! Con la perversidad que lo caracteriza lo mete en su boca y comienza a darme una de esas mamadas que te dejan sin aliento. Fue una sensación nunca antes percibida,  esa mezcla de frío y frescura, él sabía lo que hacía,  chupaba, lamia y soplaba en el momento y lugar ideal… Mi sexo estaba al máximo, a punto de estallar!
¡Como me encanta la manera que el saca mi lado perra! Ya era irremediable comenzar a decir entre  gemidos su nombre, si, ¡su verdadero nombre! De nuevo mis piernas en sus hombros, sentir esas embestidas apoteósicas… ¡Comienza a chupar mis pies mientras sigue penetrándome y eso me excita cada vez más! Aquella escena me encantó tanto que aún la llevo grabada en mi mente. Y entre tantos gemidos, sudor, lujuria y deseo la pregunta del millón «¿Quien te coge cuando yo no lo hago?» Con él aún dentro de mi, tomo su rostro y le digo con mi picardía: «Confórmate con saber que… No lo hace como tu». Lo bese apasionadamente y un: «Sólo contigo soy tan perra» pasó por mi mente. Puedo describir como siento cada contracción de mi vagina, mi piel erizada y pezones erecto y como mi cuerpo transpira pasión y entrega. Sentir como aquel hombre domina todo mi ser es sumamente placentero. Sus manos en mi cuello controlando hasta mi respiración de verdad que es una alucinación de hombre. 
Otra de sus preguntas en el momento indicado …»¿Y un trío con otro hombre?» Mi risa vuelve a salir. Bueno sale mucha veces en todas las horas juntos,  no se si por los nervios o es mi manera de reafirmar que en ese momento soy la protagonista de sus relatos. Bueno mi respuesta a lo del trío: «Es difícil conseguir otro hombre como tu y que no vaya a sentir tu rivalidad! Jajajaaa imagino aquella escena y se que al primer azote o templada de cabello el otro saldría de la habitación.
Nos deteníamos unos instante, nos abrazábamos, conversábamos, el graba un audio para las chicas mientras nos besábamos! Y la acción continuaba y era el turno del lubricante…. Para resumir él es el único que ha disfrutado mi culo. Para mi el único que sabe como hacerme disfrutar, llena de lubricante sentí como en la primera embestida, sus manos me calman y me dice que me mueva a mi ritmo, luego vuelvo a estar dominada por él, recuerdo que me decía: «Dile, dile a todas que por el culo es rico».

Yo solo pensaba, ¡Si lo es! y de nuevo todo me temblaba. Escuchar: «Eres mía, Eres mi puta, Eres «Y….»… Creo que era la primera vez que lo escuchaba decir mi nombre! Sentir como me partía en culo era divino. «¿Donde quieres mi leche?» Me preguntó. Le dije: «Sobre mis tetas, quiero que chorree por todo mi cuerpo!» Decir que lo hicimos una y otra vez! No se si soy yo pero estar con ese hombre no puedo ser de un momento. Éramos dos insaciables

La manera como controla todo, su erección yo una y otra vez la tuve en mi boca, chupaba sus gemelas hasta me atreví a jugar con su culito. Al mismo tiempo que vivíamos intensamente cada perversión. Luego de cada orgasmo habían momentos de ternura, de hacernos cariños, la química que existe entre dos cuerpos que se desean! En uno de los tantos momentos caí sobre su cuerpo me temblaba todo, él podría sentirlo.

¡Fue tan rico! Y llegó la hora de azotarme como una niña mala, me puso boca bajo, me dijo que me esposaría y yo me preparaba, sabía que me iba a doler, pero sería dolor muy placentero! Comenzó a nalguearme cada vez más fuerte, acariciaba mis nalgas, no sabía en que momento vendría la próxima, mordiscos, rasguños, yo toda una sumisa! Lo repito me encanta su dominio seguimos hasta que dé mis labios salió un: ¡Coño ya! Su risa perversa me dijo: «Si dices groserías, que rico». Siguió así hasta dejar mis nalgas muy rojas, sus manos le ardían, bueno, eso fue lo que me dijo en ese momento.
Cuando sentí su leche caliente sobre mi vientre…ufff! Supe que era momento de descansar a mi lado. Me miro y me dijo: «Por eso tenemos que ser 3 para descansar! Uan recuerdo sus palabras: «Me duele hasta el guevo» como me pude reír. A mi me dolía todo tambien, pero me sentía tan perra tan suya. En ese momentos conversamos desnudos, como dos amigos, esperando nuestras bebidas y algo para comer. Nos acurrucamos, hacía algo de frío y estábamos los dos mojados de sudor. Besó mi espalda, Por último me puse mi bata para modelarsela al él….
Me puse de rodilla a su lado me dijo: «Te ves tan sexy mi Doctora» . Nos abrazamos y nuestro encuentro llegó a su fin, nos bañamos y nos arreglamos. Al verme de nuevo vestida y con lentes toda intelectual dijo: «¿Eres la misma que estaba desnuda en la cama?» Y le respondí entre risas: «jajajajaja, si soy la misma sólo que nadie conoce este lado de mi». Ambos como un par de intelectuales dejamos aquel cuarto de lujuria. Inevitablemente él queda dando vueltas en mi mente por mucho más tiempo que las marcas que dejó en mi piel…

Simplemente el es un manipulador de mentes y sabe como explotar ese potencial, ya comprendo porque le dicen #ElDueño.

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Múltiple placer…

La fantasía más grande de un hombre es poder recibir placer de varias mujeres al mismo tiempo. Sentir en su cuerpo varios labios besándolo, varias voces susurrando palabras provocativas. Manos que acarician y seducen la piel. Una vez recibí la invitación de una amiga que quería que la asesorará en cumplir una de sus fantasías, ella quería estar con otra chica, pero tenía el temor que no pudiera controlar la situación y lo quería disfrazar de trío, para según ella no sentirse lesbiana. Así que empezó hacerle propuestas a sus amigas a ver cual se atrevía a participar en el trío MHM. Al principio cada una respondía con “déjame pensarlo” y ella estaba tan ansiosa y nerviosa que sentía que no se iba a dar. Así que decidí ayudar un poco. Le envié una nota de voz desde el teléfono de mi amiga a cada una de las posibles candidatas, invitándola a participar junto a mi en una noche de pasión y lujuria desenfrenada. Un encuentro entre tres almas libres de prejuicios y llenos de deseos. Con ganas de descubrir nuevas emociones y placeres. Y que yo personalmente me quería comprometer a invitarla porque deseaba escuchar los gemidos de placer de la mejor amiga de mi hembra. Y ambos deseábamos cumplir nuestra fantasía. ¿Cuento contigo? Con solo mi voz y mi propuesta solo una dijo que no, que no se atrevía, ni que fuera Nacho Vidal. Las otras pidieron verme en fotos y dos dijeron que si sin pensarlo. Ahora bien, ¿cual elegimos? Me preguntó mi amiga. A lo que le respondí que no dejara ninguna por fuera. Porque si elegía solo a una, había probabilidad que se arrepintiera en el último minuto y se quedaría con las ganas. Es mejor que lleguen y que se queden las que se atrevan… ? Ya que podría tener más de una y yo también… Y así fue… Dos cancelaron a última hora, pero llegaron tres. Se preguntaran ¿como hicimos verdad? Ya les cuento….

