eva

Y con Eva empezó el pecado…

Y nuestro primer encuentro debe ser cargado de curiosidad y preguntas. Más allá de saber cuantos tatuajes puedes tener en el cuerpo, quiero saber cuantas fantasías has hecho realidad. Cuantas veces has hecho el amor y cuantas veces ha sido solo sexo. Cuantas veces te dejaron sin aliento y cuantas los dejaste sin palabras. Quiero mirar más allá de tus ojos, de tus sonrisas, de tus lágrimas. Quiero descubrir la mujer que se esconde detrás de aquella coraza protectora. La hija, la madre, la luchadora. La que creyó en el amor de un hombre hasta que descubrió el amor de una familia. La que con sus propias manos levantó su imperio y hoy volvió a sonreír. Porque la felicidad plena de una mujer va más allá de un hombre que la haga gemir todos los días. Está en esas criaturas que te hacen reír, llorar y suspirar. Te motivan cada día a nunca jamás renunciar…

Las mujeres como tu que se atreven a luchar contra el mundo y sus prejuicios. Esas mujeres que a pesar de los miedo infundidos por sus seres queridos más cercanos, se atreven a luchar por el bienestar de los suyos. Quiero mirar tus ojos muy de cerca. Descubrir esa sonrisa, tus carcajadas y quizás esas lágrimas, no tanto por la tristeza, sino por exceso de risas. Quiero que me cuentes que te mantiene de pie cada día, a pesar de las dificultades, los obstáculos y las adversidades. Demostrando que soltera no es sinónimo de soledad. Y que la felicidad no viene guardada en el cuerpo (o la cartera) de un hombre, sino en los momentos bien vividos sin miedos ni prejuicios. La felicidad es despertar y respirar, escuchar la voz de tus hijos, beberte un café y sentir ese aroma. Comer frutas frescas, una arepa quizás. Es ver ese amanecer por la ventana. Es ducharse y acariciarte el cuerpo, sentirte sexy y deseada. Esa saber que las cosas que tú haces día tras día no hieren a nadie, sino lo contrario, haces sonreír… Suspirar… Emocionar… Y hasta gemir a otras personas.

“Noches largas para mi esperándote y noches cortas para ti extrañándome…
Porque cuando esperas el tiempo desespera, y cuando extrañas el tiempo avanza.” ¿Recuerdas ese mensaje? No dejo de leerlo uno y otra vez, me asomo en la ventana y miro al cielo, esperando que miremos la misma estrella y se conecten nuestros pensamientos. Me acuesto en mi cama y mirando el techo te dibujo, puedo ver tu sonrisa y el lunar que te adorna los labios rosados y provocativos, tus ojos café, esos ojos que me quitan el sueño y tus lindas pestañas que llenan de alegría mi vida cada vez que me guiñas el ojo. Tus hermosos senos, firmes y tentadores como melocotones, mis manos y mi boca extrañan su dulce sabor y tu piel suave. Morderlos y lamerlos sabes bien que es mi perdición, más aun cuando me miras hacerlo y te muerdes los labios y dejas escapar tus gemidos y suspiros. Te extraño… Desnudando mi cuerpo junto al tuyo y haciéndonos un solo cuerpo. Una cama llena de pétalos de rosas blancas… Porque el rojo lo dejo yo en tus nalgas cuando me adueño de tus deseos. Son mis manos las que se aferran a tus caderas apretándote con fuerza y haciéndote gritar con cada una de mis embestidas contra tu cuerpo. Grita mi nombre, golpea la cama, pídeme que no me detenga. Extraño hacerte sentir los más apasionados orgasmos, ver tu piel erizada cuando mi mano se aferra de tu cabello y mi mis labios te susurran al oído: “A veces el pecado es la entrada al paraíso” y pensar que nunca imagine lo mucho que alguien pueda hacer que mi deseo pierda el control y se vuelva tan fuerte. Pero llegaste tu a descontrolarme, hacer que mis piernas tiemblen y mi respiración se acelere.
Me gusta cada pequeño detalle, desde el momento en que empiezas a jugar conmigo hasta que me dominas por completo la mente.
Me gusta ver como desabrochas lentamente el botón de tu pantalón y abres tu blusa, mientras la ropa va desapareciendo mas me desespero por sentirte. Mis ojos te acarician y puedo sentir el calor de tu cuerpo a través de ellos. Me encantas en bikini. Como se resaltan tus sexys curvas y dejas ver los dibujos y palabras que adornan tu piel. No me aguanto más y me robo tus besos… Mis manos te empiezan a tocar… Dejas escapar un leve gemidos y se hacen cada vez mas fuertes. Se que te encanta sentirte dominada, hacerte sentir vulnerable, cierras tus ojos al sentir mis manos entre tus piernas.
Te hago sentir en ese momento que eres la protagonista principal y toda tu atención la tengo puesta en mis ojos.
Sabes como manipularme para conseguir lo que quieres, logras que haga lo que te plazca, me dejas tocarte, besarte, lamerte, morderte, me agarras y me miras diciendo: “Hazme tuya.
Me estoy volviendo adicta a tu cuerpo, a tus palabras… a esa sensaciones que provocas en mi… Quitame el bikini y adueñate de mi, hagamos realidad mi fantasía.”

