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Mi nueva sumisa…

¿Donde empieza la historia? En unas elegantes instalaciones de un prestigioso hotel de Caracas. Hace unos días atrás fui contactado por una hermosa dama quien confesaba ser mi mayor admiradora. Llevaba mucho siguiéndome los pasos por mis redes y disfrutaba de cada una de mis letras y audios relatos. Su primera pregunta fue: “¿Son reales tus historias? Porque te confieso que las siento mías casi todas cada noche cuando las leo. ¿Como haces para conectarte con mi mente y adivinar casi siempre lo que pienso? Y hasta lo que siento a veces…” Yo simplemente la miré a los ojos y sonreí. Y le dije:“ Simple, no soy lo que lees… Soy lo que sientes al leerme. Además, ¿Qué separa la realidad de la fantasía? ¿El pecado de la tentación? ¿La lujuria del deseo? ¿O la perversión de la pasión? El dolor del placer… Más simple aún… Tus miedos. Nacimos en un mundo donde el miedo tiene el poder, el que genera miedo obtiene el poder y por ende, tu me tienes miedo. Pero estas dispuesta a descubrir la única salida… ¿Cómo huyes de la tentación? Cayendo en ella… ¿Cuando vences los miedos? Cuando los enfrentas… Y por eso estas aquí ¿A que le temes?

Ella respondió: “Le temo a la rutina, le temo a no sentirme viva, le temo al rechazo a veces quizás. Le temo a la soledad, le tengo miedo a mis demonios cuando los libero a mentes tan pervertidas como la tuya” dijo sonriendo casi a carcajadas. Su ansiedad se notaba en sus manos. Bebía agua después de cada oración expresada. Miraba hacia todas partes como si temiera ser descubierta hablando conmigo en aquel lugar. Fui claro y preciso después de un rato de conversación divertido y ameno, después que la sentí relajada y en confianza. “¿Que deseas de mi?” le pregunté mirándola a los ojos fijamente. Sus ojos se llenaron de fuego y se después de pensarlo unos segundos y con una sonrisa pícara en su boca me respondió: “Quiero liberar demonios y necesito tu ayuda”. ¿Díganme si no me sentí como un super héroe? Lo único que a Batman no le piden ayuda así, pero se sintió rico y emocionante. Me confesó que necesitaba adrenalina en su vida sexual y que necesitaba de “mis servicios”, no pude dejar de preguntarle ¿cuales? Y decirle ¿necesitas un logo? Con mi mejor sonrisa. Ella me responde riendo: “¡No! Tonto… No te hagas el loco, sabes muy bien a que me refiero”. Así que desabotonó su blusa dejando ver su brasier y sus senos, los acomodó casi que apretándolos mientras sonreía nuevamente con picardía. Me dijo con voz firme y segura: “Tengo reservada una habitación aquí, te dejaré la tarjeta para que entres y salgas cuando quieras durante estos días. Yo tengo que cubrir algunos asuntos de mi trabajo y estaré muy stresada. Así que quiero que al llegar tu te encargues de hacerme olvidar todas mis preocupaciones y liberes mis tensiones ¿es mucho pedir? No lo creo. Eso sí, te dije que quiero adrenalina ¿Cierto? Así que… Destácate, sorpréndeme, demuéstrame porque dices ser #ElDueño.

¿Qué puedo hacer? Una mujer como ella, después de aquella larga conversación cargada de picardía, seducción y dominio hay que dejarla sin aliento. Pero no basta con solo darle placer físico, mujeres como ella buscan algo más. Su punto G está en su cabeza… Así que me tengo que poner muy creativo para poder cumplir con sus espectativas. Tengo luz verde para hacer lo que yo quiera. Bueno, confieso que primero comí, mi mente trabaja mejor con la barriga llena. No hay mayor placer que comer en un buen restaurante y pensar en que hacer para complacer las fantasías de una mujer. ¿Que necesito? Música de ambiente… Nada más divino que hacer el amor con buena música de fondo. Quizás algo de gran contenido erótico tipo Sade o The Weeknd. La música te conecta con el momento, el ritmo de cada instrumento, que te eleva y te mueve. Donde tus caderas se mueven al compás de la música, tu cuerpo se libera y se siente listo para ser poseído. Donde tus gemidos y tus gritos sean el coro de la canción. Donde mis susurros sean parte de la letra y mis quejidos sean la melodía que te enciende. Ahora el aroma… Un ambientador con vainilla, aunque que mejor que un perfume Carolina Herrera, Paco Rabanne o París Hilton, mezclado con las feromonas de mi piel activas para dar placer a su olfato. Y que cada vez que sienta ese aroma me recuerde y suspire acompañado de una sonrisa de maldad, añorando que vuelva a suceder aquel momento… Continúa (en Gran Meliá Caracas)

Los sabores, los sabores son importantes a la hora del sexo. Eso sí, debemos taparle los ojos antes para que se esfuerce un poquito en saborear y adivine lo que prueba su boca. Soy amante del dulce, del picante y los cítricos, me encanta el chocolate por su aroma, sabor y textura. Me encanta el ceviche con mango y esa explosión de sabores que se genera. Unas fresas frías cubiertas de chocolate o un brownie bien caliente con helado y un toque de pimienta ¿no lo han probado? Jummm… No saben de lo que se pierden. El tacto y la vista, son los sentidos que más desarrollamos pero que al mismo tiempo sobre valoramos. Tocar es un arte tanto como ver y dejarse ver… A mi me encanta tocar primero, explorar la piel, la sensibilidad, esos rincones mágicos que hacen perder la razón a una mujer. Esos besos que das por el cuello y la espalda que te erizan la piel. Esas palabras sucias susurrantes al oído diciendo todo lo que quieres hacer: “Esta noche serás mía por completo, sin límites ni tabúes, quiero que no solo me entregues tu cuerpo, o tus ganas, quiero todo tu deseo y perversiones, tu lujuria, tus gritos y gemidos, tus suspiros y sonrisas. Quiero sentir tus manos acariciándome y por que no clavándome las uñas en la espalda o en mis nalgas. Quiero que me aprietes a tu cuerpo y me muerdas los labios al besarme, quiero que desabroches mi pantalón y tu misma me liberes, que lo toques, lo acaricies, lo aprietes y en un impulso te tires de rodillas y lo metas a tu boca sin mediar palabras. Lo saborees y lo degustes como si se tratara de un dulce o un helado. Quiero sentir como tu lengua juega de arriba a abajo y tus labios chasquean cada vez que lo chupas. Eso sí… No dejes de mirarme. Que tus ojos llenos de fuego se claven en los míos y me hables a través de ellos. Dime que eres mía, que eres mi hembra, mi puta, mi zorra. Quiero ver como lloran tus ojos y caen tus lágrimas cada vez que tratas de llevarlo hasta tu garganta. Quiero que me pidas que te haga mía… Que sea un total pervertido pero elegante contigo. Sé que no nos conocemos, que ni mi nombre te sabes… Pero esta noche… Te lo haré gritar tanto… Que al despertar al día siguiente suspirarás al recordarlo…