Mi amiga vive sola en una propiedad de montaña alejada de la urbe citadina. La primera de sus amigas llegó, una rubia bajita con bonitas curvas naturales y cara de niña buena. Se bajó de su auto con una botella de tequila en la mano. Muchas veces el alcohol ayuda a desinhibirse más rápido. Nos presentó e inmediatamente hubo una química entre las miradas. Verla morderse los labios me hizo sentirme más a gusto y luego llevarse a mi amiga a la cocina dejándome solo para ella susurrarse cosas aun más. Nos servimos unos tragos… Limón, sal y el shoot de tequila. Yo había preparado unos snack para picar mientras tanto. A la segunda ronda ya la rubia me había empezado a besar sin mediar palabras ni acuerdos. Mi amiga solo nos veía sentada mientras nos comíamos a besos y caricias provocativas. Empezó a quitarme la camisa y a besarme el pecho. Me recorría con su lengua y me sus labios mientras sus manos ya se abrían paso entre mis pantalones. Me lo agarró por encima del bóxer y mirándome con una sonrisa lo sacó de su guarida y se lo llevó a la boca lentamente. Saboreándolo y jugando con sus labios y su lengua. Me miraba a los ojos segundos antes de atragantarse hasta la garganta con toda mi erección. Sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente. Su saliva ya empezaba a chorrear de entre sus labios y mi verga. Sus manos hicieron presencia acariciando mis gemelas y masturbándome de arriba a abajo. Mi amiga se fue acercando y se unió al compartir y justo cuando ambas empezaban a lamerme entre las dos… Sonó el timbre…- ¿Quien será?- Dijo la pequeña rubia seguido de un: – Anda tu que eres la dueña de la casa, yo me quedo aquí con él tranquila – Mi amiga solo sonrió, me guiño el ojo y se fue. Segundos más tarde llegaba acompañada de otra chica, una morena de cabello largo. Que al encontrarnos en aquella posición se sorprendió y de los nervios le dio fue por reír. Pero no dejaba de vernos. La rubia ni le importo escuchar que tenía otra espectadora. No me dejaba de chupar y saborear mi erección. La morena se sirvió un trago y se sentó al lado mio para ver en primera fila aquel espectáculo. Se reía y nos miraba disfrutando del momento mordiéndose los labios…

Aquel encuentro con la rubia entre mis piernas haciéndome sexo oral como toda una experta mientras miraba fijamente a la morena que acababa de llegar, ella se disfrutaba tanto la escena que no tardo en sumarse. Empezamos besándonos, tenía unos labios muy ricos y un perfume que enloquecía. Nuestros besos tenían sabor a tequila y lujuria. Ella empezó a quitarse todo quedándose en ropa interior. Tenía una piel suave y bronceada. Apartó a la rubia y tomó posesión de mi erección, manoseándome primero antes de llevárselo a la boca. Sus manos eran suaves aunque iba preparada, se puso lubricante saborizado y después de recorrer mis bolas y toda mi verga, se la llevó a su boca después de un trago de tequila. Podía sentir un calor que me ardía por todo mi sexo. Luego tomó un hielo lo metió en su boca y empezó a jugar con el y su lengua por mi glande. Hizo que me contorsionara. La rubia sin pensarlo me puso en la cara su húmeda vagina lista para ser devorada por mis labios y mi lengua. Esto se ponía color de hormiga. Así que mi amiga decidió llevar esto a la habitación y hacerlo más cómodo. Allí nos metimos los cuatro y empezamos a comernos. Ya con varios tequilas encima tenía a dos mujeres dándome sexo oral simultáneamente y otra encima de mi cara recibiéndolo. Mi amiga por ser la anfitriona pidió ser la primera en ser penetrada, se puso en cuatro y me dio la bienvenida. Las otras dos me miraban, así que le pedí a una que me besara y nalgueara a mi amiga. La otra se masturbaba, así que a ella le pedí que se tapara los ojos, cosa que cumplió rápidamente. Me dediqué a darle un rico oral mientras le pedí que otra de ellas la tomará de las manos y no la dejara moverse. Gemía muy rico cada vez que sentía mi lengua jugar con su clítoris pero en un instante le di chance a mi amiga para que cumpliera su deseo. Sus gritos eran fascinantes, y ver a mi amiga en cuatro me provocó volverla a penetrar mientras ella se devoraba a la otra chica. Hasta que la hizo llegar al orgasmo. Ella sabía que no era yo, mi barba se siente cuando doy esos ricos orales. Pero se lo disfrutó al máximo. Intercambiamos varias veces las posiciones para que todas disfrutaran… Fue fantástico.

La rubia era insaciable, buscaba que yo la partiera en dos. En un instante la puse en cuatro y liberé mis manos en sus nalgas azotandola cada vez más fuerte, sus pequeñas nalguitas estaban rojas ya, podía ver hasta unos puntitos rojos de sangre, y aún así ella pedía más y más. Sus caderas se movían con tal agilidad que sentía que en cualquier momento no aguantaría más y tendría que dejar salir todo. Así que cambie de posición para darme un leve descanso. La voltee y subí sus piernas a mis hombros, la tomé por las caderas y empecé a embestirla hasta el punto de sentir que no le cabía toda mi erección, el dolor hacia acto de presencia. Ya hasta lo decía: “Me duele, me estas matando, me dueleeeee…” decía apretando las sábanas y mordiéndose los labios. Pero seguía diciendo entre dientes: “No pares coño, no pares hijo de puta”. Le di con todo… Mi sudor caía a chorros de mi frente cayendo en tu pecho. “Aguanta perra, ¿eso es todo lo que aguantas tu?” le dijo otra de las chicas que se acercó a ella. Motivando a la otra también a decirle cosas sucias al otro oído. Nada más excitante que escuchar a varias mujeres motivándose y hablándose sucio entre ellas. La rubia explotó a chorros mojándome todo. Quedó con varios espasmos en el cuerpo y las chicas empezaron a besarla y acariciarla alargando más ese “sufrimiento”. Yo estaba a punto de explotar con solo verlas haciendo eso. Necesitaba explotar… Así que tomé a la morena y le pedí que me montara. Me acosté y se subió encima de mi y empezó a mover sus caderas mientras yo le agarraba las nalgas siguiendo sus movimientos. No dejaba de verla a los ojos y besarla con mordidas y chasquidos. Mi amiga me pidió que le avisara cuando fuera a eyacular para devorarse mi leche. Y eso hizo, cuando estaba por explotar me sacó la verga y la hizo explotar en su boca y siguió lamiendo las nalgas de la morena haciéndole un rico oral mientras yo me disfrutaba el orgasmo besándome de lengua con ella. Ha sido lo más rico y fascinante que había experimentado jamás. ? ¿Lo han hecho? ?

