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Mi rubia…

Hoy estoy recordando aquel día que nos disfrutamos cuerpo a cuerpo, piel a piel. Tu rubia cabellera caía sobre tus hombros y tus labios carnosos me besaban con pasión. Mientras mis manos no dejaban de apretar tus grandes senos que se tambaleaban al ritmo de mis embestidas dentro de ti. Por fin eras mía, ansioso de poseerte desde aquel día de la fiesta de mi cumpleaños que no pudimos escaparnos juntos. Pero valió la pena la espera. Este encuentro fue puro fuego y pasión. Disfrutar de tu dulce humedad mientras mis labios y mi lengua te hacían gemir profundamente y tus manos apretaban tus senos llenos de pecas y tus uñas las clavabas lenta y suavemente cerca de tus pezones. Me encantaba verte retorcer en la cama sintiendo aquellos espasmos y contracciones causados por mi boca. La misma boca que te mordía y te hablaba sucio mientras te poseía luego con tu cuerpo boca abajo. Ese orgasmo logrado por mi lengua motivando tu clítoris y ayudándome con tres dedos penetrandote y haciéndote jadear y morder la almohada. Mis manos amaban dejarte sus huellas en esas grandes nalgas blancas con un leve bronceado de playa que mostraba el diminuto traje de baño que acostumbrabas usar. Escucharte gemir era tan divino, y más aún tomarte por el cabello mientras te hacia arquear la espalda y mi pelvis chocaba una y otra vez contra tu rico trasero. Era como domar una potra salvaje. Hasta que tomaste el control y te subiste encima de mi y empezaste a moverte a gusto y placer. Y yo embelesado con tu rostro de maldad y picardía, mordiendote los labios, suspirando, gimiendo y el vaivén de aquellos senos que siempre había querido poseer y tener en mis labios cuando te veía con aquellos escotes en el trabajo. Hasta que iba a explotar 🤯 te bajaste y con tus manos y tus senos lograste hacerme llegar al más profundo y rico orgasmo. Dejándote llenar de mi néctar por todo tu pecho y un poco en tus labios. Mirándome fijamente con cara de lujuria y satisfacción de haber logrado su cometido. Un deseo que me encantaría repetir… Pero ahora estas a miles de kilómetros de mi… 😈

Aunque estés lejos de mi en piel y fragancia. Estas cerca mi, a corta distancia. Mi mente te acaricia, te seduce, te domina. Tu mente me recuerda, me suspira y me extraña. Y aunque tu boca la besen otros labios, jamás podrás borrar los míos acompañados de esos leves mordiscos y mi lengua juguetona. Esa misma que saboreo tus jugosos melocotones y te hacia gritar de placer. Esa misma boca que llevabas al centro de tus piernas agarrándome por el cabello y dominabas la intensidad con la que te saboreaba mi lengua. Esa misma boca que besaba ese tatuaje arribita del bronceado del bikini y seguía subiendo por tu ombligo y más arriba hasta hacerte retorcer. Te recuerdo bonito, a lo lejos te recuerdo. Te deseo bonito, a lo lejos aún te deseo… 😈

Tener una profunda conversación con alguien que tiene una mente brillante y un alma hermosa es otra preciosa manera de hacer el amor… No todo el placer lo causa la carne, sino esas acciones que hacen que se erice. La frase correcta, una nota de voz sublime… Y un #SendNudes 😈

relato erotico

Me encantan tus lentes…

¿Cuanto tiempo tenias leyéndome? ¿Cuanto tiempo tenia yo deseando conocerte en persona? Mirar tus ojos de cerca a través de tus anteojos con ese toque geek que te hace ver sexy e intelectual. Decirnos tantas cosas divinas en letras y palabras, mensajes que llegaban a nuestra mente y la hacían volar en segundos. Tus confesiones de como te hacen mojar mis relatos , mis audios. Lo atractivo que se te hacen mis labios para ti, mi barba corta de un par de días sin afeitar. La intriga de cómo serán mis ojos, a qué sabrán mis besos, como acariciaran mis manos. Todo eso lo descubriste en un solo día, en unas cuantas horas.

Recuerdo que quedamos en vernos una tarde algo soleada. Te busqué a las afueras de tu trabajo, hablabas con alguien mientras me esperabas. Te reconocí inmediatamente a lo lejos, aunque había un cambio de look en ti ¿que era? Otro tono de color de cabello y un corte algo radical. Pero seguías viéndote hermosa y atractiva. Cautivadora y sonriente, así te vi al llamarte a tu celular y verte contestar algo ansiosa mirando hacia los lados. Te pedí que cruzaras la calle y te di la descripción de mi auto. Yo estaba muy ansioso tambien, y el verte caminar mientras cruzabas la calle fue como en las películas, me lo disfrute casi en cámara lenta. Me encanta tu cuerpo, bueno eso ya lo sabías. Te vestiste justo para la ocasión, para alborotar mi mente y desviar mis ojos a tu provocativo escote, que aunque no era exhibidor era muy sexy. Un jean ajustado a tus curvas y un perfume que alborotó mis sentidos apenas te subiste al auto.

Recuerdo que conversamos por un largo rato mientras me dejaba llevar por el tráfico. Sentí que si había una conexión entre nosotros, si nos gustamos en persona. Aunque, yo ya no era una sorpresa para ti, ya te había mostrado una foto mia ¿Lo recuerdas? Esa noche que te fuiste de rumba y entre tragos y música me mostraste un poquito de ti bailando y cantando, dejándome ver lo divertida y animada que estabas esa noche. Y yo con ganas de poder estar allí contigo, sintiendo tu sudor, tu aroma en la piel, el calor de tus manos quizás acariciando mi rostro mientras bailábamos. Ya me conoces, mi imaginación vuela. Te dije que queria estar alli… ¿pero ya cuantas veces te lo había dicho? Necesitabas una prueba de que mis palabras eran ciertas, ya eran tantas veces diciéndonos que deberíamos vernos y nada pasaba de unos mensajes por instagram o whatsapp. Pues tenias razon, ya eran varios años quizás de sólo piropos y deseos por ser protagonista de alguna de esas historias que leías y te servían de motivación por la noches. Esta vez querías ser tú, sentirte segura de que yo no era solo un personaje de ficción. Pues te envie una foto de mi rostro. Si, quizás fue una locura, pero fue la sorpresa que te dejó sin aliento mientras bailabas y mirabas el celular. Bueno, así me lo hiciste saber luego.