Ella llegó cayendo la noche, me avisó con un mensaje de WhatsApp mostrándome lo linda que había quedado después de haberse maquillado, mostrándome sus labios brillando y lanzándome un beso. Con un texto que decía: “Estoy lista para comerte a besos”. Ya ahí te das cuenta que tiene un lado tierno. ¿Nervios? Si, volver a verla frente a frente y a los ojos a esta mujer me hacía tragar grueso. Para mí, todo está en la mirada. Más allá de que bese rico, si te mira más rico aún te sentirás en la gloria. Allí se forma la conexión con mi ser. Sumado a esto su tono de voz y la seguridad con la que me habla y lo más importante… Su sentido del humor. Una mujer que sea capaz de hacerme reír merecerá hacerla gemir por horas. Y te advierto que si te hago gemir a ese nivel terminarás riendo después de cada orgasmo sin razón alguna, aun averiguo por qué les pasa eso a algunas mujeres que han estado conmigo. ¿Felicidad? ¿Emoción? ¿Éxtasis pleno? No lo sé, pero es muy gratificante verlas tan felices, algunas hasta lágrimas de alegría se les salen. Sobre todo después de un rico sexo oral, donde mi lengua y mis labios hacen un excelente trabajo. Es mi placer favorito, hay mujeres que tienen un sabor y olor adictivo que te provoca estar allí lamiendo, chupando y saboreando con tantas ganas, sumado a unos profundos suspiros, gemidos y palabras entrecortadas que logran salir de sus labios. Sus manos aferradas a las sábanas o algunas veces en tu cabello controlando tus movimientos o la profundidad de tu lengua dentro de ella. Rozar mi barba levemente por su entrepierna, seguido de mi lengua y quizás algún lubricante con esencia caliente entre sus piernas es explosivo cuando ya están al borde del orgasmo mis dedos entran a cumplir su papel. Y en muchas ocasiones acompañado de algunas palabras claves… Puedo hacerlas sentir el más divino orgasmo que les hayan dado, algunas logran descubrir por primera vez un ‘squirt’. Disfrutar de sus caras de placer es indescriptible, algunas quedan con contracciones en el cuerpo que se retuercen y tiemblan, otras no se mueven… Pero se tapan la boca y tratan de impedir que ese grito salga ¿por qué? ¿A ustedes les gusta gritar al llegar al orgasmo?

-Fue inevitable no robarte aquel beso justo cuando llegaste al restaurante del hotel. Tus ojos me gritaban que te besara y probara la humedad de tu boca, el calor de tus labios. Sentir como tu respiración se acelera y ver como tu cuerpo tiembla como pidiendo ser poseído por mis manos. Me acerco a tu oído y te confieso las ganas enorme que tengo de llevarte a la habitación donde podamos liberar nuestras ganas y deseos. Con solo escuchar mi voz tu piel se eriza y te muerdes los labios. Siento como me aprietas la manga de mi camisa como queriendo arrancarme la ropa. Mi mano de desliza lentamente entre tus piernas, por debajo de tu vestido. Me decías que no lo hiciera pero podía sentir como tus piernas se abrían para abrir paso a mis dedos y sentir como tu humedad brotaba por encima de tu ropa interior. Tu solo cerrabas los ojos y dejabas salir aquel suspiro. Hasta el punto que me empujaste la mano para sentirme más profundamente. Mis dedos te penetraron y pude sentir lo ardiente que estabas allá abajo. Me moría por tener mi boca allí y saborear tus jugos con mis labios y mi lengua. Que sientas mi barba rozarte suavemente hasta que me pidas que te haga mía. No podía esperar más. Te tome de la mano y te lleve conmigo a donde pudiéramos devorarnos. Esos besos en el ascensor fueron la llama que liberó mis demonios. Estabas muy nerviosa y ansiosa. Te pegue a la pared y empecé a besarte con pasión. Mis manos no dejaban de acariciar tus curvas. Solo me decías: “Estamos locos vale…” a lo que yo te respondía: “¿Y no era esto lo que tanto deseabas? ¿No querías tenerme así? Besándote… Tocándote… Desvistiéndote…” Te quité el vestido dejándote solo en ropa interior. Te ves tan sexy desnuda. Fue tan rico poder acariciar tus senos y poder lamerlos y besarlos. Apretarlos y ver como suspiraba profundamente. Abrir tus piernas y besarte entre ellas, lamer las mieles que brotan de tu excitación. Escucharte gemir. Ver como te aferras de las sábanas y me tomas del cabello apretándome contra ti para sentir mi lengua penetrarte con más fuerza. Mi lengua te volvía loca, mis labios te besan con ternura y pasión. Mis labios jugaron con tu clítoris hasta hacerte llegar al primer orgasmo…