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Mi nueva sumisa…

¿Donde empieza la historia? En unas elegantes instalaciones de un prestigioso hotel de Caracas. Hace unos días atrás fui contactado por una hermosa dama quien confesaba ser mi mayor admiradora. Llevaba mucho siguiéndome los pasos por mis redes y disfrutaba de cada una de mis letras y audios relatos. Su primera pregunta fue: “¿Son reales tus historias? Porque te confieso que las siento mías casi todas cada noche cuando las leo. ¿Como haces para conectarte con mi mente y adivinar casi siempre lo que pienso? Y hasta lo que siento a veces…” Yo simplemente la miré a los ojos y sonreí. Y le dije:“ Simple, no soy lo que lees… Soy lo que sientes al leerme. Además, ¿Qué separa la realidad de la fantasía? ¿El pecado de la tentación? ¿La lujuria del deseo? ¿O la perversión de la pasión? El dolor del placer… Más simple aún… Tus miedos. Nacimos en un mundo donde el miedo tiene el poder, el que genera miedo obtiene el poder y por ende, tu me tienes miedo. Pero estas dispuesta a descubrir la única salida… ¿Cómo huyes de la tentación? Cayendo en ella… ¿Cuando vences los miedos? Cuando los enfrentas… Y por eso estas aquí ¿A que le temes?

Ella respondió: “Le temo a la rutina, le temo a no sentirme viva, le temo al rechazo a veces quizás. Le temo a la soledad, le tengo miedo a mis demonios cuando los libero a mentes tan pervertidas como la tuya” dijo sonriendo casi a carcajadas. Su ansiedad se notaba en sus manos. Bebía agua después de cada oración expresada. Miraba hacia todas partes como si temiera ser descubierta hablando conmigo en aquel lugar. Fui claro y preciso después de un rato de conversación divertido y ameno, después que la sentí relajada y en confianza. “¿Que deseas de mi?” le pregunté mirándola a los ojos fijamente. Sus ojos se llenaron de fuego y se después de pensarlo unos segundos y con una sonrisa pícara en su boca me respondió: “Quiero liberar demonios y necesito tu ayuda”. ¿Díganme si no me sentí como un super héroe? Lo único que a Batman no le piden ayuda así, pero se sintió rico y emocionante. Me confesó que necesitaba adrenalina en su vida sexual y que necesitaba de “mis servicios”, no pude dejar de preguntarle ¿cuales? Y decirle ¿necesitas un logo? Con mi mejor sonrisa. Ella me responde riendo: “¡No! Tonto… No te hagas el loco, sabes muy bien a que me refiero”. Así que desabotonó su blusa dejando ver su brasier y sus senos, los acomodó casi que apretándolos mientras sonreía nuevamente con picardía. Me dijo con voz firme y segura: “Tengo reservada una habitación aquí, te dejaré la tarjeta para que entres y salgas cuando quieras durante estos días. Yo tengo que cubrir algunos asuntos de mi trabajo y estaré muy stresada. Así que quiero que al llegar tu te encargues de hacerme olvidar todas mis preocupaciones y liberes mis tensiones ¿es mucho pedir? No lo creo. Eso sí, te dije que quiero adrenalina ¿Cierto? Así que… Destácate, sorpréndeme, demuéstrame porque dices ser #ElDueño.

¿Qué puedo hacer? Una mujer como ella, después de aquella larga conversación cargada de picardía, seducción y dominio hay que dejarla sin aliento. Pero no basta con solo darle placer físico, mujeres como ella buscan algo más. Su punto G está en su cabeza… Así que me tengo que poner muy creativo para poder cumplir con sus espectativas. Tengo luz verde para hacer lo que yo quiera. Bueno, confieso que primero comí, mi mente trabaja mejor con la barriga llena. No hay mayor placer que comer en un buen restaurante y pensar en que hacer para complacer las fantasías de una mujer. ¿Que necesito? Música de ambiente… Nada más divino que hacer el amor con buena música de fondo. Quizás algo de gran contenido erótico tipo Sade o The Weeknd. La música te conecta con el momento, el ritmo de cada instrumento, que te eleva y te mueve. Donde tus caderas se mueven al compás de la música, tu cuerpo se libera y se siente listo para ser poseído. Donde tus gemidos y tus gritos sean el coro de la canción. Donde mis susurros sean parte de la letra y mis quejidos sean la melodía que te enciende. Ahora el aroma… Un ambientador con vainilla, aunque que mejor que un perfume Carolina Herrera, Paco Rabanne o París Hilton, mezclado con las feromonas de mi piel activas para dar placer a su olfato. Y que cada vez que sienta ese aroma me recuerde y suspire acompañado de una sonrisa de maldad, añorando que vuelva a suceder aquel momento… Continúa (en Gran Meliá Caracas)

Los sabores, los sabores son importantes a la hora del sexo. Eso sí, debemos taparle los ojos antes para que se esfuerce un poquito en saborear y adivine lo que prueba su boca. Soy amante del dulce, del picante y los cítricos, me encanta el chocolate por su aroma, sabor y textura. Me encanta el ceviche con mango y esa explosión de sabores que se genera. Unas fresas frías cubiertas de chocolate o un brownie bien caliente con helado y un toque de pimienta ¿no lo han probado? Jummm… No saben de lo que se pierden. El tacto y la vista, son los sentidos que más desarrollamos pero que al mismo tiempo sobre valoramos. Tocar es un arte tanto como ver y dejarse ver… A mi me encanta tocar primero, explorar la piel, la sensibilidad, esos rincones mágicos que hacen perder la razón a una mujer. Esos besos que das por el cuello y la espalda que te erizan la piel. Esas palabras sucias susurrantes al oído diciendo todo lo que quieres hacer: “Esta noche serás mía por completo, sin límites ni tabúes, quiero que no solo me entregues tu cuerpo, o tus ganas, quiero todo tu deseo y perversiones, tu lujuria, tus gritos y gemidos, tus suspiros y sonrisas. Quiero sentir tus manos acariciándome y por que no clavándome las uñas en la espalda o en mis nalgas. Quiero que me aprietes a tu cuerpo y me muerdas los labios al besarme, quiero que desabroches mi pantalón y tu misma me liberes, que lo toques, lo acaricies, lo aprietes y en un impulso te tires de rodillas y lo metas a tu boca sin mediar palabras. Lo saborees y lo degustes como si se tratara de un dulce o un helado. Quiero sentir como tu lengua juega de arriba a abajo y tus labios chasquean cada vez que lo chupas. Eso sí… No dejes de mirarme. Que tus ojos llenos de fuego se claven en los míos y me hables a través de ellos. Dime que eres mía, que eres mi hembra, mi puta, mi zorra. Quiero ver como lloran tus ojos y caen tus lágrimas cada vez que tratas de llevarlo hasta tu garganta. Quiero que me pidas que te haga mía… Que sea un total pervertido pero elegante contigo. Sé que no nos conocemos, que ni mi nombre te sabes… Pero esta noche… Te lo haré gritar tanto… Que al despertar al día siguiente suspirarás al recordarlo…