El primer beso llegó en un semáforo en rojo, quizás algo tímido y dando permiso a lo inevitable. Seguí conduciendo hasta un lugar apartado. El sitio donde estaríamos solos y daríamos rienda suelta a nuestros deseos. Conversamos , reímos, hablamos de nosotros durante el camino, hasta que ya estábamos allí. Una habitación a media luz. Nos besamos, esta vez la pasión estaba libre. Ya podía sentir el sabor de tu boca, la forma de tus labios y el calor de tu lengua suavemente. Besabas con ternura, así como cuando das el primer beso adolescente. Mirarte a los ojos, sonreír, sentarnos en la cama y seguir besándonos lentamente. Mis manos se fueron hacia tu cintura acariciando suavemente tu pequeña cintura, luego no esperaron en deslizarse y acariciar tus redondos senos. Quería tenerlos en mi boca, así que leiste mi mirada y te quitaste la blusa seguido del brasier. Mi lengua empezó a lamerlos suave y cálidamente, Tus primeros gemidos se hicieron sentir. Tus manos me acariciaban el cabello, mi cuello, mi rostro. Me quité la camisa, desabroche mi pantalón. Te despoje de tus zapatos lentamente mientras nos mirábamos con ganas. Era inevitable devorarnos, te fui quitando el pantalón y quedaste solo en un hermoso blumer de encajes color vinotinto claro. Te dije que me encantaban los encajes a lo que asentaste con la cabeza afirmativamente y diciendo con una sonrisa: «Me lo puse especialmente para ti, se que te gustan». No podía arrancarte toda la ropa, tenía que disfrutar de ella. Así que recuerdo bien que empecé a darte besos por todo el cuerpo, me detuve en tu ombligo, sabes que tengo un fetiche con ellos, cuando son bonitos y sexys me encanta mirarlos, besarlos, tocarlos… Así como el tuyo, que iba acompañado de un piercing y con un abdomen plano que envidiaría cualquier mujer que hubiese dado a luz. Hay mujeres que el embarazo las hace quedar mas hermosas y sexys , y como que a ti te tocó ese día. Porque realmente puedo decir que besé cada centímetro de ti y me pareció perfecto con estrías y lunares. Sentir la humedad de tu sexo con solo haberte besado me daba señales que disfrutabas mi presencia. Mi lengua te disfruto lentamente, sin quitarte el blumer, solo apartando un poco. Podía escucharte suspirar, y te escuche gemir cuando mis dedos empezaron a entrar y soltaste un rico quejido cuando empezaron a moverse dentro de ti.

Tuve que quitarte ya esa última prenda de ropa, deseaba verte totalmente desnuda para mi, poder verte y tocarte a placer. Besarte en el cuello mientras te hablaba sucio y con picardía. Mi mano derecha te masturbaba quizás como lo hiciste algunas noches de soledad y deseo en tu cama. Podía acariciar tu clitoris mientras nos comiamos a besos. Quería que me obsequiaras tu primer orgasmo, y si lograba sacarte un squirt en pocos segundo llenarías mi ego. Jugamos a rozarnos, frotarnos desnudos sin llegar a la penetración aun. De pronto sentí tu mano adueñarse de mi erección y ver como lentamente me masturbabas y te acercabas a el, para devorarlo, para disfrutar con tus labios de mi miembro. Lo lamias, lo saboreabas, lo tuviste en tu boca hasta que me pediste que ya lo deseabas dentro de ti.

Me encanta disfrutar del juego previo, me encanta llevar ese momento hasta el punto del clímax. Tu lo estabas. Sentir varios orgasmos con solo mis manos y mi boca me lo habían dejado claro. ¿Pero que me paso? justo en el momento de ponerme el condon y continuar con esta escena mi mente se desconecta de mi ser. Mi erección empieza a fallar, la flacidez empieza a dominarme. ¡No! no puede ser, ahora no – pensé. y parece que cuando mas quieres recuperar tu estado rígido se te hace mas dificil. Tu mente te hace la mala jugada, todo iba bien hasta este punto. Tu lo notas y aunque no me dices nada tratas de ayudar. Y justo en ese instante recuerdas todas la veces que otras mujeres te preguntaban qué hacer cuando a sus parejas le sucedía esto y yo les respondía que debía hablarlo, ayudarlo quizás con algo de sexo oral. Pero sabes, en realidad es algo más. No suele pasar siempre, pero sucede más cuando tienes la presión en la mente de quedar bien, de hacerlo bien, de demostrar todo lo que dices ser frente a alguien que te gusta mucho y temes que se decepcione de ti. A todo hombre le puede pasar, a mi particularmente me sucede cuando pierdo el control y el dominio del momento. Cuando me pongo mas tierno y romántico que pervertido y dominante.Cuando no logro romper la barrera de la confianza por completo.

Me dedique a buscar una razón en el momento para justificarte lo que me pasaba contigo, culpando quizás el frío del aire acondicionado, la habitación que no era la que yo quería, y quizás solo tu recuerdes que otras cosas te dije. Pero lo más grandioso fue que tu te lo tomaste con calma, me seguiste besando, tratando de calmar mi ansiedad, pasamos un rato abrazados cual dos enamorados empiernados. Te pusiste en cuatro dejándome ver el esplendor de tu nalgas y tus caderas. Podía verte esa pequeña cintura y esa forma de pera tan divina que tienes. Mis dedos me salvaron el instante, me dediqué a darte placer con mis labios, lengua y dedos. No podía dejarte con ganas, al fin y al cabo el placer no se centra en solo la penetración. Pude lograr lo que tanto deseaba desde el principio, escucharte gemir, escucharte gritar y hablarme sucio mientras alcanzabas tu squirt y mojabas mi mano y la cama al mismo tiempo. Verte apretar las sabanas me devolvió esa seguridad que necesitaba.

Te levantaste al baño a darte una ducha, no querías regresar muy tarde a casa. Abriste la el agua caliente, yo entre a la ducha contigo y besandote en el cuello empezamos a jugar a enjabonarnos, acariciarnos lentamente. Empecé a tocar tus nalgas, apretarlas y sentirlas mías al igual que tus lindos senos. Notaste que mi erección había vuelto y sin mediar palabras te agachaste, lo tomaste con tus manos y lo llevaste a tu boca. Te movias llevándolo hasta tu garganta y usabas tus manos para acariciarme mientras lo devorabas. Yo empecé a grabar la escena, necesitaba recuperar mi ego, tu boca estaba tan caliente y tus labios tan fascinantes que sentí en pocos minutos que me harias llegar. Yo mordía mis labios y tu succionabas sin parar hasta que no pude aguantar más y explote en tu boca. Tu no te detenías, saboreabas mi néctar mientras iba saliendo de mi y apretabas mis bolas hasta que miraste hacia arriba con tus labios jugosos comiéndolo todo y dejándome sin aliento. Me besaste en mis labios y me dijiste: No estuvo nada mal. Me encantó.

Me quedé en la ducha aun pensativo, y aunque no la pasamos del todo mal, solo tenia una duda ¿Querrás repetir este encuentro? Y al irnos del lugar me lo dijiste: ¿Estas claro que me lo debes aun? No te preocupes, la pasé muy rico contigo y quiero volver a estar contigo. No te enrolles. Llévame a casa y cuadramos de nuevo ¿Te parece?