– Te mantuve en la misma posición, no quería que cambiaras aún. De hecho empecé sin penetrarte, solo te rozaba. Acariciaba tus nalgas con mis manos y mi miembro trataba de penetrarte pero sin quitarte la ropa interior. Era un juego de deseo y provocación. Mis nalgadas no se hicieron esperar. Eran suaves al principio, pero firmes y terminaban en un apretón de nalgas casi que arañando tu piel. Me pedías que ya te lo metiera, que ya no aguantabas mas las ganas. Así que saqué mi corbata y te vendé los ojos y te dije: Quiero que solo sientas y disfrutes, no quiero que cambies de posición. Te quedaste tranquila esperando mi entrada. Te veía apretando las sábanas ansiosa. Cuando de pronto soltaste un profundo gemido. Lo sentías muy caliente dentro de ti, los movimientos eran suaves, lentos pero profundos e intensos. Pedías que aumentará la velocidad y la intensidad. Abrazaste la almohada y gritabas de placer. “¡GRITA PERRA!” te dije en varias ocasiones, obedecías fielmente. Me escuchabas dándote instrucciones: “Mueve ese culo, ¡vamos! Así… Que rico… Gime perra, gime…” Me encantaba verte temblar de placer. Pude escucharte decir casi sin aliento: “Me vengo, me vengo, que rico, me vengo de nuevo… Dame más duro, más duro mi Dueño… Siiiiiiiiiii Siiiiiiiiiii ¡Que rico me coges! Yaaaaaaaa… Para… Para… Para…“ Gritaste retorciéndote en la cama, sintiendo como tu cuerpo era invadido por un espasmo tras de otro. Apretabas las sábanas de la cama como queriendo arrancarlas, abrazaste la almohada y gritaste un par de malas palabras… Yo solo te miraba y pensaba… “Que rico es verlas disfrutar de esta manera”
¿Ya lo han vivido?

Tu boca es placer puro y sincero. Así como hablas de rico también lo eres disfrutando de un oral. Dibujabas con tu lengua y saliva la mejor obra de arte que podía imaginar. Ver como usabas tu lengua con tanta agilidad me motivaba a pensar y desear más cada segundo. Verte jugando con tu saliva y mi ser imponente ante tu rostro, acariciado por tus manos suaves y tu dulce lengua me hacia suspirar y pronunciar tu nombre… Yo solo deseaba atravesar tu garganta ¿Por qué será? Yo quería sentir esa boca lamiéndome todo, si asimismo… Todo. Esa boca tuya se lo había ganado. Era tan rico ver tu mano sujetando mi miembro y tu boca disfrutando con tu lengua de mis más reservados placeres. Si solo vieras la cara de pervertida que tenías. Pero yo deseaba ser más perverso aún, así que te pedí que te acostaras encima de mi pero haciendo una X con nuestros cuerpos. Dejándome a mi entera disposición tus nalgas, si… Ya sabes lo que iba a hacer. Adueñarme de tu dolor… Se que lo disfrutas, así que necesitaba urgentemente que lo vivieras con este Dom… En realidad el placer no está en hacer sentir dolor como algunos creen. El placer está en la mezcla de sensaciones y en la confusión de emociones que nos enseñaron desde niños. Antes era un castigo para ti llorar después de unas nalgadas. Ahora ese llanto tiene otro valor. ¿Cuántas nalgadas fueron?¿Recuerdas? No lo creo… Lo que debes recordar son los gemidos con cada impacto de mi mano sobre tus nalgas. Y esa sensación de desesperación esperando la siguiente nalgada y el no saber cuando llegará. Ver las marcas de mis dedos me calienta, sentir las chispas en las yemas de mis dedos me excita, escuchar la palmada y el quejido de tu voz me lleva al éxtasis puro. Tus ojos llenos de lágrimas me lleva a pensar… El dolor también causa placer y la obediencia aún más… Y tu fuiste muy obediente mi nueva sumisa…

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Año nuevo, vida nueva…

Primero de enero en la madrugada, todos felices por este nuevo año que comienza. Tu viniste a darme aquel abrazo de feliz año que duró más de la cuenta. Tus labios me hablaban al oído con intención de lamerme hasta el alma. El alcohol había hecho de las suyas ya. Podía sentir tus senos apretados en aquel vestido pegados a mi pecho y vaya que si provocaba apretarte esas nalguitas, pero me contuve por toda esa gente a nuestro alrededor. Pero sabía que ese instante era el inicio de una llama ardiente que se extendería. Ya que minutos después estábamos bailando y brincando con todos, celebrando y despidiendo el año viejo. Tu perfume me traía la mente alborotada. Es que hay aromas que huelen es a sexo y el tuyo era esa mezcla de Amor Amor con tu sudor que me alborotaba las feromonas. Me encantaba cuando me abrazabas y bailabas tan pegada a mi como si quisieras dormirte en mi regazo. ¿Cuántos años habían pasado sin vernos ya? En eso llega ese caballero diciendo: “No me la mallugues mucho” y te volteaste a ver quien era e inmediatamente te lanzaste a sus brazos besándolo con pasión. Allí claramente que era tu pareja. Él me saluda y se presenta solo diciendo su nombre y apellido. Tu terminas diciendo: “Conoce a mi esposo. ¿Por qué tardaste tanto?” – le dijo con voz regañona – “Venga para servirle un trago. Espéreme aquí, no se me vaya que tenemos que seguir bailando.” dijiste sonriéndome con picardía. El caballero se fue con ella tranquilo y relajado. Aunque yo no quedé tan tranquilo. También busqué mi trago y seguí socializando. No tardaste mucho en volver a llegar. Me tomaste de la mano y me llevaste de nuevo a bailar. No puedo negar que bailabas divino. Y que en varias ocasiones hacías que mi erección apareciera. Y lo disfrutabas, porque te pegabas más a mi, mientras yo trataba de que no lo notaras. Me pegabas tu espalda y tus nalgas buscaban alborotartme más. Todo esto sin llamar de más la atención. Recuerdo que nos tomamos un respiro, descansamos y conversamos un largo rato. Te fuiste a acompañar a tu marido y desde lo lejos me mirabas, te mordías los labios cuando me atrapaban tus ojos. ¿Que hacías? ¿Por qué lo hacías? Estabas jugando con fuego…