Tu boca de apoderó de mis labios y tus besos me desconectaron del mundo que siempre creí que era el real. El olor de tu aroma era de pasión y locura, a solo segundos del comienzo de la lujuria y la ternura. Esa mezcla de ángel y demonio… Ángel cuando me besas con los ojos cerrados y susurras mi nombre y me dices cuanto me quieres, cuanto me extrañas… Demonio cuando muerdes mis labios y abres tus ojos y me miras con picardia y me dices: “Eres mio carajito”. Eres ángel cuando respiras cerca de mi piel y acaricias mi cabello suavemente con tus bellas manos. Demonio eres cuando muerdes mi cuello y son tus uñas largas las que se clavan en mi piel dejando por mi espalda, pecho y piernas las marcas de tu euforia cuando nos hacemos el amor. La brisa con olor a playa, el sol en el ocaso, tu dulce humedad sobre mi cuerpo, tus lentos movimientos de cadera y tus gemidos como cantos de sirena, hacen perfecta la velada de nuestra fantasía frente al mar. ¿Pero mejor nos vamos a la habitación? Siento que ya son muchas las personas que están disfrutando de nuestra función…

Ya en la habitación nos olvidamos de las miradas de asombro de la gente que estaban un poco cerca de nosotros y que por algunos minutos disfrutaron de nuestra escena de sexo tierno y apasionado… Pero darían lo que fuera por vernos a partir de este justo momento. Ver como te arranco el bikini y te dejo al desnudo por completo. Ver como te beso con pasión los labios te llevo hasta mi cama, te acuesto e inmediatamente llevo mi boca entre tus piernas y te hago disfrutar del placer oral que fluye de entre mis labios y me lengua. Sentir ese dulce sabor de tu humedad seguido de tus uñas en mi cabeza, tus dedos entre mi cabello, guiándome, empujándome cuando quieres más fuerte o levantándome la cara cuando simplemente quieras ver mi cara de placer desmedido. Me dejas subir por tu abdomen pasando mi lengua por tu ombligo y subiendo hasta tus senos. Allí me detengo a degustar y morder uno por uno hasta escuchar tus quejidos y tu risa causada por mi lengua en cada uno de tus pezones. Justo allí es cuando siento tu mano acariciando suavemente mi erección y me pides que suba hasta dejarlo muy cerca de tu boca. Es increíble sentir como lo llevas desde la punta hasta casi el final intentando una y otra vez hasta lograr engullirlo por completo y hacerme una garganta profunda, rozando tu nariz con mi abdomen y mis gemelas en tu barbilla. Tus ojos se llenaron de lágrimas pero tu sonrisa de satisfacción me hacia excitar mucho más. La maldad te invadía, querías verme gritar tu nombre… Sentir que casi me hacías llegar al clímax con solo tus labios y tus manos. Es que con solo ver tu cara era suficiente para mi para hacerme sentir cerca del orgasmo. Sabes bien que soy muy visual con las expresiones de tu rostro. Y esa carita de niña mala me enciende cada vez que tu y yo nos devoramos en la cama. Adoro verte lamerlo y manosearlo, que lo pases por tu cara, por tus senos y al fin me pidas que te penetre… ¿Recuerdas? Subiste tus piernas sobre mis hombros y tu misma tomaste el control a pesar de estar acostada de espalda movías tu pelvis y caderas en sincronía con mis embestidas. Tus manos sobre tus senos clavando tus uñas como tanto a mi me gusta verte…

