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Y con Eva empezó el pecado…

Y nuestro primer encuentro debe ser cargado de curiosidad y preguntas. Más allá de saber cuantos tatuajes puedes tener en el cuerpo, quiero saber cuantas fantasías has hecho realidad. Cuantas veces has hecho el amor y cuantas veces ha sido solo sexo. Cuantas veces te dejaron sin aliento y cuantas los dejaste sin palabras. Quiero mirar más allá de tus ojos, de tus sonrisas, de tus lágrimas. Quiero descubrir la mujer que se esconde detrás de aquella coraza protectora. La hija, la madre, la luchadora. La que creyó en el amor de un hombre hasta que descubrió el amor de una familia. La que con sus propias manos levantó su imperio y hoy volvió a sonreír. Porque la felicidad plena de una mujer va más allá de un hombre que la haga gemir todos los días. Está en esas criaturas que te hacen reír, llorar y suspirar. Te motivan cada día a nunca jamás renunciar…

Las mujeres como tu que se atreven a luchar contra el mundo y sus prejuicios. Esas mujeres que a pesar de los miedo infundidos por sus seres queridos más cercanos, se atreven a luchar por el bienestar de los suyos. Quiero mirar tus ojos muy de cerca. Descubrir esa sonrisa, tus carcajadas y quizás esas lágrimas, no tanto por la tristeza, sino por exceso de risas. Quiero que me cuentes que te mantiene de pie cada día, a pesar de las dificultades, los obstáculos y las adversidades. Demostrando que soltera no es sinónimo de soledad. Y que la felicidad no viene guardada en el cuerpo (o la cartera) de un hombre, sino en los momentos bien vividos sin miedos ni prejuicios. La felicidad es despertar y respirar, escuchar la voz de tus hijos, beberte un café y sentir ese aroma. Comer frutas frescas, una arepa quizás. Es ver ese amanecer por la ventana. Es ducharse y acariciarte el cuerpo, sentirte sexy y deseada. Esa saber que las cosas que tú haces día tras día no hieren a nadie, sino lo contrario, haces sonreír… Suspirar… Emocionar… Y hasta gemir a otras personas.

“Noches largas para mi esperándote y noches cortas para ti extrañándome…
Porque cuando esperas el tiempo desespera, y cuando extrañas el tiempo avanza.” ¿Recuerdas ese mensaje? No dejo de leerlo uno y otra vez, me asomo en la ventana y miro al cielo, esperando que miremos la misma estrella y se conecten nuestros pensamientos. Me acuesto en mi cama y mirando el techo te dibujo, puedo ver tu sonrisa y el lunar que te adorna los labios rosados y provocativos, tus ojos café, esos ojos que me quitan el sueño y tus lindas pestañas que llenan de alegría mi vida cada vez que me guiñas el ojo. Tus hermosos senos, firmes y tentadores como melocotones, mis manos y mi boca extrañan su dulce sabor y tu piel suave. Morderlos y lamerlos sabes bien que es mi perdición, más aun cuando me miras hacerlo y te muerdes los labios y dejas escapar tus gemidos y suspiros. Te extraño… Desnudando mi cuerpo junto al tuyo y haciéndonos un solo cuerpo. Una cama llena de pétalos de rosas blancas… Porque el rojo lo dejo yo en tus nalgas cuando me adueño de tus deseos. Son mis manos las que se aferran a tus caderas apretándote con fuerza y haciéndote gritar con cada una de mis embestidas contra tu cuerpo. Grita mi nombre, golpea la cama, pídeme que no me detenga. Extraño hacerte sentir los más apasionados orgasmos, ver tu piel erizada cuando mi mano se aferra de tu cabello y mi mis labios te susurran al oído: “A veces el pecado es la entrada al paraíso” y pensar que nunca imagine lo mucho que alguien pueda hacer que mi deseo pierda el control y se vuelva tan fuerte. Pero llegaste tu a descontrolarme, hacer que mis piernas tiemblen y mi respiración se acelere.
Me gusta cada pequeño detalle, desde el momento en que empiezas a jugar conmigo hasta que me dominas por completo la mente.
Me gusta ver como desabrochas lentamente el botón de tu pantalón y abres tu blusa, mientras la ropa va desapareciendo mas me desespero por sentirte. Mis ojos te acarician y puedo sentir el calor de tu cuerpo a través de ellos. Me encantas en bikini. Como se resaltan tus sexys curvas y dejas ver los dibujos y palabras que adornan tu piel. No me aguanto más y me robo tus besos… Mis manos te empiezan a tocar… Dejas escapar un leve gemidos y se hacen cada vez mas fuertes. Se que te encanta sentirte dominada, hacerte sentir vulnerable, cierras tus ojos al sentir mis manos entre tus piernas.
Te hago sentir en ese momento que eres la protagonista principal y toda tu atención la tengo puesta en mis ojos.
Sabes como manipularme para conseguir lo que quieres, logras que haga lo que te plazca, me dejas tocarte, besarte, lamerte, morderte, me agarras y me miras diciendo: “Hazme tuya.
Me estoy volviendo adicta a tu cuerpo, a tus palabras… a esa sensaciones que provocas en mi… Quitame el bikini y adueñate de mi, hagamos realidad mi fantasía.”

Tu boca de apoderó de mis labios y tus besos me desconectaron del mundo que siempre creí que era el real. El olor de tu aroma era de pasión y locura, a solo segundos del comienzo de la lujuria y la ternura. Esa mezcla de ángel y demonio… Ángel cuando me besas con los ojos cerrados y susurras mi nombre y me dices cuanto me quieres, cuanto me extrañas… Demonio cuando muerdes mis labios y abres tus ojos y me miras con picardia y me dices: “Eres mio carajito”. Eres ángel cuando respiras cerca de mi piel y acaricias mi cabello suavemente con tus bellas manos. Demonio eres cuando muerdes mi cuello y son tus uñas largas las que se clavan en mi piel dejando por mi espalda, pecho y piernas las marcas de tu euforia cuando nos hacemos el amor. La brisa con olor a playa, el sol en el ocaso, tu dulce humedad sobre mi cuerpo, tus lentos movimientos de cadera y tus gemidos como cantos de sirena, hacen perfecta la velada de nuestra fantasía frente al mar. ¿Pero mejor nos vamos a la habitación? Siento que ya son muchas las personas que están disfrutando de nuestra función…

Ya en la habitación nos olvidamos de las miradas de asombro de la gente que estaban un poco cerca de nosotros y que por algunos minutos disfrutaron de nuestra escena de sexo tierno y apasionado… Pero darían lo que fuera por vernos a partir de este justo momento. Ver como te arranco el bikini y te dejo al desnudo por completo. Ver como te beso con pasión los labios te llevo hasta mi cama, te acuesto e inmediatamente llevo mi boca entre tus piernas y te hago disfrutar del placer oral que fluye de entre mis labios y me lengua. Sentir ese dulce sabor de tu humedad seguido de tus uñas en mi cabeza, tus dedos entre mi cabello, guiándome, empujándome cuando quieres más fuerte o levantándome la cara cuando simplemente quieras ver mi cara de placer desmedido. Me dejas subir por tu abdomen pasando mi lengua por tu ombligo y subiendo hasta tus senos. Allí me detengo a degustar y morder uno por uno hasta escuchar tus quejidos y tu risa causada por mi lengua en cada uno de tus pezones. Justo allí es cuando siento tu mano acariciando suavemente mi erección y me pides que suba hasta dejarlo muy cerca de tu boca. Es increíble sentir como lo llevas desde la punta hasta casi el final intentando una y otra vez hasta lograr engullirlo por completo y hacerme una garganta profunda, rozando tu nariz con mi abdomen y mis gemelas en tu barbilla. Tus ojos se llenaron de lágrimas pero tu sonrisa de satisfacción me hacia excitar mucho más. La maldad te invadía, querías verme gritar tu nombre… Sentir que casi me hacías llegar al clímax con solo tus labios y tus manos. Es que con solo ver tu cara era suficiente para mi para hacerme sentir cerca del orgasmo. Sabes bien que soy muy visual con las expresiones de tu rostro. Y esa carita de niña mala me enciende cada vez que tu y yo nos devoramos en la cama. Adoro verte lamerlo y manosearlo, que lo pases por tu cara, por tus senos y al fin me pidas que te penetre… ¿Recuerdas? Subiste tus piernas sobre mis hombros y tu misma tomaste el control a pesar de estar acostada de espalda movías tu pelvis y caderas en sincronía con mis embestidas. Tus manos sobre tus senos clavando tus uñas como tanto a mi me gusta verte…

Tenerte en mi cama, tener el control sobre tu cuerpo y tu mente. Adueñarme de tus gemidos y movimientos de tu cuerpo. Tus caderas se menean al ritmo de la música de fondo, mi erección se incrementa con cada impulso hacia atrás y ya puedo sentir toda tu humedad salpicar mis piernas. Verte abrazar y morder la almohada me calienta cada vez más. Escucharte gritar y gemir, soltar algunas palabras de lo que siente… “Que rico… No pares… Dame más… Dios… Que divino… Me estas matando… Siiiiiiii… Así… Tómame del cabello… Azotame… Coñooooooo…” y pare de contar cuantas otras más que no puedo dejar plasmadas en mis letras por la censura… ? Hasta que mis manos no me ardan por las nalgadas que te doy no me quedo tranquilo. Adoro verte soltar esos ricos quejidos de placer y dolor seguidos de una mordida de tus labios. Verte apretando las sábanas con ganas de arrancarlas. Que voltees a verme la cara de placer y perversión que pongo cuando te estoy disfrutando. Que veas mi sudor caer sobre tu espalda y me pidas que no pare hasta explotar en un clímax, un orgasmo que nos deje el cuerpo temblando. Caer en la cama sin aliento y quedarnos abrazados, dándonos los besos más dulces y tiernos, risas y pícardia, justo es el momento donde nos vence el sueño quedándonos dormidos hasta el amanecer… Al despertarme ya te habías vestido y el desayuno estaba en la mesa. Te acercaste hasta la cama me tomaste de la mano, para que no me levantará aun, me abrazaste y te despediste dándome un beso en la frente y devolviéndome el pago que te había hecho cuando llegaste en mis manos diciéndome: “Me diste el mejor sexo de mi vida… Creo que el servicio me lo diste fue tu a mi… Si me quedo un minuto más… Creo que me haré adicta a ti… Gracias mi dueño” FIN

 

Foto: Modelo Evafrodita

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Sin ponerte un dedo encima…

En la vida nos cruzamos con personas que muchas veces no imaginamos lo influyentes que llegan a ser en nuestras vidas. Personas que a veces sientes que son tu alma gemela o que sientes una conexión tan profunda que son capaces de hacerte sentir emociones sin mirarte de frente. Sin ponerte un dedo encima. A veces con solo mirar una foto o leer un mensaje escrito por está persona es suficiente para “sentir”.