Nuestras miradas se cruzaban, mi deseo hacia ti se incrementa cada segundo. De pronto veo que le hablas al oído y él me mira. Yo desvío la mirada por un instante, como disimulando. Tú te vienes directo hacia mí nuevamente, pero esta vez como decidida. Me dijiste: “Vente, acompáñame a buscar unas botellas de vino y unas de ron”. Miré hacia donde estaba tu marido y el seguía allí hablando con otros conocidos. Caminamos hasta afuera y te montaste en tu auto, me pediste que me subiera, encendiste y nos fuimos. Mi corazón latía fuerte, mi mente empezó a volar cuando dijiste que iríamos a tu casa un momento a buscar unas botellas. Estábamos como a 10 minutos de allí, abriste el portón eléctrico, metiste el auto y cuando me disponía a bajarme me tomaste del brazo y me tomaste del cabello con tu otra mano. Me besaste profunda y apasionadamente. Te subiste encima de mi y dejaste tus senos al descubierto para que te los besara. Me dijiste: “Pensarás que soy una loca, pero tenía demasiadas ganas de hacer esto desde hace rato, pero tenía que pedir permiso a mi marido.” Mi sonrisa salió entre esos besos que nos estábamos dando con un “¿En serio?” Y tu sonriendo me dijiste: “¿Qué crees que le dije cuando le hablé al oído? Que quería cogerte y que fueras mi primer orgasmo del año. Así que espero no nos defraudes…”
Te bajaste del auto y me llevaste al mueble de la sala, allí te empezaste a desvestir, hasta quedar en solo ropa interior. Yo solo podía admirar tu figura y asimilar aquel instante. Te arrodillaste y abriste mi pantalón, dejando al descubierto mi erección ya un poco húmeda de tanto provocarla. Te la devoraste de inmediato, apretándome duro y llevándotela hasta la garganta una y otra vez. Yo no quería ni preguntar nada. Solo me disfrute aquel momento. De pronto sonó su teléfono. Mi adrenalina aumentó al ver que era una video llamada de tu marido. Y que solo me dijiste: “El solo quiere saber si estoy bien”- Y contestaste allí mismo, arrodillada, sin disimular nada. El hablaba como escondiéndose, escuché clarito cuando te dijo “Quiero verte” y empezaste a darme sexo oral frente a la cámara de tu celular, parecías actriz porno. Lo disfrutábamos mucho los tres…

Aquel encuentro inesperado me dejó sin palabras al ver como tu esposo pedía lo que quería ver a través del teléfono. Podía escucharlo diciéndote que lo hacías rico y que te veías muy divina. Te daba instrucciones como escupirlo, golpear tu cara y atragantarte. Y tu muy obediente cumplas todo al pie de la letra. Más que complacerme a mi, en realidad lo complacías a él. Yo solo era el juguete que usaron ambos para disfrutar de sus perversiones. ¿Me dejas cogermelo papi? – le preguntaste en plena llamada. Y te dijo que no, que solo podías hacerme sexo oral, que para poder cogernos yo debía pedirle permiso a él personalmente. ¿Que locura es ésta? Pensé. Nunca había llegado a ese nivel de complicidad. ¿Pero que podía perder? Ya estaba en el ojo del huracán y mis ganas por devorarte estaban al máximo nivel. De pronto escuché… Espérame allí. Colgó la llamada y tu simplemente sonreíste y dijiste: “Creo que sintió celos por primera vez. No es la primera vez que hacemos esto. Es uno de nuestros juegos de rol favorito. Nos enciende la pasión. No te asustes, solo te advierto que no te alarmes por la manera que me va a tratar cuando pase por esa puerta. Yo soy su hembra y debo obedecerlo. Y tu… Eres mi antojo. Y para poder dármelo debo pagar las consecuencias que esto trae. Solo te pido que me cojas duro, hazme gritar, haz que valga la pena el castigo.” Confieso que quedé sin palabras después de eso. Siento que hasta la erección se me pasó.

Nunca había vivido una complicidad tan abierta como la tuya. Me sentí fuera de foco, no sabía que hacer. Cuando escuché que estacionaba su auto me puse más tenso. Él entró y sin mediar palabra alguna se puso frente a ti y tu te arrodillaste levantando tus manos como dándole una ofrenda.
“¿Qué tanto deseas a este tipo? – te dijo mirándome con algo de rabia y señalandome. Mis nervios empezaron a elevarse y te juro que me asusté. Y más cuando le dijiste sin levantar la mirada: – Mi señor, él es solo un amigo desde hace muchos años y mi cuerpo lo desea. Te pido me permitas disfrutar de él bajo tu permiso.” Yo no sabía ni que hacer. Él sólo me miró fijamente, pensé que me golpearía. Cuando me dijo: “¿La deseas aún?” no sabía que responder, solo pude susurrar: “Es una mujer muy hermosa” y él nos miró a ambos, sus ojos estaban llenos de fuego, celos y rabia. Te juro que ya no me excitaba aquella escena. Ya me daba miedo.
-Dime algo… ¿Haz amado a alguien alguna vez? – me dijo mientras acariciaba a su esposa de forma un poco tosca.
¿Qué haz hecho por amor? ¿Haz complacido a una mujer hasta tus propios límites? ¿Le conoces todas las perversiones, deseos y fantasías?
De pronto te agarró por el cabello te puso frente a mi, te pidió que te pusieras en cuatro y empezó a azotarte las nalgas.
-!Míralo! Hazle saber a este hombre con tus ojos lo mucho que lo deseas.
Las nalgadas cada vez eras más y más fuertes. Tu me mirabas y me decías solo moviendo los labios “Tranquilo, estoy bien”. Pero aquellos castigos parecían que te harían hacer doblegar en cualquier instante. Tu solo cerrabas los ojos y parecías disfrutarlo enormemente. Hasta gritaste: ¡Dame más duro! Lo deseo dentro de mi amo, casi con lágrimas en los ojos. Él se detuvo. Su frente estaba sudada y las gotas caían por su cuello mojando su camisa. Yo solo observaba sorprendido. Ustedes empezaron a besarse con tanta pasión, que sentí ese amor que él te tenía. Se susurraron unas cosas al oído y te levantaste, caminaste hacia mi, tomaste mis manos y las llevaste a tus nalgas para que las acariciara y pudiera ver como habían quedado.
¿Puedes darme más castigo? Me preguntaste frente él.