Tenerte en mi cama, tener el control sobre tu cuerpo y tu mente. Adueñarme de tus gemidos y movimientos de tu cuerpo. Tus caderas se menean al ritmo de la música de fondo, mi erección se incrementa con cada impulso hacia atrás y ya puedo sentir toda tu humedad salpicar mis piernas. Verte abrazar y morder la almohada me calienta cada vez más. Escucharte gritar y gemir, soltar algunas palabras de lo que siente… “Que rico… No pares… Dame más… Dios… Que divino… Me estas matando… Siiiiiiii… Así… Tómame del cabello… Azotame… Coñooooooo…” y pare de contar cuantas otras más que no puedo dejar plasmadas en mis letras por la censura… ? Hasta que mis manos no me ardan por las nalgadas que te doy no me quedo tranquilo. Adoro verte soltar esos ricos quejidos de placer y dolor seguidos de una mordida de tus labios. Verte apretando las sábanas con ganas de arrancarlas. Que voltees a verme la cara de placer y perversión que pongo cuando te estoy disfrutando. Que veas mi sudor caer sobre tu espalda y me pidas que no pare hasta explotar en un clímax, un orgasmo que nos deje el cuerpo temblando. Caer en la cama sin aliento y quedarnos abrazados, dándonos los besos más dulces y tiernos, risas y pícardia, justo es el momento donde nos vence el sueño quedándonos dormidos hasta el amanecer… Al despertarme ya te habías vestido y el desayuno estaba en la mesa. Te acercaste hasta la cama me tomaste de la mano, para que no me levantará aun, me abrazaste y te despediste dándome un beso en la frente y devolviéndome el pago que te había hecho cuando llegaste en mis manos diciéndome: “Me diste el mejor sexo de mi vida… Creo que el servicio me lo diste fue tu a mi… Si me quedo un minuto más… Creo que me haré adicta a ti… Gracias mi dueño” FIN

 

Foto: Modelo Evafrodita

espalda

Mis manos marcadas en tu piel…

Tus besos saben a gloria, la pasión que hay en ellos es única. Logras emocionar tanto mi cuerpo que es imposible ocultar mi erección cuando sólo te me acercas. Tu olor, ese aroma afrodisíaco que me vuelve loco. Es imposible no querer arrancarte la ropa cuando sólo te pegas a mi. Mis manos inquietas se adueñan de tus curvas, primero de tus nalga,  luego de tu espalda, seguido de tu cintura y tus lindos senos. Ese par con el tamaño justo para estar entre mis manos, firmes y provocativos. Tus labios son mordidos por tus dientes en un instante cuando sientes que te invade el deseo.
Mis manos se aferran a tus senos y mi boca sin que nada la detenga se dirigió a ti, saborearte fue mi deseo. Morderte dulcemente y con lujuria fue inevitable.

Te tome por el cuello sujetándome de tu cabello, y te lleve a mi cama. Empezamos hacernos el amor con la ropa,  la pasión y el deseo nos invadía con fuerza. Mis ganas de penetrarte iban hacer que mi sexo traspasará mis prendas para estar dentro de ti. Tome tus manos por encima de tu cabeza y mi labios te basaban por todos lados. En ese instante te arranque la pequeña franela que cubría tu pecho, pero que no ocultaba tus pezones erizados por dicho momento. Fue allí cuando me los devoré por completo. Entre mordidas,  lamidas y chupadas.
Nuevamente eras mía. Nuevamente estaba encima de ti. No se que Qué tiene tu boca, tu cuerpo, tu aliento que me enloquece. Con sólo tocarte me calientas al punto de no querer acabar nunca con ese instante. Tu cuerpo me encanta. Tu piel suave y siempre olorosa a tu perfume característico. Tu voz en mi oído diciéndome cada palabra que quiero escuchar.
Dejarte desnuda es mi mayor placer. Recorrerte con mis labios mi fascinación. Ver tu rostro lleno de deseo… mi adicción.

Con sólo verte haciéndome sexo oral se que la velada va a ser espectacular. Tu boca posee una magia única para volverme loco de placer. Tu forma de chupar, lamer, morder y jugar con mi miembro es única. Tu mirada de loba mientras lo haces me lleva a pensar lo peligrosa que eres cuando sabes que tienes el control. Sobre todo cuando te sumerges mi falo en tu garganta de manera profunda. Y ver como la saliva lo hace ver brillante y lubricado, listo para penetrarte y hacerte gemir como tanto te gusta.