¿Ustedes que creen que pasó? Leeré sus comentarios

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copas

Noche de tragos…

Me encanta la complicidad que hay entre tu y yo. Me encanta cuando nuestras perversiones se unen y se vuelven cómplices de la locura y el placer. Y sin importarnos nada nos complacemos y disfrutamos siempre juntos. Teníamos mucho tiempo sin tener un encuentro que acelerará nuestros corazones. Resaltando que no se trata de amor ni nada de esos sentimientos peligrosos, que solo complican las relaciones. Cuando a nosotros se nos acelera el corazón es por la adrenalina y la pasión desenfrenada que nos hacemos sentir. Este último encuentro no fue la excepción, nada más emocionante que después de un día estresante irnos a beber unos tragos. Recuerdo que hablábamos de algunos negocios que teníamos en mente, un vino tinto preparado con fruta tipo sangría y musiquita de fondo de los 90. Después de bailar varias piezas en la pista y haber regresado a nuestra barra, observamos una hermosa chica que estaba sola casi a nuestro lado. Una mujer blanca de cabello algo rojizo, ojos grandes, labios finos y provocativos. Una blusa con transparencias en negro que dejaba ver un par de tentadores senos. Una cadenita de oro con una virgen sin identificar aún. Unas caderas grandes que dejaban a mi imaginación unas nalgas igualmente provocativas. Me hiciste señas como preguntándome si me interesaba, tu conoces muy bien mis gustos, sabes que mi sonrisa y mi ceja levantada lo 🎲 todo. Imaginábamos que esperaba a alguien, pero… ¿Y si estaba sola? ¿Será que la invitamos?

Nuestra complicidad es tan importante como nuestra comunicación. Nuestras fantasías, perversiones y deseos deben ser compartidos, expuestos, declarados. No tiene sentido andar con secretos, penas o silencios. ¿Cómo saber si nos gustan las mismas cosas… O las mismas personas? 😈 Ver como desnudabas con tu mirada a esa mujer esa noche, me ponía casa vez más caliente. Tus ojos claros me dejaban ver tu pupila dilatada, verte morder los labios y acomodarte el escote cada 40 segundos me hacían sentir que hablabas con ella mediante lenguaje no verbal. “¿Dime si no está divina esa caraja?” me preguntaste con intención de que me volteara a verla de nuevo. Solo moví mis cejas y sonreí. Sabes que cuando ando contigo no suelo ser el cazador furtivo. Me levanté y me fui un instante al baño, necesitaba dejarte sola para que rompieras el hielo. Yo entré al baño de caballeros, me lavé la cara, revisé el teléfono, dándote tiempo suficiente para te acercaras a ella. Solo se que cuando regrese estabas hablando como si se tratara de tu mejor amiga. Tienes un encanto tan particular para hacer amistades que hasta reduje el paso para verlas a ambas a lo lejos. Había química, ambas son mujeres muy atractivas, sensuales, seguras de sí mismas. Esta vez era yo quien las desnudaba lentamente con la mirada. Deseando tener esos provocativos senos de ambas entre mi cara mientras ustedes se divertían. Llegué y pidiendo permiso me la presentaste. Aún recuerdo su sonrisa dulce y carismática, ese perfume de niña buena y ese acento en su voz que me dejaba claro que no era de esta ciudad. Era aparentemente todo lo contrario a ti. Tú traías un perfume que alborotaba mis feromonas, y aunque no traías transparencias, tus senos se resaltaban muy bien con esa blusa. Sentarme en el medio de dos bellezas me predecía que la noche sería muy divertida. Bailamos, bebimos, conversamos y nos reímos. Pedí una ronda de tequila, pero solo para ustedes dos, quería que se sintieran más desinhibidas. Después de varios tragos y siendo solo las 10:00 pm quedaba mucho por disfrutar. Así que… ¡¡A bailar!!

Primero bailamos tu y yo. Podía disfrutar de tu perfume mezclado con tu sudor. Sentir tu cuerpo pegado al mío, rozándome. Sintiendo como tus senos se pegaban a mi pecho y tu rostro me respiraba tan cerca. Pude ver como ella nos miraba con tanta picardía en su rostro. Luego la invitaste a bailar conmigo. Me dejaste en sus brazos. Ella se aferró a mí y pude sentir en el primer giro bailando, que es de las que lleva el control. Dominante en el baile, dominante en la cama. Así pienso yo. Sus senos firmes y duros los sentía rozándome cada vez que podía. Me miraba con deseo. Deseaba saber que había en su cabeza. Por un momento mi erección fue inevitable, ese roce de piel y tu mirada pervertida como si desearás que me la comiera frente de ti me encendía cada segundo. En un instante te acercaste a mi espalda y sin separarnos bailamos los tres juntos por un instante. Volteaste mi cara con tus suaves manos, me besaste. Mi erección quería salir de mi pantalón, ella lo noto inmediatamente. La miré y sin mediar palabras nos besamos. Y mientras la besaba me empezaste a hablar sucio al oído. Nos decías: “Pero que rico se besan… ¡Cuéntame! ¿Como besa? A lo que ella respondió: ¡Venga y le muestro mamita! 😱¡Y te besó! Allí casi frente a todo el mundo, pero al mirar alrededor, nadie nos miraba en realidad. Esto apenas empezaba. Los juegos de seducción y provocación daban inicio. Los bailes eróticos, las miradas, las caricias entre tres almas pervertidas daban un paso para que esta noche fuese inolvidable. Aún recuerdo ese juego de acariciarse los senos cada una con sus manos y verlas luego tocarse entre ustedes mientras me miraban con picardía. Había una conexión increíble que me hacía volar la imaginación. Por un instante sentí tu mano en mi entrepierna para verificar mi estado y susurraste a mi oído… «Quiero verte cogiendo con ella, lo deseo. Vamos a llevárnosla a un hotel… Ya!” 🔥Mi corazón latía muy fuerte, y más cuando le dijiste algo al oído que me imagino que fue la invitación. Ella me miró a los ojos y dijo: “Para luego es tarde, pídame otra ronda de tequila para agarrar calorcito, que esta noche quiero sexo salvaje y ya se quienes me lo van a dar…”

Las tequilas llegaron. Una a una se las bebieron. Sal… Shot… Limón y un beso apasionado que me decía “Sácame de aquí o te cojo aquí mismo” y se que serían capaces. Cuando estábamos a punto de irnos llegó un amigo, (esos que tardan horas en saludar y horas en despedirse.) Pero gran amigo al fin. Que al verme salir acompañado de dos hermosas mujeres no pudo ser más imprudente y decirme: “¿Hermanito lo veo abollado, vas a necesitar ayuda? ¿Ya te vas?” A lo que respondió nuestra amiga: “Que lastima papito, pero llegó tarde ya nosotras nos tenemos que ir a dormir, mañana trabajamos, sino con todo gusto nos quedamos un rato más.” Me tomó de la mano y me susurró al oído: “Quiero que me cojas ¿Nos vamos o se va a quedar con su amigo? Sino me presta a su amiga y usted se llega luego…” ¿Como negarme a irme ya? Tuve que mentir… “Ya vengo, las llevo y regreso” se que no me creyó, tu estas clara. Pero era necesario salir de allí inmediatamente. Sentía que mi cuerpo me lo pedía a gritos y tu cara de “Vámonos ya” se te notaba. Cuando nos subimos al auto y arrancamos rumbo al hotel y empezaron con sus juegos de provocación sentí que no llegaría a la habitación. Tu empezaste a meterme mano y desabrochaste mi pantalón. Me masturbabas mientras yo trataba de manejar sin perder el control. Nuestra amiga solo me hablaba y me tocaba el pecho con sus manos desde el asiento de atrás. Llegamos al Dallas Suites y tomamos una de sus suites temáticas. Apenas había estacionado y me baje para cerrar el portón eléctrico y sentí como se lanzaron contra mi. Eran dos fieras salvajes listas para devorar a su presa. Nos besábamos sin control podía sentir tu mano entrando en mi pantalón y queriendo liberarlo antes de llegar a la cama. Nuestra amiga se quito la blusa y nos dejó ver aquel esplendor en su pecho. No tardaste en hacer lo mismo. Nos desnudamos y se fueron a la cama mientras yo dejaba llenando el jacuzzi. Verlas tocándose mientras me miraban con deseo. “¿Quieres tocarla como yo?” me preguntaste mientras apretabas esos redondos senos abrazándola desde su espalda y ambas me miraban invitándome a disfrutar. “Venga papito, únase a nosotras púes ¿O prefiere vernos a nosotras sólitas jugando? 