Sentí que el tiempo se detuvo. Mis manos te empezaron a acariciar y sentía las marcas en tus nalgas. Podía ver algunos puntitos rojos de sangre. Me mirabas a los ojos y empezaste a quitarme la camisa. Él allí inmóvil mirándonos, yo algo confundido al principio. Me quitaste el pantalón y te dedicaste con tus labios a recuperar aquella erección que tan solo unos minutos antes estaba en tu boca. Me pediste susurrando que no lo mirara. Empecé a ignorar su presencia y me concentré en ti. Verte acariciar mi firmeza y rozándola contra tu cara y mirar como saboreabas mi humedad que empezaba a aparecer nuevamente me encantaba. Lo escupías y lamias una y otra vez con cara de pervertida. Sentir como lo llevabas hasta el fondo de tu garganta y te hacía toser y llorar pero no dejabas de disfrutarlo me calentó muchísimo. Llevaste mi erección al clímax. Sacaste un condón me lo pusiste con la boca y me dijiste: “Parteme el culo, que mi vagina es solo de él” y te pusiste en cuatro mirándolo de frente. Tomaste el lubricante y tu misma me preparaste el terreno. Ver tus caderas en posición de guerra, y mirar tu agujero dilatarse pidiendo ser penetrado fue la gloria. Él quería verte disfrutar, tu también lo deseabas y yo… Yo quería comerte desde hace 15 años atrás y ahora era el momento. Mientras iba entrando en tu cuerpo y tus gemidos aparecían mis manos se sumaron al encuentro con nalgadas fuertes y violentas. Tu movías tus caderas contra mí cada vez más fuerte. Una de tus manos me acariciaba las gemelas y te masturbabas el clítoris. Podía escuchar tu humedad chasquear con tus dedos y con el choque de tus nalgas con mi pelvis. Un orgasmo hizo presencia, y tus espasmos y contracciones pusieron tu cuerpo a temblar. Gritabas y gemías. Me pedías más volteando a verme… ¡Duro, dame más duro! ¡Partemelo! Y en eso un squirt hizo presencia mojando todo el piso. Fueron como cinco chorros de placer continuos hasta que tu hombre se acercó… Se la sacó y te la metió en la boca. Tu seguías moviéndote, esta vez disfrutando de dos hombres. Yo ni lo miraba, en un par de minutos él ya estaba acabando en tu boca. Te separaste de mi solo para disfrutar de su semen con tus labios y lengua… 

Verte disfrutar del néctar de tu hombre y ver como chorreaba por tus labios, como lo saboreabas mirándolo solo a él. Con sólo ver tu cara de placer y perversión me excitaba. Disfrutaste cada centímetro de su miembro con tu lengua y tus labios carnosos, él también quedó complacido. Aunque me asusté por un segundo cuando te dio esa cachetada y te dijo: “Ve por más…” volteaste hacia mi cual fiera salvaje, me masturbabas y dabas lamidas a mis gemelas y me pedías que acabara para ti. “Dame tu leche, la necesito, acaba en mi boca” decías con desespero mientras lamias mi ano mientras tus manos mágicas me tocaban con tal tacto que sentía que me harías explotar en cualquier momento… – ¡Dame tu leche puto de mierda! – Me dijiste con lujuria en tus ojos y voz con desespero. Me activaste mi lado oscuro y te agarré por el cabello y mientras me lo mamabas golpeaba tus mejillas con las yemas de mis dedos. Cuando agarrabas aire golpeaba tu cara con mi erección y tu misma saliva la esparcía por tu rostro endemoniado. Me abriste las piernas y después de un rico beso negro te atragantaste con mi miembro, brotando tanta saliva y lágrimas que con solo ver esa cara te dije… ¡Hay viene! Y sin poder hacer nada para evitarlo tus manos mágicas me hicieron explotar en tu boca, mientras uno de tus dedos me fornicaba. Tu mirada de sadomasoquista frente a la mía de perversión se mezclaron en un orgasmo de otra galaxia. Te saboreabas mi néctar cual miel dulce. Algunas gotas cayeron en tus senos y jugabas apretando tus pezones y sonriendo con gran satisfacción. En eso lo miraste a él y le dijiste: “Mi amo y señor, aun no estoy complacida. Le pido me complazca junto a mi invitado de una doble penetración. ¿Me lo merezco? Él se acercó a ti, te beso y te tomó de la mano, llevándote a la habitación principal… Tu sonreíste y me hiciste seña de que los siguiera. ¿Que locura es ésta? ¿Me llevarán a su cuarto? Pensé… Pero sonriendo también me fui con ustedes… Un afamado Trío HMH ? ? ?

Los seguí hasta la habitación y ustedes se besaban cual novios de secundaria. El se tiro en la cama, tu encima de él e inmediatamente pude ver como te penetraba y te dominaba por las caderas. Yo solo podía verlos gozándose uno al otro. Ver tus nalgas rebotar mientras él te las apretaba y las nalgueaba con fuerza. Te agarraba por el cabello, te mordía los senos, los labios, tu lo cacheteabas. Era un juego de dominio. Pasado unos diez minutos dejaste de moverte, te abriste las nalgas y me volteaste a ver. ¡Ven que te quiero aquí! Gritaste mientras untabas de nuevo lubricante mezclado con tu humedad. Me acerque y empecé a penetrarte lentamente. Luego de varias embestidas tomaste el control. Tus movimientos sincronizados, tu dilatación y apretada de ano me hacia sentir que volvería a explotar. Tenías todo el poder de ambos entre tus piernas.
¡Nalgueame duro! ¡Azotame! ¡Que rico se siente ésto! ¡Dame más! ¡Dame duro! Así, así, así, no paren, que divino, que perra soy, dale, dame más fuerte, parteme el culo. Que ricooooooó se siente. Me vengo, me vengo, me vengo, ufff, coño. ¡Muérdeme! ¡Muérdeme! ¡Muérdeme la espalda! Duro, duro, muchas veces, si, así, ¡Muérdeme más! Gritabas mientras tu hombre te mordía los pezones y te besaba. Mis manos me ardían de tantas nalgadas que te di esa noche. Creo que mis dientes quedaron marcados en tu espalda unas treinta veces. Tu orgasmo fue explosivo, nuevamente acompañado de un squirt. Tus uñas estaban bien clavadas en el pecho de tu marido, casi brotaba la sangre de la profundidad del aruño. Ambos disfrutaban del Sado Masoquismo. Quedamos exhaustos. Aunque te confieso algo. Temí por un momento que me amarraran y me azotaran a mi. Pero esa misma adrenalina me mantuvo allí… Disfrutando de esta locura. Me dijiste: “Eso también nos gusta, pero es muy íntimo nuestro, no lo hacemos con invitados. Sólo él y yo. Es demasiado rico. Deberías probar algún día con tu propia sumisa.” allí sonreí y preferí callar, hacerme el novato. Hace mucho que ya no practico el BDSM como estilo de vida. Pero no sería malo revivirlo…

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Tu fantasia conmigo…

Hey… Tu… Si tu… Sabes que este relato es para ti. Tu que quieres estar encerrada en un habitación solo conmigo para poder liberar tus deseos, las perversiones que haz aprendido conmigo y se han despertado con cada letra que lees… Se que deseas estar casi desnuda frente a mi, segura de tu cuerpo, tus emociones y picardias. Quieres que te vea, que te admire de arriba a abajo. Se que te vas a desvestir con esa intensión, para que mi miembro me delate al estar frente a ti y parezca que esta a punto de romper mi pantalón. Quiero que ese instante seas la mujer más feliz del mundo. Sin miedo, sin penas, ni tabúes. Que seas erótica, sensual y atrevida.