Ella llegó cayendo la noche, me avisó con un mensaje de WhatsApp mostrándome lo linda que había quedado después de haberse maquillado, mostrándome sus labios brillando y lanzándome un beso. Con un texto que decía: “Estoy lista para comerte a besos”. Ya ahí te das cuenta que tiene un lado tierno. ¿Nervios? Si, volver a verla frente a frente y a los ojos a esta mujer me hacía tragar grueso. Para mí, todo está en la mirada. Más allá de que bese rico, si te mira más rico aún te sentirás en la gloria. Allí se forma la conexión con mi ser. Sumado a esto su tono de voz y la seguridad con la que me habla y lo más importante… Su sentido del humor. Una mujer que sea capaz de hacerme reír merecerá hacerla gemir por horas. Y te advierto que si te hago gemir a ese nivel terminarás riendo después de cada orgasmo sin razón alguna, aun averiguo por qué les pasa eso a algunas mujeres que han estado conmigo. ¿Felicidad? ¿Emoción? ¿Éxtasis pleno? No lo sé, pero es muy gratificante verlas tan felices, algunas hasta lágrimas de alegría se les salen. Sobre todo después de un rico sexo oral, donde mi lengua y mis labios hacen un excelente trabajo. Es mi placer favorito, hay mujeres que tienen un sabor y olor adictivo que te provoca estar allí lamiendo, chupando y saboreando con tantas ganas, sumado a unos profundos suspiros, gemidos y palabras entrecortadas que logran salir de sus labios. Sus manos aferradas a las sábanas o algunas veces en tu cabello controlando tus movimientos o la profundidad de tu lengua dentro de ella. Rozar mi barba levemente por su entrepierna, seguido de mi lengua y quizás algún lubricante con esencia caliente entre sus piernas es explosivo cuando ya están al borde del orgasmo mis dedos entran a cumplir su papel. Y en muchas ocasiones acompañado de algunas palabras claves… Puedo hacerlas sentir el más divino orgasmo que les hayan dado, algunas logran descubrir por primera vez un ‘squirt’. Disfrutar de sus caras de placer es indescriptible, algunas quedan con contracciones en el cuerpo que se retuercen y tiemblan, otras no se mueven… Pero se tapan la boca y tratan de impedir que ese grito salga ¿por qué? ¿A ustedes les gusta gritar al llegar al orgasmo?

-Fue inevitable no robarte aquel beso justo cuando llegaste al restaurante del hotel. Tus ojos me gritaban que te besara y probara la humedad de tu boca, el calor de tus labios. Sentir como tu respiración se acelera y ver como tu cuerpo tiembla como pidiendo ser poseído por mis manos. Me acerco a tu oído y te confieso las ganas enorme que tengo de llevarte a la habitación donde podamos liberar nuestras ganas y deseos. Con solo escuchar mi voz tu piel se eriza y te muerdes los labios. Siento como me aprietas la manga de mi camisa como queriendo arrancarme la ropa. Mi mano de desliza lentamente entre tus piernas, por debajo de tu vestido. Me decías que no lo hiciera pero podía sentir como tus piernas se abrían para abrir paso a mis dedos y sentir como tu humedad brotaba por encima de tu ropa interior. Tu solo cerrabas los ojos y dejabas salir aquel suspiro. Hasta el punto que me empujaste la mano para sentirme más profundamente. Mis dedos te penetraron y pude sentir lo ardiente que estabas allá abajo. Me moría por tener mi boca allí y saborear tus jugos con mis labios y mi lengua. Que sientas mi barba rozarte suavemente hasta que me pidas que te haga mía. No podía esperar más. Te tome de la mano y te lleve conmigo a donde pudiéramos devorarnos. Esos besos en el ascensor fueron la llama que liberó mis demonios. Estabas muy nerviosa y ansiosa. Te pegue a la pared y empecé a besarte con pasión. Mis manos no dejaban de acariciar tus curvas. Solo me decías: “Estamos locos vale…” a lo que yo te respondía: “¿Y no era esto lo que tanto deseabas? ¿No querías tenerme así? Besándote… Tocándote… Desvistiéndote…” Te quité el vestido dejándote solo en ropa interior. Te ves tan sexy desnuda. Fue tan rico poder acariciar tus senos y poder lamerlos y besarlos. Apretarlos y ver como suspiraba profundamente. Abrir tus piernas y besarte entre ellas, lamer las mieles que brotan de tu excitación. Escucharte gemir. Ver como te aferras de las sábanas y me tomas del cabello apretándome contra ti para sentir mi lengua penetrarte con más fuerza. Mi lengua te volvía loca, mis labios te besan con ternura y pasión. Mis labios jugaron con tu clítoris hasta hacerte llegar al primer orgasmo…

– Te mantuve en la misma posición, no quería que cambiaras aún. De hecho empecé sin penetrarte, solo te rozaba. Acariciaba tus nalgas con mis manos y mi miembro trataba de penetrarte pero sin quitarte la ropa interior. Era un juego de deseo y provocación. Mis nalgadas no se hicieron esperar. Eran suaves al principio, pero firmes y terminaban en un apretón de nalgas casi que arañando tu piel. Me pedías que ya te lo metiera, que ya no aguantabas mas las ganas. Así que saqué mi corbata y te vendé los ojos y te dije: Quiero que solo sientas y disfrutes, no quiero que cambies de posición. Te quedaste tranquila esperando mi entrada. Te veía apretando las sábanas ansiosa. Cuando de pronto soltaste un profundo gemido. Lo sentías muy caliente dentro de ti, los movimientos eran suaves, lentos pero profundos e intensos. Pedías que aumentará la velocidad y la intensidad. Abrazaste la almohada y gritabas de placer. “¡GRITA PERRA!” te dije en varias ocasiones, obedecías fielmente. Me escuchabas dándote instrucciones: “Mueve ese culo, ¡vamos! Así… Que rico… Gime perra, gime…” Me encantaba verte temblar de placer. Pude escucharte decir casi sin aliento: “Me vengo, me vengo, que rico, me vengo de nuevo… Dame más duro, más duro mi Dueño… Siiiiiiiiiii Siiiiiiiiiii ¡Que rico me coges! Yaaaaaaaa… Para… Para… Para…“ Gritaste retorciéndote en la cama, sintiendo como tu cuerpo era invadido por un espasmo tras de otro. Apretabas las sábanas de la cama como queriendo arrancarlas, abrazaste la almohada y gritaste un par de malas palabras… Yo solo te miraba y pensaba… «Que rico es verlas disfrutar de esta manera”
¿Ya lo han vivido?