A ti te leí la primera vez. Letras llenas de pasión y deseo. Letras invadidas por el erotismo y la seducción. Algunas apoyadas con tus propias fotos. Donde posabas para tu propio lente y mostrabas al mundo quien eras. Miradas profundas y generalmente seductoras. A veces eran perdidas hacia el horizonte. Pero siempre tenían una carga de energía tal que provocaba era estar allí contigo.
Tu mirada me sedujo. Tus labios que solo los he visto me provocan. Tus senos, tu cuello y tus hombros me invitan a devorarmelos. Despiertas en mi ser una sensación de depredador. Te veo cual felino salvaje acechando a su presa. Primero te observó. Te estudio. Detalle a detalle. Tu capacidad y tu debilidad.
Tu me tientas… me retas.
Mirar cada foto tuya me pone creativo. Tu mirada se siente viva en cada foto. Transmites el deseo y la pasión que anhela mi cuerpo. Ver cada una de tus curvas me emociona, haces que mis manos deseen recorrerte y acariciarte. Poder tocarte no será suficiente. Quiero adueñarme de ti por entero. Quiero pagarte a la pared y devorarte a besos. Arrancarte los labios. Dominarte por el pelo y mirarte a los ojos diciéndote: “Hoy vas a ser mía.”

 

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Sólo quiero verte bailar…

Desde qué supe que estabas practicando esa nueva disciplina aeróbica conocida como “poledance” mi mente no ha dejado de imaginarte. Ver tus curvas dando vueltas por un tubo de forma sexy y mostrarme tu elasticidad y capacidad aerobica, es lo más parecido a verte en la cama. Sumándole a esto la ropita corta y pegada al cuerpo que terminan de dibujar en mi mente cada una de tus líneas. Sobre todo esas grandes piernas que terminan en un trasero “pomposo” y provocativo que te invita a cometer el pecado de ser poseído con ambas manos y disfrutar de grandes caricias y apretones. Aferrarme a tus caderas y pegarte a mi, sentir como tu respiración cambia de ritmo. Como una sonrisa se escapa de tu boca y me dices con voz suave: – ¿Qué haces?
Tu cuerpo siente como mis manos te empiezan a recorrer por la cintura, tu piel se eriza inmediatamente, respiras profundo. Me pides que no siga. Porque sabes bien que me sé cada uno de tus puntos débiles. Y tienes claro que si empiezo no me voy a deter hasta tenerte en mi cama. Pero al mismo tiempo tu cuerpo te pide caer en la tentación, tus labios desean derretirse en los míos. Sabes que solo necesito unos segundos para empezar algo que puede que no termine. Pegarte a la pared tomandote de las manos para tratar de controlar tu cuerpo. Tu solo decías: – No hagas esto, no juguemos con fuego.
Solo te hable al oído y te dije: – Shhhh, Tranquila no va a pasar nada que tu no quieras. –
Tu sonreiste, miraste hacia arriba, y me dijiste con un poco de pasión y picardia: – Tu estás claro que entre tu y yo hay mucha tensión sexual, y que tarde o temprano va a pasar algo. Así que tienes solo 5 minutos para volverme loca, si no lo logras será mejor que te olvides de que esto pasó entre tu y yo. Pero si lo logras me tendrás completamente en todos los sentidos. Y se que harás tu mejor esfuer… – Te interrumpi inmediatamente con un beso, y mi mano en tu mejilla acariciando tu rostro. Nuestros labios se consumen en un beso largo y profundo. No faltaban las mordidas cada vez más fuertes, ninguno se quejó de dolor alguno, pero era obvio que cada vez las mordidas eran más fuertes. Tu respiración se aceleró al punto de parecer que estabas trotando, tus suspiros cada vez más profundos. Tu mano empezó a adueñarse de mi cabello y tus uñas empezaron a incrustarce en mi piel, pero no hice ni el más mínimo reclamo, todo lo contrario, sentí que cada segundo me excitaba más y más. A su vez mis manos ya recorrían tus curvas. Explorando centímetro a centímetro cada parte de ti. Tu cintura, tus caderas y como no adueñarse de las grandes nalgas que ya tantas veces había fantaseado tenerlas entre mis manos. Te tenía entre la pared y mi cuerpo, y te apretaba tanto que parecía que fuera a traspasar el muro que tenias en la espalda. Subí tus brazos, te besaba en el cuello, tu solo te dejabas llevar con los ojos semi abiertos y fue cuando decidiste quitarte la blusa. Había fuego en tus ojos, tu boca estaba roja de tanto mordernos, así que tu lengua hizo un recorrido sexy por tus labios, humedeciendolos mientras te mirabas los senos cubiertos por un brassier animal print tipo manchas de jaguar. Que mejor señal para demostrar la fiera que llevas por dentro. Te lanzaste a mi nuevamente devorandome con tus besos insaciables. Mis manos se aferraron al botón de tu pantalón con la intención de desabrocharlo.
-¿Estas seguro de lo que quieres hacer? – me dijiste con voz casi en secreto susurrante.
Yo te respondí casi rompiendo el cierre de tu pantalón y dejándolo caer un poco, ya que tus grandes caderas no dejaban que se cayeran solos.
-¿Entonces? termina de arrancarme está mierda de encima y empezemos… – Dijiste ya casi desesperada.
Así que te arranque todo lo que te quedaba encima. Y mis manos perdieron el control. Y lo que por un momento pensé que sería yo quien empezaría dominando la situación, resultó que no fue así. Fue como una transformación lo que te invadió. Me empujaste contra la pared, dejando mi espalda contra ella y aferrandote de mi cabello me besaste con suma pasión, casi arrancabas mis labios. Tu boca y tus dientes me hacían saber lo salvaje que puedes ser. Tus manos me sujetaron con fuerza. Casi siento que tienes todo el control de mi cuerpo Hasta que logre cambiar de lugar contigo y eras tu quien quedaba contra la pared. Mis labios se adueñan de tu cuello, y un gemido brota de tu boca. Así que te dije al oido: -¿Qué pretendes? ¿Crees que vas a dominarme? – tu solo sonreiste con cara de maldad. Tomaste aire y cuando menos me lo espere, me sujetaste y me llevaste hasta el mueble más cercano a ti diciendome: -Tu sabes bien que no puedes conmigo…- y montandote encima de mi me sostienes las manos y me dices: – Creo que es hora de que conozcas una faceta de mi que no conocías.”
Los besos no tardaron en ser los primeros protagonistas en esta situación. Nos degustabamos como si nos estuviéramos comiendo una fruta jugosa. Nuestras manos nos acariciaban cada centímetro de nuestros rostros, de nuestros cuerpos. Era un deseo reprimido que no le habíamos dejado la libertad de expresarse. Era tan fascinante poder ser dueño de tus labios por un momento. Sentir tu aliento y tu respiración tan cerca de mi. Beber de tus labios todo el placer que emanas de ellos. Y poder arrancar cada prenda de tu ropa hasta adueñarme de tu cuerpo. Adueñarme de tus curvas. Adueñarme de toda tu piel. Tus pecas. Contarlas una a una con mis labios. Tu cuerpo luchaba con dominarme o ser dominado.

“¿Por qué actúas así? Liberate… se la mujer que en el fondo eres” te dije mirándote a los ojos.
“¿Que mujer ves en mi? ¿Crees que por tener este cuerpo debo ser la más puta en la cama?” Dijiste con voz casi regañandome.
A eso respondí: “Tu eres la unión de ambos mundos, puedes ser desde la niña más inocente e infantil a la mujer mas perversa y atrevida en el sexo. Solo hay que saber que botón tocar…” sonreí y te guiñe el ojo.

Tu reiste a carcajadas. Y respondiste: “Y por lo visto tu ya sabias cual es el botón que debías tocar. Es que tu eres muy detallista e inteligente. Sabes seducir. Pero no tengo que decirte algo que ya sabes. Quiero saber es ¿como me ves a mi?

¿Cómo te veo? Lo que yo quiero es mostrarte cómo te deseo…

Y tumbandote en el mueble y aferrandome a tus manos las deje por encima de ti. Nuevamente nuestros labios se unieron en un largo y apasionado beso. Te liberaste de mis manos y te aferraste a mi espalda. Tus manos me recorrían con tus uñas. Tus piernas de pronto me envolvieron. Me apretaste con fuerza. Esto se veía como una demostración de fuerza y dominación. Estar entre tus piernas era un sueño adorado. Pero sentir como ellas tenían el control sobre mi… ya empezaba a cambiar a percepción que tenia con ellas. Me tenias sujetado a ti. Esto prometía ser una batalla campal. Ver tu cara de maldad a sabiendas que tenias el control sobre mi era fascinante. Tu sólo sonreias. Y por instantes ponías tu cara de niña buena e inocente. Era esa mezcla loca de dulce y picante.
“Te reto a que me hagas tuya” me dijiste con voz desafiante. Eso mas que un reto sonaba a un riesgo que debía tomar. Una mujer con tu contextura física estaba claro que no se dejaría dominar con facilidad. Y tu lo sabias y disfrutabas de la situación.