Que rompas mi camisa al abrirla, yo quiero romperte cada prenda que te queda puesta. Así mismo… Romper… Que sientas como te la arranco aun puesta mientras te digo: “Hoy vas hacer mía carajita. ¿Estas clara de lo que te voy hacer sentir cierto? Quiero que grites… Quiero que gimas… Mírame cuando te hablo… Vas a sentir que te parto en dos pedazos cuando me tengas dentro de ti. ¿Estas lista? Déjame meter mi mano primero para sentir tu humedad… Waooooo que rico se siente… ¿Escuchas?”- mi mano te masturbaba y mis dedos te masajeaban los labios y el clítoris. Tu cerraste los ojos y abriste la boca como con intensión de dejar salir el primer gemido… Pero mi boca se acercó a ti y devoró tu aliento. Una mordida en tus labios te hizo poner los vellos de punta y solo me susurraste: “Haz lo que quieras conmigo, quiero gritar tu nombre… Y un no lo sé… Solo sé que eres mi Dueño y que quiero que me lo metas tan profundo que no pueda respirar, que no pueda hablar si quiera. Hazme maldades, azotame. Quiero liberar la put* que llevo por dentro, esa hembra que disfruta del sexo con locura, proponme lo que quieras que hoy estoy dispuesta a todo. Te daré todo… To… Do… ¿Me entendiste?” – me dijiste con una sonrisa malvada en tus labios y con una expresión de que ese encuentro será inolvidable.

Te acostaste en la cama y empezaste a jugar con tu cuerpo, solo querías que te viera como hacías todas aquellas noches, mañanas y algunas tardes para saciar tus ganas en mi ausencia. Ver como sus manos te recorrían cada centímetro los senos, el abdomen, tu entrepierna, chupabas tus dedos y los llevabas de nuevo a tocar tu clítoris. Tu mirada no se separaba de mi. Querías ponerme a sudar, que yo brincara encima de ti y te lo hiciera como un salvaje. Querías hacerme perder el control. Gemias y hablabas sucio con cada palmada que te auto brindabas seguido varios espasmos en las piernas. Ver como brotaba la humedad y sentir como me gritaba tu sexo por ser devorado por mis labios. Te pusiste en cuatro y podía verte acariciar las nalgas mientras tus dedos imitaban mi penetración, decías gritando mordiendo las sábanas: “Así me tocaba en tu nombre los días más intensos, los días donde tus audios me trasladaban a otra dimensión, ahora háblame, déjame escucharte Dueño de mis orgasmos, acércate, ven y mírame de cerca. Tócame, lame mi cuerpo, hazme sentir que soy tu hembra, rozame con esa barba mis nalgas, mi sexo.” a lo que te respondí… “Tus deseos son ordenes, déjame probar el sabor de tus jugos. Déjame sentir el calor de tu sexo con mis dedos. Quiero que sientas como mi lengua es capaz de hacerte gritar mi nombre. ” – ¿Me haras gritar como put*? – dijiste apretando la sábana y gimiendo mientras mis labios ya los sentías en el medio de tus nalgas mientras mi lengua te exploraba ambas opciones de placer… Y te dije: “Agárrate fuerte de la cama, que te haré estremecer como nunca antes” y usando mis dedos, mi lengua y mis labios te hice temblar las piernas hasta caer acostada. Abrazaste la almohada me gritaste que no me detuviera. Eso hice. No pare de tocarte, hasta verte eyacular por primera vez en tu vida. Tu gritos llenos de malas palabras me calentaban más. Y las escribiría si se pudiera hacer por aquí. Pero es rico ver ese lado oscuro de tu ser. Esa hembra ansiosa de sexo salvaje que ahora sentirá mi poder. ¿Estas lista para ser atada? Llego la hora de contrastar tu placer con el mío. Es mi turno de disfrutar.

Atada a mi cama, lista para ser devorada, me apoderare de casa una de tus curvas. Besaré cada centímetro de tu piel. Quiero que sientas como mis labios y mis manos son capaces de hacerte perder el control. Pero no puedes hacer nada para evitar que te siga acariciando. La sensaciones que te hago sentir son casi diabólicas es como si se apoderará de tu cuerpo el demonio del deseo y la lujuria. Tus gritos y movimientos son incontrolables. Y aún no empieza lo más intenso. Solo son besos y caricias, lamidas, mordidas y próximamente las nalgadas. Dejaré la huellas de mis manos en tu piel. Eres mía, y es la forma de marcar lo que me pertenece. Mis manos en tus nalgas, mis uñas en tu espalda, mis dedos en tu boca y mis dientes en tu cuello, senos y pies. Orgasmos, eso que otros hombres te quedaron debiendo, yo me pondré al día y querrás quedar endeudada. Espasmos esos que te dan cuando me lees y tienes que tocarte para calmar esos deseos. ¿Querías descubrir que se siente ser mi sumisa? Yo no soy el Christian Grey de tus novelas. Yo si existo. Mis manos si te pueden hacer sentir lo que tu cuerpo puede aguantar. Y lo vamos a averiguar… ¿Hasta donde serás capas de soportar mis azotes? ¿Y si lo mezclo con penetración… Podrá tu cuerpo reconocer el dolor del placer? Voy averiguarlo.

Sabes bien que no tendré límites contigo. La locura invadirá tu mente y no podrás hacer nada más que gritar y gemir. Soportar… Respirar profundo y mentalizarte. Ya estas metida en esto y no hay vuelta atrás. Solo te queda aguantar. ¿Querías placer? Aqui estoy para dártelo después de tanto esperar. Son tus sonrisas, tus quejidos y la velocidad de tus latidos los que me motivan a dar lo mejor de mi. Mis dedos, mis palmadas, mi boca, mis mordidas, mi lengua y mis dientes son suficientes para hacerte lograr que llegues a un sin número de orgasmos, espasmos, contracciones que te hacen hasta llorar de emoción. Ya no quiero oír tu gritos. Llego el momento de pasar al otro nivel. Solo llevamos 2 horas en esto y apenas comenzamos.