Tu boca es placer puro y sincero. Así como hablas de rico también lo eres disfrutando de un oral. Dibujabas con tu lengua y saliva la mejor obra de arte que podía imaginar. Ver como usabas tu lengua con tanta agilidad me motivaba a pensar y desear más cada segundo. Verte jugando con tu saliva y mi ser imponente ante tu rostro, acariciado por tus manos suaves y tu dulce lengua me hacia suspirar y pronunciar tu nombre… Yo solo deseaba atravesar tu garganta ¿Por qué será? Yo quería sentir esa boca lamiéndome todo, si asimismo… Todo. Esa boca tuya se lo había ganado. Era tan rico ver tu mano sujetando mi miembro y tu boca disfrutando con tu lengua de mis más reservados placeres. Si solo vieras la cara de pervertida que tenías. Pero yo deseaba ser más perverso aún, así que te pedí que te acostaras encima de mi pero haciendo una X con nuestros cuerpos. Dejándome a mi entera disposición tus nalgas, si… Ya sabes lo que iba a hacer. Adueñarme de tu dolor… Se que lo disfrutas, así que necesitaba urgentemente que lo vivieras con este Dom… En realidad el placer no está en hacer sentir dolor como algunos creen. El placer está en la mezcla de sensaciones y en la confusión de emociones que nos enseñaron desde niños. Antes era un castigo para ti llorar después de unas nalgadas. Ahora ese llanto tiene otro valor. ¿Cuántas nalgadas fueron?¿Recuerdas? No lo creo… Lo que debes recordar son los gemidos con cada impacto de mi mano sobre tus nalgas. Y esa sensación de desesperación esperando la siguiente nalgada y el no saber cuando llegará. Ver las marcas de mis dedos me calienta, sentir las chispas en las yemas de mis dedos me excita, escuchar la palmada y el quejido de tu voz me lleva al éxtasis puro. Tus ojos llenos de lágrimas me lleva a pensar… El dolor también causa placer y la obediencia aún más… Y tu fuiste muy obediente mi nueva sumisa…

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Año nuevo, vida nueva…

Primero de enero en la madrugada, todos felices por este nuevo año que comienza. Tu viniste a darme aquel abrazo de feliz año que duró más de la cuenta. Tus labios me hablaban al oído con intención de lamerme hasta el alma. El alcohol había hecho de las suyas ya. Podía sentir tus senos apretados en aquel vestido pegados a mi pecho y vaya que si provocaba apretarte esas nalguitas, pero me contuve por toda esa gente a nuestro alrededor. Pero sabía que ese instante era el inicio de una llama ardiente que se extendería. Ya que minutos después estábamos bailando y brincando con todos, celebrando y despidiendo el año viejo. Tu perfume me traía la mente alborotada. Es que hay aromas que huelen es a sexo y el tuyo era esa mezcla de Amor Amor con tu sudor que me alborotaba las feromonas. Me encantaba cuando me abrazabas y bailabas tan pegada a mi como si quisieras dormirte en mi regazo. ¿Cuántos años habían pasado sin vernos ya? En eso llega ese caballero diciendo: “No me la mallugues mucho” y te volteaste a ver quien era e inmediatamente te lanzaste a sus brazos besándolo con pasión. Allí claramente que era tu pareja. Él me saluda y se presenta solo diciendo su nombre y apellido. Tu terminas diciendo: “Conoce a mi esposo. ¿Por qué tardaste tanto?” – le dijo con voz regañona – “Venga para servirle un trago. Espéreme aquí, no se me vaya que tenemos que seguir bailando.” dijiste sonriéndome con picardía. El caballero se fue con ella tranquilo y relajado. Aunque yo no quedé tan tranquilo. También busqué mi trago y seguí socializando. No tardaste mucho en volver a llegar. Me tomaste de la mano y me llevaste de nuevo a bailar. No puedo negar que bailabas divino. Y que en varias ocasiones hacías que mi erección apareciera. Y lo disfrutabas, porque te pegabas más a mi, mientras yo trataba de que no lo notaras. Me pegabas tu espalda y tus nalgas buscaban alborotartme más. Todo esto sin llamar de más la atención. Recuerdo que nos tomamos un respiro, descansamos y conversamos un largo rato. Te fuiste a acompañar a tu marido y desde lo lejos me mirabas, te mordías los labios cuando me atrapaban tus ojos. ¿Que hacías? ¿Por qué lo hacías? Estabas jugando con fuego…

Nuestras miradas se cruzaban, mi deseo hacia ti se incrementa cada segundo. De pronto veo que le hablas al oído y él me mira. Yo desvío la mirada por un instante, como disimulando. Tú te vienes directo hacia mí nuevamente, pero esta vez como decidida. Me dijiste: “Vente, acompáñame a buscar unas botellas de vino y unas de ron”. Miré hacia donde estaba tu marido y el seguía allí hablando con otros conocidos. Caminamos hasta afuera y te montaste en tu auto, me pediste que me subiera, encendiste y nos fuimos. Mi corazón latía fuerte, mi mente empezó a volar cuando dijiste que iríamos a tu casa un momento a buscar unas botellas. Estábamos como a 10 minutos de allí, abriste el portón eléctrico, metiste el auto y cuando me disponía a bajarme me tomaste del brazo y me tomaste del cabello con tu otra mano. Me besaste profunda y apasionadamente. Te subiste encima de mi y dejaste tus senos al descubierto para que te los besara. Me dijiste: “Pensarás que soy una loca, pero tenía demasiadas ganas de hacer esto desde hace rato, pero tenía que pedir permiso a mi marido.” Mi sonrisa salió entre esos besos que nos estábamos dando con un “¿En serio?” Y tu sonriendo me dijiste: “¿Qué crees que le dije cuando le hablé al oído? Que quería cogerte y que fueras mi primer orgasmo del año. Así que espero no nos defraudes…”
Te bajaste del auto y me llevaste al mueble de la sala, allí te empezaste a desvestir, hasta quedar en solo ropa interior. Yo solo podía admirar tu figura y asimilar aquel instante. Te arrodillaste y abriste mi pantalón, dejando al descubierto mi erección ya un poco húmeda de tanto provocarla. Te la devoraste de inmediato, apretándome duro y llevándotela hasta la garganta una y otra vez. Yo no quería ni preguntar nada. Solo me disfrute aquel momento. De pronto sonó su teléfono. Mi adrenalina aumentó al ver que era una video llamada de tu marido. Y que solo me dijiste: “El solo quiere saber si estoy bien”- Y contestaste allí mismo, arrodillada, sin disimular nada. El hablaba como escondiéndose, escuché clarito cuando te dijo “Quiero verte” y empezaste a darme sexo oral frente a la cámara de tu celular, parecías actriz porno. Lo disfrutábamos mucho los tres…