Tus manos se unen a este juego, masturbarme mientras tu boca me saborea y juega con mi sexo, es fascinante.
Verte golpear tu rostro con el… provoca mas morbo en mi, sabes que eso me encanta. Verte escupir con la intensión de lubricarlo más me llena de perversión la mente. Ya mí cuerpo sólo quería atravesarte y hacerte gritar de placer. Termine de quitarte el diminuto hilo que llevabas puesto y simplemente tu te pasaste sobre mi.
El calor de tu sexo es increíble. Ya me hacías sentir complacido con solo unos segundos dentro de ti. Mis manos inmediatamente se posaron en tus nalgas. Tus besos se adueñaron de mis labios.
“¿Por qué lo haces tan rico?” Te dije con el placer brotándome en el cuerpo…
“¿Te gusta?” Respondiste con voz de zorra, sabes bien que me encanta tenerte encima de mi. Tus movimientos de cadera son espectaculares. Ver como brincan tus senos mientras te mueves con locura me hipnotiza. Somos adictos el uno al otro. Me encanta ver cómo partes esas caderas para sacar mis gemidos y suspiros. Ver como acaricias tus senos mientras disfrutas de mi miembro bien erecto dentro de ti. Mi manos empezaron a darte nalgadas con cada embestida. Quería dejar las huellas de mis manos en tu piel. Darte de azotes en esas nalgas hasta que sintieras dolor. Quería pasar a otro nivel contigo. Ya no es suficiente sólo hacerte el amor. Necesito más de ti. Necesito hacerte adicta a mi ser. Quiero que sientas los límites del placer y el dolor conmigo. Tranquila, no te voy a lastimar. Ya lo haz vivido. Una que otra marca en tu piel a causa de mis “caricias”. Pero dime si no te llena de morbo y placer al verlas que quisieras repetir la escena una y otra vez.
Tenerte en cuatro es la posición que más morbo me da al estar contigo. Poder aferrarme a tus caderas, ver tu culo como se enrojece mientras te voy dando nalgadas, poder ver como te penetro y la humedad de tu sexo se ve reflejada en mi miembro. Poder sostenerte del cabello tal potra salvaje queriendo ser domada. Solo faltaba el espejo al frente para poder ver tu expresión de puta complacida. ¿Sonríes con asombro? El recuerdo te invade. Aun recuerdas las gotas de sudor que brotaban de mi piel y se convertía en el mejor lubricante para deslizar nuestras pieles. Tu cuerpo tumbado de frente a mi, tus piernas en mis hombros.

Mis manos en tus caderas y mis ganas dentro de ti. Teníamos tantas ganas que recuerdo que probamos muchas posiciones. Pero mi favorita sabes que fue esa con la que lograste sentir que tenias el control sobre mi. Te subiste encima de mi y me “cabalgabas” cual jinete. Tus caderas se movían con tanto gusto que el placer que provocabas en mi era tan intenso que en varias ocasiones tuve que bajarte y esperar que el orgasmo no explotará. Tu sólo sonreías y era como un reto lograr acabar conmigo. Pero es que con solo ver tu rostro de satisfacción era un afrodisíaco para mi. Ver tus senos brincar y poderlos acariciar con mi boca y mis manos. Y sentir la llama ardiente de tu ser con el movimiento de tu pelvis sobre mi, mi sexo estaba tan ardiente por sentir tu pasión que sentía que estaba a punto de explotar sin poder controlarlo. Mi boca sólo gritaba tu nombre… acompañado de palabras sucias e intensas. Pero que le daba una atmósfera de sexo salvaje y prohibido. Mis manos se aferraban a tu cabello y te jalaba hacia mi para decirte: “Que rico lo haces… Que rico te mueves… coñoooooo!

Tus caderas se movían sin parar, yo solo sentía que tarde o temprano me harías explotar dentro de ti. Y así mismo fue. No tuve tiempo de pensar siquiera. Un órgano eléctrico invadió mi cuerpo y te grite que me venía. Tu aumentaste la intensidad de cada movimiento. Mis manos te daban de azotes en las nalgas. El éxtasis me dominó por completo y mi espalda se arqueo como deseando estar mas dentro de ti. Cada gota de mi semen lo recibiste entre tus piernas con sumo placer. Los besos y caricias fueron salvajes al igual de las palabras que salieron de nuestros labios. No quería ni siquiera separarme de ti por un instante. Aun podía sentir los latidos de mi corazón palpitar en mi miembro dentro de ti. ¿Cuanto tiempo habíamos dedicado a esta faena? Cuando la pasas bien el tiempo pasa volando. Y para ser sincero ni cansado me sentía. Creo que solo descansamos unos minutos antes de empezar de nuevo con otra jornada de seco intenso y salvaje. Nuestros cuerpos deseosos de lujuria y placer volvieron a unirse. Esta vez tu estabas en cuatro. Y me encanta disfrutar de tus caderas mientras te penetró con dulce intensidad. Mis manos te apretaban, te nalgueaban con cada embestida. Tu sólo gemías y gritabas. Y a veces volteabas a verme con cara de complacida diciendo: “No pares amor… No pares. ”

Las gotas de sudor bajaban a chorros por mi piel cayendo sobre ti. Mi aliento aunque exhausto no dejaba de mantener el mismo ritmo. Las ganas y el deseo mantenían mi cuerpo aferrado al tuyo transmitiendo cada energía y poder que sentía. Y tu lo podías demostrar con cada grito o gemido de dolor cuando te hacia brincar.
“Me estas matando…” dijiste con voz placentera. Acompañada de una sonrisa pícara de disfrute que me calentó más aún.