Nos dirigimos rápidamente a esta maravillosa habitación. La cama nos esperaba para disfrutar de un rico encuentro. Los besos y las caricias dominaban la escena, sentir la humedad en cada una de ustedes me llenaba el ego lo suficiente para sentirme afortunado de tener dos mujeres hermosas en la misma cama. Empecé contigo, sabes lo fanático que soy de hacerte sexo oral. Disfrutar de tu humedad y escucharte gemir era suficiente para mí. Sentir como nuestra amiga acariciaba mi cabello mientras estaba sumergido entre tus piernas y escucharla hablándome mientras mi lengua y mis labios te daban placer hacia que me incentivará más. “Hazla gemir duro papito” me decía mirándome a los ojos y sonriéndote cuando lograba que yo lo hiciera. Era placentero complacer sus peticiones y darte placer al mismo tiempo. Ella de pronto me apartó y me enseñó como hacerlo, metió levemente sus dedos en ti y con su boca y lengua estímulo tu punto de placer. Yo me acerque a tus senos y empecé a lamerlos y morderlos suavemente. Tus quejidos empezaron a salir de tu boca sin control. Tuve que besarte, morder tus labios hasta que ya no aguantaste más, un orgasmos se adueñó de ti y sin poder hacer nada, ya que te tomé fuertemente de los brazos, ella te hizo llegar al más rico squirt. Yo te miraba a los ojos, te decía: “¿Esto es lo que querías mi hembra? ¡Ahora te toca sentirme a mi!

Me acosté y te subiste sobre mi, nos besamos como si se tratara de dos enamorados. La pasión y el deseo se consumían con cada beso, sentir como iba entrando en tu cuerpo y sintiendo tu calor y humedad me hacia ponerme más firme cada segundo. Mis manos se apoderaban de tus caderas, así podía controlar tus movimientos. Nuestra amiga se unió al encuentro cuando sentí que sus manos acariciaban allá abajo donde se unían tu cuerpo y el mío. Por instantes lo tomaba, lo sacaba, lo besaba y lamia, lo volvía a introducir en ti. Pude sentir por un instante como ella metía su mano dentro de ti pero sin sacar esta vez mi firmeza, podía sentir sus dedos deslizarse dentro de ti y rozándome a mi al mismo tiempo. Nunca había sentido algo así. Nosotros nos mordíamos los labios, nos alabamos el cabello. Nuestra piel empezaba a pedir un poco de dolor… Mis manos empezaron a darte azotes en las nalgas, te apretaba con fuerza con cada embestida. Mis gemidos empezaban a salir como gruñidos, mi lado salvaje se salía de mi. Quería azotarte con fuerza, hacerte gritar, dejar mis manos marcadas en tu piel. ¿Te acuerdas? Liberé esa perversión en nuestra invitada…

Nuestra invitada tiene carita de niña buena, pero su alma estaba llena de perversión pura. Me besó con actitud de mujer dominante, lujuriosa y muy sensual. Esos besos que provoca quedarse horas disfrutando de unos ricos labios. Sin esperarlo mucho se subió encima de mi, me abrazó y empezó a moverse de arriba a abajo, suave, lentamente, disfrutaba cada centímetro de mi. Disfrutaba cada beso con sumo placer. Tu solo nos observabas, la dejaste adueñarse de mi. Yo estaba rendido ante su poder. Apretar sus senos, besarlos, morderlos, me daba mucho placer. Sentirme dentro de ella, poder tocarla a mi gusto. Una total desconocida que me encantó con solo verla. De pronto ella gimió casi gritándote: “¡Perra! ¿Qué haces?” estabas lamiendo el medio de sus piernas mientras ella seguía sobre mí. Ella volteó a verte y tu metías tus dedos dentro de ella está vez. No lo habías hecho antes y querías experimentar, quería hacerle lo mismo que ella te hizo. Con la diferencia que esta vez tu empezaste a estimular su ano con tu boca y tus dedos. Ella se reía, gemía más fuerte, te hablaba sucio, tenían una conexión divina. “¡Vamos mi Dueño, dale más duro! ¡Hagamos que grite esta perra!” Dijiste con voz imponente mientras tus dedos estaban penetrándola y yo seguía aferrado a sus caderas y a su boca. “¡Me están matando malparidos!” Gritó nuestra juguetona amiga mientras temblaban sus piernas y la humedad fluía por ellas… Somos unos pervertidos conectados por la lujuria, el deseo y el placer. Tres cuerpos que se devoran sin límites, dispuestos a todo… Y pensar que esto apenas comienza… 

Ella me besaba muy rico y apasionadamente, yo no dejaba de mirarla por algunos instantes. Su mirada era profunda y llena de fuego. mi erección se fortalecía cuando lograba conectar mi mirada con ella. Ella se mordía los labios cada vez que sentía mis manos apretar sus nalgas para empujarla contra mi. Podía sentir su humedad cayendo a chorros sobre mi pelvis. Tu por un instante te quedaste solo viéndonos coger, nos mirabas disfrutando cada caricia, cada beso, cada embestida. Nos hablabas suave, nos decías que hacer, nos guiabas con tus manos, con tu voz. En algunos instantes la agarrabas por el cabello y le robabas unos besos, en otros me los dabas a mi. Era una locura llena de lujuria y placer sin limites. De pronto la detuviste, te subiste sobre mi cara para darte sexo oral mientras quedabas frente a frente a ella. Solo pude escuchar como sonreían y se movían en un triangulo muy perverso. Tu enorme culo me lo podía disfrutar junto a los jugos de tu sexo. Ella se movía tan rico que ya no creía poder seguir aguantando, así que les di la señal. Ambas se bajaron y se fueron a jugar con mi erección con sus temibles bocas. Un intercambio de fluidos y manos masturbándome que me harían explotar en pocos segundos. Mirarlas a los ojos de las dos intercaladamente, verlas besándose y besándomelo al mismo tiempo con cara de lujuria insaciable. Ella de pronto se subió en mi haciendo un 69 y no me dejaba verte, solo sentir sus bocas, sus manos y aquellas voces que me pedían que acabara en sus bocas. Fue imposible aguantar mas, apreté sus nalgas y metí mi boca y nariz en su sexo mientras explotaba en sus bocas que me lamían y chupaban sin parar. Pude sentir tu lengua lamer mi ano, se que eras tu. Se lo mucho que lo disfrutas. Ella seguía en una garganta profunda y acariciaba mis gemelas. Pude escuchar como tosía cuando casi se ahogaba con cada arcada. Ustedes eran la mezcla perfecta de perversión y placer que necesitaba mi cuerpo. Ella tuvo otro orgasmo mientras mis labios y lengua la estimulaban, tu te acercaste a mi lado, ella se bajo un poco y me besaste con un poco de mi propio semen en tu boca, lo mezclaste en un beso con lengua con la humedad de ella que aun seguía en mis labios. ¡Wao! ¿Podría existir algo mas placentero? Si… ella tambien se unió a ese beso y entre los tres nos estuvimos besando hasta quedarnos dormidos en aquella cama de hotel, esperando reunir fuerzas nuevamente quizás para devorarnos de nuevo. ¿Ustedes que creen? ¿Repetimos?