Le bajo un poco a la intensidad. Tus piernas tiemblan demasiado. Tus nalgas ya están color rosado oscuro y ahora tu boca estará sellada. No quiero escucharte. Ya no más azotes, es hora de las caricias, de la cera de vela por tu piel. Sentirás calor y frío un sin número de veces que ya no sabrás cual es cual.

Y empecé a jugar con el sentido de tacto de tu piel. Un hielo recorre tu espalda hasta llegar a tus caderas los escalofríos te invaden. Ver como tus nalgas se erizan mientras recorro tu piel con este hielo y solo escuchar tu respiración porque tu boca esta tapada. Cuando deje de hacerlo encendí una vela… Esta empecé a derretirla en tu piel. Dabas pequeños brincos con cada gota que caía. En un momento empecé hacer ambas cosas e intercambiar lugares. No sabias si las gotas eran frías o calientes, solo sentías como una aguja que penetraba tu piel levemente. Y libere tu boca… Quería saber lo que sentiste ya que ahora viene el sentido del gusto… Y solo me dijiste: “¿Que me haces? ¿Que es esto? Mi cuerpo se siente complacido con cada cosa que me haces… Me siento confundida, no pensé que este tipo de sensaciones fueran tan adictivas. No pares. Sigue. Soy tuya… Solo Bésame… Quiero sentir tu boca en mis labios… Muerdeme… Rompe mis labios si quieres… Ya no siento la diferencia entre el dolor y el placer que me generas. Pero estas claro que en algún momento me tendrás que soltar y seré yo quien te haga sentir lo que acabo de aprender…” a lo que respondí… “Por eso te dejare sin fuerzas para que no puedas hacerme nada… Mejor vamos al siguiente nivel.

Tus ojos vendados pero sigues atada. Es hora de probar tu sentido del gusto. Hasta empalagar tu boca… No usaré cucharilla para darte a probar lo que quiero. Usaré mi cuerpo, primero untaré un poco de Nutella en mis dedos para rozar tus labios y así verte saborear tu boca. Seguido de las fresas que tanto nos gustan. Allí muerdes y sientes como el ácido llega a tu cuello y hace que se haga agua tu boca. Más Nutella pero esta vez es mi miembro el que toca tus labios lleno de Nutella y tu solo abres la boca y usas tus labios y lengua para probar el sabor y sentir la textura y la temperatura. Te gusta, lo saborear, pero… Tus manos están atadas así que no lo puedes tomar como quisieras. Eso te desespera. Un trago de tequila no te caerá mal. Sal, tequila y limón… Y luego mi boca besandote de nuevo y tu solo me decías: “Que adictivos son tus labios, no quiero dejar de besarte. Ya me duele todo el cuerpo. ¿No hay posibilidad de abrazarte?” Y te respondí: “Tu eres mía a partir de hoy y podrás tener lo que deseas. Pero antes debes vivir todas mis pruebas y soportar lo que alardeas. Aun no me has sentido dentro ti y ¿ya me estas pidiendo clemencia? Prepárese carajita que ahora es que viene la pela.

Te puse en cuatro toque con mi mano la humedad de tu sexo para verificar que estabas lista. Después de unos roces con mi mano y un par de nalgadas tome mi miembro lo humedeci con tu lubricacion y lo metí completo en la primera embestida. Tu grito tipo gemido seguido de un par de golpes en la cama me hicieron saber que hacía lo correcto. Después de unas ocho veces empezaste a decir groserías. Sabes que adoro escucharte hablar sucio en la cama… “Dios mio… ¿me quieres matar o que? Pensé que me darías suave… Aaaaauuuuuuu ufffff por favor… No vayas a parar… Aaaaaaaaaaaayyy coñooooooooo… Que vaina más buena…. Así… Siiiiiiii… Soy tu put*, tu perra, la hembra que deseabas en tu cama… Dímelo… Tuuuu… Dime que soy tuya… Azotame… Haz que mañana no pueda caminar… ” Eso hice, empecé a nalguearte mientras te penetraba apretando de vez en cuando tus nalgas. Y rozando con mi dedo tu culo, que al verlo podía saber tus ganas de sentirme. Te dije: “Vas a ser mía por completo, así que prepárate mentalmente” a lo que me respondiste con voz de excitada… “Deja la labia y parteme el culo ya, se que quieres comérmelo desde hace tiempo” Así que tome el lubricante cubrí mi miembro con el, prepare tu agujero con mis dedos para dilatarlo un poco y note que estaba listo para ser poseído. Coloque la punta de mi miembro y sentí como tu misma empezaste a moverte buscando ser penetrada a la fuerza. Me mirabas, volteabas y te movías con mucha fuerza. Sentías un dolor placentero , tu voz cambio, sonabas a quejido, pero veía como mordias tu propio brazo. Y gritabas: “Parteme el culo, quiero ser tu zorra ninfomana esta noche, dame duro, mételo todo, así te grite que me duele… No me lo saques… Yo aguanto… Ok… Te quiero todo dentro de mi, mi Dueño, todo… Lo tienes grueso y largo, suficiente para… Coñooooooooo de tu madre…. Coño… Coño… Coño… Me estas matando… Me duele… Pero… Pero… Hay Dios mio… No lo saques todavía… Ya va… Putaaaaaa madre… Mi culo… Malvada sea… Que vaina más buenaaaaa Aaaaaaaaaaaayyy siento que me vengo… Dame más, dame más… ” Gritabas.