Así que me dispuse a darte un beso negro. Un oral acompañado de caricias y mucha maldad. Lamerte en ese preciso momento fue increíble. Era ver como tu cuerpo se contorsionaba con cada movimiento de mi lengua. Saborear tus jugos lujuriosos y recorrer tus orificios de placer con mi lengua era casi diabólico. La maldad me invadió y quise introducir mi dedo en tu culo. Pero solo aguantaste unos segundos. Se que aún no lo haces por allí. Y mi meta era que me lo entregaras. Así que seguí jugando con tu orificio pero solo con mi lengua que con ella si me dejabas entrar con tranquilidad. Es fascinante verte y escucharte, sentir como tiemblas y como gritas de placer cuando sientes mi lengua penetrarte. Por instantes te mordía los labios y lamía tu clítoris y casi que me sentía una bestia salvaje con ganas de comerse a su presa. Así que cambie de posición y te invite a hacer un 69.

Solo sentir cuando te introduces casi por completo mi miembro en tu boca es suficiente para decir que eres dueña de mis placeres. Sentir como casi te atragantas y haces que tus ojos se nublen de lagrimas me llena de morbo. Yo solo podía seguir disfrutando del olor de tu sexo que me parece fascinante mientras seguía lamiéndote. Tu boca y tu lengua tienen el poder de hacerme estremecer y retorcer en la cama. Así que el favor es mutuo, no puedo quedarme atrás. Mi boca también juega con tu sexo y busco la forma de hacerte gemir de placer con solo los movimientos de mi lengua. Mis manos se encargan de acariciar tu espalda y tus nalgas. Es tan fascinante tenernos el uno al otro, parece que ambos podemos tener el control al mismo tiempo y buscamos volver loco al otro.
Me pasaría horas en esa posición, pero sabemos que en la variedad esta el gusto. Así que cambiamos de pose. Me levanto de la cama y te llevo hacia una peinadora, allí de pongo de espalda y dejo que tus manos se sostengan de ella. De pie puedo sentirte más indefensa siento que pierde el control. Levantó una de tus piernas y trato de que bajes al nivel de la peinadora. La pene tracción es profunda y fuerte. Tus gemidos son cada vez más altos y con un toque de dolor. Por eso decidiste darte vuelta y mirarme a la cara. Abriste tus piernas y me dejaste entrar de nuevo. Tu sólo te sostenías de mi cuello y mis manos te sujetaban las piernas. La penetración era tan profunda que solo aguantaste un par de minutos.

Nuevamente te lleve a la cama, esta vez volviste a apoderarte de mi sexo con tus manos y tu boca. Tu cara de placer me decía que debía tenerte miedo. Lo más parecido era verte comer un helado a punto de derretirse. Tu lengua se desplazaba de arriba a abajo, de un lado a otro. Chupabas, lamias, apretabas y acariciabas como diosa. Solo me mirabas a los ojos y decías: “Quiero tu lechita aquí en mi boca” y cerrabas los ojos y abrías tu boca poniendo la cara más porno que podías. Eso me encantaba. Siento que es mi debilidad. Al punto que verte masturbarme con esa cara me hizo explotar para ti. Un grito acompañado de palabras sucias salieron de mi boca, mientras transcurría el orgasmo. Tus labios y lengua jugaban con mis jugos y tus manos no paraban de acariciarme y hacerme retorcer en la cama hasta dejarme sin aliento.

Eres increíble. Tu sonrisa de placer y satisfacción era única. Era más excitante para ti verme así que hacerte sentir orgasmos múltiples. Quede noqueado. Aunque mi erección de forma sorprendente no desaparecía. Es que tu tienes algo que alborota mis sentidos y me vuelve insaciable. Creo que no descansamos mucho cuando ya estábamos nuevamente entrelazados el uno con el otro buscando el más alto nivel de placer y deseo que hubiéramos podido vivir antes. Mis manos esta vez sólo querían azotarte, darte nalgadas y apretarte muy fuerte. Sentí la necesidad de castigarte. Tus caderas me estaban volviendo loco. Perdí el control. Me desesperé. Lo salvaje que llevo muy dentro de mi se escapó. Azotarte era mi meta. Hacerte gritar. Dejar mis huellas en tu cuerpo. Demostrar quien es el verdadero dueño de tu piel.