El forcejeo le daba un toque de locura a esto. Y sabes bien que me gusta así. Esa mezcla de dolor y placer, de dominación y sumisión. La idea era agotar tus fuerzas físicas. Lograr que te rindieras ante mi. No la tuve fácil. Ver como tus brazos se tensaban forcejando para librarse de mi. Y al mismo tiempo tus piernas me apretaban a tu cuerpo apretandome como con intensión de cortar mi respiración. Solo quedaban nuestras risas y besos repentinos acompañados de mordiscos y algunas lamidas sexys de tu parte sobre mis labios.
Hasta que hubo un instante donde se acabaron los juegos. Donde nuestros labios se dedicaron a saborearse de manera diferente. Donde las caricias empezaron a ser mas eróticas y provocadoras. Justo el momento donde tu respiración cambio de ritmo. Justamente ese momento donde en tu mente decías: “coño e’ la madre… caí” y sonreías con picardia.
Mis manos te acariciaban cada parte de ti, desde tu cuello hasta tu enorme trasero. Cada caricia iba cargada de descargas eléctricas que ponían tu piel de gallina, erizado cada bello de tu piel. Una de mis manos se adueñó de tu cabello, aferrándose a el como queriendo controlar tus movimientos cual potra salvaje. La otra estaba entre tu cintura y tus nalgas. ¿Como no querer aferrarse allí? Si era el centro de tus movimientos.

“Se que me quieres agarrar bien el culo, y te la voy a poner más fácil.” Me dijiste con risa en los labios. E intercambiamos los lugares, ahora era yo quien estaba debajo de ti. Pero… creo que fue muy pronto haberte dado ese control sobre mi.
“¡Ja jaaaaa! Ahora si…” dijiste con voz maligna esta vez tomando mis manos hacia arriba.
“Se que me quieres tocar… pero ¡no! Antes quiero verte sufrir un poquito…” así que empezaste a mover tus caderas sobre mi muy suavemente. Y con voz susurrante me decias: “Te tengo en mi poder… veamos que tanto aguantas”.
Tus poderosas piernas me apretaban. Tu pelvis me rozaba cada vez más fuerte. Se que podías sentir mi erección. Sentía que mi pantalón no soportaba más y tenia que ser despojado de el. Tu con tus dedos de las manos entrelazados con los míos no me permitías tocarte. Lo que más disfrutaba de esto era tener tan cerca de mis labios tus senos. Ese par de melocotones provocativos listos para ser devorados por mi. Tu sólo los acercabas lo suficiente como para rozar mis labios y seguir tentandome. Hasta que dejaste que mis labios se adueñaran de uno de ellos, entre lamidas, besos, mordiscos y succiones me permitiste hacerte cerrar los ojos y morder tus labios del placer que te hacia sentir. Tus manos dejaron de apretar las mías, y se fueron hasta mi cuello y se aferraron de mi cabello. El movimiento de tus caderas eran más y más intensas. Te acercaste hasta mis labios y me dijiste mordiendo al mismo tiempo mi labio inferior: “Sabía que no te debía dejar tocarme… ahora no quiero que pares de hacer lo que haces… No pongas esa cara de sobrado!!” Dijiste casi gritando.
Mi sonrisa no cabía en mi cara, el solo haber llegado a este punto y lograr que dijeras eso levantaba más que mi ego.

Mis manos se dirigieron a tus caderas e introduciendo mis pulgares entre tu piel y tu pantalón te despoje de una parte de él solo dejando al descubierto tus nalgas. Y de regreso mis dedos te acariciaron suavemente, pero fue imposible no apretarte con ambas manos con fuerza y darte una nalgada a dos manos.

“¡Ay coño! -gritaste- ¿no te ibas a sentir satisfecho si no me hacías eso verdad? Verga… si te vieras la cara”.

“Un deseo reprimido de niño malo” te dije con cara de maldad confirmando tu pregunta.

“¿Niño malo? Veamos que tan malo es este niño” y con una sonrisa maligna te terminaste de quitar el pantalón. Desabrochaste el mio y empezaste a bajar el cierre.

“Sabes que yo tengo una curiosidad por descubrir… y creo que estoy a segundos de saberlo” me dijiste con voz de niña curiosa.

Bajaste un poco mi pantalón, dejando al descubierto mi bóxer blanco y notabas como se marcaba mi erección en el.

Continuará…
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Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

Karina5-UB

Mi fantasía dorada…

Esa cara de niña buena con cabellos dorados, pero con mirada de mujer picara e insaciable en la cama, me ha hecho imaginar tantas historias donde nuestros cuerpos se vuelven protagonistas y se entregan en una batalla de pasión y placer. Muchas veces pienso en solo pedirte que me cumplas un deseo, regalarme una noche, una nada más. No te pido mas, que me des tu mano y te dejes llevar, entra en mi mundo. Haré que repitas tanto mi nombre que te aseguro que no lo olvidarás. Quiero verte desnuda y exhibiendo tu cuerpo por todo mi cuarto. Deseo ver como cada una de tus prendas caen al piso dejando al descubierto tus grandes y hermosos senos, ver las curvas de tu provocativa piel blanca con pequeñas marcas de bronceado de tu traje de baño.

Debo confesar que me tienes loco. Y que tengo ganas de probar tu cuerpo, quiero que mi boca se apodere de ti, que mis manos te recorran por entero hasta verte erizar la piel y endurezcan tus pezones. Quiero disfrutar del momento. Entrégate a mi sin pensarlo y juega conmigo. Te reto. Así como tu me haz retado a mi en varias ocasiones. ¿A que le temes?
¿A que me vuelva el dueño de tu piel? Quiero que te vuelvas a sentir viva, quiero que expreses tus ganas, tus deseos, tus fantasías. Quiero hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho vivir. Placeres que van más allá de lo que ya estas acostumbrada, sensaciones que a partir de ese momento querrás sentir siempre.
Cada vez que te miro a lo lejos, lo hago para analizar cada parte de ti. Cada curva de tu piel, cada expresión de tu cuerpo. Como hablas, como caminas, como te expresas, hasta cómo disfrutas de un buen perfume rociado en tu cuerpo. Como degustas y saboreas al comer algo rico. Detalló cada parte de ti. Conozco cada parte de ti. Y por esa razón se bien que te gusta y que no.
Te imagino disfrutando de un buen baño de espuma, en un jacuzzi blanco con grifos dorados. Con música de ambiente suave y preferiblemente alguna canción que te sepas y puedas cantarla a viva voz. Si este baño va acompañado de una botella de champaña mejor aún. Y adicionalmente algo para picar y degustar en el paladar. Te veo acariciando tu piel con tus manos y una esponja haciendo mucha espuma mientras tu dulce voz canta y tu boca sonríe. Sonríes porque estoy presente, sentado mirándote, disfrutando con solo verte. Me seduces. Enjabonas tus brazos, tus piernas, lo único que me dejas ver, ya que te encuentras debajo de mucha espuma. Y sin quitarme la mirada de encima sigues cantando y acariciando tu piel. Tu voz cada vez suena más sensual, casi orgásmica. Es cuando te pones más erótica, empiezas a jugar con tu pecho escondido bajo esa espuma pero dejas ver el movimiento de tus manos acariciándolos. Tus ojos se cierran un poco, humedeces tus labios, y de pronto me haces ver que una de tus manos baja a tu entrepierna y comienzas a darte placer. Tu cabeza se inclina hacia atrás. Dejas de cantar… Ya no puedes controlar tu respiración acelerada. Tus labios empiezan a ser mordidos en algunos instantes, en otros sólo tú boca queda entre abierta. Dejando salir uno que otro suspiro, uno que otro jadeo, y una que otra sonrisa pícara al mirarme y saber que me tienes estupefacto. Te veo acelerar los movimientos y los gemidos que salen de tu boca. Ya los acompañas de palabras y murmullos. La espuma se está desapareciendo ya empiezo a ver tu cuerpo desnudo, primero ese par de senos sexys y provocativos como un par de jugosos melocotones. Tu los acaricias al ritmo de la música con tu otra mano. De pronto ambas manos estaban jugando erótica y provocativamente con ambos senos, acariciado tus pezones y recorriendolos con gran placer.
Ambas manos se van a tu entrepierna y después de unos segundos un gemido se apodera de ti…
Seguido, una carcajada y tu cara de maldad mordiendo tu labio inferior. Te pones de pie dejándome ver tu cuerpo húmedo y aun con algunos rastros de espuma. Abres la ducha, y empiezas a enjuagar tu cabello rubio dejándome admirar cada una de tus curvas mientras tus manos te recorren con picardia durante este baño placentero.

Me pides que te acerque la toalla. Mi mano temblorosa la toma y casi se me cae. Te das cuenta que descontrolas mis sentidos. Así que tomas una crema corporal, la untas en tus manos y empiezas a recorrer tus brazos y piernas, haciéndolo de forma lenta y como si quisieras provocar que mi mente y cuerpo explote del calor que me provocas. Luego tus manos pasaron la crema por tu abdomen y tus manos llegaron a tus enormes senos, y volviste a sonreír maleficamente con gran picardia.

“-¿Quieres ayudarme?” – me dijiste pasándome el envase de la crema y sonriendo nuevamente.
“-Solo podrás ponerme crema en los lugares donde mis manos no puedan llegar ok.” – dijiste con voz sexy.
“-¿Que creías? Que me ibas a tocar “las niñas”, se que mueres por hacerlo, se que quisieras tenerlas en tus manos, en tu boca. ¿Crees que no siento tus miradas de deseo? Se que te gusta jugar, así que prepárate para jugar conmigo. Quiero ver que tanto podrás soportar tenerme cerca de ti sin desear lanzarte encima de mi. Ya te lo he dicho antes, se que quieres hacerme tuya. No te hagas el duro. Me deseas.” –

Yo solo tome la crema, te di la vuelta, y empecé a darte un masaje en la espalda y hombros. Pero tu empezaste a suspirar con cada caricia. Hacías que mi mente volará. El deseo me invadía. Pero con tan solo el olor de tu piel despertabas mis instintos. Te sujete de pronto por el cabello. Y con voz sexy y susurrante dijiste: -¡Dominame!