Ya cuando creías que todo acababa te dije: Tengo una sorpresa. Tal vez no estés lista para tanto en un solo día pero prefiero arriesgarme. Tal vez no se repita este encuentro y prefiero que vivas en mi mundo y saber hasta donde puedes soportar. “¿Ya que más me quieres hacer? Ya es hora que me des tu leche y me dejes hacerte llegar al orgasmo ¿Quieres?” Aun no, ahora es que viene lo bueno mi amor. No me vayas a odiar por tanto ¿quieres? Y me reí…. (Algunas saben como es mi risa pícara ¿cierto? Esa misma…) Te volví a atar a la cama, vendé tus ojos de nuevo y te pedí que te relajaras… Aunque ya era imposible estar relajado. Empecé a lamer tu cuerpo, desde tu boca y empecé a bajar hasta llegar a tu sexo, estaba caliente, húmedo, mi barba te rozaba y te estremecía. Me aleje. Y de nuevo empezaste a sentir una lengua entre tus piernas que te hizo suspirar, jugaba con tu clítoris de tal manera que en pocos segundos estabas teniendo otro orgasmo en eso sentiste mi verga en tu boca y la devoraste inmediatamente y nuevamente aquella boca devoraba tu sexo y tu mente explotó.

¿Alguien más esta con nosotros? Dijiste con el orgasmo en la boca. Y te volví a meter mi amigo entre tus labios y un shhhhhh usted disfrute y ya… Tu seguías disfrutando de mi erección mientras alguien te sentía allá abajo. No sabías quien era, además no era necesario. Solo quería poner algo de picante a la escena. Lo prohibido es más tentador. Además ella tenía rato escondida viéndonos. Faltaba menos que logrará hacerte llegar de esa manera tan explosiva. Así que se acercó a nosotros y te ayudo con mi miembro, ella empezó a lamerme y chuparme y tu solo la escuchabas cerca y te detenias. “Quiero saber quien es…” dijiste con voz fuerte y seria. Ella misma te quito las vendas y te dijo: Amiga, es hora de que hagamos explotar a este hombre de placer y que nunca más se olvide de esta noche… ¿Estas lista para ser liberada para atarlo a él? E inmediatamente tu sonrisa salio de tus labios… “¿Atarlo? Suena interesante… Creo que viéndolo de esa manera… Seremos buenas amigas… Creo que quiero devolverle todo lo que me hizo esta noche hasta que me pida clemencia…. (la maldad brotaba por tus poros) Así que… Te liberaron… Y a partir de ahora la historia cambiará… ¿Qué quieren que me hagan estas dos mujeres?

Quiero que me devoren. Que me hagan explotar unas tres veces. Quiero hacertelo profundo y duro, a ti mi hembra, mi sumisa, la que la curiosidad la mataba. Soy insaciable, pervertido y lujurioso. No soy normal, tengo reglas, códigos y aun me quedan algunos tabúes. Pero no me quedo con las ganas y se que tu tampoco. Somos similares y por eso te atraigo, libere tus más oscuros deseos, tus demonios, tus perversiones que hasta ahora solo eran fantasías. Azotame, adueñate de mis deseos. Quiero sentir tus manos en mi espalda clavando tus uñas, mientras ella sigue besándome y acariciándote. Esa mezcla loca de caricias, besos y abrazos. Me acosté en la cama y tu te quedaste encima de mi pelvis y ella se subió a mi cara rozando su sexo contra mi barba… Ustedes se sonrían. Sus senos brincaban con cada movimiento. Intercambiaron de puestos un par de veces hasta que ambas se pusieron en 4 pidiendo ser penetradas mientras me miraban con maldad y picardía. Sus gemidos eran lo que me calentaba y ya quería explotar. Ver sus culos rosados con mis manos marcadas me hacían elevar mi autoestima. Les le di que hicieran gritar… Así que me ataron… Y empezaron con sexo oral a dos bocas pero una de ustedes levanto mis piernas y metió su lengua en lo más profundo de mi culo. Haciéndome suspirar y gritar, pero no podía evitarlo. Me tenían atado. Su lengua me devoraba y penetraba y tu boca me lamia y chupaba mi sexo con placer. Sus dedos acariciaban lentamente mi culo. Yo no podía liberarme así que no me quedó más que disfrutar de sus locuras. Me masturbabas con tus manos y tu boca me hacía garganta profunda y la otra chica seguía preparándome para hacerme un masaje que no acostumbraba a recibir. Ya estaba a punto de explotar cuando les dije: “Me vengo… Y tu mano me apretó con fuerza moviéndola de arriba a abajo y logrando mi orgasmo cuando de pronto sentí como la otra chica deslizaba sus dedos dentro de mi haciéndome explotar con más locura. Y mi néctar cayó en sus bocas y ustedes solo saborearon con gran placer de mi miembro duro y erecto. Yo solo grite… CDLM No lo vuelvan hacer… Aún no superó ese tabú…

Continuar en esta cama devorandonos uno a otros. Penetrarlas mis niñas mientras escucho sus gemidos y suspiros, ansiosas porque no acabe esta noche. Mientras empecé a penetrar a la otra chica por detrás tu me besabas y veías como lo hacía. Me decías: “Dale duro, hazla gritar a esa perra” mientras aprovechabas para darle nalgadas y acariciarla. Querías que lo hiciera más duro y fuerte, te excitaba escuchar sus gemidos. Así que mientras yo seguía haciéndola gritar tu metiste tu boca entre mis piernas lamiendo mis bolas, mi culo y su sexo. Metías uno de tus dedos dentro de mi mientras seguías chupando eso me hacía controlar mis movimientos ya que cada vez que la penetraba a ella sentía tu dedo más profundo. Confundias mi mente. Me pedías a gritos: “Muévete, partele el culo a esta perra, que yo te lo voy a partir a ti, se que te gusta. Así que MUÉVETE DURO COÑO… acaba en mi boca…” Un escalofrío se adueñó de mi ser y sentí como mis piernas temblaban y el sudor me recorría en grandes cantidades por mi rostro cayendo en sus cuerpos. Hiciste que aquel orgasmo fuera doblemente explosivo no quise salir de aquel agujero, al contrario, la tomé de las caderas y le di tan fuerte que pegó un grito que hizo estremecer la habitación. Y tu entre risas dijiste… “Bajito que nos escuchan los vecinos” y yo sin parar de reírme en el medio de ese orgasmo, gritaba con lo que me quedaba de fuerzas: “Bajito naaaaa, bajito naaaaaaaaaaaaaa” Y caímos rendidos a un lado de la cama. Sin poder hablar, con la respiración acelerada. Tu cara era un poema. Verme exhausto, tendido, sin fuerzas te hacia sentir complacida. Esa noche fue una locura. ¿Que más podías pedir?? FIN ¿o quieren más?