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Año nuevo, vida nueva…

Primero de enero en la madrugada, todos felices por este nuevo año que comienza. Tu viniste a darme aquel abrazo de feliz año que duró más de la cuenta. Tus labios me hablaban al oído con intención de lamerme hasta el alma. El alcohol había hecho de las suyas ya. Podía sentir tus senos apretados en aquel vestido pegados a mi pecho y vaya que si provocaba apretarte esas nalguitas, pero me contuve por toda esa gente a nuestro alrededor. Pero sabía que ese instante era el inicio de una llama ardiente que se extendería. Ya que minutos después estábamos bailando y brincando con todos, celebrando y despidiendo el año viejo. Tu perfume me traía la mente alborotada. Es que hay aromas que huelen es a sexo y el tuyo era esa mezcla de Amor Amor con tu sudor que me alborotaba las feromonas. Me encantaba cuando me abrazabas y bailabas tan pegada a mi como si quisieras dormirte en mi regazo. ¿Cuántos años habían pasado sin vernos ya? En eso llega ese caballero diciendo: “No me la mallugues mucho” y te volteaste a ver quien era e inmediatamente te lanzaste a sus brazos besándolo con pasión. Allí claramente que era tu pareja. Él me saluda y se presenta solo diciendo su nombre y apellido. Tu terminas diciendo: “Conoce a mi esposo. ¿Por qué tardaste tanto?” – le dijo con voz regañona – “Venga para servirle un trago. Espéreme aquí, no se me vaya que tenemos que seguir bailando.” dijiste sonriéndome con picardía. El caballero se fue con ella tranquilo y relajado. Aunque yo no quedé tan tranquilo. También busqué mi trago y seguí socializando. No tardaste mucho en volver a llegar. Me tomaste de la mano y me llevaste de nuevo a bailar. No puedo negar que bailabas divino. Y que en varias ocasiones hacías que mi erección apareciera. Y lo disfrutabas, porque te pegabas más a mi, mientras yo trataba de que no lo notaras. Me pegabas tu espalda y tus nalgas buscaban alborotartme más. Todo esto sin llamar de más la atención. Recuerdo que nos tomamos un respiro, descansamos y conversamos un largo rato. Te fuiste a acompañar a tu marido y desde lo lejos me mirabas, te mordías los labios cuando me atrapaban tus ojos. ¿Que hacías? ¿Por qué lo hacías? Estabas jugando con fuego…

Nuestras miradas se cruzaban, mi deseo hacia ti se incrementa cada segundo. De pronto veo que le hablas al oído y él me mira. Yo desvío la mirada por un instante, como disimulando. Tú te vienes directo hacia mí nuevamente, pero esta vez como decidida. Me dijiste: “Vente, acompáñame a buscar unas botellas de vino y unas de ron”. Miré hacia donde estaba tu marido y el seguía allí hablando con otros conocidos. Caminamos hasta afuera y te montaste en tu auto, me pediste que me subiera, encendiste y nos fuimos. Mi corazón latía fuerte, mi mente empezó a volar cuando dijiste que iríamos a tu casa un momento a buscar unas botellas. Estábamos como a 10 minutos de allí, abriste el portón eléctrico, metiste el auto y cuando me disponía a bajarme me tomaste del brazo y me tomaste del cabello con tu otra mano. Me besaste profunda y apasionadamente. Te subiste encima de mi y dejaste tus senos al descubierto para que te los besara. Me dijiste: “Pensarás que soy una loca, pero tenía demasiadas ganas de hacer esto desde hace rato, pero tenía que pedir permiso a mi marido.” Mi sonrisa salió entre esos besos que nos estábamos dando con un “¿En serio?” Y tu sonriendo me dijiste: “¿Qué crees que le dije cuando le hablé al oído? Que quería cogerte y que fueras mi primer orgasmo del año. Así que espero no nos defraudes…”
Te bajaste del auto y me llevaste al mueble de la sala, allí te empezaste a desvestir, hasta quedar en solo ropa interior. Yo solo podía admirar tu figura y asimilar aquel instante. Te arrodillaste y abriste mi pantalón, dejando al descubierto mi erección ya un poco húmeda de tanto provocarla. Te la devoraste de inmediato, apretándome duro y llevándotela hasta la garganta una y otra vez. Yo no quería ni preguntar nada. Solo me disfrute aquel momento. De pronto sonó su teléfono. Mi adrenalina aumentó al ver que era una video llamada de tu marido. Y que solo me dijiste: “El solo quiere saber si estoy bien”- Y contestaste allí mismo, arrodillada, sin disimular nada. El hablaba como escondiéndose, escuché clarito cuando te dijo “Quiero verte” y empezaste a darme sexo oral frente a la cámara de tu celular, parecías actriz porno. Lo disfrutábamos mucho los tres…

Aquel encuentro inesperado me dejó sin palabras al ver como tu esposo pedía lo que quería ver a través del teléfono. Podía escucharlo diciéndote que lo hacías rico y que te veías muy divina. Te daba instrucciones como escupirlo, golpear tu cara y atragantarte. Y tu muy obediente cumplas todo al pie de la letra. Más que complacerme a mi, en realidad lo complacías a él. Yo solo era el juguete que usaron ambos para disfrutar de sus perversiones. ¿Me dejas cogermelo papi? – le preguntaste en plena llamada. Y te dijo que no, que solo podías hacerme sexo oral, que para poder cogernos yo debía pedirle permiso a él personalmente. ¿Que locura es ésta? Pensé. Nunca había llegado a ese nivel de complicidad. ¿Pero que podía perder? Ya estaba en el ojo del huracán y mis ganas por devorarte estaban al máximo nivel. De pronto escuché… Espérame allí. Colgó la llamada y tu simplemente sonreíste y dijiste: “Creo que sintió celos por primera vez. No es la primera vez que hacemos esto. Es uno de nuestros juegos de rol favorito. Nos enciende la pasión. No te asustes, solo te advierto que no te alarmes por la manera que me va a tratar cuando pase por esa puerta. Yo soy su hembra y debo obedecerlo. Y tu… Eres mi antojo. Y para poder dármelo debo pagar las consecuencias que esto trae. Solo te pido que me cojas duro, hazme gritar, haz que valga la pena el castigo.” Confieso que quedé sin palabras después de eso. Siento que hasta la erección se me pasó.