Me aferré a tu cabello cual si fueras una potra salvaje. Te acerque a mi cuerpo para sentirte muy cerca, poder sentir tu calor. Poder escuchar tu respiración. Mi boca se adueñó de tu oído y mis dientes deseaban comerse tu oreja y tu cuello. Una de mis manos por fin se aferro a tus hermosos y atractivos senos. Suspiraste fuertemente, tus manos sujetaron las mías y me ayudaste a recorrer tu figura, guiándome por donde querías sentirme. Mi erección fue evidente. Ya tus nalgas rozaban con malicia mi miembro. Te acerque al lavamanos. Y mientras nuestros ojos no dejaban de verse reflejados en el espejo te tome de la cintura y te penetre con suavidad, estabas muy húmeda, tu boca se entre abrió y tus ojos se cerraron. Te inclinaste un poco hacia abajo para sentirlo más profundo. Y con voz susurrante dijiste: “-No pares. Ya me tienes donde querías”.
Una ola de perversión me invadió en ese momento. Mi cuerpo estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Mis embestidas contra tu cuerpo generaban más placer y lujuria en nosotros. Tus gemidos alborotaban mi mente. Y cada segundo era mas fuerte, más placentero, más incontrolable. Verte gritar palabras sucias me calentaba cada vez más. Se que tu disfrutaba más por mi expresión en la cara que por todo lo demás. Cuando levantaba la mirada y me veías por el espejo tu sonrisa de maldad y perversión lo explicaba todo. Tus caderas se movían con más rapidez, tus gemidos eran más profundos, querías acabar conmigo en pocos minutos, dejarme sin aliento. Pensabas que había caído en tu red… y no era así.
Cuando estuve a punto de explotar que me llevaste al borde del éxtasis… me detuve.
“-¿Qué pasó?”- Dijiste de inmediato.
Te tome del cabello fuertemente. Y mirándote a los ojos te dije: “-¿Estas lista para entrar en mi mundo?” – Tu solo sonreíste y dijiste con voz de ramera: “-Haz lo que quieras conmigo papi…”
Te lleve a la cama y de forma salvaje te lance en ella. Y empecé besándote desde los pies. Disfrutando cada dedo. Pero descubrí que las cosquillas invadían tu cuerpo. Así que tuve que amarrar cada mano y cada pierna. Tu solo me mirabas con asombro como queriendo detenerme pero al mismo tiempo deseabas experimentar aquella escena.

Allí estabas atada y a mi merced. Podía besarte y tocarte con suavidad y tu no podías hacer nada… mas que disfrutarlo. Empecé a subir por tus piernas con mi boca usando mi lengua para saborearte y ver como empezabas a temblar, sabias bien que mi boca tenía un primer destino fijo… tu sexo.

Cuando casi estoy por llegar, un escalofrío te invadió, un suspiro largo y profundo seguido de una mala palabra que no voy a escribir explotaron de tus labios. Fue cuando mi boca entró en contacto con la humedad de tu sexo. Sentir esa fragancia de perfume erótico y afrodisíaco que emana tu cuerpo me llevo a sentir el más emocionante orgasmo mental que hacía que mi cuerpo te deseara aún más. Disfrutar del sabor a miel de tus jugos, escuchar cada una de tus respiraciones profundas y algunos gemidos iban haciendo el ambiente cada vez más caliente.
Mi boca se encargó de hacerte sentir un pequeño orgasmo que te llenó de pasión y te hizo hablar: “Qué vaina más buena… no pares por favor… Dios mio… ¿por que esperamos tanto para vivir esto? Conoces mi cuerpo como si antes hubieras estado conmigo… Desatame por favor, sueltame las manos… DIOOOOOOS!!” Está última palabra la dijiste gritando y tratando de soltarte.
“-¿Qué sucede mi catira, no me digas que no aguantas estas mínimas caricias? Si apenas estoy empezando a descubrir tus debilidades y aun no te tengo donde quiero…” y pasando mi lengua lentamente por tu clítoris logre hacerte gemir y que empezaras a tener de nuevo varias contracciones. Mi barba te rozaba levemente los labios después que mi lengua los humedecía. Mi nariz podía percibir ese aroma sexual que brotaba de tu vagina. Mi corazón se aceleraba segundo a segundo. Mi cuerpo sólo pedía devorarte sin piedad. Hacerte perder la cabeza, hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho sentir antes. Llevarte a los límites del deseo y la pasión, del placer y la lujuria, llevarte a mi mundo. Cumplir cada fantasía que tuve contigo deseándote en silencio.
Te solté las ataduras que no permitían utilizar tus manos y tus piernas. Fue como liberar una fiera salvaje, me atacaste inmediatamente cual felina sobre su presa. Te posaste sobre mi cuerpo y tomaste el control de mi sexo. Tus movimientos eran de una mujer insaciable y vengativa.
“-Eres mío ahora” – me dijiste nuevamente con sonrisa de niña haciendo una travesura. Y eso es lo que más me encanta de ti, ese rostro de niña buena e inocente, y ese cuerpo y actitud de mujer fatal que te hacen pensar en cada aventura atrevida.
Mis manos se adueñaron de tus caderas, aferrándome con fuerza y controlando tus movimientos de pelvis. Mis ojos no se despegaban de tus sensuales pechos, ni de tu boca y cada palabra sucia pero erótica que salía de ella. De pronto llevaste tus pechos a mi cara y empezaste a jugar con ellos sobre mi boca. Disfrutabas con solo verme, lo se. Sabes que me vuelven loco con solo verlos ya puedes imaginarte como me tenían al tenerlos sólo para mí.
Te empuje y cambiando de posición me subí sobre ti. Trataste de soltarte. Muy en el fondo sólo deseabas sentirte dominada y controlada, pero querías luchar, no te ibas a entregar y ya. Forcejabas conmigo. Eso me emocionaba cada vez más. Y tu lo Disfrutabas más que yo. Hasta que logre penetrarte de nuevo y empecé a moverme e inmediatamente te quedaste inmóvil. Levante primero una pierna tuya y la lleve a la altura se mi hombro. Una de mis manos apretaba tus pechos la otra sostenía tu pierna a lo alto. Y mi boca te mordía levemente el pie, pequeños mordiscos que se intensifican al mismo ritmo de mis embestidas dentro de ti. Tome ambas piernas y las lleve a lo alto, te coloque una almohada debajo de tus nalgas y te dije: “-Quiero que me regales un orgasmo” y mis embestidas empezaron a ser mas fuertes y profundas. Lleve ambas piernas a mi hombro derecho y te daba cada vez más fuerte. Cuando empecé a escuchar tus gemidos me acelere más, así que te abrí de piernas y me pose sobre ti besándote con pasión. Diciéndote lo mucho que te deseaba, lo mucho que me encanta verte y tocarte. Decirte: “-Eres mía… dímelo. Quiero escucharlo de tus labios… sabes que eres mía carajita. Se que soñabas con tenerme en tu cama y hacerme tuyo. Regálame tus gemidos, quiero ver que tan puta puedes ser conmigo ¿O lo tuyo eran sólo palabras y provocaciones?” – Así que me pegue a tu oído y empecé a hablarte sucio…
“-Anda perrita, hazme explotar de placer. Clavame tus uñas en la espalda y marcame. Muerdeme! Hazme tuyo! Gime como zorra para mi…”
Tus gemidos se incrementaron. Tu cara de perversidad era única. La humedad de tu entrepiernas, fabulosa.
Fue cuando de pronto sentí que tu frente se pegaba con la mía como queriendo frotar y sacar chispas. Tu boca empezó a devorarme y a morderme con fuerza. Y empezaste a hablarme sucio como tanto lo deseaba… no deseaba que acabara el momento. Como no deseo que acabe este relato… pero esta vez, esta historia llega hasta aquí. Pero de seguro continuará…

 

Foto: Modelo Karina Ortega

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Pues toma para que te enamores (parte 3)

Desde qué tus ojos maquillas y tu boca la pintas frente a mi, haces que mi mente pierda el control y mi fantasía siga volando cada vez más. Mirarte, abrazarte, sentirte cerca de mi, oler el perfume de tu piel, se a vuelto una necesidad. Cada vez que mi piel roza la tuya desencadenas un sin número de sensaciones que algún día no podré controlar. Probar tus labios hasta que se disuelvan en mi boca. Sentir tu aliento tan cerca que nos sea imposible ya separar nuestros cuerpos. Dejar que nuestros labios se consuman en un beso largo y profundo. Que nuestras manos se vuelvan tan inquietas y empiecen a explorar cada centímetro de nuestros ansiosos cuerpos. Ansiosos por sentirnos tocados, acariciados, deseados.

¿Lo recuerdas? Aquel día donde con sólo entrelazar mis dedos con los tuyos te hice el amor energético. Apretar los dedos hasta que podíamos sentir la palpitación uno del otro. Acariciar tus dedos era como recorrer tu cuerpo, sentir cada caricia, cada roce, cada apretón hacía que nuestras mentes volarán y nos llevara a sentir sensaciones que nunca habías sentido antes con ningún otra persona. Fue como meterme en tu mente y en tu fantasía y hacerte sentir lo que imaginabas con cada apretón en tu mano. Mientras mas fuerte te apretaba podía sentir que tus latidos se aceleraban y uno que otro suspiro salía de tu boca. Sólo con una mano pude hacerte sentir lo que tanto deseaba mi cuerpo, lo que con palabras no me había atrevido a decirte. Con sólo una mano pude hacerte humedecer tu sexo sin siquiera tocarlo. Ya puedes imaginar de lo que soy capaz de hacer sentir si sólo me dieras la oportunidad de romper la barrera que nos separa. Cada dedo de tu mano era una parte de tu cuerpo, cada vez que tocaba uno de ellos era una parte de ti, mientras te tocaba mi mente iba narrando otra historia, por eso cerraba mis ojos y me desconectaba del mundo. La gente a nuestro alrededor podría pensar que ambos dormíamos como unos niños, ambos con los ojos cerrados y sólo conectados por mi manos derecha y tu izquierda, entrelazados cual novios enamorados cual grandes amigos y confidentes.