Aquel encuentro inesperado me dejó sin palabras al ver como tu esposo pedía lo que quería ver a través del teléfono. Podía escucharlo diciéndote que lo hacías rico y que te veías muy divina. Te daba instrucciones como escupirlo, golpear tu cara y atragantarte. Y tu muy obediente cumplas todo al pie de la letra. Más que complacerme a mi, en realidad lo complacías a él. Yo solo era el juguete que usaron ambos para disfrutar de sus perversiones. ¿Me dejas cogermelo papi? – le preguntaste en plena llamada. Y te dijo que no, que solo podías hacerme sexo oral, que para poder cogernos yo debía pedirle permiso a él personalmente. ¿Que locura es ésta? Pensé. Nunca había llegado a ese nivel de complicidad. ¿Pero que podía perder? Ya estaba en el ojo del huracán y mis ganas por devorarte estaban al máximo nivel. De pronto escuché… Espérame allí. Colgó la llamada y tu simplemente sonreíste y dijiste: “Creo que sintió celos por primera vez. No es la primera vez que hacemos esto. Es uno de nuestros juegos de rol favorito. Nos enciende la pasión. No te asustes, solo te advierto que no te alarmes por la manera que me va a tratar cuando pase por esa puerta. Yo soy su hembra y debo obedecerlo. Y tu… Eres mi antojo. Y para poder dármelo debo pagar las consecuencias que esto trae. Solo te pido que me cojas duro, hazme gritar, haz que valga la pena el castigo.” Confieso que quedé sin palabras después de eso. Siento que hasta la erección se me pasó.

Nunca había vivido una complicidad tan abierta como la tuya. Me sentí fuera de foco, no sabía que hacer. Cuando escuché que estacionaba su auto me puse más tenso. Él entró y sin mediar palabra alguna se puso frente a ti y tu te arrodillaste levantando tus manos como dándole una ofrenda.
“¿Qué tanto deseas a este tipo? – te dijo mirándome con algo de rabia y señalandome. Mis nervios empezaron a elevarse y te juro que me asusté. Y más cuando le dijiste sin levantar la mirada: – Mi señor, él es solo un amigo desde hace muchos años y mi cuerpo lo desea. Te pido me permitas disfrutar de él bajo tu permiso.” Yo no sabía ni que hacer. Él sólo me miró fijamente, pensé que me golpearía. Cuando me dijo: “¿La deseas aún?” no sabía que responder, solo pude susurrar: “Es una mujer muy hermosa” y él nos miró a ambos, sus ojos estaban llenos de fuego, celos y rabia. Te juro que ya no me excitaba aquella escena. Ya me daba miedo.
-Dime algo… ¿Haz amado a alguien alguna vez? – me dijo mientras acariciaba a su esposa de forma un poco tosca.
¿Qué haz hecho por amor? ¿Haz complacido a una mujer hasta tus propios límites? ¿Le conoces todas las perversiones, deseos y fantasías?
De pronto te agarró por el cabello te puso frente a mi, te pidió que te pusieras en cuatro y empezó a azotarte las nalgas.
-!Míralo! Hazle saber a este hombre con tus ojos lo mucho que lo deseas.
Las nalgadas cada vez eras más y más fuertes. Tu me mirabas y me decías solo moviendo los labios “Tranquilo, estoy bien”. Pero aquellos castigos parecían que te harían hacer doblegar en cualquier instante. Tu solo cerrabas los ojos y parecías disfrutarlo enormemente. Hasta gritaste: ¡Dame más duro! Lo deseo dentro de mi amo, casi con lágrimas en los ojos. Él se detuvo. Su frente estaba sudada y las gotas caían por su cuello mojando su camisa. Yo solo observaba sorprendido. Ustedes empezaron a besarse con tanta pasión, que sentí ese amor que él te tenía. Se susurraron unas cosas al oído y te levantaste, caminaste hacia mi, tomaste mis manos y las llevaste a tus nalgas para que las acariciara y pudiera ver como habían quedado.
¿Puedes darme más castigo? Me preguntaste frente él.

Sentí que el tiempo se detuvo. Mis manos te empezaron a acariciar y sentía las marcas en tus nalgas. Podía ver algunos puntitos rojos de sangre. Me mirabas a los ojos y empezaste a quitarme la camisa. Él allí inmóvil mirándonos, yo algo confundido al principio. Me quitaste el pantalón y te dedicaste con tus labios a recuperar aquella erección que tan solo unos minutos antes estaba en tu boca. Me pediste susurrando que no lo mirara. Empecé a ignorar su presencia y me concentré en ti. Verte acariciar mi firmeza y rozándola contra tu cara y mirar como saboreabas mi humedad que empezaba a aparecer nuevamente me encantaba. Lo escupías y lamias una y otra vez con cara de pervertida. Sentir como lo llevabas hasta el fondo de tu garganta y te hacía toser y llorar pero no dejabas de disfrutarlo me calentó muchísimo. Llevaste mi erección al clímax. Sacaste un condón me lo pusiste con la boca y me dijiste: “Parteme el culo, que mi vagina es solo de él” y te pusiste en cuatro mirándolo de frente. Tomaste el lubricante y tu misma me preparaste el terreno. Ver tus caderas en posición de guerra, y mirar tu agujero dilatarse pidiendo ser penetrado fue la gloria. Él quería verte disfrutar, tu también lo deseabas y yo… Yo quería comerte desde hace 15 años atrás y ahora era el momento. Mientras iba entrando en tu cuerpo y tus gemidos aparecían mis manos se sumaron al encuentro con nalgadas fuertes y violentas. Tu movías tus caderas contra mí cada vez más fuerte. Una de tus manos me acariciaba las gemelas y te masturbabas el clítoris. Podía escuchar tu humedad chasquear con tus dedos y con el choque de tus nalgas con mi pelvis. Un orgasmo hizo presencia, y tus espasmos y contracciones pusieron tu cuerpo a temblar. Gritabas y gemías. Me pedías más volteando a verme… ¡Duro, dame más duro! ¡Partemelo! Y en eso un squirt hizo presencia mojando todo el piso. Fueron como cinco chorros de placer continuos hasta que tu hombre se acercó… Se la sacó y te la metió en la boca. Tu seguías moviéndote, esta vez disfrutando de dos hombres. Yo ni lo miraba, en un par de minutos él ya estaba acabando en tu boca. Te separaste de mi solo para disfrutar de su semen con tus labios y lengua… 