Nunca había vivido una complicidad tan abierta como la tuya. Me sentí fuera de foco, no sabía que hacer. Cuando escuché que estacionaba su auto me puse más tenso. Él entró y sin mediar palabra alguna se puso frente a ti y tu te arrodillaste levantando tus manos como dándole una ofrenda.
“¿Qué tanto deseas a este tipo? – te dijo mirándome con algo de rabia y señalandome. Mis nervios empezaron a elevarse y te juro que me asusté. Y más cuando le dijiste sin levantar la mirada: – Mi señor, él es solo un amigo desde hace muchos años y mi cuerpo lo desea. Te pido me permitas disfrutar de él bajo tu permiso.” Yo no sabía ni que hacer. Él sólo me miró fijamente, pensé que me golpearía. Cuando me dijo: “¿La deseas aún?” no sabía que responder, solo pude susurrar: “Es una mujer muy hermosa” y él nos miró a ambos, sus ojos estaban llenos de fuego, celos y rabia. Te juro que ya no me excitaba aquella escena. Ya me daba miedo.
-Dime algo… ¿Haz amado a alguien alguna vez? – me dijo mientras acariciaba a su esposa de forma un poco tosca.
¿Qué haz hecho por amor? ¿Haz complacido a una mujer hasta tus propios límites? ¿Le conoces todas las perversiones, deseos y fantasías?
De pronto te agarró por el cabello te puso frente a mi, te pidió que te pusieras en cuatro y empezó a azotarte las nalgas.
-!Míralo! Hazle saber a este hombre con tus ojos lo mucho que lo deseas.
Las nalgadas cada vez eras más y más fuertes. Tu me mirabas y me decías solo moviendo los labios “Tranquilo, estoy bien”. Pero aquellos castigos parecían que te harían hacer doblegar en cualquier instante. Tu solo cerrabas los ojos y parecías disfrutarlo enormemente. Hasta gritaste: ¡Dame más duro! Lo deseo dentro de mi amo, casi con lágrimas en los ojos. Él se detuvo. Su frente estaba sudada y las gotas caían por su cuello mojando su camisa. Yo solo observaba sorprendido. Ustedes empezaron a besarse con tanta pasión, que sentí ese amor que él te tenía. Se susurraron unas cosas al oído y te levantaste, caminaste hacia mi, tomaste mis manos y las llevaste a tus nalgas para que las acariciara y pudiera ver como habían quedado.
¿Puedes darme más castigo? Me preguntaste frente él.

Sentí que el tiempo se detuvo. Mis manos te empezaron a acariciar y sentía las marcas en tus nalgas. Podía ver algunos puntitos rojos de sangre. Me mirabas a los ojos y empezaste a quitarme la camisa. Él allí inmóvil mirándonos, yo algo confundido al principio. Me quitaste el pantalón y te dedicaste con tus labios a recuperar aquella erección que tan solo unos minutos antes estaba en tu boca. Me pediste susurrando que no lo mirara. Empecé a ignorar su presencia y me concentré en ti. Verte acariciar mi firmeza y rozándola contra tu cara y mirar como saboreabas mi humedad que empezaba a aparecer nuevamente me encantaba. Lo escupías y lamias una y otra vez con cara de pervertida. Sentir como lo llevabas hasta el fondo de tu garganta y te hacía toser y llorar pero no dejabas de disfrutarlo me calentó muchísimo. Llevaste mi erección al clímax. Sacaste un condón me lo pusiste con la boca y me dijiste: “Parteme el culo, que mi vagina es solo de él” y te pusiste en cuatro mirándolo de frente. Tomaste el lubricante y tu misma me preparaste el terreno. Ver tus caderas en posición de guerra, y mirar tu agujero dilatarse pidiendo ser penetrado fue la gloria. Él quería verte disfrutar, tu también lo deseabas y yo… Yo quería comerte desde hace 15 años atrás y ahora era el momento. Mientras iba entrando en tu cuerpo y tus gemidos aparecían mis manos se sumaron al encuentro con nalgadas fuertes y violentas. Tu movías tus caderas contra mí cada vez más fuerte. Una de tus manos me acariciaba las gemelas y te masturbabas el clítoris. Podía escuchar tu humedad chasquear con tus dedos y con el choque de tus nalgas con mi pelvis. Un orgasmo hizo presencia, y tus espasmos y contracciones pusieron tu cuerpo a temblar. Gritabas y gemías. Me pedías más volteando a verme… ¡Duro, dame más duro! ¡Partemelo! Y en eso un squirt hizo presencia mojando todo el piso. Fueron como cinco chorros de placer continuos hasta que tu hombre se acercó… Se la sacó y te la metió en la boca. Tu seguías moviéndote, esta vez disfrutando de dos hombres. Yo ni lo miraba, en un par de minutos él ya estaba acabando en tu boca. Te separaste de mi solo para disfrutar de su semen con tus labios y lengua… 

Verte disfrutar del néctar de tu hombre y ver como chorreaba por tus labios, como lo saboreabas mirándolo solo a él. Con sólo ver tu cara de placer y perversión me excitaba. Disfrutaste cada centímetro de su miembro con tu lengua y tus labios carnosos, él también quedó complacido. Aunque me asusté por un segundo cuando te dio esa cachetada y te dijo: “Ve por más…” volteaste hacia mi cual fiera salvaje, me masturbabas y dabas lamidas a mis gemelas y me pedías que acabara para ti. “Dame tu leche, la necesito, acaba en mi boca” decías con desespero mientras lamias mi ano mientras tus manos mágicas me tocaban con tal tacto que sentía que me harías explotar en cualquier momento… – ¡Dame tu leche puto de mierda! – Me dijiste con lujuria en tus ojos y voz con desespero. Me activaste mi lado oscuro y te agarré por el cabello y mientras me lo mamabas golpeaba tus mejillas con las yemas de mis dedos. Cuando agarrabas aire golpeaba tu cara con mi erección y tu misma saliva la esparcía por tu rostro endemoniado. Me abriste las piernas y después de un rico beso negro te atragantaste con mi miembro, brotando tanta saliva y lágrimas que con solo ver esa cara te dije… ¡Hay viene! Y sin poder hacer nada para evitarlo tus manos mágicas me hicieron explotar en tu boca, mientras uno de tus dedos me fornicaba. Tu mirada de sadomasoquista frente a la mía de perversión se mezclaron en un orgasmo de otra galaxia. Te saboreabas mi néctar cual miel dulce. Algunas gotas cayeron en tus senos y jugabas apretando tus pezones y sonriendo con gran satisfacción. En eso lo miraste a él y le dijiste: “Mi amo y señor, aun no estoy complacida. Le pido me complazca junto a mi invitado de una doble penetración. ¿Me lo merezco? Él se acercó a ti, te beso y te tomó de la mano, llevándote a la habitación principal… Tu sonreíste y me hiciste seña de que los siguiera. ¿Que locura es ésta? ¿Me llevarán a su cuarto? Pensé… Pero sonriendo también me fui con ustedes… Un afamado Trío HMH ? ? ?