No sabes lo mucho que disfrutaba ver como casi mordías tus labios en cada apretón que te daba, como tu expresión corporal te delataba y me hacia saber que lo disfrutabas tanto o más que yo. Creo que me faltó muy poco para hacerte llegar al orgasmo. Pero ese será mi próximo reto…

Continuara

 

seduccion

Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: “Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.” Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

“¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?” – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: “Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno” terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. “Acuéstate cariño” me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: “No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición”. Te rodaste un poco y quedaste en posición de “perrito” y dijiste: “Se que mueres por dominarme así” y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: “¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. “¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.” dijiste casi con una sonrisa. -“Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo”- la posición es  la conocida “Flor de Loto”, es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: “Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa” – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: “Llega conmigo”.

“Me vengo” te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

“Que locura todo esto, no te parece? ” -me dijiste ya tendidos en la cama.

“Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-“Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-“En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.”

-“Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un “Me Gusta” en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado “mas que una amistad”- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

“¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

“Lo que tu pidas mi muñeca Barbie” – te dije

“Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

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Tu tan imponente

Cada hombre a lo largo de su vida se encontrará con mujeres como tu, ese tipo de mujer imponente e intimidante. Vamos a estar claros que una mujer de tu tamaño y proporciones es la fantasía de muchos de nosotros. Aunado a esto posees ese encanto seductor de unas pecas que invaden tu cuerpo, es como chispas de chocolate que hacen más provocativo la dulce tentación de tus curvas. Posees unos labios carnosos que más haya de fantasearlos besandome me los imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Una mirada que te pone a volar la imaginación, ver esos ojos café mirándome siempre como si desearas desvestirme. Tu voz, ese tono de seducción que llevas siempre, como si al hablar me hicieras el amor. No se sí haz notado que cuando hablamos hay momentos que dejo de verte a los ojos, es el instante donde huyo de llegar al clímax de mis fantasías contigo. Sobre todo cuando llevas esos escotes que dejan ver el encanto que llevas bajo la blusa, ese par por el que muchos hombres pierden la cordura. Es que poseen el tamaño perfecto, la forma ideal, ese tambaleo tan sexy que tienen al caminar sin dejar de ser firmes. ¿Cuantas veces habré imaginado mi cara allí entre las dos? Creo que perdí la cuenta. ¿Por que sonríes? Si sabes bien que esos son los pensamientos que nos haces tener a todos los hombres. No hay nada más excitante que verte caminar con rumbo hacia mi, preferiblemente con uno de esos vestidos escotados, donde puedo ver tus piernas en todo su esplendor. ¿Sabias que te imagino a lo Sharon Stone en “Bajos Instintos” abriendo tus piernas para mi? Es que posees ese mismo poder de seducción de mujer fatal que me inculco esa película desde pequeño. Te impones donde llegas, tu presencia es capaz de intimidar a muchas mujeres y alborotar a muchos hombres. Aunque puedes causar el efecto inverso, puedes intimidar a hombres como me paso la primera vez contigo. ¿Recuerdas? Esa vez que me invitaste a tu apartamento para hablar de negocios, no puedo negar que eres muy buena anfitriona, recuerdo perfectamente que me serviste un trago de whisky Royal Satule 21 años, mientras tu preferiste un vinito tinto. Conversamos por un rato largo, planes y propuestas para hacer dinero con lo mejor que manejamos, la publicidad. Al darnos cuenta ya era bastante tarde para irme a mi casa. Así que amablemente me pediste que me quedara en tu apartamento. Yo en ese instante ya me hacia durmiendo en el sofá, ya que más temprano me habías mostrado que sólo poseía una sola habitación. ¿Pero cual fue mi sorpresa? Cuando me pediste que te acompañara a tu cuarto diciéndome: “Bueno, esta noche te va a tocar dormir conmigo, de todas formas sabes que yo te veo como si fueras mi hijo, chico, ¡además mi cama es muy grande!” Dijiste sonriendo y con mucha tranquilidad en tu rostro.
Vamos a confesarnos, eso no se hace, en ese instante pasaron mis más alocadas fantasías perversas por la mente. Compartir la cama de lo que hoy día conocemos como MILF, tu sabes, esas mujeres maduras que no dejamos de verlas con deseo por lo sensuales y atractivas que son. Mi cabeza sin haberme metido a la cama ya había mandado la señal a todo mi cuerpo. Me prestaste un pantalón deportivo para dormir. Eso era lo que menos me preocupaba, yo duermo en bóxer donde sea. Mi pregunta era ¿como va a dormir ella? Aunque mi fantasía es verte en babydoll esa noche tenías una pijama de seda blanca. Me dijiste con voz seductora (bueno, yo siempre te escucho así)

“¿Que lado de la cama quieres? ¡Métete chico! Deja la pena, estas en tu casa.”

¿Qué lado quiero? -me respondí mentalmente- Encima de ti. Yo sabía que no iba a dormir ya fuese porque tu te lanzaras encima de mi o porque mi cerebro no dejaría de mandarme instrucciones y fantasías contigo. Como iba a dormir tranquilo con tremenda mujer al lado mío, en pijama, luz apagada, una cama tamaño King y las próximas 7 horas para que amaneciera.

Son cada una de esas curvas las que me hacen delirar los pensamientos, ver tu cuerpo completamente desnudo era mi mayor deseo. Disfrutar con mis ojos cada peca que cubre tu cuerpo, sería capaz de contarlas una a una con mi lengua hasta haberte recorrido toda entera. Tu eres así como un postre de brownie con helado y chispas de chocolate, hay que disfrutarte con calma, degustandote con suavidad, el brownie representa tu lado CALIENTE, ese lado tentador, provocativo, que despierta pasiones y deseos. El helado tu lado FRÍO, calculador, agudo, dulce pero mortal. Todo se mezcla en un excitante sabor con variedad de texturas y temperaturas.
Tus labios, esa boca inspiradora, de besos seductores y adictivos. Esa boca que te besa y te degusta labio a labio, beso a beso hasta dejarte sin aliento. ¿Que otras cosas pueden hacer tus labios? ¿Comerme a besos? ¿Que otra cosa puede hacer tu boca? ¿Devorarme? Devorar quiero yo hacerlo con tu cuerpo, disfrutar cada centímetro de tus grandes y firmes senos, mi lengua jugaría sin control lamiendo cada uno con pasión, mordiéndoles suave y sutilmente hasta escuchar tus primeros quejidos. Mis manos disfrutarían de tocarlos y apretarlos sin control. Los besare y lameré tanto que parecerá que quisiera borrar las pecas que los invaden. Una de mis manos, la derecha para ser más preciso, se desvía del camino y se dirige a tu sexo para explorar como tu cuerpo se derrite por mis caricias. Dicho y hecho, la humedad de tu entre piernas era perceptible. Mis dedos se deslizaban con tanto gusto por tu sexo que en poco tiempo se encontraron empapados de tu sirope de placer, mis dedos no paraban de moverse, alterando tus sentidos, mi boca en tu boca robándote los besos que tanto deseaba, mordiendo esos carnosos labios sin parar. No hubo palabra alguna hasta que susurraste en un instante: -“Quiero sentir estos labios tuyos aquí abajo volviéndome loca”

Así mismo fue, sin pensarlo mucho mi boca se deslizó hasta el medio de tus piernas y empece a complacerte, obedeciendo la primera orden que me diste sin darme cuenta. Mi boca te disfruto al máximo, cada gemido tuyo me mostraba que debía hacer, cada alón de mi cabello me indicaba si debía acelerar o detenerme. Tenías el control de mi cuerpo. Y te dabas placer con el a tu gusto. Yo sólo obedecía cada capricho tuyo.
Si, eras mi dominatriz y deseaba cumplir cada deseo tuyo. Mi cara entre tus piernas pegada a tu sexo había sido mi mayor deseo. Tus gritos, mi mayor afrodisiaco. Cuando medio abría mis ojos para verte, allí estabas, mirándome lascivamente complacida. Manoseabas tus senos mientras me mirabas con morbo. A veces mordías tus dedos de la mano, y en algunas ocasiones llevabas tus senos cerca de tu boca para tratar de morderlos o besarlos, apenas lograbas lamerlos. Eso me calentaba mucho mas, así que mi lengua trataba de penetrarte más allá de sólo lamerte y disfrutar de tu clítoris y tus labios. Un grito seguido de un suspiro quejumbroso invadieron tu cuerpo, estabas llegando al clímax y podía sentir como lo disfrutabas con sumo placer, tu pelvis se movia con mayor intensidad, me aferre de tus caderas y clavando mis dedos en tus nalgas trate de meter mi cara dentro de ti. Mi lengua, mis dientes y mis labios fueron los culpables de aquel orgasmico momento. Ver como te retorcías de placer en la cama era el mayor de mis deseos, pero aún deseaba más. Así que mi intención era penetrarte justo después de esto. No lo permitiste. Diciéndome: “En mi cama mando yo”.