Verte disfrutar del néctar de tu hombre y ver como chorreaba por tus labios, como lo saboreabas mirándolo solo a él. Con sólo ver tu cara de placer y perversión me excitaba. Disfrutaste cada centímetro de su miembro con tu lengua y tus labios carnosos, él también quedó complacido. Aunque me asusté por un segundo cuando te dio esa cachetada y te dijo: “Ve por más…” volteaste hacia mi cual fiera salvaje, me masturbabas y dabas lamidas a mis gemelas y me pedías que acabara para ti. “Dame tu leche, la necesito, acaba en mi boca” decías con desespero mientras lamias mi ano mientras tus manos mágicas me tocaban con tal tacto que sentía que me harías explotar en cualquier momento… – ¡Dame tu leche puto de mierda! – Me dijiste con lujuria en tus ojos y voz con desespero. Me activaste mi lado oscuro y te agarré por el cabello y mientras me lo mamabas golpeaba tus mejillas con las yemas de mis dedos. Cuando agarrabas aire golpeaba tu cara con mi erección y tu misma saliva la esparcía por tu rostro endemoniado. Me abriste las piernas y después de un rico beso negro te atragantaste con mi miembro, brotando tanta saliva y lágrimas que con solo ver esa cara te dije… ¡Hay viene! Y sin poder hacer nada para evitarlo tus manos mágicas me hicieron explotar en tu boca, mientras uno de tus dedos me fornicaba. Tu mirada de sadomasoquista frente a la mía de perversión se mezclaron en un orgasmo de otra galaxia. Te saboreabas mi néctar cual miel dulce. Algunas gotas cayeron en tus senos y jugabas apretando tus pezones y sonriendo con gran satisfacción. En eso lo miraste a él y le dijiste: “Mi amo y señor, aun no estoy complacida. Le pido me complazca junto a mi invitado de una doble penetración. ¿Me lo merezco? Él se acercó a ti, te beso y te tomó de la mano, llevándote a la habitación principal… Tu sonreíste y me hiciste seña de que los siguiera. ¿Que locura es ésta? ¿Me llevarán a su cuarto? Pensé… Pero sonriendo también me fui con ustedes… Un afamado Trío HMH ? ? ?

Los seguí hasta la habitación y ustedes se besaban cual novios de secundaria. El se tiro en la cama, tu encima de él e inmediatamente pude ver como te penetraba y te dominaba por las caderas. Yo solo podía verlos gozándose uno al otro. Ver tus nalgas rebotar mientras él te las apretaba y las nalgueaba con fuerza. Te agarraba por el cabello, te mordía los senos, los labios, tu lo cacheteabas. Era un juego de dominio. Pasado unos diez minutos dejaste de moverte, te abriste las nalgas y me volteaste a ver. ¡Ven que te quiero aquí! Gritaste mientras untabas de nuevo lubricante mezclado con tu humedad. Me acerque y empecé a penetrarte lentamente. Luego de varias embestidas tomaste el control. Tus movimientos sincronizados, tu dilatación y apretada de ano me hacia sentir que volvería a explotar. Tenías todo el poder de ambos entre tus piernas.
¡Nalgueame duro! ¡Azotame! ¡Que rico se siente ésto! ¡Dame más! ¡Dame duro! Así, así, así, no paren, que divino, que perra soy, dale, dame más fuerte, parteme el culo. Que ricooooooó se siente. Me vengo, me vengo, me vengo, ufff, coño. ¡Muérdeme! ¡Muérdeme! ¡Muérdeme la espalda! Duro, duro, muchas veces, si, así, ¡Muérdeme más! Gritabas mientras tu hombre te mordía los pezones y te besaba. Mis manos me ardían de tantas nalgadas que te di esa noche. Creo que mis dientes quedaron marcados en tu espalda unas treinta veces. Tu orgasmo fue explosivo, nuevamente acompañado de un squirt. Tus uñas estaban bien clavadas en el pecho de tu marido, casi brotaba la sangre de la profundidad del aruño. Ambos disfrutaban del Sado Masoquismo. Quedamos exhaustos. Aunque te confieso algo. Temí por un momento que me amarraran y me azotaran a mi. Pero esa misma adrenalina me mantuvo allí… Disfrutando de esta locura. Me dijiste: “Eso también nos gusta, pero es muy íntimo nuestro, no lo hacemos con invitados. Sólo él y yo. Es demasiado rico. Deberías probar algún día con tu propia sumisa.” allí sonreí y preferí callar, hacerme el novato. Hace mucho que ya no practico el BDSM como estilo de vida. Pero no sería malo revivirlo…

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Complaciendo peticiones…

Ustedes son una pareja como muchas, con grandes momentos e historias aburridas. Se han disfrutado en todos los sentidos y llegaron a ese punto donde sienten que les falta algo más… Pero ¿Qué? Que podrá darle emoción a esta relación casi perfecta sin tener miedo a perder. Recuerdo que últimamente tenían curiosidad por incluir alguien más a su cama. ¿Pero sería una dama o un caballero? O ambos quizás… Lo conversaron un par de veces antes de decidir. Ya que para nadie es un secreto que el hombre siempre preferirá una chica para hacer un trío. Aunque está vez él era quien quería complacer a su mujer. Si, por fin harías realidad lo que tanto anhelabas. Ser poseída por dos hombres al mismo tiempo. ¿Pero como consolidar este encuentro? Es muy fácil fantasear… Pero llegar al encuentro y que fluya es otra cosa. Así que recuerdo cuando recibí tu llamada confirmando este encuentro. Planear los detalles, los acuerdos, el convenio. ¿Donde nos veríamos? ¿Cómo romper el hielo? Siempre habrá temores al principio, ansiedad y nervios. Así que les diseñe el plan de encuentro. Nos veríamos en un restaurante, para beber, comer y socializar un rato. Y así mismo fue, con la diferencia que sólo tu llegaste, tu marido pidió disculpas por no poder llegar a tiempo por tener un compromiso de última hora, pero te dio el pase libre para adelantarnos. Recuerdo que estabas hermosa con ese vestido negro entallado al cuerpo, tu cabello suelto y maquillada resaltando tus hermosos ojos. Bebias un apple martini para entrar en calor. Yo llegué vestido de jean pero con camisa, corbata y chaleco negro.