Los seguí hasta la habitación y ustedes se besaban cual novios de secundaria. El se tiro en la cama, tu encima de él e inmediatamente pude ver como te penetraba y te dominaba por las caderas. Yo solo podía verlos gozándose uno al otro. Ver tus nalgas rebotar mientras él te las apretaba y las nalgueaba con fuerza. Te agarraba por el cabello, te mordía los senos, los labios, tu lo cacheteabas. Era un juego de dominio. Pasado unos diez minutos dejaste de moverte, te abriste las nalgas y me volteaste a ver. ¡Ven que te quiero aquí! Gritaste mientras untabas de nuevo lubricante mezclado con tu humedad. Me acerque y empecé a penetrarte lentamente. Luego de varias embestidas tomaste el control. Tus movimientos sincronizados, tu dilatación y apretada de ano me hacia sentir que volvería a explotar. Tenías todo el poder de ambos entre tus piernas.
¡Nalgueame duro! ¡Azotame! ¡Que rico se siente ésto! ¡Dame más! ¡Dame duro! Así, así, así, no paren, que divino, que perra soy, dale, dame más fuerte, parteme el culo. Que ricooooooó se siente. Me vengo, me vengo, me vengo, ufff, coño. ¡Muérdeme! ¡Muérdeme! ¡Muérdeme la espalda! Duro, duro, muchas veces, si, así, ¡Muérdeme más! Gritabas mientras tu hombre te mordía los pezones y te besaba. Mis manos me ardían de tantas nalgadas que te di esa noche. Creo que mis dientes quedaron marcados en tu espalda unas treinta veces. Tu orgasmo fue explosivo, nuevamente acompañado de un squirt. Tus uñas estaban bien clavadas en el pecho de tu marido, casi brotaba la sangre de la profundidad del aruño. Ambos disfrutaban del Sado Masoquismo. Quedamos exhaustos. Aunque te confieso algo. Temí por un momento que me amarraran y me azotaran a mi. Pero esa misma adrenalina me mantuvo allí… Disfrutando de esta locura. Me dijiste: “Eso también nos gusta, pero es muy íntimo nuestro, no lo hacemos con invitados. Sólo él y yo. Es demasiado rico. Deberías probar algún día con tu propia sumisa.” allí sonreí y preferí callar, hacerme el novato. Hace mucho que ya no practico el BDSM como estilo de vida. Pero no sería malo revivirlo…

sexo ventana

En la ventana…

#MicroRelatoErotico Así es que me gusta a mi… Desnuda, Atada, cabello suelto, perversiones listas para ser cumplidas. Desde hacerlo a la luz del día en una ventana… Hasta hacer que te escuchen los vecinos. ¿Y que? Si ya el ser humano no se oculta para hacer la guerra… Yo no me voy a ocultar para hacerte el amor. Dejaremos salir nuestros gritos y gemidos al cielo en pro de la libertad… Del amor… Del sexo libre y seguro. En contra de la violencia, el maltrato y la contaminación. Seremos juzgados y criticados por muchos, pero seguidos y admirados por otros. El bien siempre prevalece, solo que mucha gente aun tiene miedo de sentirse libre. Así es que me gusta a mi… Gritaras al sentirme dentro de ti.Cerraras los ojos como una niña, pensando que así no te verá la gente. Sonreirás, te dejarás llevar por mis movimientos de cadera, gritaras a los cuatro vientos: “Nunca pares Dueño mio, sigue haciendo lo que quieras… Haz que grite tu nombre en la ventana, hazme sentir como una fiera. Solo tu me elevas al placer, y me haces ser indecente. Pero solo tu me entiendes mi hombre complaciente. No me importa que me vean disfrutando de tu sexo. No me importa que me miren pues no hay ningún pretexto. La sensación que tu me brindas no tiene comparación, te adueñaste de mi mente y ahora eres mi adicción. Solo quiero que me folles y me cojas con pasión, que me mimes y me atiendas en esta habitación. Yo soy tuya y tu eres mio así sea por un día, ¿Sabes cuantas noches soñé con esta fantasía? Así que déjame ser libre y disfrutarte como quiera. Cumpliré tus perversiones esas que no haces con cualquiera. Me tendrás en tu cama con mi cuerpo caliente, con ganas de ti y muy impaciente. Hazme sentir el dolor con tus manos, hazme sentir el placer con tu boca. Hazle saber a mi cuerpo ahora por que eres tu quien me provoca. ¿Por qué te anhelo, por qué te quiero? Me haces sentir como cubo de hielo, era tan fría antes de tocar tu boca, y hoy me derrito y me vuelvo loca. Si con tus letras y tus palabras me tenias a tu dominio, vivía mojada y suspirando viviendo aquel suplicio. Y ahora que te tengo y estoy frente a ti… Te confieso con mi alma… Te quiero solo para mi.” ?

beso

Bésame espectacular…

Tu cabello castaño, tus ojos café, esos labios rozados que siempre humedeces al hablar conmigo y haces que mi mente vuele imaginando que me besas. Es esa sonrisa que muy poco muestras la que conquista mis miradas. Es tu voz de niña malcriada la que a veces me hace ser diferente contigo. Esa voz que cambia a sensual cuando me hablas al oído, porque sabes que me haces descontrolar. Son tus manos húmedas y frías las que huyen cuando las toco, muy contrario a tu mirada que si me invade y me consume y hasta muchas veces me desafía, retando mis ojos con los tuyos. Mi boca también quiere ser retada, mis labios quieren ser desafiados. Mis manos quieren traspasar las fronteras, los límites, quieren adueñarse de tus curvas, de tu piel, descubrir todo aquello que guardas debajo de tus prendas de vestir. Poder sentir lo firme de tus senos, poder acariciarlos con suavidad hasta llevarte a otro nivel del deseo. Degustarlos uno a uno cual dulces frutas, poder morderlos como si fueran melocotones frescos. Es escuchar tus suspiros, tus gemidos mientras sólo cierras los ojos y te dejas llevar por el deseo y el placer.

Desearía poder desvestirte pieza a pieza, mientras tus latidos se aceleran, mientras tu respiración se incrementa. Mis manos te despojan de todo lo que llevas puesto, por último, y de una forma muy sensual, quiero ver como de bajas tu última prenda, dejando al descubierto todo tu cuerpo hermosamente desnudo. Sólo provoca es besarte, aunque a veces es imposible dejar de morder una que otra parte de ti. Mi lengua quiere saborear cada centímetro de ti sin detenerse un instante. Me imagino llegando a tu entrepierna y siento el perfume de tu sexo, es imposible no quedarse inmóvil y disfrutar de este aroma excitante y abrazador. Es como si tus manos se apoderaran de mi cabeza y no me permitieran moverme de allí. Mi boca no pudo esperar más, decidida aunque delicada,  se adueña de tus jugos, haciéndote explotar en un gemido largó y profundo. Mi lengua sale a apoyarla, jugando con el dulce sabor de tu piel; es imposible despegarme de ti.

Tus manos se aferran a mi cabello, acariciándolo y al mismo tiempo controlando algunos movimientos. Cada vez eran más y más intensos, más profundo, más apasionados y lujuriosos. De pronto subo besando tu abdomen, sosteniendo tu cintura y caderas con mis manos, sigo subiendo hasta tener tus pechos en mi cara. «¿-Te gustan verdad?» dirías con una sonrisa picara mientras humedeces tus labios con sensualidad. «-Viste que si tengo, aunque no las muestro mucho» me dirías antes de suspirar, ya que mis labios y mi boca se apoderarían con gran placer, mi lengua jugaría con tus pezones cual paleta de helado, sintiendo como cada instante se endurecen mas y mas.

Tomarías mi cara con ambas manos y te las llevas hasta tu boca, propinándome un beso profundo y acompañado de un leve mordisco. Diciéndome mientras sostienes mi labio inferior entre tus dientes: «-Sabes que puedo ser tan o mas mala que tu».