Así que me hiciste recostar mi espalda a la cama y te subiste encima de mi, tus enormes senos estaban frente mis ojos y no podía dejar de mirarlos. “¿Te gustan verdad? -dijiste sonriendo con mucha picardía- Siempre lo supe, mi niño a veces se te iban los ojos derechito a mis escotes, pero no se te puede negar que eres un caballero. ¿Pero sabes que? Esta noche no quiero que lo seas, ¡no me respetes tanto chico! – inmediatamente retrocedisteis me llevaste a la orilla de la cama y bajaste al piso hasta tener mi miembro al frente y acercaste tu boca y tus senos, sólo rozándolo, jugando a provocarme. Deslizabas tu lengua de abajo hacia arriba con suma lentitud, eso me estaba torturando. De pronto tus labios se posaron en la punta y empezaste a devorartelo centímetro a centímetro hasta llegar a la base, una garganta profunda. Tu saliva cubría todo mi sexo, lo hiciste varias veces hasta que acercaste tus senos para cubrirlo y hacerme una “rusa”, ambos senos arropaban mi miembro gracias a tus manos que apretaban y movían con gran agilidad. Aunque más morbo me daba tu cara, esos labios mordidos por tus dientes y esa boca entre abierta a veces como esperando que explotara en un orgasmo sobre ti. Al cabo de unos minutos así, desististe y cambiaste de posición, dejándome en la misma posición te levantaste y dándome la espalda y dejando ver esas grandes caderas y tan tentadoras nalgas, acompañado de una marca de un pequeñito traje de baño, te sentaste encima de mi, tomaste mi miembro con tu mano y lo llevaste a tu sexo húmedo y excitado.
Ver tu enorme culo moverse encima de mi solo me llevo a poner mis manos en tus caderas. Cada embestida me acercaba más al clímax. Pero era hora de tener algo de control. Así que te tumbe en la cama y te obligue a ponerte en cuatro, pusiste algo de resistencia al principio, pero eso me emocionaba. Te di un par de nalgadas como castigo, eso te calentó aún más. Eras una fiera salvaje deseando ser domada. Tome el control por tu cabello aferrandome a el mientras tu movías tu caderas con frenesí y mi mano derecha te azotaba en cada embestida. Tus gritos y gemidos eran el mayor afrodisíaco, ver como estabas arrancando las sábanas de tu cama y tus manos rebeldes tiraban todo al piso. Otro orgasmo invadió tu cuerpo, empezaste a morder y a ahogar tus gritos en una almohada que tenías debajo de ti. Te alejaste de mi y te retorciste sola en la cama, acariciandote tu misma. Me encantaba verte así. Esta vez fui yo quien hablo: “Aún no he terminado contigo”- Así que te voltee y subí tus pies juntos a mi hombro izquierdo. Ver como te aferraste a la cama mientras te penetraba sin cesar, tus gemidos eran cada vez más fuertes y mis ganas cada vez mayores, el sudor corría por mi frente, goteando al punto de caer en tu abdomen. Mientras tanto tu acariciabas tu cuerpo y me hablabas sucio: “No pares, no pares, quiero que me des mas duro. Me haces sentir tan puta. Dime, ¿desde cuando deseabas cojerme así? –
-Desde el primer día- respondí
-Siempre quise tenerte en mi cama y follarte como nadie. Hacerte gritar. Verte toda puta pidiéndome mas.- te dije mientras no paraba de embestirte.
“Me encanta ver como se mueven tus tetas al ritmo de mis caderas” -te dije casi sin aliento.
“¿Y te gusta ver como me las acarició para ti mientras me cojes tan rico? -Me respondiste manoseandolas y apretándolas con fuerza.
“Quiero verte acabar encima de ellas, te gustaría? – me dijiste con voz muy erótica.
Sería algo así como una escena porno hecha realidad. Una madurita sexy te complace en todas tus fantasías. Así que se me ocurrió otra idea y deseaba ver si me complacerías. De dije: “Quiero que lo hagamos en el balcón, así desnudos los dos con las luces apagadas pero con la intriga de que nos puedan ver de los edificios del frente.”
“Eres un picarón muchachito” me dijiste tomándome de la mano y llevándome al sitio. Me pusiste de pie mientras tu te agachaste de rodillas, y usando tus manos mágicas, tu boca y tu lengua, me diste un oral que jamás había imaginado o vivido antes. Acariciabas cada parte de mi sexo con tu lengua, tus manos me apretaban y masturbaban cada vez más fuerte. No dejabas de verme y decirme: “¡Vente! Lo quiero aquí en mi boca, llename de ti, quiero saborearlo, anda. Fue tan fuerte la escena que no pude más y sólo me dio tiempo de decirte: “Siiii” y un largo chorro de semen empezó a brotar y tu boca jugueteo con mi sexo lamiéndolo y regando mi semen en tu pecho. Tus manos se encargaron de extenderlo por ambos senos manoseandote con erotismo.
“Ni siquiera te voy a preguntar si te gusto… Con esa cara me lo dices todo” me dijiste sonriendo con cara de satisfacción. Yo quede rendido en la cama. Al despertar en la mañana, estabas allí acostada a mi lado, con la pijama puesta y el cabello arreglado. Ya va, ¿todo esto fue sólo un sueño? Justo abriste los ojos y dijiste: “¿Como dormiste gordo? ¡Anoche como que tuviste una pesadilla! Decías ‘No, no, no, no…’ Con voz agitada, estuve a punto de despertarte.”
Menos mal no lo hiciste pensé. Este ha sido el sueño más maravilloso que he tenido. Al final sólo nos levantamos me hiciste desayuno, y yo no podía dejar de desvestirte con mi imaginación. Y revivir en mi mente entre sonrisas esa noche juntos que nunca sucedió.

 

encima

Pues toma para que te enamores (Parte 2)

Se que la vez anterior nos quedaron muchas cosas por vivir. Y esta vez vine dispuesto a liberar todos tus sentidos. Quiero que mi voz sea cómplice de tus fantasías. Que te traslades junto a mi a un mundo lleno de emociones extremas, a la frontera de la realidad y la fantasía. A un lugar de la mente donde al igual que en los sueños, sentirás cada una de mis caricias, cada uno de mis besos, cada susurro hará estremecer cada rincón de tu cuerpo. Sólo debes escucharme. Dejarte llevar.

Trasladate conmigo a un cuarto amplio, de paredes y sábanas blancas, que al igual que hojas de papel escribiremos con nuestros cuerpos nuestra propia historia de pasión y deseo.
Tu, con tu piel trigueña, cabello negro azabache, unos labios seductores y provocativos, esos que con sólo verlos hablar te hacen fantasear con tantas cosas, verlos siendo humedecidos por tu lengua juguetona y a veces hasta mordidos de manera sexy por tus dientes, imagino que lo haces cuando pasa por tu cabeza alguna idea loca y atrevida. Tu mirada, esos ojos negros que cuando te miran sientes como si no pudieras separarte de ellos, pero sólo logras librarte temporalmente cuando miras a otro par… Si (pausa) el par que llevas debajo de la blusa, ese par que es capaz de controlar y robar mis miradas. ¿Que fascinación existe entre mis ojos y tu pecho? ¿Por qué muchas veces no puedo casi ni dominar mis propios ojos? Que poder mágico poseen ellos que con sólo mirarlos son capaces de acelerar mis pulsaciones y hasta producirme erecciones. Sobre todo en esos instantes cuando caminas y las vez moverse al ritmo de tu andar. Son como unos melocotones listos para ser saboreados con placer, degustados con pasión y devorados con locura. Y mientras lo hago, tu boca susurraría mi nombre y unos leves gemidos se te escaparían sin control.

Mi boca quiere seguir explorando tu cuerpo, seguir descubriendo los sabores, olores y texturas de tu piel. Quiero recorrer tu abdomen y encontrarme con tu ombligo, el centro de tu cuerpo, quiero lamer con sumó detalle y placer de allí y hacia abajo hasta cruzarme con tu sonrisa vertical.
Una explosión de mis sentidos emerge en ese instante. Mi olfato puede sentir cada feromona que emerge de tu piel. Ese olor a placer y lujuria incontrolable que te convierte en fiera salvaje. Tus jugos de placer y mi saliva se mezclan en un cóctel de lujuria en mi boca. Tu movimientos de pelvis ayudan a mezclarlo con ayuda de mi lengua. Tus gemidos me indican que le falta un poco más. Así que mi cálida lengua se aproxima inquieta y juguetona, cerca muy cerca de ese botón de encendido. Y con sólo unos leves movimientos empiezo a ver como tu cuerpo comienza a cambiar de posturas. Ya tus manos quieren dominarme aferrándose a mi cabello. Tus piernas se abren y se cierran, tu espalda se encorva hacia atrás y hacia adelante, tu cuerpo empieza a vibrar y tu respiración se entrecorta. Los suspiros se adueñan de ti. Explotas, un orgasmo se adueña de tu cuerpo entero y la pasión se apodera de ti. “Que rico” me dijiste apenas susurrando, y con tus ojos llenos de fuego. Y lanzándote encima de mi decidiste cambiar de posición. “Ahora me toca a mi” me dijiste aferrándote a mi miembro con tu mano derecha mientras la izquierda arreglaba tu cabello. Humedeciste tus labios y mirándome fijamente acercaste tu boca suavemente a mi sexo. Yo podía sentir esa boca húmeda y caliente devorándome. Tu lengua y tus labios empezaron a jugar de forma increíble, haciéndome sentir sensaciones que jamás me habían hecho vivir. Mi miembro cada vez lo sentía más duro y mis latidos se aceleraron fuertemente. En ese instante una garganta profunda se adueño de mi, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo repetiste en varias ocasiones, sabías que eso era mi debilidad, sentía tu mirada disfrutando de como hacías retorcerme en la cama. De pronto te detienes y usando tu pecho, envuelves mi miembro todo húmedo y jugoso gracias a tu boca y empiezas a moverte masturbándome con tus grandes senos. No dejas de mirarme. Sólo sonríes con gran picardía y muerdes tu labio inferior. Y me dices con voz seductora: “ya quiero sentirte dentro de mi, ven, siente como me tienes…” Y llevando mi mano entre tus piernas pude sentir como estabas de húmeda y caliente. Vi como cerraste los ojos y dejaste que mi mano te acariciara, mis dedos jugaban al placer contigo. Tu boca se abrió levemente, acompañada de un susurrante gemido. No deseabas abrir los ojos.

“Ven, bésame…” Dijiste en esta face de éxtasis que se apoderaba de tu cuerpo. Y tus labios y los míos se fusionaron en un beso profundo y apasionado. Degustando y saboreando cada labio, acariciando nuestros rostros, rozando nuestras narices con ternura, uno que otro mordisco se escapaba para seguir encendiendo la pasión que llevamos dentro. Ese deseo escondido que nos enciende. “No pares de besarme” te dije mientras mi mano aún seguía dentro de ti. Mi pulgar acariciaba sutilmente tu clítoris, el índice rozaba tus labios y el medio y anular estaban en busca de tu punto G dentro de ti. Estabas muy húmeda, y eso me encanta, me excita cada vez más.
De pronto con el poco aliento que te queda me dices: “Ya no puedo más, necesito que me penetres ¡ya!”.