Me senté frente a ti y pedí un Martini doble seco. Y pase un par de hora conociendote, haciendo tiempo mientras él llegaba… ¿Que creen que hice? Fue inevitable no robarte aquel beso. Tus ojos me gritaban que te besara y probara la humedad de tu boca, el calor de tus labios. Sentir como tu respiración se acelera y siento como tu cuerpo tiembla como pidiendo ser poseído por mis manos. Me acerco a tu oído y te confieso las ganas enorme que tengo de llevarte a otro lugar donde podamos liberar nuestras ganas y deseos. Con solo escuchar mi voz tu piel se eriza y te muerdes los labios. Siento como me aprietas la manga de mi camisa como queriendo arrancarme la ropa. Mi mano de desliza lentamente entre tus piernas, por debajo de tu vestido. Me decías que no lo hiciera pero podía sentir como tus piernas se abrían para abrir paso a mis dedos y sentir como tu humedad brotaba por encima de tu ropa interior. Tu solo cerrabas los ojos y dejabas salir aquel suspiro. Hasta el punto que me empujaste la mano para sentirme más profundamente. Mis dedos te penetraron y pude sentir lo ardiente que estabas allá abajo. Me moría por tener mi boca allí y saborear tus jugos con mis labios y lengua. Que sientas mi barba rozarte suavemente hasta que me pidas que te haga mía. Así que pedí la cuenta. No podía esperar más.

¿Que hay de malo en adelantarnos a algo que igual iba a suceder? Te tome de la mano y te lleve conmigo a un lugar donde pudiéramos devorarnos. Así que te subí a mi habitación. Estabas muy nerviosa y ansiosa. Te pegue a la pared y empecé a besarte con pasión. Mis manos no dejaban de acariciar tus curvas. Solo me decías: “Estamos locos vale…” a lo que yo te respondía: “¿Y no era esto lo que tanto deseabas? ¿No querias tenerme así? Besandote… Tocandote… Devistiendote…” Te quité el vestido dejándote solo en ropa interior. Te ves tan sexy desnuda. Fue tan rico poder acariciar tus senos y poder lamerlos y besarlos. Apretarlos y ver como suspiras. Abrir tus piernas y besarte entre ellas, lamer las mieles que brotan de tu excitación. Escucharte gemir. Ver como te aferras de las sábanas y me tomas del cabello apretandome contra ti para sentir mi lengua penetrarte con más fuerza. Mi lengua te volvía loca, mis labios te besan con ternura y pasión y mi lengua juega con tu clitoris hasta hacerte llegar al primer orgasmo…
La puse en cuatro y continue dándote un rico sexo oral de esos que hasta el culo quieren dar… Si, ese mismo. ¿Recuerdas? Que te besé hasta el alma. Que gemias con tanta fuerza que te tapabas la boca porque sentías que gritabas muy duro. Y yo te decía: “¡GIME! Quiero escucharte… No te los reserves… Liberalos… Grita como put# si te da la gana…” Metí mi lengua en tu culo y te penetraba mientras mis manos te nalgueaban y te apretaban. Tus fluidos caían por tus piernas mezclados con mi saliva. Mis dedos hicieron presencia. Empecé a jugar con todos tus agujeros. Tu solo suspiraba y gemias. A veces mordidas la almohada y gritabas usándola como silenciador. Metí a dos dedos en tu vagina mientras mi pulgar rozaba tu ano suavemente, abriéndose camino. Empecé a masturbarte con dos dedos, luego con tres, hasta que tenía casi mi palma dentro de ti y mi pulgar en toda la entrada de tu culo. Te pedí que me regalaras un orgasmo más antes de penetrarte y fue cuando introduje mi pulgar por completo y dos de mis dedos en tu vagina, apretandote y moviendo mi mano como un vibrador. En un par de minutos podía sentir como eyaculabas para mi tus fluidos seguidos de unos gritos y unas contracciones que te llevaron a retorcerte en la cama. Que rico es verte disfrutar… Y eso que esto apenas comienza… ? ¿Que más creen que hice? Te mantuve en la misma posición, no quería que cambiaras aún. De hecho empecé sin penetrarte, solo te rozaba. Acariciaba tus nalgas con mis manos y mi miembro trataba de penetrarte pero sin quitarte la ropa interior. Era un juego de deseo y provocación. Mis nalgadas no se hicieron esperar. Eran suaves al principio, pero firmes y terminaban en un apretón de nalgas casi que arañando tu piel. Me pedías que ya te lo metiera, que ya no aguantabas mas las ganas. Así que saqué mi corbata y te vendé los ojos y te dije: Quiero que solo sientas y disfrutes, no quiero que cambies de posición. Te quedaste tranquila esperando mi entrada. Te veía apretando las sábanas ansiosa. Cuando de pronto soltaste un profundo gemido. Lo sentías muy caliente dentro de ti, los movimientos eran suaves, lentos pero profundos e intensos. Pedías que aumentará la velocidad y la intensidad. Abrazaste la almohada y gritabas de placer. “¡GRITA PERRA!” te dije en varias ocasiones, obedecías fielmente. Me escuchabas dándote instrucciones: “Mueve ese culo, ¡vamos! Así… Que rico… Gime perra, gime…” Me encantaba verte temblar de placer. Pude escucharte decir casi sin aliento: “Me vengo, me vengo, que rico, me vengo de nuevo… Dame más duro, más duro mi Dueño… Siiiiiiiiiii Siiiiiiiiiii ¡Rico me coges!” Pero si tan solo tu supieras que no era yo quien te lo hacía… Era tu propio marido que siempre estuvo escondido en la habitación y que ahora te tenia como su hembra sumisa y yo era su cómplice. Viéndolos disfrutar juntos y siguiendo mis instrucciones. Y justo allí fue cuando te dije: “Te tengo una sorpresa” el se subió a la cama y se posicionó frente a ti, tu sentiste que estaba cerca y con tus manos te adueñaste de la verga de tu esposo (aún creyendo que era yo) y empezaste a devorarla con placer y lujuria. Cuando de pronto sentiste que otra verga te penetraba sin aviso… Un “¡Put# Madre!” brotó de tu boca dejándote confundida, te arrancaste la corbata y miraste a tu marido al frente tuyo y al girar estaba yo… “¿Que locura es esta?” dijiste sin saber que hacer… A lo que tu esposo respondió: “Tranquila amor mio, llego la hora de verte disfrutar mientras él te coge ahora, ya lo autorice…”