Continuas besándome, mis labios eran de tu propiedad, siento que quieres arrancármelos. Aunque de pronto suavizaste el instante, sólo me besabas con ternura, te degustabas cada beso. Mantenías tus ojos cerrados, hasta que de pronto una sonrisa invade tu cara, abres los ojos y me dices:

«-Quiero que sientas la mujer apasionada y salvaje que invade mi cuerpo, esa que vive encerrada en mi sin poder expresar lo que es capaz de hacer. Haré que me pidas que me detenga… Espero estés listo, porque no tendré piedad de ti. Tu tienes algo que me mata, que me quema por dentro, es la forma en que me miras, la forma que me tocas, tu me haces perder la noción del tiempo. Bésame despacio, bésame espectacular como la canción que te dedique una vez, ¿recuerdas?» (Esta es

Como no sentir un miedo extraño dentro de uno. Por eso dicen que más miedo hay que tenerle a las mujeres chiquitas y tranquilas. (pensé)

«Se que mueres por hacerme tuya, se que me deseas desde el primer día que nos conocimos. Muchas veces siento tus miradas por mi cuerpo. Siento como si me quisieras arrancar la ropa cada vez que me acerco a ti. Siento tu mirada en mi piel acariciando mis pechos, mordiéndome, besándome sin limites. ¿Pero que me vez? Creí que las preferías voluptuosas, operadas, y más altas que yo… » – Te reíste a carcajadas. «Pero mírame aquí, ¿que harás ahora que te tengo literalmente en mis manos?» dijiste abrazándome por el cuello y acercándote a mi a punto de besarme nuevamente.»

«Haré que el mundo se te olvide… como la canción que me dedicaste, así de simple.» Respondí.

CONTINUARA…

 

x

Quiero ser el dueño de tu piel…

Una de estas noches tuve un sueño de esos que te decepcionas cuando despiertas porque hubieses deseado que fuera realidad o no haber despertado justo en ese momento…
Todo empezó en un lugar que ni siquiera he ido, sólo lo he visto por fotos. Pero siempre te veo allí. Era un gym de esos modernos donde dan clases de muchas disciplinas, desde pesas hasta aerobic y taebo. Allí te vi a ti, eras la instructora, llevabas puesto tu ropa deportiva con los colores y el logo del gym. Lo que amo de esa ropa es lo ajustado al cuerpo que lo llevan siempre las chicas. Resaltando cada una de sus curvas. Por supuesto tu no te quedabas atrás, dejabas ver las curvas peligrosas de tu cuerpo. Ese par de senos que parecían deseosos de escapar y salir de tu ropa y sentirse libres. Y yo al frente de ti sin poder quitar la vista sobre ellos. Empezaron tus movimientos, ver como podías levantar la pierna tan alto y mantener el equilibrio sólo me hizo sonreír y pensar en un sin número de posiciones si fuera dueño de tu cuerpo. Verte soltar golpes y patadas no era lo excitante. Lo que me estaba volviendo loco era ver como tu cuerpo se iba cubriendo de tu sudor, tu piel dorada brillaba gracias a esa humedad. Que más deseaba yo que ser el motivo que causará tu sudor.
De pronto me miraste fijamente y te abalanzaste sobre mi señalándome con tu dedo índice sobre mi pecho y gritándome:»¿Se puede saber que haces aquí? »

Yo no sabía que sucedía, no entendía tu actitud, pero tu venias con fuerza y casi que empujandome me llevaste a una oficina y nos encerramos allí. Con voz alta, fuerte y decidida me dijiste: «¿Que haces aquí? ¿Cómo vas a venir para acá sin avisarme? Estoy en plena clase…» Y con un beso apasionado te interrumpí y no te deje seguir hablando. Besar tus labios era como degustar una fruta dulce y jugosa. Era imposible separarme de ella.
«¿Por que me estas haciendo esto? Dijiste susurrando entre besos sin control.

«Si aún no empiezo hacerte lo que quiero…» Te dije al oído seguido de una lamida alrededor de tu oreja y un leve mordisco, seguido de una caricia por tu rostro con una de mis manos. Ya que la otra mano te empezaba a recorrer por la cintura. Mientras que mi cuerpo se pegaba más a ti y te pegaba a un escritorio.

«¡Hey! Controlate…» Dijiste con voz un poco más fuerte. «Recuerda que tengo a mis alumnos afuera y nos pueden escuchar.»

«¿Eso es lo que realmente te importa?» Te dije sujetándote fuertemente y sentandote en el escritorio. Mi cuerpo se abre paso entre tus piernas, mis manos se aferran a tu espalda. Mi boca trataba de no dejarte hablar. Y tu sin saber que decisión tomar, si dejarte llevar o interrumpir todo. De pronto decidiste ponerle pausa al asunto. Me pediste que te diera un instante, te levantaste y saliste de la oficina y te dirigiste a tu clase: «Muchachos, chicas, lamentablemente no podré darles la clase de hoy, tengo un asunto que resolver muy importante. Así que los dejare con Alex para que continúen con el entrenamiento. Gracias y disculpen.»
Inmediatamente entraste de nuevo a la oficina y esta vez fuiste tu la que entró con el control de la situación. Te lanzaste sobre mi con fuerza, tus besos eran muy apasionados.
«Ahora si soy toda tuya» dijiste con una sonrisa brillante en tu rostro. Esa frase era suficiente para calentar el momento. Después de una larga sesión de besos y caricias, nuestros cuerpos demostraban que deseaban más. Tus senos me mostraban lo firmes y excitados que estaban. Listos para ser devorados sin control. Tu al mismo tiempo notabas mi gran erección.
«Estamos locos» dijiste casi susurrando.

Y un gran suspiro penetro tu cuerpo al sentir como mis manos se adueñaban de tu cuerpo, específicamente de tus sexys y provocativos senos. Mis manos no dejaban de apretarlos, acariciarlos, poseerlos. Recorriendo seguidamente tu cintura y caderas. Sin dejar atrás el aferrarme a tus nalgas. Quería tocarte toda, recorrer cada centímetro de ti. Mientras mi boca saciaba su sed con tus labios. Sentir como tu respiración se aceleraba cada segundo me enloquecía.

«Me estas volviendo loca» dijiste con voz muy erótica.
Seguido de esa frase te despoje de tu blusa deportiva, dejando al descubierto y deleite personal ese par, que inmediatamente cubriste con tus manos ya que sentiste algo de pena en ese instante. Pero fui despojando tus manos con mis labios, me dejaste saborear con mi boca ese par de frutas prohibidas, eran apetitosas, yo no deseaba separarme de ellas. Tu disfrutabas viéndome, sintiendo el calor de mi lengua jugando con tus pezones, haciendo un sin número de movimientos que te hacían suspirar. Por instantes yo abría mis ojos para verte, y allí estabas tu, mordiéndote los labios y con tus ojos entre abiertos.
«Necesito adueñarme de tu cuerpo» te dije con voz suave y seductora. Y arrancándote el pantalón deportivo casi dispuesto a penetrarte y sentir tu calor interno… Me desperté!!
¿Por Queeee? Esto no puede quedar así… Necesito descubrir más de ti, quiero ser el dueño de tu piel…

Continuara…