Tuve que complacerte, como genio debía cumplir los deseos de mi ama. Así qué abriendo tus piernas me acerque a ti, y empece primero rozando tus labios con mi miembro, envolviéndolo con tus jugos para lubricarlo. Verte morder los labios me ponía muy caliente. Tus manos empezaron acariciar tus senos. Es increíble, es sexy verte tocar, las apretabas, las pellizcabas un poco, ver como tus uñas largas dejaban huella en tu piel se volvía en un fetiche para mi. Así qué empece a penetrarte suave y dulcemente, cada centímetro que entraba te hacia estremecer cada vez más. Respiraste profundo cerrando tus ojos y dejando caer tu cabeza hacia atrás soltaste un siseo de disfrute y placer. Seguido de un “waoooooooo” largo y profundo. Así que a partir de ese momento mis embestidas a tu cuerpo empezaron a acelerar. Subí tus piernas a mis hombros, así podía besar tus pies mientras te seguía penetrando. El vaivén de tus grandes senos al compás de los movimientos de mi cuerpo lo hacían parecer un baile erótico con coreografía.

“¿Sabías que algunas mujeres tienen un segundo punto G en los dedos de los pies? Vamos a averiguarlo” te dije sonriendo.
Y mi lengua empezó a averiguar uno a uno cual de todos era el dedo más placentero. Una descarga eléctrica se desprendió de tu cuerpo cuando metí en mi boca algunos de ellos. Ya tu cuerpo no sabía a cual de los dos placeres atender. Así que te pedí que acariciarás tus senos mientras hacia todo esto. Activamos todos los sentidos. Por eso te pedí que no dejaras de gemir o de hablarme. Podía verte, tocarte, olerte, degustarte y oírte. Quería disfrutarte al máximo. El placer debía ser completo, con los cinco sentidos activados. “Quiero que llegues dentro de mi” me dijiste mirándome con tus ojos encendidos en llamas. Cambiamos de posición, me senté en la cama y te subiste encima de mi y tus piernas abrazaban mi cintura. Podía dominarte, sentir tu espalda y nalgas entre mis manos. Ver el brincar de tus senos con cada movimiento de tu cuerpo. Y podíamos besarnos sin control. En ese instante ya eran más mordiscos que besos, más nalgadas, aruños y apretones que caricias, una euforia nos domina. Ese punto donde siente que no tienes el control ni de tu cuerpo ni de tu mente. Tus movimientos de cadera me llevaban al límite, y te dije que estaba a punto de explotar. “Yo también, pero quiero llegar contigo” dijiste mordiéndome la oreja y sin dejar de moverte lujuriosamente. “Que rico me lo haces… No quiero dejar de sentirte dentro de mi.” De pronto un explosivo orgasmo empezaba a adueñase de mi cuerpo y te dije: “No pares que me vengo morena” y me aferre a tus nalgas con fuerza para apoyar tus movimientos. Tu boca se abrió levemente y tus ojos se cerraron, un profundo gemido se aproximaba, tus uñas se adueñaron de mi espalda. Una de mis manos se quedo sobre tu espalda y la otra se apodero de tu pecho mientras arqueabas tu espalda hacia atrás y dejabas que el orgasmo se adueñara de ti. Yo podía sentir como tus piernas me apretaban con fuerza y temblaban mientras aún tu pelvis no dejaba de moverse disfrutando cada segundo de esa explosión de placer y deseo. El sudor corría por nuestras pieles. Caímos exhaustos ambos satisfechos por esta sesión de pasión y sexo sin control. Yo no deseaba rendirme, esto no se acaba hasta no poder moverte de la cama. Así qué aprovechando el instante empece a morderte suavemente por la espalda intentando cruzar la línea entre el dolor y el placer. Continúe haciéndolo por todo tu cuerpo hasta llegar a tus caderas, como no volverte loco con las curvas de tu cuerpo. Te pusiste en cuatro, y dijiste con gran picardía: “Quiero que sigas”

Continuara…

 

ojos

¿Cómo olvidar tus ojos?

Fueron esos grandes ojos azules como el cielo los que una vez me conquistaron. Esa mirada que al principio era tímida y dudosa, que luego se convirtió en sensual y posesiva. Unos labios tentadores y provocativos, esos mismos labios que siempre los vi hablando y pronunciando cada palabra con perfecta dicción. Ese tono de voz que atraía mi interés cada día más. Esa seguridad al hablar, una firmeza que me hacia fantasear con recibir órdenes de tu parte. Aunque tus intenciones iniciales fueron que saliera con tu hermana soltera, pronto nos dimos cuenta que entre nosotros había algo más allá de una simple tensión o atracción sexual. Así que pasamos de amigos confidentes y consejeros a compañeros de pasión y deseo.
Aún llevo en mi memoria esa primera noche, llevabas un pequeño vestido negro, cabello recogido y un rico perfume que recorría toda tu piel. Después de tantas largas conversaciones y provocaciones, llegaría la hora de tenernos el uno al otro. Una copa de vino dio la bienvenida a esta tan esperada velada. Unos besos largos y profundos dieron inicio a esta excitante historia. Tu boca se adueñaba de la mía, tus labios me devoraban a besos, tus dientes deseaban devorarme a mordiscos y tu lengua… Ella sólo deseaba saborearme.

Empece a recorrer y acariciar tu piel, esa piel blanca y cubierta de pecas que tanto me fascinaba cada vez que te veía. Empece devorandote por el cuello, mientras te susurraba al oído las ganas inmensas que tenía por hacerte mía. A pesar que tu eras mayor que yo, sentía que tenías pena y te invadían algunos temores. Mi meta era quitarte todo los miedos de encima, y la ropa también. Así que nos tiramos en la cama, empece a desvestirte con sutileza, lo cual era muy fácil ya que sólo traías tres prendas sobre tu piel. Primero el vestido negro, que empece a quitártelo de abajo hacia arriba, mientras iba acariciando desde tus nalgas hasta tu espalda. Todo esto sin dejar de besarnos por un instante. Podía sentir los latidos de tu corazón. Tu respiración parecía que hubieses corrido un par de kilómetros antes de entrar en mi cama. Con una mano desprendí el brasier que llevabas puesto, mientras la otra se encargó de lanzarlo lejos de allí. Allí estaba esos senos llenos de algunas pecas sólo para mi. Mi boca no aguanto que mis ojos sólo se deleitarán al verlos por fin completamente desnudos, así que se apoderó de cada uno de ellos besándolos con estrena pasión y deseo. Fue el momento que escuche tu primer gemido de placer. Descubrí lo sensible que eran ese par de melocotones frescos, así que empece a jugar con ellos con mi boca, mi lengua, mis dientes y mis manos. Decidiste despojarme de mi camisa, querías sentir tu pecho con el mío, se que en el fondo de ti lo que querías era romper o rasgar mi ropa. Podía verlo en tus ojos. Abriste mi pantalón y me desprendiste de el lo más rápido que pusiste. Querías adueñarte de mi sexo, tu boca se mostraba impaciente por devorarme. Y así mismo fue, una descarga eléctrica invadió todo mi ser al sentir como tu boca se iba apoderando cada centímetro de mi miembro. Sentir como me saboreabas, como jugabas con tu lengua dentro de tu boca con mi sexo, hiciste que mi respiración se acelerar. Tus manos recorrían mi abdomen, y tus uñas dejaban un leve rastro de por donde pasaban. Te pedí que quería participar y devolverte el mismo placer, que compartiéramos en un 69 y disfrutar de un excitante sexo oral. Tu estabas tan húmeda, que ya tu pequeño hilo estaba empapado, eso me calentó aún más. También paso por mi mente arrancarte y romper ese pequeño trozo de tela. Mi boca se adueño de tu dulce vagina y mi lengua se dio el placer de saborear cada centímetro de ti. Me habías confesado que llevabas algún tiempo sin tener intimidad. Y ese instante confirme lo fogosa y apasionada que puede ser una mujer sin sexo frecuente. Llego el momento de tenerme dentro de ti, tu encima de mi, teniendo el control de cada movimiento, tus caderas en un subir y bajar frecuente, algunos movimientos circulares, acompañados de mordiscos y aruños, gemidos y palabras incompletas no dejaban de salir de tus ricos labios.
-Que rico me haces el amor- me dijiste con voz ajetreada – No sabes lo mucho que te deseaba dentro de mi, no quiero que se acabe este instante. Me tienes loca.
-Y apenas estoy empezando- te dije sonriendo. Así que decidí cambiar de posición, te acosté boca arriba, abrí tus piernas y me pose sobre tu cuerpo desnudo. Te penetre con suavidad y te pregunte al oído si estabas lista para sentirme, respondiste moviendo la cabeza de arriba a abajo. Me aleje un poco y mis caderas empezaron a darte embestidas mientras no dejaba de verte a los ojos, tu boca quedo semi abierta buscando agarrar más oxígeno, a veces te mordías los labios, y aguantabas como la respiración. Agarrabas de nuevo aire y lo soltabas en forma de gemido. Cuando mis caderas se detenían me gritabas casi en silencio: “No pares por favor, ya casi llego”.
Al escuchar esas palabras la maldad me invade el cuerpo. Tu sabes bien que a ustedes las mujeres les encanta que las hagan “maldades” en la cama.
Así que te pedí que cambiarás de posición a en cuatro. Así tendríamos ambos el control de movernos a placer. Podía halarte del cabello mientras te penetraba, y además podía acariciar tus grandes nalgas y morder tu espalda.
En ocasiones me quedaba inmóvil sólo para ver como tus caderas se golpeaban con mi cuerpo buscando el placer. Era muy excitante. Fue en ese preciso instante cuando mis manos apretaron tus nalgas fuertemente aferrandome casi con mis uñas clavadas a ti, y tu empujabas con extrema fuerza como deseando ser penetrada con todo mi ser. Expulsando de tu boca un gran gemido acompañado de mi nombre. Arrancaste las sábanas de mi cama buscando liberar energía y gritaste a la almohada con mucha fuerza.
“¿Acabaste dentro de mi?” -me preguntaste con voz extasiada. Te respondí que no…
¿Por qué no llegaste conmigo?- preguntaste casi como sintiéndote poco atractiva.
-“Me haz hecho llegar varias veces, ¿y tu que? Necesito que llegues para mi, quiero verte llegar sobre mi.
Tu boca se adueño de mi sexo, sentir el calor de tus labios junto a la humedad de tu lengua en movimiento hizo que mi miembro estuviera a punto de explotar. Tus manos seguían acariciandome, y tu mirada no se apartaba de mi, aún en la leve oscuridad podía ver tus hermosos ojos claros, tu boca, jugosa y juguetona se atragantaba disfrutando cada embestida de mis caderas. Saboreabas cada centímetro sin querer soltarlo por un instante. Tus manos me empezaron a frotar, tu cara cambio y te convertiste en una fiera indomable. Pedías a gritos que llegara, querías saborear el néctar que llevo por dentro. Así mismo fue, tus delicadas y suaves manos lograron su cometido, un orgasmo invadió mi cuerpo entero y el éxtasis invadió hasta mi alma. Tu boca de encargo de no desperdiciar absolutamente nada. Una sonrisa algo maligna salió de tu rostro, tenías cara de complacida. Habías logrado tu cometido. Y yo exhausto y sin fuerzas, quede tirado en la cama con ganas de sólo disfrutar de esos segundos que te dejan sin respiración y te hacen tocar el cielo en un instante. De allí en adelante sólo provocaba quedar tendidos en la cama disfrutando de esos segundos. Pero tu tiempo estaba contado. Debías irte temprano, te subiste encima de mi nuevamente y me besaste diciéndome: “Me tengo que ir gordo, aunque lo que más desearía es amanecer en tus brazos. Nos vemos mañana, y si mi hermana me vuelve a apoyar te vuelvo hacer la visita. Creo que me vas a tener muy seguido aquí de ahora en adelante.”
Sólo me quedo besarte en los labios y no dejar de ver esos ojos tan hermosos. Yo podía ver tu alegría, tu emoción, esa felicidad que tanto deseaba tu cuerpo y tu alma. Esa despedida fue larga, cada metro hacia la puerta iba acompañado de besos robados, apenas la llama y la pasión estaban empezando. Al subirte a tu auto nos despedimos… Con un beso dulce y apasionado. Esos besos que saben más a amor que a deseo, tu boca y tus ojos me dijeron en ese instante que deseabas más que sólo sexo salvaje.

Continuara…

 

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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: “hazme tuya”.

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un “no pares” y un “estas demasiado rico”, palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. “Auch!” Gritaste… “¿Me quieres matar verdad?” Y yo con una sonrisa maligna te respondí: “Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo” así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. “Que rico….” Suspiraste sin soltarme por un instante. “necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo”.

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. “No quiero que esto termine…” Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: “¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…” Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. “Ven la quiero aquí, sobre mi pecho” dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. “¿O acaso la quieres en mi boca?” Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: “Me vengo” y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

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Tienes un no se que…

Si, tu tienes ese algo que me atrae y no se cómo definir. ¿No has sentido como muchas veces me quedo mirándote fijamente hasta que tus ojos pueden mirarme más intensamente y escapo de tu mirada?

Tu solo sonríes, quien sabe cuantas cosas locas pasan por tu cabeza en ese instante. Digo locas porque por la mía pasan tantas cosas. Mi imaginación empieza a volar. Mi tensión sexual se eleva y ya empiezo a fantasearte. Ya me imagino cerca de ti, pero tan cerca que ya puedo sentir el aroma de tu perfume. Ese que me invade cada vez que te saludo y te abrazo. Ese que me acelera el corazón y mi respiración. Y provoca recorrer cada centímetro de tu cuerpo que haya sido tocado por este perfume.
Ese aroma que me convierte por unos segundos en un vampiro y me provocaría morderte por el cuello. Beber de ti, adueñarme de ti. Poseerte. Sentirte tan mía como para poder controlar tu cuerpo a mi gusto. Arrinconarte, pegarte entre la pared y mi cuerpo, dejarte sin salida. Poder tomarte de la cintura con ambas manos y sientas el calor que llevo por dentro. Empezaría a besar esos labios tentadores, esa boca que cuando me hablas solo pienso y me pregunto que sabor tendrá.
No se, pero yo los imagino, dulces, suaves y muy tiernos, aunque también presiento que pueden llegar a morderme con una gran pasión, y pueden pronunciar palabras que activen mi mente y me vuelvan loco, ¿por ejemplo? Que me digas:
“No pares de besarme, siempre desee que me hicieras tuya. Por favor no te detengas, adueñate de mi por completo.”

Tus manos empiezan a recorrerme, una acaricia mi cara sutilmente y luego hala mi cabello. La otra mano desabrocha tu blusa. Y mirándome fijamente a los ojos y con una sonrisa algo picara y maligna me dices:

“-Se que mueres por sentir mis pechos con tus labios… O me equivoco?-”

Mi mirada me delata, mi rostro debe ser un poema. Así que sólo dejas caer tu blusa de tus hombros, cierras tus ojos levemente, y dejas al descubierto esos sexys y atractivos senos. Yo sin pensarlo paso mi mano por tu espalda para terminar de hacer el trabajo… Desabrochar tu brasier. Tu boca y mi boca se unen en un juego incontrolable de jugosos besos, mis labios abandonan tu boca y empiezan a deslizarse desde tu cuello hacia abajo. Mi nariz se une a esta exploración percibiendo cada feromona de tu piel, excitándome cada vez más. Sentir como cada vez respiras más profundo. Veo como muerdes tus labios, como tu lengua los humedece con tanta sensualidad. Y tus ojos entre abiertos, mirándome con tanto deseo que descubro que tu también lo querías con muchas ganas. Mis manos empiezan a recorrerte, acariciando esa piel canela, tu estrecha cintura, tu piel es tan suave que mis dedos sienten ese calor, sienten como se eriza al tocar ciertas partes de ti.

Se que esto es sólo mi imaginación, pero desde que bailé contigo, desde que pude sentir tan cerca tu figura, desde que pude moverme al mismo ritmo de tu cuerpo, y ver como sonreías, ver como disfrutabas moverte al son de la música. No dejaba de recordar la frase: “El baile es la expresión vertical del deseo horizontal”. Si te conozco bien acabas de subir tus cejas al leer esto, y ahora acabas de sonreír. Me parece emocionante verte y fantasear contigo. Pero después que hayas leído estas líneas se que muchas cosas cambiarán. Después que sepas que sueño con hacerte mía aunque sea sólo un instante. Que deseo adueñarme de ti por un momento y me dejes dominarte, me dejes seducirte, me permitas ser el hombre que te haga perder la noción del tiempo y el espacio. Ese hombre que te haga sentir nuevas sensaciones, ese hombre que sólo quiere degustarte como si fueras un rico helado, ya que mi boca, mis labios y mi lengua serán quienes te van disfrutar. Mis manos solo te controlaran, decidirán donde y cómo moverte. Quisiera tenerte en mi cama… Quitarte la ropa, sería un placer sólo poder desvestirte y poder verte, me encantaría recorrer cada centímetro de tu cuerpo, acariciarte, llevarte al punto de que me pidas a gritos que te haga mía. Mi boca te recorre empezando desde tus labios y voy bajando suavemente, probando tu cuello, besando tus pechos, mi lengua baja hasta tu ombligo, con ganas de morderte, mis manos se apodarán de tu cintura, tus caderas, tus piernas… y finalmente de tu sexo.
Sólo imagina mi boca allí abajo, y tu dejándome hacer lo que más me gusta, relajate… Disfrútalo… Cierra los ojos y déjate llevar. Déjame apoderarme de tus deseos, de tus fantasías, haz realidad la mía…
Une tu cuerpo al mío y déjame mostrarte lo que soy capaz de hacerte sentir. Permíteme adueñarme de todas tus partes, yo se que mueres por ser una niña mala, aunque finjas ser una mujer tranquilita e inocente. Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se que que tu tienes…

Continuara…

 

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Con las dos…

Muchas noches deseó ser tocado por ambas, que recorran mi piel centímetro a centímetro. Paso a paso como sí caminarán por mi cuerpo. Que se deslicen por algunos instantes transmitiendo el calor y la energía de las dos. Una toca mi rostro, acaricia mi cabello, se siente algo fría, fresca en realidad. Juega con mis labios, mi nariz, me hace sonreír. La otra me hace suspirar, ya que recorre mi espalda, mi abdomen, mi pecho. Se siente más caliente. Sus caricias son más intensas, más dominantes, controladoras.

Ambas me hacen sentir el mayor de los placeres. Grandes emociones. Juntas me liberan de mi ropa, juntas me arrinconan contra la pared. Cada una toma el control de mis manos, como diciendo “no te muevas”. Yo me quedo inmóvil, aunque provoca luchar por liberarse. Una de ellas me toma por el cuello, la amenaza por el control es inminente. La otra se desliza por mi pecho, bajando por mi abdomen, y toma el control de mi sexo.

Estoy a merced de ambas, mi respiración se acelera cada vez más. De pronto ambas se adueñan de mi sexo y unos labios húmedos y calientes se empiezan a degustar con gran placer. Una lengua bien juguetona empieza a recorrerme, unos labios carnosos le dan apoyo. Sientes el sonido de una boca degustando con gran placer un sexo oral largo y profundo. Siento tantas sensaciones que no deseo que se detenga ni por un instante, una de ellas se apodera de la mitad de mi sexo, apretándome fuerte. La otra acaricia mis nalgas, mi espalda. Y cuando menos lo esperas ambas se adueñan de mi sexo y con movimientos intensos me masturban, quieren hacerme explorar… Se turnan, y cuando le hago saber que ya se aproxima mi orgasmo ambas trabajan juntas con movimientos giratorios invertidos llevando mi sexo hasta tu boca me dices:

-¿Quieres que siga con las dos manos? o ¿Quieres llegar aquí? (Tocando sus labios muy sutilmente)

Tu mirada de picardía fue la que me hizo llegar antes de que terminaras la frase… Tu boca se apoderó por esos segundos de mi, y tus ojos no se apartaron de mi, disfrutaste cada segundo mirándome, viendo como un escolofrio se apoderaba de mi cuerpo, te mire fijamente a los ojos casi sin parpadear. Tu terminaste de saborear y finalizaste con una sonrisa de satisfacción y placer consumado.

– ¿Te gusto? dijiste con voz suave
-Creo que tu cara lo dice todo… – dijiste con una sonrisa malvada entre tus labios
-¿Viste las maravillas que pueden hacer juntas mis manos y mis labios? ahora espero lo mismo de ti…

Continuara…